Ismael Arevalillo Anselmo Polanco Fontecha. De Teruel al Cielo Editorial Augustinus, Madrid, 2023, 93 pp
Folleto muy atractivo por el rico contenido, redactado con hondura espiritual y sencillez de estilo por uno de los mejores conocedores de la vida y obra del célebre beato y mártir obispo agustino, postulador de su causa.
Cómodo diseño, profusamente ilustrado. Altamente recomendado. Es el número cuatro de la serie “Testigos del reino: santos y beatos agustinos” que se articula en tres partes.
1. Trayectoria biográfica: En los inicios de la vida de un mártir. Primeros oficios. Provincialato. Ministerio episcopal y martirio. Doctrina del Beato Anselmo Polanco. Retrato de santidad.
2. Por sus escritos. Sobre el Espíritu Santo. Inmaculada Concepción de la Virgen María. Iglesia. Amor de Dios en Jesús. Ministerio sacerdotal. Relación sociedad-religión.
3. Hitos de una vida
Me complace añadir un artículo de la revista semanal “Alfa y Omega” así como la semblanza elaborada para la RAH por el P. Isacio Rodríguez.
El Papa lleva una reliquia de este agustino, obispo y mártir español
Anselmo Polanco viajó por todo el mundo como prior de la provincia de Filipinas y vivió la realidad social de España con preocupación
María Martínez López 13 de Junio de 2025
Una de las anécdotas del primer mes de pontificado del Papa León XIV es que posee no una sino dos cruces pectorales con reliquias, entre otros, del beato español Anselmo Polanco, OSA (1881-1939): agustino como él, obispo de Teruel y mártir en la persecución religiosa de los años 30. Una se la regaló su orden al ser creado cardenal en 2023. La otra la encargó tras su elección el Círculo de San Pedro, un apostolado de Roma.
Al agustino Ismael Arevalillo, autor de varios libros sobre Polanco, no le extraña. Es «uno de los hijos más ilustres de la orden», sobre todo «porque los mártires son un gran tesoro: personas que nos demuestran cómo amar a Jesucristo y a todos hasta el extremo». Además, aunque no es consciente de que Robert Prevost tuviera una especial devoción al beato —no más que a otros agustinos—, llaman la atención cómo algunas facetas de su vida recuerdan al Pontífice.
Antes de ser nombrado obispo de Teruel en 1935 y de convertirse en uno de los 13 obispos asesinados durante la Guerra Civil, Polanco fue prior de la provincia de Filipinas de los agustinos. Al ser elegido en 1932 decidió, por razones prácticas, trasladar su sede a Valladolid, donde tenían un colegio del que había sido rector. Por este motivo, aunque la provincia se unificó con las otras tres de España en 2020, en el archivo de esta casa todavía se conservan documentos suyos como homilías, apuntes personales y cartas.
Estos textos retratan a un hombre «profundamente religioso, con un gran amor a la Iglesia y a la orden, una auténtica pasión por servir a sus hermanos de hábito y muy preocupado por la situación de su tiempo», en unos años convulsos para España, describe Arevalillo. Así, por ejemplo, «en alguna carta cuenta cómo todos los días solía escuchar la radio para informarse y seguir debates de actualidad». En particular, le inquietaban «la inestabilidad y los conflictos sociales y la pobreza de la gente».
Por otro lado, de forma opuesta a la imagen de conservador que a veces se ha transmitido de él, era un religioso de «una mentalidad muy abierta. No olvidemos que había viajado a Alemania para aprender técnicas modernas de pedagogía y aplicarlas en los colegios de aquí», apunta el experto. Esto, además de sus frecuentes viajes como provincial años después, «le abrió y le enriqueció mucho culturalmente».
Precisamente otro de los tesoros que custodia este archivo vallisoletano es una copia mecanografiada de un diario en el que «relata sus peripecias por las misiones de América, de Filipinas, de China», un testimonio «impresionante para conocer su vida, su pensamiento y el funcionamiento de la provincia». En sus páginas aparecen «viajes por los ríos, ir de un lado para otro, el calor, los mosquitos, las tormentas o cuando un barco casi naufraga». Uno de los detalles más curiosos es que al llegar a China «escuchó a los fieles de allí cantar el Cantemos al amor de los amores en castellano», algo que lógicamente «le chocó y le emocionó». En medio de todo ello, este diario refleja cómo «siempre le sorprendían los frutos tan grandes de la misión, lo bien que se organizaban las cosas y el celo apostólico de los misioneros, a pesar de las diferencias culturales» o de estar en un ambiente «no siempre favorable».
Esta documentación se completa con la que hay en el Archivo Histórico Diocesano de Teruel. Además de cartas y fotos, está por ejemplo «un librito que se trajo de Manila, con oraciones en inglés escritas a mano por él», explica el vicario general de la diócesis, Alfonso Belenguer.
Pero el grueso de este fondo, lógicamente, lo constituye lo relativo a su ministerio como obispo y a su martirio. Sobre su asesinato por odio a la fe después de haber sido detenido en enero de 1938 al caer Teruel en manos del bando republicano y trasladado primero a Valencia y luego a Gerona, el visitante puede consultar alguna de las copias de la positio de su causa de canonización, que incluye testimonios recogidos en la diócesis.
En relación con el primer aspecto el archivero, Antonio Aranda, subraya que la documentación que dejó como obispo muestra que «trabajó mucho en poco tiempo». Por ejemplo, «colaboró estrechamente con la Acción Católica». Además «fue un hombre muy cercano». Se hacía presente en barrios marginales o con presencia gitana como La Merced, San Julián o El Arrabal. En estas zonas «le tenían mucho aprecio». Todavía hoy, añade Arevalillo, «hay gente que recuerda oír a sus abuelos cómo los visitaba y llevaba colchones y algo de dinero. Fue un apóstol de la caridad en momentos de muchas dificultades».
https://alfayomega.es/el-papa-lleva-una-reliquia-de-este-agustino-obispo-y-martir-espanol/
Beato Anselmo Polanco y Fontecha. Buenavista de Valdavia (Palencia), 16.IV.1881 – Pont de Molíns (Gerona), 7.II.1939. Agustino (OSA), teólogo, prior, obispo de Teruel, beato.
Nació de Basilio Polanco y Ángela Fontecha, labradores, y cinco días más tarde fue bautizado en la parroquia de los Santos Justo y Pastor. A los tres años dieron comienzo sus andanzas escolares en su localidad natal, que se prolongarían en 1892 en la Preceptoría del vecino pueblo de Barriosuso bajo la tutela del dómine, distinguiéndose por su aplicación y aptitudes.
Se incorporó a la Orden Agustiniana el 1 de agosto de 1896 al recibir de su tío fray Sabas Fontecha la cogulla en Valladolid. Transcurrido el año y un día preceptuados del noviciado profesó de votos simples, e inmediatamente comenzó los estudios de Filosofía, que hubo de interrumpir un año por motivos de salud.
