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FRAY BARTOLOMÉ DE LAS CASAS: Entre la pesadilla del “cronista embustero” y el altar del “celoso misionero” ¿Gloria o vergüenza de la España del Siglo de Oro?

Siempre me ha atraído el personaje de rompe y rasga que de encomendero abusador de sus propios indios se convirtió en el abogado defensor de todos los nativos y que no dudó en cruzar varias veces el Atlántico para hacer valer sus derechos ante el propio emperador Carlos I. No me cuadra para nada que le tilden de "mentiroso" y "antiespañol", puede ser exagerado y hasta faltar a la verdad por subjetivismo pero nunca tuvo la intención de engañar, tan sólo puso su ciencia y vida como los auténticos profetas para denunciar la incoherencia de los cristianos y anuncir la buena nueva a los que no lo eran. Esperaba tanto de España que no toleraba ninguna hipocresía y cuando sacudía con sus prédicas no se libraba ni el propio apuntador. Les comparto nuevos apuntes para intentar conocer mejor a este historiador, misionero, que su orden dominica y la diócesis de Sevilla han incoado el proceso de beatificación.

El escritor colombiano Enrique Buenaventura en su obra Un réquiem por el padre Las Casas, evidencia esta paradoja: “¿No es extraordinario que para hablar mal de España tengan que repetir lo que dijo un español?”. Nadie puede negarle hoy la energía puesta en defender al indio, la sustitución de la conquista por la “pacificación”, la cruz sin la espada, el derecho de los pueblos a la autodeterminación, su actitud mental desde “la visión de los vencidos”, cincuenta años consagrados en exclusiva a esta lucha. Catorce veces cruzó el océano de España y de la cristiandad.

Fue un profeta carismático, pieza esencial de la reconstrucción y de la vida de la Iglesia en América cuando la conciencia cristiana se creía sacudida por la empresa del nuevo Mundo. Su profetismo, como denuncia y como palabra de salvación, presuponía un compromiso social y hasta político[1]. Se convirtió en el primer actor de esa apasionante lucha evangélica por la justicia en América marcando de forma indeleble la mentalidad de un continente. Claro que no fue un clarín solitario, un Robinsón aislado. Formó parte de todo un movimiento doctrinal, de misioneros y teólogos, con proyección internacional y vigente en la actualidad.

Su monumental obra "Historia de las Indias" motivó la tesis doctoral del actual cardenal de Lima, S.E. Carlos Castillo Libres para creer. La conversión según Bartolomé de Las Casas en la Historia de las Indias  en la que se destaca que Las Casas enmarca a los indios de acuerdo con la visión de los pobres en el evangelio, tal como subrayó el P. Gustavo Gutiérrez, pensando que “por caminos imprevisibles estarán quizás a la derecha de Dios más que cualquiera de los españoles cristianos. Las Casas contempló a nuestro Dios y Señor Jesucristo crucificado en los indios de hace cinco siglos y percibió que Dios los convertía animándolos, a pesar del pecado de los cristianos. Esto no lo sumió en la pasividad, sino que lo dotó de un sentido más profundo en su indesmayable actividad en favor del indio. El evangelizador y su pueblo encontraron el camino de su propia conversión y así el lugar de su misión: volver a encontrarse con su vocación de pueblo apóstol y ayudar a Dios a que los indios lo encuentren, no solo en su tiempo de muerte sino también en su tiempo de resurrección. Tiempo imprevisible, que sólo Dios puede dar” PUCP, Lima, 2021, 2ª ed., p. 418, . https://repositorio.pucp.edu.pe/bitstreams/967bbb84-68ed-4744-985b-a75812b3c10a/download).

Pero no instrumentalicemos a nuestro misionero dominico. Hasta soviéticos y orientales europeos lo utilizaban contra el imperialismo capitalista. Lo mismo sucede con pocos iberoamericanos que lo hacen paladín de la teología de la liberación desconectada del magisterio de la Iglesia, que dicen querer hacer una historia “comprometida con los pobres”. Hoy más que nunca necesitamos el “compromiso con la verdad” dejando a un lado la seducción de las leyendas y los mitos.

Os aconsejo la biografía de Paulino Castañeda[2], editor de sus obras, así como la lectura de todos sus trabajos que por vez primera son publicados de forma crítica[3]. 1. Vida y obras / por Álvaro Huerga -- 2. De único vocationis modo / edición de Paulino Castañeda Delgado y Antonio García del Moral -- 3-5. Historia de las Indias / transcripción del texto autógrafo por Miguel Ángel Medina; fijación de las fuentes bibliográficas por Jesús Ángel Barreda; estudio preliminar y análisis crítico por Isacio Pérez Fernández -- 6-8. Apologética historia sumaria / edición de Vidal Abril Castelló [and others] -- 9. Apología / edición de Ángel Losada -- 10. Tratados de 1552, impresos por las casas en Sevilla / edición de Ramón Hernández y Lorenzo Galmés -- 11.1. De thesauris / fijación del texto latino, traducción castellana, introducción e índices (ideológico y general) por Ángel Losada; notas e índices de fuentes bíblicas, jurídicas y otras por Martín Lassègue -- 11.2. Doce dudas / edición de J.B. Lassegue; estudio preliminar, índices y bibliografía de J. Denglos -- 12. De regia potestate / edición de Jaime González Rodríguez; introducción de Antonio-Enrique Pérez Luño. Quaestio theologalis / edición de Antonio Larios Ramos y Antonio García del Moral y Garrido -- 13. Cartas y memoriales / edición de Paulino Castañeda [and others] -- 14. Diario del primer y tercer viaje de Cristóbal Colón / edición de Consuelo Varela.  

