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Manuel María Bru Alonso El legado del papa Francisco. Quince propuestas para reformar la Iglesia y cambiar el mundo (Ciudad Nueva, Madrid, 2026)

Manuel María Bru Alonso El legado del papa Francisco. Quince propuestas para reformar la Iglesia y cambiar el mundo (Ciudad Nueva, Madrid, 2026)

Este miércoles 18 de marzo de 2026 la Archidiócesis de Madrid ha acogido en la Sala de Prensa del Arzobispado (c/ de la Pasa, 5) la presentación del libro El legado del papa Francisco. Quince propuestas para reformar la Iglesia y cambiar el mundo (Ciudad Nueva, 2026, escrito por Manuel María Bru Alonso, delegado Episcopal de Catequesis, y publicado por Editorial Ciudad Nueva en la colección Raíces de la fe.

Este volumen propone una reflexión profunda sobre quince conceptos clave del pontificado de papa Francisco que invitan a la conversión, a la reformulación misionera de la Iglesia y al compromiso del cristiano con los desafíos del mundo contemporáneo. Tal como destaca la sinopsis del libro, las propuestas de Bru Alonso interpelan al creyente y a la sociedad, subrayando la audacia, la generosidad y la valentía del estilo de Francisco, suscitando "reacciones inusitadas de los poderosos" y ofreciendo oportunidades de renovación espiritual y pastoral.

1. Reencontrarse con el amor de Dios: Dejarse "misericordiar" por Dios, Dios Padre-Madre, el cuidado de la creación, "Nos amó": el corazón de Jesús, el Espíritu Santo nos da fastidio

2. Ser Iglesia, Pueblo de Dios: los santos de la puerta de al lado, discípulos-misioneros, en salida y sin aduana, hospital de campaña, el desafío de la Sinodalidad

3. Amar a Dios que reina en el mundo: la cultura del encuentro, las periferias, el mercado y el descarte, la guerra mundial a pedazos, la fraternidad universal

La presentación contó con la dinámica coordinación de Cristina Sánchez Aguilar, directora del semanario Alfa y Omega, quien no solamente daba el turno de la palabra a los presentadores, sino que compartió vivencias con el Papa y resaltó la importancia de su legado, invitándonos no sólo a recordar sino a revivir.

Ana Hidalgo, por parte de la Editorial Ciudad Nueva, destacó la sintonía de la espiritualidad focolar de la editorial con la del autor a quien propusieron esta obra, con el deseo de que sintetizase y popularizase el legado del Papa.

Mons. Vicente Martín, obispo auxiliar de Madrid, a quien denominaron "Francisco 2" por su sensibilidad semejante a la del Papa, destacó los gestos y palabras del Papa en la misericordia, la Iglesia en salida (periferia) llegando juntos y a tiempo, con rostro (de pobres y para los pobres), con dos propuestas (cultura del encuentro y del cuidado), la casa común, como hospital de campaña, mediador de paz.

 

Por su parte, Manuel María Bru Alonso, autor de la obra, se centró en la continuidad en la novedad y la novedad en la continuidad, del Papa como sucesor de Pedro, no del papa anterior, y que se ve como en el hecho de Papa "destronado" (que se ve en Juan XXIII, Pablo VI…) de ir quitando los "aditamentos" que simbolizan poder mundano y quieren recobrar la sencillez evangélica. Destaca al misionero de mirada universal, misión que tira de la Iglesia, el Papa conciliar, americano, que da cauce a la bien entendida Teología de la Liberación, el jesuita (discernimiento y determinación), innovación en sus propuestas sobre Dios, Iglesia, Mundo.

En el animado coloquio yo les pregunté sobre su relación con España, manifestando que conocía muy bien la situación, que cuidó el nombramiento de los obispos y que, a pesar de no venir, siempre trató de ayudar a la iglesia española. Acerca del doble descarte, el autor concretó que se refería al que se da ad intra-Iglesia y ad extra o los que están fuera para quienes siempre tendió puentes. Sobre la sinodalidad destacó el hecho de facilitar estructuras de comunión, participación y decisión en la Iglesia, y, sobre todo, el método de la conversación en el espíritu en el sínodo y en encuentros recientes como el mismo "convivio" de Madrid.

Concluyó con un sustancioso aperitivo que facilitó el animado coloquio y la firma de ejemplares.  

https://catequesis.archimadrid.es/libro-el-legado-del-papa-francisco/

Magnífica iniciativa para facilitarnos este libro tan completo y útil para "reflectir y sacar algún provecho" sobre el gran legado del Papa Francisco que inspira y motiva la pastoral de León XIV, especialmente en "Evangelii gaudium".

El acto fue transmitido en directo por el canal de YouTube de la Fundación Crónica Blanca https://www.youtube.com/watch?v=OVV_EuhslWs&t=166s

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LETRA  CANCION DEDICAD A JOSE LUIS GARCÍA CUADRADO (PEPITO)

Por Aris de Rollán

Día de san José, 19 de marzo 2026

 

1.En un pueblo de campos dorados,

donde el viento sabe hablar,

nació un veinte de abril temprano,

una historia por contar.

Mil novecientos siete marcaba,

el destino sin avisar,

Rollán guardó en su alma

a quien no iba a olvidar.

 

Dicen que su risa llenaba el aire,

que en sus manos había verdad,

dibujaba sueños en cada tarde,

y en poemas dejaba su voz volar.