Pasada una temporada en Medina del Campo y en Buenavista, se reincorporó en Valladolid, donde prosiguió la carrera eclesiástica e hizo la profesión solemne el 3 de agosto de 1900 ante el prior fray Martín Hernández. Trasladado al Monasterio de La Vid (Burgos) en septiembre de 1902 para el estudio de la Teología, recibió el presbiterado el 17 de diciembre de 1904. Concluida la carrera eclesiástica en 1905, fue destinado a Alemania para que aprendiera el idioma y se graduara, pero al cabo de un año los superiores lo llamaron para que se dedicara a las ciencias sagradas en España. Lo hizo primero en Valladolid en materias humanísticas (1906-1913) y después en La Vid en las teológicas (1913-1923), y en esta escalonada docencia fue ganando los títulos de pasante (1907), lector (1909), regente (1916) y maestro en Teología (1921), que conjugó con otras responsabilidades, como pedagogo de estudiantes y maestro de novicios.
En el capítulo provincial de 1922 fue nombrado rector de Valladolid, cargo para el que fue reelegido en 1926. De estos siete años hay que subrayar su colaboración en la exposición misionera que la Santa Sede organizó el año 1925 en Roma, mostrando al Convento vallisoletano como un centro de irradiación misionera y poseedor de un patrimonio étnico-cultural muy importante.
Pero sobre todo hay que señalar que no sólo tuvo que ocuparse de la observancia religiosa de la numerosa comunidad y de los estudios que se realizaban en el Real Colegio, sino que hubo de encargarse de la terminación de las obras de la iglesia, siguiendo los planos de Ventura Rodríguez, hecho que tuvo lugar el 12 de junio de 1930, asistiendo a la inauguración de dicho templo como consejero provincial (1929-1932).
Fue en Manila, en julio de 1932, donde se celebraron los comicios en los que salió elegido prior provincial (1932-1935), que abrió con una circular en la que invitaba al exacto cumplimiento de la legislación canónica y constitucional para afrontar aquellos tiempos difíciles, en los que debía velar por más de seiscientos religiosos presentes en Asia, Hispanoamérica y Europa.
Una de sus primeras decisiones fue trasladar la residencia de Manila a Madrid porque así lo exigían los intereses generales de la provincia y también la mayor facilidad de comunicación y de gobierno. Y un buen ejercicio del ministerio de la autoridad pasaba por visitar a sus frailes y conocer sus necesidades y problemas para darles solución. Por eso pronto giró la visita regular. Así, los misioneros que atendían el vicariato apostólico de Changteh y las prefecturas apostólicas de Lichow y Yochow pudieron recibir de él ánimos y consuelos para seguir evangelizando en China. De allí pasó a Filipinas y luego a Estados Unidos. En el otoño de 1933 hizo la primera ronda por los conventos de España, que repitió en 1935. Entre una y otra intercaló su visita a Colombia, Perú y al vicariato apostólico de Iquitos, en la selva peruana. Fueron estas misiones amazónicas, que la Santa Sede había encomendado a la provincia agustiniana de Filipinas en 1901, las que le procuraron mayor preocupación por la falta de personal y la imposibilidad de atender debidamente tan extenso territorio, complicándose aún más todo ello tras la muerte del vicario apostólico y la nómina de su sucesor. Así pues, la mitad del trienio de su mandato lo dedicó a cumplir con una de las obligaciones más serias que gravan sobre el buen ejercicio del ministerio de la autoridad: escuchar, alentar y urgir. Y se puede concluir que estas visitas le sirvieron para ejercitarse en deberes y responsabilidades que, sin buscarlos, le iban a salir al encuentro en un futuro próximo.
Otras cualidades como la piedad y la prudencia no pasaron desapercibidas a los ojos de personas que buscaban pastores que se pusieran al frente de los fieles de la agitada cristiandad española. Y fue el nuncio monseñor Tedeschini quien personalmente le comunicó su nombramiento como obispo de Teruel y administrador apostólico de Albarracín. De nada sirvieron reparos, como insinúa en su primera carta pastoral, y hubo de aceptar el peso de la mitra. A la Cartuja de Aula Dei de Zaragoza se retiró los días inmediatos a su consagración para entrever el modo de cumplir la voluntad divina en la responsabilidad que se le avecinaba y repasar las obligaciones de un obispo a la luz de las normas de la Santa Sede y de la lectura de la Biblia. De allí salió templado para iniciar el camino que le había de llevar a la plenitud del sacerdocio y de la vida. Fue consagrado en la iglesia agustiniana de Valladolid el 24 de agosto de 1935. El 7 de octubre se puso en camino hacia Teruel y al día siguiente tuvo lugar la entrada oficial en la ciudad.
El lema de su escudo episcopal fue el texto de san Pablo: “Impendam et superimpendam ipse pro animabus vestris” (“Me gastaré y desgastaré por vuestras almas”). Palabras proféticas que empezó a poner en práctica por su entera disponibilidad e interés por las necesidades de las parroquias, lo que le otorgó el aprecio de sus párrocos y feligreses. Pero no se limitó a escuchar. Fue también un hombre activo: fiel a sus premisas de gobierno, visitó la diócesis para conocer mejor la situación de su grey y luego, como recoge el investigador Carlos Alonso (1996), “creó organismos diocesanos que ayudaron a un mejor funcionamiento de la vida pastoral. De haber gobernado la diócesis en otras circunstancias hubiera celebrado un sínodo, que empezó a preparar antes de que sobreviniera la tempestad.
Favoreció mucho la obra de la enseñanza de la catequesis, así como también la Acción Católica, una institución en pleno auge por aquellas décadas. Favoreció la propaganda misional, él que era un religioso de una provincia misionera y como provincial había visitado las misiones de la misma en China y en Iquitos”.
Su apostolado social se revistió de las características de la época, haciéndose popular por su liberalidad limosnera, repartiendo más de lo que tenía para dar, pues se privaba de lo estrictamente personal para dar a todos, imitando así a su hermano de episcopado y de hábito santo Tomás de Villanueva.
Y estalló la guerra. Teruel se adhirió al nuevo movimiento. Núcleo provinciano, pero estratégico por ser nudo de comunicaciones entre Aragón, Valencia y La Mancha, pronto se convirtió en plaza a ganar por los republicanos. El 1 de octubre fue bombardeada la ciudad, quedando afectado el palacio episcopal, por lo que tuvo que pasar a vivir al seminario, refugio de soldados, enfermos y familias enteras, siendo el obispo un huésped más en la convivencia cotidiana llena de estrecheces e incomodidades, a pesar de que desde el inicio de las hostilidades se le ofreció la posibilidad de abandonar Teruel y trasladarse a otra ciudad más segura.