En este año 2026 en que se conmemora el V Centenario de la Escuela de Salamanca, por recordar los 500 años de la incorporación de Francisco de Vitoria a la Universidad de Salamanca, se impone un estudio objetivo y real de sus protagonistas como es el caso de nuestro hombre: Fray Bartolomé de las Casas. Dejemos las leyendas y los mitos, forjemos una historia con verdad y vida.

En el P. Las Casas hay una pugna entre la historia y la profecía. Como advierte el P. José Carlos Martín de la Hoz, participante en la Comisión histórica del proceso de beatificación del P. Las Casas, no se canoniza su obra como historiador, que dista mucho de ser científica y veraz, se persigue su acción profética ante la Corona española de velar por el cuidado de los fieles más necesitados de las Indias, los indios, logrando “la verdadera conversión de los encomenderos de su diócesis, y de paso la de los demás habitantes de las Indias” [4].

 De modo utópico, las Leyes Nuevas de 1542 decretaban la abolición de la encomienda, pero la aplicación jurídica en la compleja realidad indiana era harto difícil; de hecho, llegó a provocar la muerte del Virrey del Perú, Blasco Núñez de Vela, en su intento. El P. Las Casas no se acobardó, retornó a la Corte después de la comentada azarosa vida pastoral en su diócesis, y puso todo su empeño en su programa de restitución. Como clave de su proyecto evangelizador estaba la conversión de los encomenderos, la eliminación de la esclavitud y el buen ejemplo a los naturales de las Indias. Sin ello, todo se le antojaba como farsa e hipocresía. Bartolomé de las Casas no tiene ningún interés en acumular obras de historia ni de las Indias ni de la Iglesia, “pretende sencillamente reunir argumentos: ejemplos contundentes para golpear la real conciencia y hacerles intervenir en América. Se parece al profeta que anuncia los terribles males que enviará Dios si no se produce una verdadera, urgente y total conversión del pueblo”[5].

Tras las diferentes controversias surgidas por un personaje tan poliédrico, profeta y pastor, cronista e historiador, encomendero primero, dominico después, comparto, el atinado juicio del historiador Pedro Borges Morán, en su obra ¿Quién era Bartolomé de las Casas? "Lo característico de Las Casas no es lo que pensó, lo que se propuso obtener o lo que en realidad logró, porque en eso coincide con todos los demás. Lo característico en él es el modo cómo lo hizo[...] Desde el momento en que se creyó destinado a luchar contra algo, Las Casas, extremista como era por carácter, se convirtió en un inconformista sistemático que divinizó al indio, es decir, a la víctima, y satanizó al español, esto es, al supuesto verdugo.[...] Con ello incurrió en el típico daltonismo propio de los obsesionados por algo, por muy noble que fuera esa obsesión.[...] Es incuestionable que Las Casas, dentro de su mundo irreal o por lo menos parcial, actuó con sinceridad, sin ahorrar esfuerzos y preocupado únicamente por el cumplimiento de la misión divina que creía incumbirle.[...]Sus objetivos y sus esfuerzos merecen elogios. Lo lamentable es que no atinara con el modo ni con los modales. Lo que le sobró de noble utopía, le faltó de prosaico pragmatismo (Rialp, Madrid 1990)


[1] A. Losada lo pone de manifiesto: “La idea de ambos era que, para hacer triunfar su causa a favor de los pueblos oprimidos, había que ganar para la misma a los jefes de Estado y altas jerarquías de la Iglesia. En ello se empeñaron toda su vida y pese a los malentendidos y hasta las calumnias, lo lograron: Lebrel, consejero de Pablo VI y Felipe II”. en “Sobre la huella de Las Casas: El padre Lebrel, pionero de los tiempos modernos”, Los Dominicos y el Nuevo Mundo. Madrid, Deimos, 1988, 352-363.

[3] Bartolomé DE LAS CASAS, Obras completas, 15 vols., Alianza Editorial, Madrid 1989-1990.

[4] MARTÍN DE LA HOZ, José Carlos, “Bartolomé de las Casas: historia y profecía” Fe y Libertad, Guatemala, Vol. 5, Nº. 2, 2022 (Ejemplar dedicado a: Narrativa histórica: libertad y derecho), p.138

 

[5] Ibídem, p. 122.

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“SI ELLOS PUDIERON, ¿POR QUÉ YO NO?” LOS SANTOS PROPUESTOS Y CITADOS POR EL PAPA EN SU VISITA A ESPAÑA

José Antonio Benito

La presencia serena y gozosa del Papa en esta semana tan santa nos deja también paz y gozo reconfortados para el bien. Del rico tesoro de su magisterio, quiero fijarme en las menciones frecuentes a los santos. Por supuesto, el primero es san Agustín: “Contemplando la vida de estos santos, como san Agustín, me dije a mí mismo: si ellos fueron capaces, ¿por qué yo no? (cf. Confesiones, VIII, 27). Nos advierte que “los santos experimentaron la nostalgia de Dios y, al tener que afrontar las tempestades de la existencia, supieron llevar a Jesús en sus barcas, confiaron en Él, abrazaron la cruz y calmaron así las olas de la incertidumbre y el temor”.  Y luego: Santo Toribio de Mogrovejo, en segundo lugar; le acompañan: Santa Eulalia, Juan Crisóstomo, Santo Tomás de Aquino, San Ignacio de Loyola, Santo Tomás de Villanueva, Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, San Juan de Ávila, San Pablo VI, San Juan Pablo II, San José de Anchieta, San José de Betancourt, San Juan María Vianney (Cura de Ars), San Manuel González (“El Obispo del Sagrario Abandonado”), Santa Margarita María Alacoque. Dos Venerables: Antonio Gaudí y Antonio Vicente González, sacerdote diocesano. Por último, dos religiosos ejemplares, el franciscano Fray Hernando de Talavera, “santo alfaquí”, en trámite de iniciarse el proceso, y el dominico Fray Francisco de Vitoria, iniciador de la Escuela de Salamanca.