Pepito, luz en la oscuridad,

corazón valiente, alma de paz,

aunque el mundo gritara odio y dolor,

tú respondiste con fe y con amor.

Pepito, ejemplo de humanidad,

cuando todo invita a luchar,

tú enseñaste el camino mejor:

el perdón… como única razón.

 

2.      Entre obreros dejó su huella,

en Mérida supo amar,

y en Campanario su entrega,

no se pudo apagar.

Sacerdote de vida breve,

pero eterna su misión,

dar al pobre lo que tiene

y al triste, consuelo y voz.

 

Y llegó la noche más oscura,

cuando el odio quiso mandar,

pero en medio de la locura

su alma no dejó de amar.

Pepito, luz en la oscuridad,

corazón valiente, alma de paz,

aunque el mundo gritara odio y dolor,

tú respondiste con fe y con amor.

Pepito, ejemplo de humanidad,

cuando todo invita a luchar,

tú enseñaste el camino mejor:

el perdón… como única razón.

 

3.      Perdonando al final del camino,

sin rencor en el corazón,

en un mundo roto y herido,

sembraste reconciliación.

Hoy tu historia sigue viva,

como un canto que no se va,

eres faro en nuestras vidas,

eres fuerza, eres verdad.

 

(Estribillo final)

Pepito, luz en la eternidad,

héroe humilde de Rollán,

cuando el odio quiere vencer,

tu recuerdo nos hace creer.

 

Pepito, voz que no callará,

aunque el tiempo quiera pasar,

tu mensaje nunca morirá:

solo el amor… puede salvar.

 Hoy en tiempos lejanos

José Luis García Cuadrado

pepito te solían llamar

este humilde compositor de rock

te dedica estas estrofas

para Rollán y el mundo son.

(pedir la música a mi correo joseantoniobenito1@gmail.com; wasap 619851099)

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Siervo de Dios Abundio García Román (Cáceres, 1906-Madrid 1989)

Nace en Jaraicejo (Cáceres), el día 14 de diciembre de 1906. Muere en Madrid el 30 de noviembre de 1989.

https://fundacionabundiogarciaroman.es/index.php/testimonios

https://www.fundacionabundiogarciaroman.es/index.php/abundio/biografia

Sus padres se llamaban Gregorio García Rebollo y Clodoalda Román Soleto.

Tuvo tres hermanos: la primogénita, Magdalena Agapita, que fue religiosa de las Carmelitas Descalzas y pasó toda su vida en un convento de Granada; un hermano, Joaquín, que murió a los seis meses y a quien el Siervo de Dios no llegó a conocer; la tercera fue María Luisa, que nació después de don Abundio. Ingresó en la Congregación de las Hijas de María Inmaculada, popularmente conocidas como Servicio Doméstico.

Su padre cultivaba sus propias tierras, a veces ayudado por algún jornalero; es decir, era Gregorio un modesto labrador que vivía con un relativo desahogo económico. Tanto él como su esposa eran de hondas raíces extremeñas, sólidos fundamentos religiosos y profundamente cristianos. Durante un tiempo fue Juez de Paz en Jaraicejo. En cierta ocasión, algunos vecinos del pueblo, incluso amigos suyos, quisieron forzarle a firmar una sentencia injusta. Gregorio se negó. Recibió presiones que no cambiaron su postura y, como consecuencia, empezó a tener problemas. Estas circunstancias, junto al deseo del matrimonio de que la ligera cojera del pequeño Abundio fuera tratada en el hospital de San Rafael, en Madrid, motivaron su traslado a la capital en el año 1912. Un familiar de su madre, Fray Gabriel de Jesús, Carmelita Descalzo, le proporcionó un trabajo de portero-demandadero en el convento de las Carmelitas Descalzas, en la calle Ponzano de la capital.

A los diez años manifestó a sus padres su deseo de ser sacerdote, pero ellos le aconsejaron que hiciera primero el bachillerato. Ingresó el joven Abundio en el Instituto Cardenal Cisneros. Un sacerdote, amigo de la familia, le recomendó que hiciera sus estudios en un colegio religioso, y así se hizo. Se matriculó en el colegio Maravillas, regido por los Hermanos de la Doctrina Cristiana. Realizó el ingreso y el primer año del Bachillerato, obteniendo excelentes calificaciones. Posteriormente, ingresó en el Seminario de Madrid como alumno externo a los once años. Por sus excelentes notas se le concedió una beca, y, a partir de entonces, realizó como interno los once cursos siguientes.

El 24 de junio de 1930 fue ordenado sacerdote.

El 19 de junio, cinco días después, festividad del Corpus,
celebró su primera misa en el convento de las Carmelitas Descalzas de la calle Ponzano.

Su primer destino fue el de capellán particular del Conde de Rodríguez de San Pedro, por aquel entonces presidente de la Acción Católica. Este fue el puesto del nuevo sacerdote, y en el estuvo un año. Con el advenimiento de la República, el conde tuvo que salir de España y, antes de hacerlo, propuso al Siervo de Dios que se hiciera cargo de un Patronato de Enseñanza que disponía de un colegio en la zona de Entrevías, barrio situado en el entonces suburbio madrileño y sumamente conflictivo en aquella época. Al hacerse cargo del colegio, los alumnos no superaban el centenar. Cuando sobrevino el conflicto de octubre de 1934, los alumnos eran quinientos. Las vicisitudes políticas obligaron al Siervo de Dios a abandonar su estancia en el colegio. Aquella experiencia de Entrevías le dejó una profunda huella que le marcó profundamente para el resto de su vida.