El 14 de marzo de 1937, ya en pleno fragor bélico, publicó una vigorosa exhortación pastoral, siendo uno de los primeros prelados que tuvo el coraje de dar a la luz un documento de este género, que fue preludio de la conocida Carta pastoral del episcopado español, fechada el 1 de julio de 1937, en la que se apoya el levantamiento militar y se da razón de las causas que justificaban tal decisión. Por esto se le ha calificado como “Mártir de la Carta colectiva, pues por haberla firmado y no haberse retractado, nunca fue liberado y por ella murió”, tal como se deduce de los diversos interrogatorios y declaraciones que hizo en la cárcel ante los jueces. En el mes de diciembre del mismo año viajó a Burgos para asistir a la Junta de Consejeros Nacionales, y allí se encontró con Franco y con el nuncio Hildebrando Antoniutti. Al primero le saludó y pidió que no se olvidara de Teruel. Al segundo le reiteró su decisión de que, a pesar del riesgo que corría, no podía dejar Teruel, porque “mientras haya un alma en ella, tiene grey el obispo”.
A partir del 15 de diciembre comenzó el asedio turolense, que finalizó con la rendición del 7 de enero de 1938. El prelado no estuvo presente en las deliberaciones para la rendición y, cuando supo la decisión final, se limitó a decir que él sería el último en salir. Su captura era uno de los objetivos prioritarios de los milicianos, pero no hasta el punto del linchamiento, como anunció Indalecio Prieto en un discurso en el Estadio Nacional de Chile. Aunque se hicieron gestiones para que fuese escoltado hasta la frontera y liberado, el Consejo de Ministros no aceptó esta propuesta humanitaria, y finalmente fue encarcelado.
Conoció las ergástulas de San Miguel de los Reyes de Valencia, Pi y Margall y 19 de Julio de Barcelona, siempre junto a su vicario, el beato Felipe Ripoll y el coronel-gobernador de Teruel Domingo Rey d’Harcourt.
La Orden Agustiniana fue la primera en mover los resortes a su alcance para procurar la liberación de su hermano de hábito. Contactaron con el conde de Rodezno, ministro de Educación y Justicia, el nuncio monseñor Antoniutti, el primado español monseñor Goma, el cardenal parisino Verdier y con J.
Azcárate, hermano del embajador de la autoridad republicana en Londres. Incluso se trató con Indalecio Prieto, que deseaba su liberación, pero al ser exonerado del cargo de ministro de Defensa en abril de 1938, nada pudo hacer. Y lo mismo ocurrió con el ministro Manuel Irujo. En opinión del agustino Carlos Alonso, “la clave de la liberación no estaba en las manos de ellos, sino en las de las autoridades de la otra parte, las cuales debieron de abrigar hasta el último momento la idea de que un rehén como el prelado de Teruel era una baza demasiado importante como para soltarla fácilmente”. Aunque se ofertaron intentos de canje, nunca entró en el Negociado de Evadidos y Prisioneros su nombre como candidato a un canje.
Las batallas del Ebro y del Segre apuntaban hacia Barcelona, por lo que el 24 de enero de 1939 se prepara el éxodo desde la cárcel hacia la frontera francesa.
El 3 de febrero llegaron a Pont de Molíns, a 18 kilómetros de Francia. Tres días más tarde se recibía en el Negociado de Refugiados y Evadidos una orden de “entregar a las Fuerzas Aéreas, para ser llevados a la Zona Central en calidad de rehenes, las personalidades de relieve, así como el obispo de Teruel y los italianos.
Según la narración de alguien que lo vivió, hubo desinterés en hacerse cargo de estos prisioneros tanto por parte de la Marina como de la Aviación, porque sus jefes pensaban más en escapar que en ocuparse de trasladar a los prisioneros al puerto de Rosas y de allí a Valencia”.
A las diez de la mañana del 7 de febrero de 1939 se entregaba los prisioneros al comandante Pedro Díaz y a un pelotón de la famosa brigada Líster. Todos sus biógrafos coinciden en afirmar que fue hacia las dos de la tarde en el barranco de Can Tretze, un paraje silvestre, a izquierda de la carretera, que desde Pont de Molíns conduce al pueblo de Las Escaulas. Diez días más tarde un pastor encontró la fosa: la cabeza del obispo había sido atravesada por una bala y su cuerpo apareció algo quemado —pues se les roció de gasolina y se les prendió fuego—, pero íntegro. Sus restos fueron trasladados a la Catedral de Teruel el 5 de marzo y depositados en la capilla de Santa Emerenciana, patrona de la ciudad.
El proceso de beatificación, el primero instruido en la diócesis de Teruel desde su fundación, se incoó en 1950. Su culminación fue la ceremonia celebrada por el papa Juan Pablo II en la plaza de San Pedro el 1 de octubre de 1995, en la que junto a su vicario general el sacerdote Felipe Ripoll, se les declaraba beatos y se asignaba el 7 de febrero, fecha de su muerte, como el día para su conmemoración litúrgica.
Su producción literaria se limita a dos breves escritos en la revista agustiniana España y América y a sus exhortaciones y cartas pastorales publicadas en el Boletín Oficial Eclesiástico de las Diócesis de Teruel y Albarracín.
Bibliografía
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C. Alonso, El Beato Anselmo Polanco. Obispo y mártir (1881-1939), Valladolid, Estudio Agustiniano, 1996
I. Rodríguez y J. Álvarez, Al servicio del evangelio. Provincia Agustiniana del Santísimo Nombre de Jesús de Filipinas, Valladolid, Estudio Agustiniano, 1996, pág. 294.
Autor: Isacio Rodríguez Rodríguez, OSA
(https://historia-hispanica.rah.es/biografias/36103-beato-anselmo-polanco-y-fontecha)

JIMÉNEZ ABAD, Andrés, Repensando la educación. Claves para una educación centrada en la persona (EUNSA, Pamplona, 2025, 324 pp)
Antes de comentar la obra, comienzo con recordar quién está detrás y delante de la misma. Un maestro y buen amigo que lleva medio siglo pensando, repensando y, sobre todo, educando.
Riojano de nacimiento, le tocó simultanear el estudio con su trabajo, a pesar de lo cual culminó pronto sus estudios de filosofía, obtuvo la cátedra de Instituto a la primera y con 23 años era director de uno de ellos.
Cursó también la carrera de pedagogía y es doctor en Filosofía por la Universidad de Navarra con la tesis “El concepto de hombre en la doctrina de la educación de Auguste Comte” dirigida por Rafael Alvira. Ha sido durante 10 años director en centros educativos, tanto en el ámbito público como en el concertado. Profesor de Didáctica durante 5 años en la Universidad de Navarra. Durante 12 años ha trabajado en diferentes cargos de la administración educativa, en el Gobierno de Navarra. En la actualidad -jubilado en la pública- es profesor estable de filosofía en el Centro Superior de Estudios Teológicos San Miguel Arcángel de la diócesis de Pamplona y Tudela.