Día 6: Encuentro con las Autoridades, la Sociedad Civil y el Cuerpo Diplomático

A este respecto, quisiera referirme a dos figuras de este país que, desde hace cinco siglos, nutren la vida de la Iglesia y la búsqueda espiritual de muchos, incluso más allá de sus fronteras visibles. Se trata de Juan de la Cruz y Teresa de Ávila, que se hicieron amigos en la pasión por el Misterio divino. La suya es una mística con los ojos abiertos, es decir, no ajena a la historia, sino que, por el contrario, lleva a la raíz de las cuestiones, al corazón de la realidad. En particular, al interpretar las transformaciones y soportar las tensiones que hacen tan oscura nuestra época, nos ayuda el tema de la noche, tan querido por san Juan de la Cruz, cuyo Año Jubilar estamos celebrando. En su sed de luz, paradójicamente, aprendió a apreciar la oscuridad —«noche dichosa» (Noche oscura, 3)— como el tiempo en que el alma se libera de lo que presumía de conocer y poseer. También hoy lo que más nos asusta, lo que en muchos provoca la oscuridad de la razón y la violencia de las emociones, es lo desconocido, ante lo cual puede prevalecer la sensación de no tener ya mapas, la desorientación. Por eso se necesitan, también en la vida pública, hombres y mujeres que intuyan, en la oscuridad, la luz; en el fin, un posible comienzo, casi el irrumpir de una verdad como luz que aún ciega, pero que —si confiamos y encontramos paz— nos llevará delicadamente hacia sí misma…

Nuestra época, que en apariencia se ve sacudida por terribles desequilibrios y conflictos, clama en lo más profundo por la paz, por un nuevo conocimiento de la persona humana y de su dignidad inviolable, por la civilización del amor (cf. Magnifica humanitas, 186).

Santa Teresa describe este mismo itinerario con la imagen del castillo interior. Avanzando de habitación en habitación hacia el lugar más íntimo —es decir, cada uno hacia su propio corazón, santuario de la verdad—, el espacio se amplía, la mente se abre, las contradicciones se resuelven, las tensiones se disuelven, los demás encuentran su lugar, el universo se convierte en hogar.

Vigilia de Oración con los Jóvenes: Ya han mencionado a san Agustín —y sabemos todos que san Agustín es una figura muy importante para toda la Iglesia—, pero también he pensado en uno de los Padres de la Iglesia oriental que se llamaba san Juan Crisóstomo, su nombre significa «boca de oro», un título que este Padre de la Iglesia mereció porque tenía una elocuencia muy hermosa. Antes de su bautismo, que tuvo lugar en el año 368 dC, él estudiaba filosofía. Después se dedicó a la exégesis de la Sagrada Escritura, junto con otros jóvenes de Antioquía, su ciudad natal. Tras una experiencia como eremita, se entregó al servicio de la Iglesia como sacerdote y luego, como obispo. Y aquí aprovecho para decir a todos vosotros: ¡No tengáis miedo jamás de pensar en una vocación a la vida sacerdotal, a la vida religiosa o a otros servicios en la Iglesia! Pues Juan Crisóstomo, que llevaba en su corazón este amor por la Palabra de Dios, después de ser sacerdote y obispo, dio un testimonio muy grande, sobre todo con la coherencia de su vida.

Si predicaba, era porque vivía ese mensaje. A mí, personalmente, me han impresionado especialmente sus catequesis, sus sermones, sus homilías y sus escritos que unen el amor por la verdad y la rectitud de su vida. Pero también tenía mucha valentía. No tenía miedo de hablar delante del Emperador, de decir cosas que eran a favor de la justicia y no sólo para complacer al otro. Era un hombre de palabra.

Otro santo que he pensado es santo Tomás de Villanueva, agustino, que fue llamado a convertirse, también, en pastor de la Iglesia. Era español. Estudió en la Universidad de Alcalá y, por su sabiduría, se ganó la estima del emperador Carlos V. Luego fue nombrado obispo de Valencia y emprendió una intensa obra de reforma de la Iglesia, sobre todo del clero, exhortando a sus hermanos a la perseverancia en la oración, en la vida de castidad y en la obediencia. Por su ardiente caridad es conocido hasta hoy como «el Obispo de los pobres». Pues esta caridad me ha alentado en los momentos de prueba y en los momentos de servicio.

Otro compañero de camino es santo Toribio de Mogrovejo, también español. En el siglo XVI fue misionero en Perú, donde se dedicó con gran celo a la evangelización, estudiando las lenguas locales. Santo Toribio unió una intensa vida de oración al compromiso por la justicia, especialmente frente a los abusos y la corrupción de su época. Por eso, para mí es un modelo de entrega al pueblo, especialmente a los más pobres, en el nombre de Cristo.