La guerra civil le obligó a abandonar su domicilio y buscar refugio en una pensión. Al parecer, la dueña le denunció a la policía, y fue detenido. Ingresó en la cárcel Modelo. El día 15 de noviembre de 1936, un bombardeo sobre la cárcel evitó su más que posible martirio. En unión de otros muchos prisioneros, los milicianos le habían llevado al patio de la cárcel. Justo cuando empezaban a subirlos a los camiones, se inició el bombardeo. Los milicianos huyeron y los funcionarios de prisiones ordenaron a los presos que volvieran a sus celdas. Posteriormente fue trasladado a la cárcel de mujeres, en la calle Marqués de Mondéjar. De allí pasó a la "checa" de Duque de Sesto. Absuelto por el Tribunal en marzo de 1937, siguió siendo perseguido por su condición de sacerdote y fue condenado en rebeldía a un año de trabajos forzados. Después de varias vicisitudes, pudo refugiarse en la Legación de Noruega, donde permaneció hasta el final de la contienda.

El obispo de Madrid, el Patriarca don Leopoldo Eijo y Garay, le nombró profesor del Seminario y Consiliario para toda la Acción Católica del Trabajo. Posteriormente, fue designado Asesor Provincial de Sindicatos. Para facilitar la penetración en los centros de trabajo, organizó la campaña conocida como "La Voz de Cristo en las Empresas", que movilizó a cientos de sacerdotes, religiosos y seglares por todos los ámbitos laborales madrileños. Fue en unos ejercicios espirituales celebrados en Carabanchel donde tuvo ocasión de contactar con un grupo de jóvenes que sintonizaba plenamente con el evangelio y con las inquietudes sociales del Siervo de Dios. Fruto de aquellos contactos fue la creación de la CTC (Confederación de Trabajadores Cristianos).

En el otoño de 1945, se produce un hecho importante: el acercamiento del grupo de la C. T. C., los Centros Obreros Femeninos y los Centros de Acción Católica.

En septiembre de 1946 tiene lugar un encuentro trascendental para las futuras Hermandades del Trabajo: la reunión, auspiciada por don Casimiro Morcillo, obispo auxiliar de Madrid, entre don Abundio García Román, Alfredo Marugán Sanabria y Angel Vàzquez con José Ramón Otero Pumares, fundador de la Hermandad Ferroviaria, y Manuel de la Cera, fundador de la Hermandad de Aseguradores.

A partir de ese momento, José Ramón Otero Pumares es el colaborador por excelencia de don Abundio en la creación y expansión posterior de las HHT.

El día 17 de julio de 1947, se promulga el Decreto Fundacional de las Hermandades del Trabajo. A partir de ese momento, don Abundio, acompañado por un grupo de laicos, hombres y mujeres en igualdad de obligaciones y derechos, expanden la obra de las Hermandades del Trabajo por toda España y, posteriormente, en América. El Siervo de Dios dedicó el resto de su vida a las Hermandades, que se identifican como "…grupos de trabajadores, creyentes en Cristo, de toda edad, profesión y situación laboral, que, conscientes de las posibilidades que nos proporciona el asociarnos en esta obra apostólico-social, tratamos de vivir solidariamente la fraternidad universal, luchando con otros muchos por los derechos de los trabajadores".

Muere en Madrid el 30 de noviembre de 1989.
Sus restos reposan en la capilla de las Hermandades del Trabajo de Madrid, calle de Raimundo Lulio, 6.

El día 30 de abril de 1990, el Consejo de Hermandades del Centro de Madrid, con el apoyo unánime del Consejo Nacional de las HHT de España y las HHT de América, acuerda la creación de la Fundación Abundio García Román para "La promoción del estudio y la difusión especializada de la doctrina y pastoral social de la Iglesia, como fundamento y contribución al desarrollo integral de los trabajadores en la coyuntura histórica actual y futura, de acuerdo con los valores del Evangelio".

La Fundación promovió el conocimiento de la vida y obra de Abundio García Román y, el día 15 de julio de 2000, el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, abrió la fase diocesana del Proceso de Canonización del Siervo de Dios.

El día 10 de diciembre de 2006, nuevamente el arzobispo de Madrid, cardenal Rouco Varela, declaró clausurada la Fase Diocesana del Proceso de Canonización.

El 29 de abril del 2026 es declarado hijo predilecto de El Espinar (Segovia) 

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JUAN SEBASTIÁN DE LA PARRA (1550-1622)

Superior, predicador, escritor

Nació en julio 1546, en Daroca (Zaragoza), España; murió el 21 de mayo de 1622 en Lima, Perú. Ingresó a la Compañía en abril de 1566, en Alcalá de Henares (Madrid), España; llegó al Perú ya ordenado sacerdote el 30 junio 1581, a la ciudad de Lima.