Está convencido, tras 40 años de docencia, de que la filosofía ha de recuperar su inspiración socrática, su vocación al interior del ser humano y a la común aventura de la búsqueda de la verdad, presente en el ser de las cosas y en su Fundamento. Con otro de sus maestros, Abilio de Gregorio, considera a su vez que la tarea educativa ha de ser personalizadora, llamada a hacer crecer en humanidad al ser humano; acercándole a su plenitud, incrementando su capacidad de verdad, de bien y de belleza. Se trata de un proceso de formación paulatina de la personalidad humana; de formar hombres y mujeres en quienes se pueda confiar.
Una manifestación creativa y vital de este repensar la educación es lo compartido desde el Equipo Pedagógico “Ágora” junto al maestro Santiago Arellano, concretado en su célebre portal https://www.equipoagora.es/, https://www.infocatolica.com/blog/caballeropilar.php/2407150122-foro-universitario-de-verano, los diversos encuentros “Fournier” y el programa de Radio María “Ojos para ver” https://radiomaria.es/series/ojos-para-ver/
El presente libro recoge 110 artículos escritos a lo largo de un trienio (septiembre 2021 a junio del 2024) y publicados en la sección de Educación del seminario “La Verdad” de la archidiócesis de Pamplona y Tudela. En ellos nos va desgranando los temas candentes de la educación actual, iluminándolos con la sabiduría y experiencia de maestros y amigos que cita oportunamente: Víctor García Hoz, Abilio de Gregorio, Rafael Alvira, P. Tomás Morales, Juan Antonio Gómez Trinidad, Antonio Rojas, José Javier Ruiz Serradilla, además de su gran amigo ya citado Santiago Arellano.
Abre la obra un prólogo lúcido y hondo escrito por Juan Antonio Gómez Trinidad, exvicepresidente del Consejo Escolar del Estado, seguida de la “introducción” del propio autor. Y, a continuación, los 110 temas, con un inserto -57 b- de última hora titulado “El derecho y la responsabilidad de los padres acerca de sus hijos”.
La oportunidad de los temas le ha venido al autor por la actualidad de los mismos, y, sobre todo por “el cañamazo de la experiencia y de la labor compartida -gozosamente compartida- en un quehacer apasionante como es el educar” (p.18)
Tiene muy claro, gracias a su trayectoria filosófica y de educador de brega diaria, que el problema profundo de la educación hoy no es un problema de medios y recursos sino de fines; no es tampoco un problema de mera transmisión de saberes y utilidades, sino de aportación de significados, de valores de sentido que hagan justicia a la dignidad del ser humano y a su vocación al amor, a su anhelo de felicidad.
Como se indica en la contraportada “Una pedagogía consistente, perdurable, no debería ser ni progresista ni conservadora. La pedagogía no está hecha para el tiempo ni para las luchas por el poder, sino para el ser humano. La educación ha de poner como centro a la persona en toda su integridad. Por eso la educación debe tener, antes que nada, una función personalizadora.
Nuestros sistemas educativos se postulan como trampolines para la empresa y talleres de una servil ciudadanía, pero acaban a menudo en plantaciones de desesperanza incapaces de ofrecer razones para vivir a muchos de nuestros jóvenes. ¿Acaso no hay razones para repensar a fondo nuestra educación?”
Un detallado y profuso índice permite consultar los numerosos temas, abordados de modo autónomo por haber sido publicados semana a semana, que tienen como unidad la pasión por educar de modo personal y personalizado, considerando siempre el protagonismo de la familia, el propio educador docente y, el sujeto, joven de carne y hueso, a quien duele hondamente al autor del libro y por quien manifiesta que se desvive tanto en su “repensar” como en su “vivir”.
Gracias por tanto tiempo y tantos desvelos en beneficio de lo más urgente: la educación de la persona, aquí y ahora.

¡DE AMOR HERIDO! Recreación artística del tiempo vivido por San Juan de la Cruz en la cárcel de Toledo
Acabo de visitar la muestra este viernes santo y quiero animar a todos a disfrutarla. De veras que es un gozo para los sentidos, pero, sobre todo, como gustaba al propio san Juan, para deleite del alma. Con la música de fondo del clásico de Amancio Prada, una selección de textos del santo en torno al Cántico Espiritual desde la recreación pictórica del artista Luis Arturo Giménez.
Como sabéis, estamos en los 300 años de la canonización de fray Juan de Yepes, el carmelita descalzo que ayudó a santa Teresa de Jesús a la reforma del Carmelo y 100 años de su nombramiento como doctor de la Iglesia. El Arzobispado de Toledo participa del Jubileo y se une al homenaje tributado a san Juan de la Cruz, por la Iglesia universal, con esta exposición de arte y poesía, que presenta la obra del artista Luis Arturo Giménez Alamán, integrada en originales y sugestivas instalaciones contemporáneas, para ilustrar el poema del Cántico Espiritual.
La exposición fue inaugurada por el Arzobispo de Toledo, Mons. Francisco Cerro Chaves, el `pasado 20 de marzo y se podrá disfrutar hasta el 20 de junio en la Sala de Exposiciones del Arzobispado de Toledo, (frente a la Catedral pero con entrada por la calle paralela, Trinidad, nº 19) en horario de lunes a sábado de 11:00 a 14:00 y de 15.00 a 20:00 horas. y domingos de 11:00 a 18:00 horas.
San Juan de la Cruz y la ciudad de Toledo
La relación del santo con la ciudad de Toledo fue muy particular, puesto que, debido a su labor como reformador de la orden carmelitana, fue apresado y traído a la ciudad imperial, para ser encarcelado en el convento del Carmen calzado, próximo al Alcázar de la ciudad, junto al desfiladero del Tajo, hoy desaparecido.
En Toledo pasó 9 meses prisionero, entre los meses de diciembre de 1577 y agosto de 1578. Pero se da la circunstancia de que, durante este encierro, entre castigos, humillaciones y hambre, fray Juan de la Cruz se dedicó a componer cancioncillas que canturreaba de memoria y después escribió en un cuaderno, y que resultaron ser las obras más altas de la mística universal. Nos referimos a los romances, el poema de la Fonte, inspirado por el sonido del río Tajo, que oía pero no veía, probablemente las canciones de la Noche Oscura, y sobre todo el Cántico Espiritual (las 31 primeras coplas), titulado originalmente: Declaración de las Canciones que tratan del ejercicio de amor entre el alma y el esposo, Cristo.