Contemplando la vida de estos santos, como san Agustín, me dije a mí mismo: si ellos fueron capaces, ¿por qué yo no? (cf. Confesiones, VIII, 27). Una pregunta que también os confío con gusto, invitándoos a escoger ejemplos de vida buena, que resulten atractivos tanto para vosotros como para los demás. Pues, en cuanto a los años vividos en Perú, como misionero y luego como obispo, recuerdo sobre todo el testimonio de fe de la gente, marcada por muchas dificultades, pero llena de esperanza.

Precisamente el encuentro con las heridas y también con las alegrías del pueblo me hizo crecer en el camino del seguimiento de Jesús. Mientras lo anunciaba, también yo era transformado por el Evangelio, transformado por la vida y la fe de estos pueblos, muchas veces materialmente muy pobres, pero ricos en la fe. Y experimentando esta fe en la palabra del Señor, he visto cómo la Palabra de Dios puede convertir el conflicto en paz. Puede ser fuente de reconciliación, de paz y de justicia.

DÍA 7 Santa Misa en la Solemnidad del Corpus Christi

Hermanos y hermanas, deseo recordar aquí a san Manuel González, el obispo de los sagrarios abandonados. Su vida nos recuerda que la Eucaristía no puede ser honrada sólo en las grandes celebraciones o de modo ocasional, sino también en la fidelidad silenciosa de quien acompaña al Señor con una amistad humilde y discreta que se alimenta día a día.

Quisiera recordar también los versos poéticos de san Juan de la Cruz: «Qué bien sé yo la fuente que mana y corre, aunque es de noche» (Cantar del alma que se huelga de conocer a Dios por fe). En la prisión conventual de Toledo, donde estaba encarcelado en condiciones durísimas, precisamente en torno al Corpus Christi de 1578, él reconoce desde la noche de aquella prisión la presencia escondida del Señor, de la que brota una luz que no conoce ocaso y mana una vida que no se agota. Jesús Eucaristía es «aquella eterna fuente que está escondida», fuente que corre y apaga la sed, pero sin deslumbrar, sin imponerse con poder exterior, sin presentarse de modo espectacular.

7. Encuentro «Tejer redes con el mundo de la cultura, del arte, de la economía y del deporte»

Movistar Arena, Madrid

En el ADN de la humanidad está radicado el deseo de bien, de belleza, de verdad; y es a partir de esa aspiración profundamente humana y de nuestra experiencia plurisecular, que la Iglesia propone caminos para una vida digna y el bien común. A este propósito, san Pablo VI afirmó ante las Naciones Unidas que independientemente de la opinión que se tenga del Pontífice de Roma, es bien conocida su misión. En cuanto «experta en humanidad» la Iglesia no se desentiende de nada verdaderamente humano (cf. Gaudium et spes, 1). Por esta razón la «actitud de diálogo es parte integrante de su vocación» (Magnifica humanitas, 2) ….

No es extraño entonces que la proclamación de la Buena Nueva y la conciencia de sabernos hermanos se exprese con forma de saeta en una Semana Santa, de poesía mística, de maestría literaria en autores como Lope de Vega, santa Teresa de Jesús o san Juan de la Cruz, Calderón de la Barca, o en la prosa serena de santo Tomás de Aquino, de quien hemos heredado los hermosos himnos del Corpus Christi, que celebramos hoy. Todo ello muestra el vínculo entre lo material y lo espiritual que constituye nuestra existencia…Seamos hilos nuevos acogiendo el consejo de san Pablo: «Alegraos con los que están alegres; llorad con los que lloran.

Tened la misma consideración y trato unos con otros, sin pretensiones de grandeza, sino poniéndoos al nivel de la gente humilde. No os tengáis por sabios. A nadie devolváis mal por mal. Procurad lo bueno ante toda la gente. En la medida de lo posible y en lo que dependa de vosotros, manteneos en paz con todo el mundo» (Rm 12,15-18).

Sobre esto, san Juan Pablo II, como deportista y pastor, declaró: «En estos tiempos en que por desgracia diversas formas de violencia, y por lo tanto de odio, tienden a desgarrar nefastamente el tejido de la solidaridad social, vosotros los deportistas contribuís, por vuestra parte, a dar un testimonio luminoso de cohesión, de paz, de unión, en una palabra, de saber estar juntos».

Día 8. Encuentro con los miembros del Parlamento Español

Congreso de los Diputados, Madrid

Desde España, la reflexión de la Escuela de Salamanca —y de manera particular fray Francisco de Vitoria, junto con otros dominicos y jesuitas— contribuyó a formar una conciencia jurídica y moral capaz de recordar que la autoridad lleva siempre consigo una responsabilidad y que todo ser humano debe ser reconocido como sujeto de derechos y deberes.

Día8 Encuentro con los Obispos de España

En este camino os acompaña también san Juan de Ávila, patrono del clero español, en este año en el que recordamos el quinto centenario de la ordenación presbiteral. San Pablo VI lo definió «un maestro de vida espiritual benévolo y sabio, un renovador ejemplar de la vida eclesiástica y de las costumbres cristianas» y, al mismo tiempo, «un simple sacerdote». En este santo doctor, la Iglesia reconoce la vida sacerdotal que cada obispo está llamado a custodiar y a hacer crecer en el propio presbiterio.