 

Estudió gramática en Daroca y losofía en Alcalá, donde fue admitido en la CJ y, en mayo 1567, enviado al recién fundado noviciado de Villarejo de Fuentes (Cuenca). Destinado a Plasencia (Cáceres), enseñó gramática (1568-1569) y estudió teología (1569-1573). Después de su ordenación, fue profesor de losofía en Navalcarnero (Madrid) en 1574 y de teología (1575-1578) en Ocaña (Toledo). A poco de ser nombrado rector del colegio de Ocaña, el P. General Everardo Mercuriano accedió a su petición, y lo envió al Perú. Llegó a Lima (20 mayo 1581) en la expedición dirigida por el P. Baltasar Piñas y fue rector de los colegios de Potosí (1581-1584), en la actual Bolivia, y S. Pablo de Lima (1585-1591). En este cargo tuvo que atender a los malheridos –especialmente los atacados por la viruela- del terremoto de 1586

Nombrado provincial (1592) del Perú, envió a Piñas y Luis de Valdivia a empezar (1593) la misión de Chile; reforzó las misiones de Quito, Santa Cruz de la Sierra y Tucumán (en los actuales Ecuador, Bolivia y Argentina), y trasladó el noviciado, hasta entonces en el Colegio S. Pablo; convocó (1594) la congregación provincial IV en Arequipa, tras la cual envió al P. General Claudio Aquaviva un memorial sobre el estado de la provincia; fundó una congregación mariana de sacerdotes en Lima y promovió en especial la de Nuestra Señora de la "O" , a través de la cual organizó conferencias teológicas y morales entre los caballeros y personas distinguidas de Lima. Al acabar su provincialato (1598) fue padre espiritual en el colegio San Pablo por diez años, con enorme inuencia en la formación de los jóvenes jesuitas. En 1608, a iniciativa del provincial del Paraguay, Diego Torres Bollo, firmó una resolución contra el servicio personal de los indígenas en el Tucumán, junto con otros diecisiete jesuitas. También alentó la escuela de Quito, con las cátedras de latinidad, filosofía y teología, pilares de la futura universidad. Propulsó las capellanías en el hospital de indios de Santa Ana y él mismo ayudaba en la administración de los santos sacramentos.

 

En 1611, fue nombrado provincial por segunda vez, En este periodo, abrió el colegio del Callao e impulsó la labor de la Compañía en los hospitales y casas de divorciadas y arrepentidas, así como se preocupó especialmente por la evangelización de los esclavos de origen africano que trabajaban en las haciendas de la Compañía.

También colaboró en la campaña de extirpación de la idolatría, en la que tuvo tanto protagonismo la Compañía de Jesús, especialmente el P. Pablo Arriaga. Abrió en el Cercado de Lima la casa de la Santa Cruz, en la que se recluía a los reincidentes indígenas para que no ejercieran su influencia al resto de la población, y fundó un colegio para la educación de los hijos de caciques.

Terminado su provincialato (1616), fue nombrado visitador de la provincia de Nueva España, pero no tomó posesión de su cargo por razones de salud.

Fruto de su espíritu contemplativo y prudencia en el arte de gobernar es el libro "Del bien, excelencias y obligaciones del estado clerical y sacerdotal", publicado en Sevilla en 1620, donde sintetiza el modo de lograr y mantener la santidad entre los consagrados a Dios, sacerdotes y hermanos.

. En sus últimos años se dedicó intensamente a la atención de los pobres, a la visita de hospitales y cárceles, y a la catequesis de indígenas y afrodescendientes

Aunque representó una tendencia marcada hacia la severidad disciplinaria dentro de la Compañía de Jesús en el Perú, sus contemporáneos reconocieron unánimemente la profundidad de su virtud y su autoridad moral.

. La portada del manuscrito de su biografía se conserva actualmente en la Biblioteca Nacional de España

https://www.facebook.com/profile.php?id=100057954377746

Contamos con una excelente biografía sobre el siervo de Dios, escrita cinco años después de su muerte por Francisco de Figueroa de la que comenté la siguiente reseña:;

Identidad jesuita entre dos mundos. Juan Sebastián de la Parra (Daroca 1546-Lima 1622) Su vida escrita por Francisco de Figueroa (Sevilla 1592-Lima 1639). Edición crítica de René Millar. Colaboración Magdalena Urrejola (Instituto de Historia de la Facultad de Historia, Geografía y Ciencia Política de la Universidad Católica de Chile-Universidad Antonio Ruiz de Montoya, Lima 2020, 267 pp)

La fuente original se encuentra en la sección manuscritos de la Biblioteca Nacional de España (MBE, Mss/9558) y la descubrió hace diez años el historiador responsable de la presente edición crítica, René Millar Carvacho, profesor emérito de la Pontificia Universidad Católica de Chile, uno de los expertos mundiales en estudio de la Inquisición y la hagiografía científica en el virreinato del Perú. El autor ha contado con el apoyo de Magdalena Urrejola en la transcripción del manuscrito y la traducción de las citas en latín, tan prácticas y que se deben a Sebastián Ignacio Asencio Pérez. Las cinco páginas iniciales del prólogo debidas al P. Juan Dejo contextualizan magistralmente la obra y nos ubican en el aporte jesuítico al "discurso espiritual en la sociedad colonial del Perú", gracias al esfuerzo intelectual "serio e inquisitivo" del editor.

Bastaría con asomarse a la densidad semántica del índice del estudio preliminar (pp.5-116) (gobierno, espiritualidad y hagiografía en la provincia jesuita peruana) para percatarse de la importancia de la obra: la hagiografía como género, la palabra escrita y los jesuitas, las "vidas", la "vida" de Juan Sebastián de la Parra (autor, peripecias de la obra, el protagonista) el contenido del texto.