Viaje sensorial y poético
La muestra presenta la obra plástica del artista turolense Giménez Alamán, inspirada en el argumento del Cántico Espiritual, que narra las ansias de la Esposa, imagen del alma, que sufre, se lamenta, y anhela estar con el Amado, y lo busca, y le pide le libre de los obstáculos y ataduras que impiden la unión, hasta que llega a gozar de su presencia.
Al mismo tiempo, la exposición nos traslada los detalles de este durísimo encierro, y nos hace descubrir la aventura de su fuga y su liberación, como fuente de la que manaron los versos más hermosos de la poesía mística de todos los tiempos.
Los visitantes somos invitados a un viaje sensorial y poético en el que la música de Amancio Prada interpretando estas coplas o canciones del alma, envuelven los distintos ámbitos cuajados de poesía, arte y belleza.
Les recomiendo el atractivo folleto publicado con fotos de la muestra y sus mejores textos al módico precio de 5 euros. La visita es gratis y viene durando una media hora.
La Primera comunión del Padre Morales en la Parroquia del Buen Suceso en Madrid
Da gusto vivir en este lugar por el que correteó el P. Tomás Morales de niño y luego en el atardecer de su vida. Particular alegría me embarga saber que la iglesia del Buen Suceso, que frecuento, fue la que acogió al pequeño Tomás en el decisivo encuentro con Jesús de su Primera Comunión. Que contempló en el templo a la diminuta y devota imagen de la Virgen del Buen Suceso. De igual modo, a través de una vidriera que representaba a Dios Padre, el tierno y confiado sentimiento de filiación divina. Os comparto el atractivo texto de Javier del Hoyo, su biógrafo.
"A los ocho años, en 1917, Tomás es preparado para recibir la primera comunión, que hace el 19 de marzo, festividad de san José, en la iglesia del Buen Suceso, su parroquia. El papa Pío X, el Papa de la Eucaristía, había dado muy pocos años antes un impulso extraordinario a este sacramento, reduciendo la edad aconsejada para tomar la primera comunión, recomendando la comunión frecuente, etc. Se conserva la cédula de inscripción de Tomás, firmada el 7 de abril de 1917 por el cónsul general de Venezuela en Madrid, Seis años. Iglesia del Buen Suceso
Federico de la Madriz, que certifica su nacionalidad venezolana, donde aparece con traje de marinero, presumiblemente el que veinte días antes había utilizado en la ceremonia, según costumbre, para recibir la primera comunión.
La iglesia del Buen Suceso, en la calle de la Princesa, se había construido para albergar una imagen de la Virgen encontrada en 1606 por dos Hermanos Obregones del Hospital de Madrid que se dirigían a Roma. Cuenta la tradición que sorprendidos por una furiosa tempestad en la Sierra Traiguera (Castellón), se refugiaron en unas peñas a la orilla del camino y, ya pasada, distinguieron una luz que salía del hueco más alto de las mismas. Hallaron una imagen de la Santísima Virgen con el Divino Niño en el brazo izquierdo y un cetro en la mano derecha. Llegados a Roma y recibidos por Paulo V, al enterarse de lo acaecido, les dijo el Papa: «Hermanos, Buen Suceso habéis tenido en vuestro viaje», y regaló a la imagen una cruz de oro que él mismo llevaba al cuello.
La iglesia, obra de Villajos, se inauguró en 1868 y constituía el mejor ejemplo de neogótico en Madrid. Fue demolida en 1974 y en su solar se ha construido una nueva. El P. Morales en su ancianidad recordaba perfectamente los detalles de su parroquia, las bóvedas, las vidrieras, etc. Era un crío cuando entró por primera vez. «Recuerdo que, en mi iglesia, la que vi en Madrid tantas veces de niño [...] ahí en la Princesa, la del Buen Suceso, lo que a mí más me extrañaba cuando iba allí, a mis 4 o 5 años empecé a ir, era ver en lo alto de la iglesia no una imagen, pero sí a través de un ventanal que estaba dibujada la figura del Padre de los cielos (Ej. 9-II-1975).
Javier del Hoyo Profeta de nuestro tiempo. Venerable Tomás Morales (1908-1994) (3ª ed. Encuentro, Madrid, 2024, pp.110-111
EL TEXTO COMPLETO DE SU RECUERDO EN LOS APUNTES: "El P. Morales en primera persona
"Salió el padre de familia para contratar obreros para su viña". Siempre que leo estas palabras en el Evangelio me acuerdo de un recuerdo que tuve yo a los seis o siete años en Madrid, en la Iglesia del Buen Suceso, ya no existe esa iglesia, aunque en su lugar han hecho otra, y allí había una vidriera, bellísima, por cierto, en el colorido y en las figuras, y las figuras se reducía nada más que a Dios Padre. Venerable, con la cabellera blanca, el mundo a sus pies: Dios Padre. "Salió el sembrador a sembrar". "Salió -mejor dicho- el padre de familia a contratar obreros para su viña". Y con mis ojos de niño yo miraba aquella imagen, mejor dicho, yo miraba aquella vidriera, y no sé qué sentía dentro. "Salió el padre de familia..." Dios Padre y padre de familia. Dios amor, y Dios que sale". (n. 6043)
GROSSO, Lourdes- DEL MORAL, Fernando Hacia la santidad (Prontuario para comenzar una causa de canonización). EDICE, Madrid, 2026, 322 pp
El nuevo volumen de la dinámica Oficina de la Conferencia Episcopal Española para la causa de los santos nos ofrece selectos estudios de expertos sobre el discernimiento eclesial para incoar el proceso (Mons. Alberto Royo), los requisitos que necesita el obispo para reconocer la santidad (P. Turek), el perfil del delegado episcopal (Mons. Teodoro León), los actores y el procedimiento de una causa (Fernando del Moral), glosario de 200 términos en las Causas (Marco Maiorino), bibliografía básica (J. Pery).