Como entonces, estamos llamados a construir una nueva realidad, a través del diálogo respetuoso y el uso de nuevos lenguajes, tal como hiciera el famoso santo alfaquí de Granada, fray Hernando de Talavera, y más adelante repitiera en América santo Toribio de Mogrovejo, del que estamos celebrando el tercer centenario de la canonización, presentándolo precisamente como modelo de obispo en salida en un tiempo de misión y reorganización eclesial.

… Capaces de llevar —como hizo Toribio— la experiencia de Granada a América, es decir, de atesorar en nuestro equipaje los recursos que nos permitan afrontar con franqueza los retos siempre nuevos de la evangelización en cada circunstancia.

Martes 9. Oración de la Hora Media Catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia, Barcelona

San Agustín, hablando de los Mártires, decía: «No nos parezca poca cosa el ser miembros de aquel de quien lo fueron aquellos con quienes no podemos equipararnos […] obedecemos al mismo Señor […], perseguimos la misma caridad y abrazamos la misma unidad» (Sermón 280, 6).

Queridos hermanos y hermanas: con este espíritu es que también nosotros, en un mundo desgarrado por guerras y divisiones, en una sociedad cada vez más fragmentada e individualista, queremos ser “mártires”, es decir, testigos y profetas de unidad, de acogida, de concordia y de paz, incluso a costa de sacrificios y renuncias. Como la virgen Eulalia y tantos otros mártires, queremos responder nuestro “sí”, dispuestos, en lo que sea necesario, a morir a nosotros mismos, a perdernos para reencontrarnos, a renunciar a lo superfluo para construir sobre lo que es esencial y dura para siempre (cf. Mt 16,24-26).

10 junio Visita al Centro Penitenciario «Brians 1»

San Agustín, en sus Confesiones, nos comparte su itinerario vital y nos habla de ello; si confiamos en la gracia divina y nos dejamos guiar y transformar por ella, descubrimos cómo en nuestra vida el pasado no condena el futuro, sino que nos ofrece la posibilidad de cambiar nuestras decisiones y elecciones.

10 junio: Santa Misa e inauguración de la torre de Jesucristo Basílica de la Sagrada Familia, Barcelona Como arquitecto ardiente de fe, el venerable Antoni Gaudí concibió estos espacios con el deseo de narrar los misterios de la vida del Señor: de este modo nos ha propuesto una peregrinación espiritual, que conduce al encuentro con Cristo nacido, muerto y resucitado por nosotros. Junto con Gaudí, de quien conmemoramos el centenario de su muerte, recordamos y damos las gracias esta tarde a todos los promotores y benefactores, a los artistas y a los trabajadores que cooperan en la construcción de una obra maestra arquitectónica, que es también una elocuente catequesis hecha de piedras, colores y luz.

Oración del Santo Rosario. Abadía de Nuestra Señora de Montserrat

efectivamente, ella suscita en nosotros conversiones profundas, como la de san Ignacio de Loyola, que, en este sugestivo lugar, después de una noche en oración ante la Virgen, entregó sus armas de caballero, momento que marcó el inicio de una vida nueva al servicio de Jesucristo.

Encuentro con las realidades de caridad y asistencia diocesanas. Iglesia de Sant Agustí, Barcelona

La razón que pensarán —obvia, evidente— es porque es San Agustín, pero, les cuento que la primera vez que vine a esta iglesia —no estaba este Arzobispo aquí a mi lado—, era 1984, viajaba por tierra desde Roma a León, llegué y dije: miren en Barcelona hay una iglesia de San Agustín, vamos a visitarla. Estaba cerrada, hoy está abierta. Y qué hermoso es encontrar una iglesia con una comunidad de agustinos y con tantas personas que viven, que alaban a Dios, que encuentran comunidad, acogida, integración en esta iglesia y en esta pastoral social. Con el tiempo fui descubriendo que Jesús me llamaba a seguirlo como sacerdote, y que ese camino pasaba por la orden de san Agustín. Pero esto no vale sólo para mí. Todo niño es un sueño de Dios. Tú Renzo también lo eres. Dios desea la felicidad de todos y quiere que, desde pequeños y durante toda la vida, conservemos un corazón como el de los niños (cf. Mt 18,3): capaz de confiar, lleno de bondad; quiere que seamos sus amigos y no nos apartemos de Él. Por eso, más importante que preguntarse si uno será sacerdote, médico, maestro, padre de familia o cualquier otra cosa, es preguntarse si quiere ser amigo de Jesús.

Jueves 11: Encuentro con los Obispos, los Sacerdotes, los Diáconos, los Religiosos, las Religiosas, los Seminaristas y los Agentes de Pastoral Catedral de Santa Ana, Las Palmas de Gran Canaria

A este propósito, nos dice san Agustín: «Si alguien divisara desde lejos su patria, pero un mar se interpusiera entre los dos: ve a dónde ir, pero ignora el camino. Así nos ocurre a nosotros: anhelamos alcanzar nuestra condición estable, […] pero está por medio el mar de este mundo […] para enseñarnos el camino, vino el mismo a quien queríamos ir. ¿Y qué hizo? Nos puso el leño con el que poder atravesar el mar. Nadie es capaz de pasar el mar de este mundo si no lo lleva la cruz de Cristo» (Comentario al Evangelio de San Juan, 2, 2).