El manuscrito en cuidada edición crítica –con 789 notas a pie de página- se articula en dos libros, de 13 y 12 capítulos cada uno, nos da cuenta de modo sencillo, sintético, pero profundo, las peripecias vitales pero también la trayectoria santa de un misionero jesuita formado en la Universidad de Alcalá, al calor de los primeros jesuitas llegados a España, de la maciza espiritualidad sacerdotal tridentina de san Juan de Ávila, enraizado en la mística contemplativa de los Ejercicios de San Ignacio y en el celo misionero de la primitiva Compañía. Algunos de los apartados sobre sus virtudes como el de la oración o el apostolado son auténticos tratados de espiritualidad y misionología.

Hasta la fecha tan sólo contamos con cuatro biografías acerca de jesuitas ejemplares del tiempo del virreinato, Antonio Ruiz de Montoya, Francisco del Castillo, Alonso Mesía Bedoya y Juan de Alloza. La presente, acerca del P. JB. de la Parra, tiene de peculiar que se trata de la biografía del único que ejerció como provincial y en dos oportunidades, que vino al Perú con los 16 jesuitas en la misma embarcación de Santo Toribio en 1589, y que en los 76 años de vida y 56 de jesuita, fue uno de los protagonistas del "periodo de definiciones y de consolidación institucional" que le tocó vivir. Como constata R. Millar "se reafirmó su identidad misionera, se afianzó su universalidad, su romanización, su centralización y su dependencia papa; se produjo un distanciamiento de la espiritualidad mística y fue reconocido su aporte al proceso contrarreformista con la santificación de su fundador y de su misionero paradigmático" (p.101), en un tiempo en que la provincia peruana jesuítica se convierte en la Orden más influyente del virreinato, proyectada por todo su distrito y en todos los campos, educativo, social, espiritual.

La obra se escribió cinco años después de la muerte del siervo de Dios por lo que toda ella huele a "pan caliente", nos parece estar en presencia de un periodista acucioso que interpela a los testigos para brindarnos una vida ejemplar, como indica el propio autor P. Francisco de Figueroa no para "hacer devocionarios y sermonarios sino Historia" (p.121).

Hay que agradecer y felicitar a la Universidad Antonio Ruiz de Montoya por este esfuerzo en publicar fuentes del tesoro espiritual que constituye nuestro Perú ensantado como un hontanar que surte, más allá de sus cinco ríos o santos grandes, en manantiales de sus santos de la "lista de espera" como el ejemplar Padre Juan Sebastián de la Parra. 

 

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Santo Toribio Mogrovejo "fue muy limosnero, sin reservarse ni aun su camisa"

José Antonio Benito

Así lo define la cartela de la galería de los arzobispos de la Sala capitula. Su retrato lleva una hermosa leyenda alrededor que lo dice todo: "Fue muy limosnero, sin reservarse ni aun su camisa, obispo de Lima y padre de pobres"Su retrato fue hecho por el clérigo pintor Juan Bautista Planeta en 1635, por encargo del Cabildo, y para enviarlo al Papa. El texto parece que fue preparado por el presbítero Matías Maestro.

Y cobra gran actualidad a raíz del reciente nombramiento de Monseñor Luis Marín de San Martín, agustino, como nuevo Limosnero papal, sucesor del cardenal Konrad Krajewski en el Dicasterio para el Servicio de la Caridad. Monseñor Luis Marín de San Martín, O.S.A., obispo titular de Suliana, hasta ahora subsecretario de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos, se le confiriere la dignidad de arzobispo desde el 12 de marzo de 2026. En un mensaje el nuevo prefecto ha agradecido al Papa por su confianza: "Reitero mi fidelidad al sucesor de Pedro y empeñaré todas mis fuerzas, lo que tengo y lo que soy, en esta nueva misión: con fidelidad, implicación y entusiasmo. Comienzo ahora mi andadura como limosnero apostólico y prefecto del Dicasterio para el Servicio de la Caridad. Hermoso y exigente servicio. Espero continuar la esforzada y magnífica tarea realizada por el cardenal Konrad Krajewski en estos años. Quiero poner a los pobres en el centro y dejarme interpelar por su grito, que es el de Cristo. Como cristiano, como pastor, debo revelar el verdadero rostro del amor divino"[1].

El Dicasterio para el Servicio de la Caridad, según  Praedicate Evangelium (79), también llamado Limosnería Apostólica, es una expresión especial de la misericordia y, a partir de la opción por los pobres, los vulnerables y los excluidos, realiza en favor de ellos en cualquier parte del mundo la obra de asistencia y ayuda en nombre del Romano Pontífice, quien dispone personalmente las ayudas que se deban destinar en casos de una especial indigencia o de otra necesidad.

 

Santo Toribio, un Limosnero ejemplar

En el resumen de su vida preparado con motivo del proceso de beatificación, el artículo nº 3 inquiere a los testigos cuántas veces lo han visto "predicando a una a los indios por su propia persona y socorriéndolos en sus necesidades y enfermedades a todos los pobres, dándoles largas limosnas, gastando en esto toda su renta con tanto desinterés que no sabía qué cosa era dinero ni codicia hasta quitar de su propia persona y casa lo necesario".