Presenta la obra Mons. Francisco C. García Magán. Cuenta con la introducción del Cardenal Marcello Semeraro, prefecto del dicasterio de la Causa de los santos, quien nos brinda el artículo "Ser santos. La propuesta de Tomás de Aquino", el considerado como el más sabio de los santos y el más santo de los sabios, con una "santidad sobria y esencial", serena, alegre y hasta bromista (11-28). Contextualiza la obra Lourdes Grosso como directora de la oficina quien repasa los 25 años de historia, en su cronología, estructura (gestión, documentación, formación, pastoral, publicaciones) y proyectos en el futuro u horizonte (29-66)
El primero de los estudios lo desarrolla Mons. Alberto Royo Mejía en "De la muerte santa al candidato a los altares" (67-102) quien centra la cuestión al superar los criterios humanos y enfatizar la necesidad de "escrutar los signos de los tiempos y la voz del Señor con reverencia y docilidad" (p.70). Para ello nos advierte que para la canonización se deben escuchar armónicamente tres voces: la del pueblo de Dios, la de Dios mismo y la de la jerarquía de la Iglesia. De este modo, el obispo debe llegar a la certeza moral de la conveniencia y oportunidad de presentar a la veneración de los fieles a quien se considera que con su vida y testimonio "puede hacer mucho bien a los hermanos, dejando modestamente la decisión final en las manos de la Iglesia, representada por su pastor universal" (p.99) presentar expertos sobre el discernimiento eclesial para incoar el proceso (Mons. Alberto Royo),
El segundo corresponde a los "requisitos que necesita el obispo para reconocer la santidad" y lo expone el P. Boguslaw Turek, subsecretario del dicasterio, quien parte del rico magisterio del Vaticano II sobre la santidad, define lo que es "fama de santidad" como "la opinión difundida entre los fieles sobre la pureza e integridad de vida del siervo de Dios y sobre las virtudes que practicó en grado heroico" (p.104) o "sobre el ofrecimiento libre y voluntario de la vida". Al hilo de los diferentes documentos normativos y en especial la instrucción "Sanctorum Mater", el autor brinda al obispo responsable de incoar la causa las claves para verificar la presencia de la auténtica y difundida fama de santidad. Debe ser espontánea y no obtenida artificialmente, extendida entre una parte significativa del pueblo de Dios. Para comprobarlo debe valorar la calidad de los documentos recogidos, consultar a los obispos de la Conferencia Episcopal y la resonancia habida entre los fieles de su edicto comunicando a la diócesis la recepción de solicitud de incoar la causa. El obispo debe estar atento al desarrollo y la gestión de la investigación diocesana en que intervienen testigos sobre la santidad del siervo de Dios. Por último, debe valorar el juicio del dicasterio de las Causas de los Santos acerca del material recogido. Unido a la fama de santidad está la "fama de signos" u "opinión difundida entre los fieles sobre las gracias y favores recibidos de Dios" por intercesión del candidato. El autor discierne con precisión cómo el obispo "no debe verificar si los favores o gracias individuales son verdaderos ni establecer con certeza moral si existe un vínculo entre la intercesión y la gracia recibida. Esto es en el caso de los milagros. Se trata más bien de comprobar la presencia de la fama de los signos y de verificar su autenticidad según los criterios indicados para la fama de santidad" (p.118-119). En definitiva, el magisterio pontificio reciente "ha querido recuperar el lugar debido a la fama de santidad y de signos, dando indicaciones concretas a los obispos competentes" (p.119)
El tercer capítulo "El Delegado episcopal de las Causas de los Santos" (121-144) corresponde a Mons. Teodoro León Muñoz, Obispo auxiliar de Sevilla, uno de los artífices de la Oficina y también de los mejores expertos del tema. Comienza aludiendo al contexto del evento y el objetivo de la ponencia: clarificar las funciones del delegado episcopal para las causas de los santos, a la luz de la documentación pontifica, las consultas recibidas, distinguiéndolo del delegado para instruir la causa. Partió de la constante motivación de Cristo y de la Iglesia por la santidad, a todos los fieles, por el hecho del bautismo, y cómo debe estar siempre en su programa pastoral. Luego se centró en la tarea del obispo diocesano como promotor de santidad, para precisar en la segunda parte en la misión específica del delegado instructor y del delegado para las causas. Fue precisamente sobre este asunto sobre el que elaboró todo un perfil, desde la creación de la función, su naturaleza, los requisitos, sus funciones (gestor técnico administrativo y promotor pastoral) y las atractivas propuestas pastorales como la organización de rutas de la santidad, integración en la piedad pastoral, el uso de los medios de comunicación, cuidado de los jóvenes y la caridad social.
El cuarto "Cómo comenzar una causa de beatificación y canonización: actores y procedimiento" (145-184), de Don Fernando del Moral Acha, adjunto a la Oficina de la CEE y editor de esta obra, nos brinda un práctico vademécum -para acometer la tarea por parte delegado episcopal pero también para el postulador y para cuantos deben participar en el complejo proceso que tiene mucho de teológico, pero también de histórico, jurídico, administrativo y pastoral. Es sumamente interesante por la formidable síntesis de todo el magisterio eclesial sobre el itinerario, y, sobre todo por compartirnos su vivencia con "pericia, criterio y seguridad". Como se aconseja en toda una buena crónica y un correcto procedimiento, el artículo responde con precisión al cuándo, quién (parte actora, postulador, obispo competente, comisión diocesana), qué trabajo (comisión histórica, peritos teológicos), cómo (cuestiones procedimentales). "Se trata de un camino eclesial de discernimiento en el que la Iglesia, con prudencia, rigor y humildad, busca reconocer la acción de la gracia de Dios en la vida concreta de uno de sus hijos, para proponerlo después como modelo e intercesor para todo el pueblo de Dios" (p.178)
A continuación "Glosario de términos en las Causas de los Santos" (185-298) por parte de Marco Maiorino, "scriptor" (archivero) del archivo apostólico vaticano, ayudado por el traductor al español Carlos Metola, quienes definen con precisión 200 vocablos fruto de su propi8a necesidad de elaborar "un instrumento capaz de facilitar el aprendizaje de los conceptos jurídico-canónicos, históricos y teológicos y de lo9s procedimientos de las fase diocesana y romana de las causas de beatificación y canonización, así como la familiaridad con las figuras jurídicas y los órganos colegiales que intervienen en ellas y con sus respectivas funciones" p.185). Cada vocablo o entrada de modo alfabético se corresponde con las fuentes teológicas y jurídicas, el manual usado en el Studium del Dicasterio y la bibliografía existente.
Por último, el responsable del área de Documentación de la Oficina, Javier Pery Paredes, repasa en "Publicaciones de la Oficina para las Causas de los Santos" (299-318) 25 obras relacionadas con el talante de la obra y fruto del acucioso trabajo de investigación, difusión y pastoral de la Oficina. Magnífico elenco para constituir una completa biblioteca para "hacer santos" como Dios manda y la Iglesia demanda.
Jacobo de Gracia o Gratij el Caballero de Gracia (1517-1619)
Pocos personajes tan populares por tener calle, oratorio, zarzuela, leyendas… Comparto tres artículos para conocerle mejor. En su célebre Oratorio, descansan sus restos mortales. Fuera o no cierta su novelesca mala fama, de lo que no hay dudas para los historiadores que han rastreado su vida es que sus últimos treinta años los dedicó a hacer el bien a los necesitados. Falleció con ciento dos. Su inmenso patrimonio lo emplearía en erigir distintas organizaciones benéficas, como la de la Casa de Nuestra Señora de Loreto, que se ocupaba de la recogida de niños abandonados. Por esa labor la Iglesia quiere reanudar el proceso de beatificación de Jacobo de Grattis, interrumpido cuando iniciado en 1623 por San Simón de Rojas se extravió la documentación precisa para ello. El cardenal Osoro clausuró el 7 de noviembre de 2019 la fase diocesana del proceso de beatificación del Caballero de Gracia.