Queridos hermanos y hermanas, los santos experimentaron la nostalgia de Dios y, al tener que afrontar las tempestades de la existencia, supieron llevar a Jesús en sus barcas, confiaron en Él, abrazaron la cruz y calmaron así las olas de la incertidumbre y el temor (cf. Mt 8,23-27). Ejemplo de ello en estas benditas tierras, entre tantos otros, es el venerable Antonio Vicente González, sacerdote diocesano, también conocido como “el buen pastor canario”. Su vida, transfigurada por la gracia divina, nos estimula a cargar la cruz de Cristo y a seguirlo (cf. Mt 16,24), siendo testigos fieles del Evangelio en este nuevo tiempo de la historia, no exento de turbulencias y contradicciones, para llegar así a la meta prometida (cf. Jn 12,32).

Jueves 11. Santa Misa: Estadio de Gran Canaria, Las Palmas de Gran Canaria

San Agustín decía: «donde está la caridad está la paz, y donde está la humildad, allí está la caridad» (Sobre la Primera Carta de San Juan a los Partos, Prólogo). Es así. Donde hay auténtica humildad hay amor, y donde hay amor hay paz, porque sólo en la humildad conocemos realmente quiénes somos y, por tanto, podemos amarnos, encontrarnos, entregarnos y perdonarnos en la verdad.

Queridos hermanos, hermanas, hoy adoramos el Sagrado Corazón de Jesús, un corazón que a menudo representamos coronado de espinas y encendido con una llama, según las visiones que tuvo santa Margarita María Alacoque. Recordemos que nosotros somos la presencia viva del Señor en el mundo (cf. Lumen gentium, 8).

Día 12: Dos misioneros canarios: Hermano Pedro Betancour y José de Anchieta

Motivados por ese amor de Dios, que nos ayuda a sanar las heridas y a ser caritativos con los que sufren, el santo Hermano Pedro y san José de Anchieta partieron desde estas tierras canarias para anunciar el Evangelio en América, abriendo nuevos horizontes misioneros. Ellos también fueron migrantes que se dirigieron hacia lo desconocido, llevando como principal equipaje la fe, la esperanza y la caridad. En aquellas desconocidas tierras, los santos migrantes y misioneros supieron dar de lo que tenían y asimismo acoger lo nuevo que se les ofrecía Queridos sacerdotes, renueven cada día su “aquí estoy” ante el Corazón traspasado de Cristo. Entréguense totalmente a Él, para que puedan amar a su pueblo con el mismo amor con el que Él lo ama. Y recuerden con alegría, como le gustaba repetir al santo Cura de Ars, que «el sacerdocio es el amor del corazón de Jesús» (cf. Benedicto XVI, Carta para la convocación del Año Sacerdotal [16 junio 2009]: AAS 101 [2009], 569).

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SANTO TORIBIO MOGROVEJO, COMPAÑERO DE CAMINO DEL PAPA LEÓN

Ni el de Palencia, Astorga, Liébana, MOGROVEJO (1538-1606) , por los ancestros de este lugar cercano a Potes, Santander, pero luego afincados en Mayorga (Valladolid) donde nació. El Padre y forjador de América, segundo arzobispo de Lima, organizador de la Iglesia de Hispanoamérica. El que recorrió 40.000 kilómetros, fundó el Seminario postridentino más importante de América y el firme defensor de los derechos humanos de los indios, el que confirmó a Santa Rosa de Lima, San Martín de Porres y un millón de peruanos más.

Que murió en Zaña, diócesis de Chiclayo, la de Monseñor Robert Prevost.

Su santo pastor de referencia. No en vano el Papa Juan Pablo II le nombró patrono de los obispos de Latinoamérica en 1985.

El Papa León en su reciente visita a España nos ha regalado dos textos sobre su vida y misión.

En la  VIGILIA DE LOS JÓVENES: "Otro compañero de camino es santo Toribio de Mogrovejo, también español. En el siglo XVI fue misionero en Perú, donde se dedicó con gran celo a la evangelización, estudiando las lenguas locales. Santo Toribio unió una intensa vida de oración al compromiso por la justicia, especialmente frente a los abusos y la corrupción de su época. Por eso, para mí es un modelo de entrega al pueblo, especialmente a los más pobres, en el nombre de Cristo."

En el Encuentro con los Obispos: “Santo Toribio de Mogrovejo, del que estamos celebrando el tercer centenario de la canonización, presentándolo precisamente como modelo de obispo en salida en un tiempo de misión y reorganización eclesial”.

Sensibles a su aprecio por el santo la Conferencia Episcopal Española le obsequió con un retrato de su persona.

Les comparto mi blog donde encontrarán abundante información sobre su vida, personalidad, misión, trascendencia

https://ietoribianos.blogspot.com/

 José Antonio Benito 

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ENCUENTRO CON LOS VOLUNTARIOS

DISCURSO DEL SANTO PADRE

Pabellón 3 de IFEMA Madrid
Martes, 9 de junio de 2026

https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/speeches/2026/giugno/documents/20260609-spagna-volontari.html

Eminencia, don José,
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Este encuentro es el último de la etapa madrileña de mi Viaje apostólico, pero me alegra mucho que sea con vosotros, voluntarios y voluntarias. Cada uno de vosotros y muchos más que no han podido estar aquí esta mañana merecéis un “gracias” muy especial, porque habéis ofrecido vuestra presencia, vuestro servicio, y lo habéis hecho por amor al Señor, a la Iglesia y al Papa. ¡Gracias de todo corazón!

Agradezco a los dos “portavoces” que nos han brindado sus testimonios y a quienes han realizado el vídeo y la actuación musical.