Publicó el Dr. Guillermo Lohmann Villena[2] las cuentas que su fiel administrador y esposo de su hermana Grimanesa, D. Francisco de Quiñones, administraba al santo. Del finiquito estudiado para 1594, sale una suma total de 165.264 pesos ensayados gastados y 158.588 ingresados, por lo que los 6.676 pesos de déficit debieron ser enjugados por su cuñado y primo Quiñones. Su inseparable escudero Sancho anotará otra cantidad: "este testigo ha visto sus libros del gasto, por ellos parece haber dado de limosna, de diez años a esta parte, a los pobres, hospitales, viudas y religiosos, más de 120.000 pesos".

Útil será advertir que el gasto indicado excede en 21.920 pesos a la cantidad expresada por su primer biógrafo, León Pinelo, para las limosnas dispensadas desde 1581 hasta 1597, lo que supone tres anualidades más. Este autor, al subrayar el desprendimiento del prelado, concluirá: "Testigo hay que le da la palma en ella [la caridad] y dice que se pudiera llamar Santo Toribio el limosnero". Uno de los declarantes en el proceso de beatificación llegó a señalar que "para tener más que repartir, moderaba su gasto todo lo posible". El propio santo lo confesaba: "... distribuyendo mi renta a pobres con ánimo de hacer lo mismo si mucha más tuviera".

Como se vive, se muere. Pobre vivió, pobre murió. Da como recompensa al buen médico lo único que le quedaba, su mula, y recuerda a sus acompañantes el compromiso de honor con su cuñado y limosnero Francisco de Quiñones de repartir entre los pobres lo que se obtenga de la venta de sus vestiduras litúrgicas. La noche no quiere acabarse, cuando tarda en romper la aurora. El enfermo sabe que es Jueves Santo, 23 de marzo de 1606 y pide ser llevado a la iglesia para recibir la Unción de Enfermos. Su capellán, Juan de Robles, con lágrimas en los ojos, no acierta a concluir. Toribio, más tranquilo, pide al prior agustino que taña el arpa. Fray Jerónimo Ramírez no se hace de rogar y acompaña el suave canto del agonizante: "A Ti, Señor, me acojo: En tus manos encomiendo mi espíritu".

[2] LOHMANN VILLENA, G. "Santo Toribio, el Limosnero" Boletín del Instituto "Riva Agüero´´ Lima 1994, 19, 1992.

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EL CRISTO DEL CONSUELO del santuario "Corazón de María" C/ Ferraz

Motivado por el triduo cuaresmal de los PP. Claretianos en la que es a la fecha mi parroquia, les comparto algunos datos de esta preciosa y devota imagen, así como del resto de las imágenes que adornan el templo.

El Cristo del Consuelo, talla del siglo XVII/XVII, en madera policromada, se atribuye al escultor barroco portuguésManuel Pereira (Oporto1588 – Madrid1683) o a uno de sus discípulos. El Cristo del Consuelo pertenece al grupo de «tres clavos», pero guarda gran similitud con el Cristo del Olivar, del grupo de «cuatro clavos», en la posición y ángulo de los de brazos y en la idéntica expresión de serenidad del rostro, tan característica en la obra del admirado escultor portugués.

La procedencia de esta bellísima imagen y su traslado hasta el corazón del barrio de Argüelles donde se venera desde mayo de 1958, se debe a un ejemplar sacerdote de la Diócesis de Segovia, D. Jenaro García Burgos, que falleció en la capital del acueducto el 18 de febrero de 1962.

Sabemos que en la primera mitad del siglo XX se hallaba este Santo Cristo en la Casa-Palacio que el Marqués de Quintanar poseía en la plaza del Conde de Cheste, en Segovia. Fue el VIII marqués de Quintanar D. Fernando Gallego de Chaves y Calleja  (1889-1974), quien, al vender dicho palacio, donó el Santo Cristo a D. Jenaro García Burgos; éste lo llevó a Velosillo (Segovia), su pueblo natal, que él regentaba por aquellos años y cuya iglesia había sido totalmente reconstruida por él.

En los últimos años de su vida, el amor y aprecio de Don Jenaro al Padre Claret y a los Misioneros Claretianos, y contando con la anuencia del Obispado de Segovia y del propio Marqués de Quintanar, le inclinaron a desprenderse de este doble tesoro: tesoro como talla artística y como reliquia claretiana, pues la tradición asegura que «habló al P. Claret mientras oraba devotamente ante la imagen en la capilla del palacio de los marqueses de Quintanar de Segovia».

Recibido este maravilloso regalo, antes de exponer la imagen a la veneración de los fieles en el Santuario del Corazón de  María, fue restaurada, en 1958, por el escultor segoviano Florentino Trapero.

La imagen se encuentra en una capilla situada a los pies del templo y según reza una lápida a la entrada de la misma se puede leer:

ESTA MILAGROSA IMAGEN LLAMADA VULGARMENTE SANTÍSIMO CRISTO DEL CONSUELO se veneraba en la capilla del palacio de los marqueses de Quintanar de Segovia donde según una tradición fidedigna habló a San Antonio Mª Claret mientras oraba devotamente ante ella.

Sobre la procedencia de la bellísima imagen y su traslado hasta el corazón del barrio de Argüelles da fe otra lápida situada a la entrada de la capilla, en la jamba opuesta a la anterior, que dice:

SANTÍSIMO CRISTO DE QUINTANAR con la anuencia y generosidad del actual marqués de Quintanar Excmo. Sr. D. Fernando Gallego de Chaves ha sido donado a la Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María para su culto y veneración.

https://www.cormariaferraz.es/category/informacion/historia/

https://pessoasenmadrid.blogspot.com/2016/11/el-cristo-del-consuelo-otro-pereira-en.html

OTRAS Imágenes del templo

La Piedad. De Don Aniceto Marinas (Segovia,1866 – Madrid, 1953).