Caballero de Gracia, santo varón difamado por un hijo de Larra, un masón, una zarzuela y Wikipedia. Carmelo López-Arias
Un impulso para reabrir su proceso
Junto a uno de los entornos más bulliciosos y característicos de Madrid, la Red de San Luis (donde confluyen la Gran Vía y las calles de Fuencarral, Hortaleza y la Montera), se encuentra un lugar idóneo para hacer un alto en el ajetreo diario (o en la visita turística) y rezar en silencio ante el Santísimo: el Real Oratorio del Caballero de Gracia, atendido por sacerdotes del Opus Dei. del templo.
El 24 de febrero de 2017 se cumplió el quinto centenario del nacimiento en Módena (Italia) del hombre que lo fundó, y junto a su puerta se ofrece una hoja informativa con una oración para que "los favores que por su intercesión se consigan [contribuyan] a la reanudación de su proceso de beatificación".
El verdadero Caballero de Gracia
Pero, si ésa es la falsa identidad, ¿cuál es la auténtica? Jacobo de Gracia fue un hombre vinculado como diplomático a la Iglesia desde su juventud y hasta su avanzada ancianidad (vivió 102 años), y en particular a la figura del cardenal Giovanni Battista Castagna, el futuro Urbano VII, el Papa más breve de la Historia: un pontificado de trece días, del 15 al 27 de septiembre de 1590.
Nació en Módena en 1517 de familia pudiente, pero perdió a padre y madre en la adolescencia en un intervalo de tiempo muy corto. Aunque no hay documentación precisa, su trayectoria profesional posterior apunta necesariamente a que cursó estudios jurídicos. En Bolonia, en torno a 1546, conoció a Castagna, un poco más joven que él, con quien trabó una amistad que duraría siempre. Se convirtió en su secretario y administrador y le acompañó en todos sus encargos políticos por Europa hasta 1575, momento en el que se separan sus caminos porque Jacobo unió sus destinos a los de Madrid.
Ya habían estado en la capital entre 1565 y 1572, años en los que el futuro Urbano VII fue nuncio ante la Corte española. Por cierto, que de la importancia de dicha Corte en aquella época da cuenta un hecho: en la comitiva que acompañó a Castagna formaban parte (con la intención de influir en el famoso proceso de la Inquisición contra Bartolomé de Carranza, arzobispo de Toledo) otros dos futuros Papas, Ugo Boncompagni (Gregorio XIII) y Felice Peretti (Sixto V).
Ordenado caballero...
En esos años el Caballero de Gracia trabó una buena amistad con el rey Felipe II y con su hermana, Juana de Austria, madre del rey Sebastián de Portugal. Fue ella quien, en torno a 1570, solicitó le fuese concedido el hábito de la Orden de los Caballeros de Nuestro Señor Jesucristo, que llevó desde entonces y por el cual le conocemos hoy.
A partir de esa fecha comenzaron las siete fundaciones religiosas del Caballero de Gracia en Madrid: el Convento del Carmen, el Hospital de Italianos, el Colegio de Loreto, el Convento de Clérigos Menores, el Convento de la Concepción Franciscana, el Hospital de Convalecientes y la Congregación de Esclavos del Santísimo Sacramento, que se perpetúa hoy el Oratorio.
...y ordenado sacerdote
En torno a 1587, Jacobo de Gracia, septuagenario, fue ordenado sacerdote. Toda su vida había transcurrido entre encargos y misiones vinculados a la Iglesia, pero gozando del placer de una vida social de la que formaba parte preeminente. Coherente sin embargo con su nuevo estado, suprimió relaciones sociales y se concentró en su labor sacramental y de caridad y en fomentar la devoción al Santísimo Sacramento. Testigos confirman la devoción con la que celebraba misa, el esmero en la preparación de sus sermones y las horas y horas que pasaba en el confesionario.
Sólo consta de él santidad de vida, y sin embargo se vio envuelto en algunos feos asuntos y acusaciones en la nunciatura y en su propia fundación de Clérigos Menores (nada que ver, en cualquier caso, con la leyenda antes descrita): Sanabria y Pérez Arangüena los atribuyen a enemigos ancestrales y personas a quienes había ayudado, disgustos que le llegaron cuando, ya octogenario, lejos de un merecido descanso seguía volcado en ocupaciones de gran trascendencia social.
Santo truncado
Su proceso de beatificación se abrió muy pronto, y presidió la primera sesión, el 1 de octubre de 1623, nada menos que San Simón de Rojas (1552-1624). La fase diocesana terminó en 1644, con un examen del cuerpo que lo halló incorrupto. A partir de ahí, la rivalidad entre las distintas fundaciones del Caballero de Gracia resultó en una incomprensible desidia hacia la documentación recabada en el proceso, que acabó desapareciendo. Como tal figura oficialmente desde 1748: "En paradero desconocido o, con elevada probabilidad destruida", afirman los autores de El Caballero de Gracia. Vida y leyenda.
En 1836 sus restos fueron trasladados al Oratorio, donde hoy se encuentran. Ante él intentan hoy sus devotos que las oraciones se conviertan en intercesiones y éstas en favores y milagros que aceleren un proceso que se concluyó en fase diocesana el 7 de noviembre de 2019.
He aquí la oración prevista al efecto, por si alguien quiere confiar sus intenciones a un hombre que, como gestor de asuntos delicados para la Iglesia y para la Corona, para la Santa Sede y para la Corte del gran Felipe, acreditó en vida una eficacia proverbial. ¿Va a ser menor en el cielo?
Oración
Señor Jesús, que concediste al Caballero de Gracia un gran amor a la Iglesia y a la Eucaristía, que le llevó a dedicar toda su vida a tu servicio en misiones diplomáticas en diversos países de Europa y particularmente en España, a promover abundantes fundaciones y obras de beneficencia a favor de los más necesitados y a difundir la devoción eucarística: haz que, siguiendo su ejemplo, te adoremos y te recibamos con frecuencia en el Santísimo Sacramento, te sirvamos en nuestra vida ordinaria de trabajo y de familia, y te demos a conocer a todos los hombres. Dígnate glorificar a tu siervo Jacobo y concédeme por su intercesión el favor que te pido: (pídase). Amén.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
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Jacobo Gratij –el Caballero de Gracia después de castellanizar su apellido– nació en Módena (Italia) el 24 de febrero de 1517 y falleció en Madrid el 13 de mayo de 1619. Enrique Carlier·10 de marzo de 2017 https://www.omnesmag.com/actualidad/v-centenario-la-leyenda-veraz-del-caballero-de-gracia/
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Jacobo Gratij. El Caballero de Gracia. Módena (Italia), 24.II.1517 ‒ Madrid, 13.V.1619. Diplomático, jurista, sacerdote, fundador. https://historia-hispanica.rah.es/biografias/52367-jacobo-gratij
Obras
Advertencias para ejercitarse en obras, de manera que sean a Dios muy agradables y al hombre muy meritorias, Madrid, p. s. XVII (Madrid, Rialp, 2005).