He sabido que, desde el principio, vuestra respuesta a la convocatoria ha sido entusiasta: en pocos días habéis superado las cifras solicitadas y así las necesidades han quedado ampliamente cubiertas. Os habéis tomado días libres en el trabajo, algunos de vosotros os habéis dedicado a tiempo completo durante meses, pero cada uno ha dado lo que ha podido, entregando corazón, manos, ideas, talentos, sonrisas. ¡Que Dios os recompense como sólo Él sabe hacerlo!

Me gustaría compartir con vosotros una sencilla reflexión, que resumiría así: los cristianos están llamados a llevar al mundo la levadura de la gratuidad.

Jesús utilizó la imagen de la levadura en una parábola sobre el Reino de los cielos, recogida por el evangelista Mateo: «El Reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta» (Mt 13,33). Vuestra experiencia de estos días, como la de tantos hermanos y hermanas, voluntarios en circunstancias similares —pienso en el Jubileo del año pasado—, es un signo del Reino que viene, y lo es por un aspecto esencial: la gratuidad.

La gratuidad es una levadura que hace crecer la calidad humana, ética y espiritual de una sociedad, porque podríamos decir que es un rasgo típico de la “ciudad de Dios”. En un mundo continuamente influenciado por la lógica del interés y del lucro, donde el término “crecimiento” se reduce a la dimensión económico-financiera, es necesario pensar y vivir según la lógica más verdadera, es decir, la de un crecimiento humano integral. Es la lógica del Evangelio, que dice: «Y si hacéis bien solo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores hacen lo mismo. Y si prestáis a aquellos de los que esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis?» (Lc 6,33-34).

Queridos hermanos, Jesucristo vino a traer al mundo la levadura del Reino de los cielos; la mezcló con la masa de nuestra humanidad enferma para sanarla desde dentro, con el agua y la sangre de su sacrificio y con el fuego del Espíritu Santo. Y tras su muerte y resurrección, envió a sus discípulos, con la fuerza del mismo Espíritu, para que fueran en el mundo signos e instrumentos de su Reino, el Reino de amor, de justicia, de paz. Esto se realiza mediante la predicación, pero también, y diría más aún, a través de un estilo de vida, una forma de pensar y de comportarse que es la del Evangelio. Pues bien, un rasgo esencial de este estilo es la gratuidad que habéis testimoniado estos días aquí en Madrid. ¡Gracias! Quizá las estadísticas no lo registren, pero sabemos que, en estos días, también gracias a vosotros, esta ciudad ha crecido y está más cerca del Reino de Dios. ¿Mérito nuestro? ¡No! ¡Todo es gracia suya! Este es el secreto: el amor de Dios, que mueve el sol y los astros, y mueve los corazones de quienes han encontrado al «Señor Jesús, que dijo: “Hay más dicha en dar que en recibir”» (Hch 20,35).

Hermanas, hermanos, ¡sigamos por este camino! Con humildad y mansedumbre, sin ninguna presunción, pero firmes en la fe y generosos en el servicio. Que la Virgen María os conceda ser levadura del Reino siempre y en todas partes. ¡Gracias! ¡Y nos vemos en Roma!

Tras bendecir las primeras piedras

Regalo del cáliz

Y quiero dejar también, como don para toda la familia, aquí en Madrid, como signo de comunión en la Iglesia, este cáliz. Que no nos olvidemos jamás de lo que celebramos en el memorial de Cristo que nos ha salvado.

Bendición apostólica

Muchas gracias a todos.

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Me complace compartir algunos datos del joven secretario peruano del Papa que hemos visto en primera línea aunque muy discreto en apoyo del Papa León XIV
>MeEdgard Rimaycuna Inga junto al papa León XIV. En ese tiempo estaban en Chiclayo, Perú.

Edgard Rimaycuna Inga junto al papa León XIV. En ese tiempo estaban en Chiclayo, Perú. Edgard Rimaycuna

 Reportajes

Edgard Rimaycuna, el secretario del León XIV de 36 años que iba para ingeniero: era "el mejor de la clase" en su Chiclayo natal

Se conocieron en Roma, en 2006, durante un seminario al que acudió Rimaycuna. Desde ese entonces, Prevost se convirtió en su "director espiritual".

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Publicada9 junio 202602:39h
 

En Chiclayo, su ciudad natal, lo recuerdan como el padre Edgard (Perú, 1989). El cargo —y adjetivo— de secretario privado del papa León XIV es una añadidura más. En gran medida, eso es lo que conlleva el tiempo: mirar de lejos cómo una historia encaminada desde un inicio llega al puerto que le estaba esperando.

El padre Edgard Rimaycuna estudió en el Colegio San José de Chiclayo, uno de los más relevantes en Perú. Allí, sus compañeros y profesores siempre lo miraron con admiración: impoluto, decidido, con vocación espiritual, alguien en quien se podía confiar y, sobre todo, con una línea definida entre lo correcto y lo que no.

Su madurez no iba a la par de sus años. En su infancia siempre se cuestionaba lo que debía hacer. Pensaba en si a lo que iba a acceder estaba "bien o mal".

Y eso, en gran medida, es lo que tiene ser criado por una profesora como lo ha sido su madre, Elia Inga. Junto a su padre, Mauricio Rimaycuna, le enseñaron desde pequeño que su vida sería más sencilla si se la entregaba a Dios.

Él lo tomó de forma literal. Sin ningún titubeo. Incluso, su profesor de matemáticas creyó que tras su graduación, él "iba a estudiar Ingeniería Civil, pero Dios lo llamó y siguió su vocación sacerdotal".