Tras tallar la Soledad al pie de la Cruz para San Millán de Segovia con el fin de promover en esta parroquia la constitución de una cofradía penitencial, «su esposa Valentina, muy devota de la Virgen, le pidió que esculpiera otra imagen ma­riana para que se pudiera procesio­nar en Madrid, desde el Santua­rio del Corazón de Maria, tan cer­cano a la casa del matrimonio Ma­rinas y donde ambos asistían diariamente a la Eucaristía». No se sabe la fecha exacta de la escultura pero, como dice el mismo articulista, «lo cierto es que la misma debió ejecutarse entre el falleci­miento de Valentina en 1932 y el inicio de la Guerra Civil en 1936, pues Mercedes Barrios en su libro 'Aniceto Marinas y su época' nos dice que el propio Marinas res­tauró la imagen tras la contienda por los desperfectos que había pa­decido» 

La Piedad de Marinas desfiló en procesión por el Barrio de Argüelles hasta que el traqueteo propio de esas prácticas dañó la imagen, lo que llevó a otro famoso escultor segoviano, discípulo en su momento de Aniceto Marinas, Don Florentino Trapero, a ejecutar en 1958 una réplica del grupo, que quedó expuesta en la cripta del mismo templo mientras que la original de don Aniceto se colocó para la veneración de los fieles en una capilla lateral del mismo.

Como todas las obras de Marinas, sobre todo las de inspiración religiosa, La Piedad «está basada e inspirada en sus propias vivencias de creyente. So­lo un hombre de muy arraigadas certidumbres puede ofrecer tal expresión en las vivas imágenes que modela con evidente fuerza de convicción» (Antonio Horcajo, recogido en el artículo citado de Javier G. Núñez). Al contemplar ese grupo de La Piedad «sentimos el dolor infinito en el rostro de la Madre y la evidente muestra de vida física y vigor en su mano que sujeta contra el suyo el cuerpo muerto del Hijo. Mari­nas está aquí centrado en ofrecer consuelo al espíritu sencillo de las gentes con fe, dotándolas de ora­ciones plásticas a las que se afe­rran con esperanza»

Inmaculado Corazón de María. Como se ha indicado preside el altar mayor del templo actual. Es también obra del escultor Aniceto Marinas y fue realizada en los primeros años 50. En ella, como en el grupo de La Piedad, se percibe todo el mundo interior y de espiritualidad de su autor, persona «de carácter tranquilo y afable», según le describen quienes le conocieron.
Imágenes de San Antonio María Claret y San José. En los altares laterales al pie del presbiterio se hallan dos interesantes tallas de figuras muy ligadas a los Misioneros Claretianos. A la derecha, San Antonio María Claret, fundador de la Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, revestido con las vestiduras de arzobispo, y a la izquierda la de San José, patrono de la Congregación de Misioneros y de quien tan devoto era el P. Claret (Aut. 831).
Copia de La Piedad. Hermosa réplica de la Piedad de Aniceto Marinas, realizada en 1958 por un discípulo suyo, Don Florentino Trapero (Aguilafuente-Segovia, 1893 – Madrid,1977) que se conserva en la cripta.

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María Ana Allsopp y el Padre Méndez, fundadores de las Trinitarias, las locas del obelisco, dos vidas de película

Anoche pude gozar del estreno de la película, cien por cien recomendable, y esta mañana he podido orar ante las reliquias de los fundadores, hoy venerables, en la calle Marqués de Urquijo 18, del distrito de Argüelles, Madrid. Gracias al Señor por tanto don concedido al Madrid del novecientos, tan necesitado de nuevos samaritanos que encarnasen el Evangelio y aplicasen la Doctrina Social de la Iglesia, y nos encomendamos a los venerables Francisco de Asís Méndez y María Ana Allsopp para que siga vivo este atractivo carisma con nuevas vocaciones Trinitarias.

Les comparto información acerca de la película, así como de la vida y misión de los protagonistas reales.

(Imágenes de la Casa Madre)

I.               LA PELÍCULA

https://revistaecclesia.es/pablo-moreno-director-de-las-locas-del-obelisco-la-labor-de-estas-mujeres-era-una-absoluta-locura/

Pablo Moreno, director de 'Las locas del Obelisco': «La labor de estas mujeres era una absoluta locura»

Elena Martín Tascón12 de marzo de 2026

El cineasta reivindica en su nueva película la «locura trascendental» de quienes abrieron camino en la protección de víctimas de trata, un conflicto que 141 años después sigue exigiendo respuestas y visibilidad en nuestra sociedad

Este viernes 13 de marzo llega a las salas de cine Las locas del obelisco, la nueva apuesta del cineasta Pablo Moreno. El director regresa a la gran pantalla para rescatar la historia de María Ana Allsopp y el Padre Méndez en el Madrid de finales del siglo XIX. Un relato sobre la fundación de las Hermanas Trinitarias que profundiza en la lucha contra la explotación de la mujer.

Hablamos con Moreno sobre este estreno, la vigencia social de su mensaje y el fenómeno de un cine católico que, lejos de ser un nicho, vive hoy un resurgir imparable en la taquilla global.