Bibliografía
A. Remón, Vida ejemplar y muerte del Caballero de Gracia, Madrid, 1620 (Madrid, Asociación Eucarística del Caballero de Gracia, 2009)
F. García Rodrigo, El Caballero de Gracia: historia imparcial y vindicación crítica de este venerable y ejemplar sacerdote, Madrid, 1881
A. Restori, Il Cavaliere di Grazia, Napoli, 1924
Tirso de Molina, El Caballero de Gracia, en Obras completas, vol. III, Madrid, Aguilar, 1968
G. Roscales, El Caballero de Gracia. Más de cien años de aventura, Madrid, El Avapiés, 1989
J. M.ª Sanabria, El Caballero de Gracia y Madrid, Madrid, Rialp, 2004
J. M.ª Sanabria, y J. R. Pérez Arangüena, El Caballero de Gracia. Vida y leyenda, Madrid, Palabra, 2016
Anónimo, Historia del origen de la Congregación del Santísimo Sacramento del Caballero de Gracia. Año de 1752, Madrid, 2017
J. R. Pérez Arangüena, Il Servo di Dio Jacopo Gratij, Caballero de Gracia, Bérgamo, Velar, 2022
VV. AA., Diccionario histórico, biográfico y enciclopédico del Caballero de Gracia, Madrid, Sekotia, 2022.
Autor: José Ramón Pérez Arangüena
Lucía Martínez Alcalde, El arte de no llegar a todo (Una conversación sobre la fragilidad, los sueños grandes y el caos) EUNSA, Pamplona, 2025, 156 pp
José Antonio Benito
Por la profundidad y madurez del escrito curioseé la edad de esta joven madre y escritora y me sorprendí de que con menos de 40 años se pueda alcanzar tal equilibrio y sensatez. A medida que iba leyendo sentía el efecto de libros como el del "Principito" o "Momo", que lo asumes como de tu autoría porque te identificas con la exposición de los problemas y te anima con el sentido práctico y real para afrontarlos y ayudar también a otros.
Y creo que consigue el efecto por la surtida mochila de lecturas y películas asimiladas de la que oportunamente va compartiéndonos, siempre al calor de una vivencia personal, sencilla, prosaica, casi fugaz, pero que la convierte en poema de dimensión eterna. Podríamos decir que es un prontuario de joven madre que sabe combinar a las mil maravillas su tarea de ama de casa, con el ejercicio de profesión, su vida familiar, su vida espiritual, todo integrado.
La obra se convierte en una suerte ensayo de antropología práctica que entiende muy bien el quedarse con las ganas, el tener que hacer, el debería, el me equivoqué, la renuncia, el dolor, como le sucede al poeta García-Máiquez que cita: «Sucede que mi alma está mordida / —como un bolígrafo— por el extremo / que no escribe». La autora entiende el sufrimiento y deliberadamente no se deja dominar por él. Este pequeño volumen es un ejercicio valiente de alegría, rebosante en cada página.
Hay tres puntos que marcan los centros gravitacionales de esta propuesta filosófica para surfear las olas del todo: el orden del amor, el fuego que arde y la pista de baile. Primero, el viejo ordo amoris. El amor como fuerza creativa y ordenatriz es la clave de interpretación: hacer en cada momento lo que permite amar más y mejor. Segundo: la diferencia entre brillar y arder, que se convierte casi en leitmotiv. Tercero la relación entre aprovechar el tiempo y vivirlo, la coherencia del dicho al hecho sin trecho: una danza que requiere la libre espontaneidad de la niña y la disciplina férrea del artista profesional.
El tono, sin embargo, es, a propósito, conversacional. Eso se evidencia tanto en la abundancia de citas (uno casi se hace amigo de Guardini, Ceriotti, Hitz y demás habitantes de las notas al pie) y en el propio registro de la escritura. Quizá eso aleje a los académicos. Mejor. Como cantaba Silvio Rodríguez: «Que se acerquen los niños, los amantes del ritmo. Que se queden sentados los intelectuales». Por cierto, Platón ya empleaba el diálogo como método.
El libro articula, en siete capítulos, más su introducción y epílogo y agradecimientos, una amalgama de cuestiones contemporáneas y eternas: cómo lidiar con las redes sociales, cómo emplear mejor el calendario digital (tremendo aforismo: «Que Google Calendar ocupe el lugar que le corresponde»), qué hacer con las expectativas profesionales… y también si en este mundo estamos o no para algo, en qué consiste la virtud o cuáles pueden ser los tipos de amistad.
Para hablar del caos y de cómo abrazarlo, la autora cita un neologismo de Tolkien: eucatástrofe. Se refiere a un suceso repentino y favorable que ocurre cuando todo parece perdido. De modo paradigmático: "la Resurrección es la eucatástrofe de la historia de la Encarnación". (p.134). De algún modo como reseña con acierto T. Peñarroja[1] "El arte de no llegar a todo es, definitivamente, es una eucatástrofe".
Para dejaros con ganas de leer la obra -yo tan sólo la he picoteado y lo haré de modo detenido- os comparto cuatro calas:
1. Canción de los Beatles "Hey jude refrain. Don´t carry the world upon your shoulders": Hey Jude, estribillo. No cargues con el mundo sobre tus hombros, p.29.
2. "Bajo la nieve, en los narcisos late la primavera" p. 50 de Marcela Luque
3. Las estrellas no brillan, arden (Película "Encanto" 2021), y de la peli de Disney mi mente saltó a Catalina de Siena y su "Si somos los que debemos ser, prenderemos fuego al mundo entero" (p.68) "Nosotros decidimos: ¿brillar o arder? …Podemos contentarnos con iluminar, con que se nos vea…Lo que arde, además de iluminar, aporta calor" p.71.
4. El momento presente o "carpe diem de Unamuno" tomado de su carta en la que alienta: "Vive al día, en las olas del tiempo, pero asentado sobre tu roca viva en el mar de la eternidad. Al día en la eternidad". Porque la realidad es que si sólo tienes "olas del tiempo" …te ahogas" p.123.
Considero un acierto el último capítulo "para seguir la conversación" que da el sugestivo tono a la obra de dialogar confidencialmente:9 ideas prácticas sobre el arte de no llegar a todo, la confesión de cómo se puede leer cuando no se dispone de tiempo, cómo lograr escribir cuando te faltan horas.
Culmino agradeciendo a la autora por lograrlo en medio de su vida profesional, familiar, espiritual…