A ello se sumó su profesor de Literatura, César Azores. "Edgard siempre fue un alumno muy aplicado y dedicado. Él lideraba las exposiciones grupales y mostraba un compromiso excepcional con sus estudios".

En 2005 se graduó del colegio con un destacado rendimiento académico y para nadie fue una sorpresa cuando contó que, al año siguiente, estudiaría en el Seminario Mayor de Chiclayo.

Roma

En su primer año de estudio tuvo una visita académica a Roma como seminarista. Allí conoció a Robert Francis Prevost, que en ese entonces era el prior general de la Orden de San Agustín y también había ejercido ese cargo en la provincia peruana de Lambayeque.

Desde un principio hubo una conexión especial entre ellos. Para el actual sumo pontíficePerú siempre ha significado una parte esencial de su vida. Llegó a Chiclayo en 1985 y se fue tres años después.

Sin embargo, pese a irse, siempre continuaba regresando para realizar misiones con la comunidad. Por eso, al encontrarse con Rimaycuna, se convirtió en su "director espiritual" para seguir su desarrollo humano, intelectual y pastoral.

Con el paso de los años, Prevost fue siendo partícipe de las decisiones claves en la vida de Rimaycuna. En 2013, como era de esperar, el padre se graduó y fue ordenado diácono el 7 de septiembre en la catedral de su ciudad natal.

El sumo pontífice nunca se despegó de él. Y una de sus voluntades era regresar a Perú. En medio de ello, en 2014, el entonces papa Francisco lo nombró obispo en la diócesis de Chiclayo.

Al llegar nuevamente a ese territorio, Rimaycuna y Prevost empezaron a ejecutar proyectos. Uno de ellos quedó marcado para la comunidad: construyeron un oratorio en el colegio San José, justamente donde el padre había estudiado.

"La idea de construir un espacio de oración dentro del colegio había estado presente durante muchos años, y fue concretada gracias a la visión de Edgard Rimaycuna con el apoyo del papa León XIV", señaló la subdirectora para el diario Perú21.

Estudios

Prevost y Rimaycuna trabajaron de la mano por la comunidad durante cuatro años. Pero en la vida todo tiene una fecha de caducidad. Por ello, el sumo pontífice le aconsejó a su pupilo que estudiara en el Pontificio Instituto Bíblico de Roma.

La decisión no fue fácil. Eso le implicaba mover toda su vida que, a diferencia de Prevost, hasta ese entonces había transcurrido exclusivamente en Perú.

Le entusiasmaba regresar a Roma, pero sabía que si su "director espiritual" se lo recomendaba, él debía escucharlo.

Entonces, Rimaycuna emprendió su viaje en el verano de 2017 para empezar sus estudios en septiembre. Durante ese tiempo nunca perdió el contacto con Prevost.

Sus estudios finalizaron en 2021 y obtuvo la licenciatura en Sagrada Escritura. Y allí, también por recomendación del sumo pontífice, residió en Manesseno, una aldea en la región de Liguria, donde fungió como vicario parroquial.

Con ello, logró conocer una nueva cultura y también estrechar lazos con la comunidad italiana. Es por ello que Prevost nuevamente lo contactó en 2024 y lo nombró como su colaborador en la curia romana dado que el sumo pontífice estaba dirigiendo el Dicasterio para los Obispos.

Lo esperado

El 8 de mayo de 2025, el cardenal Prevost fue elegido como papa. Y una de sus primeras peticiones fue algo que ya se esperaba: que Rimaycuna fuera su secretario personal.

"Trabajar para el papa León XIV es trabajar al lado de un amigo, en mi caso particular. Soy quien le ayuda en el trabajo diario y quien lo protege para que logre realizar su trabajo con tranquilidad", dice Rimaycuna en entrevista para Alfa & Omega.

Durante las más de dos décadas que llevan de esa amistad, Rimaycuna asegura que el sumo pontífice no ha cambiado y que sus cualidades continúan intactas.

Pero, para ambos, fue necesario ese intercambio cultural: Prevost aprendió de Perú la cercanía y el amor de la comunidad, mientras que Rimaycuna encontró un equilibrio entre la sobriedad y su forma de ser.

"Él no ha cambiado. Permanece todo desde que lo conocí. Lo único que ha cambiado es la vestimenta, pero el hombre que hemos conocido todos sigue allí: cercano, tranquilo, con una gran capacidad de escucha y que siempre está disponible", añade.

Además, en su trabajo, otra de las lecciones que le ha dejado es aprender a ser "el dos". Y no hay una malicia en esa frase. Tampoco un golpe de ego. En su caso, entiende y asume el rol que le toca porque es el encomendado por Dios.

"Nadie enseña a ser secretario del papa porque es un encargo que viene de un momento a otro. A lo largo de estos meses he estado pensando en dos ideas y tienen que ver con las imágenes de san José y san Juan Bautista. La frase que me enseñaron fue 'conviene que yo disminuya y que Él crezca'", expresa.

Ahora, desde la distancia, sus allegados y familiares lo siguen mirando de la misma manera que cuando él era un niño: alguien dedicado, honesto, leal y con una devoción intachable. Y eso es lo que tiene el paso del tiempo: hay personas que avanzan en la lejanía, con espectadores que aplauden cómo una historia encaminada desde un inicio llega al puerto al que siempre perteneció.

https://alfayomega.es/el-secretario-de-leon-xiv-del-padre-roberto-permanece-todo-solo-ha-cambiado-la-vestimenta-y-el-encargo/


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