—El título de la película es algo descolocante, ¿por qué decidieron llamarla así?
—Queríamos un título provocador y que sacudiese un poco a la persona que ve la película y que fuese también transgresor. Realmente era el insulto con el que las llamaban a ellas a finales del siglo XIX: las locas del Obelisco. No es que fuese algo superoriginal, porque ellas estaban en la calle del Obelisco y decían que eran unas locas porque tenían la puerta de la casa abierta 24/7, como diríamos hoy, y acogían a prostitutas, a mujeres víctimas de trata, abusos y violencia, chicas difíciles, gente de la calle o que salía de la cárcel.

Entonces, a ojos de la sociedad, la labor de estas mujeres era una absoluta locura. Pero su locura, que es lo que a nosotros nos interesa por el título, es una locura distinta: es una locura trascendental, es la locura de Cristo. Nos pareció que el nombre podría ser interesante, sobre todo porque dejaba a la gente descolocada. 

—La película aborda un problema que sigue teniendo mucho peso en nuestra sociedad actual, ¿qué tiene que decirnos a nosotros a día de hoy?
—Pues, por desgracia, mucho. Porque, como bien dices, es un problema que se sigue dando hoy, no solo en España o en Europa, sino a nivel mundial, en todos los continentes. Es lo que dicen, el oficio más antiguo del mundo, y muchas veces en situaciones de privación de libertad.

Nosotros contamos la historia de cómo comenzó esta historia hace 141 años, pero por desgracia hoy están extendidas en los cinco continentes, porque su labor sigue siendo necesaria.

—En la película, todos los personajes tienen sus luces y sus sombras, incluso los que podríamos considerar los «malos». ¿Cómo ha sido tratar de representar tanta variedad?
—No queríamos hacer una película maniquea, donde los malos son malísimos y los buenos son buenísimos. Queríamos hacer una película lo más honesta posible y que estuviese atravesada por la humanidad.

Es verdad que el personaje antagonista, la madame, en el fondo piensa que está ayudando a las chicas: «Yo les doy un trabajo, ellas tienen que pagar un precio, evidentemente, que es la prostitución, pero yo les doy un techo, les doy sustento, las cuido…». 

Queríamos que fuese una película poliédrica, que tuviera muchos lados, muchas caras, y que los personajes fuesen lo más profundos posible.

—¿Cómo ha sido trabajar con las trinitarias?
—Ellas han formado parte de todo el proceso desde el minuto uno. Nosotros, como empresa, trabajamos con las congregaciones desde la idea hasta la postproducción. Es decir, que ellas formen parte de todos los eslabones de la cadena y que puedan ver y conocer cómo se hace una película.

Su implicación ha sido absoluta. Primero, porque nos han dado mucha libertad, y nosotros hemos contado con ellas para todo lo que ha tenido que ver con la documentación y con todo lo que habla de su carisma. Yo les hacía una pregunta constantemente: «¿Vosotras os veis representadas en la película?». «Sí, nos vemos reflejadas». «Pues entonces vamos bien».

Algunas de ellas incluso han salido representando a las primeras trinitarias. Se han puesto el hábito de actriz y han salido a escena a compartir también con todos los actores. Eso produce una relación muy bonita en el equipo técnico y artístico, porque mucha gente que llega a un rodaje no tiene ni idea de lo eclesiástico, de la Iglesia. En ese sentido, a nosotros nos gusta compartir y que la gente de los equipos vea que estas mujeres son personas normales, como cualquier otra, pero que hacen algo absolutamente extraordinario y que han optado por una vida de entrega absoluta.

—Su filmografía está llena de santos o grandes figuras de la Iglesia. ¿Por qué decide apostar por esas historias en vez de por otras que podrían ser más comerciales?
—Yo creo que es algo vocacional. Hace más de 20 años, viendo una película sobre Teresa de Calcuta, sentí algo curioso en el momento en el que ella siente su vocación en una estación rodeada de pobres, de gente de la calle. Me conmovió profundamente.

Yo estaba estudiando cine y entendí que quería hacer algo que ayudase a otras personas a encontrar también su vocación. Desde entonces hemos tenido siempre una sensibilidad especial a la hora de hacer este tipo de historias. Y luego también ha habido una parte de casualidad. Hacemos una película, funciona, y te llaman congregaciones o grupos religiosos que quieren ver a sus fundadores o su carisma en pantalla.

—¿Cuál es el principal reto a la hora de contar esas historias?
—Bueno, lo primero es no caer en las hagiografías. No podemos hacer cine hagiográfico, eso no funciona. Además de no funcionar, es falso en algunos aspectos y no ayuda. Hay que contar las historias con verdad y con honestidad, hablando de las bondades y las miserias de cada uno, porque todos tenemos un mal día, todos tenemos defectos y virtudes, y eso nos confiere el estatus de ser humanos.

Lo que queremos es contar la vida de santos y santas que, antes de serlo, eran personas con las que nos podemos identificar. Hace unos años, con el auge del cine de superhéroes, hablábamos de que la gente veía ese tipo de cine porque en el fondo buscaba una referencia de alguien que cambiase el mundo desde la perspectiva del bien.

Realmente, los santos son esas referencias. Contar historias de tantísimos hombres y mujeres que han hecho cosas extraordinarias por el mundo y por la Iglesia es, de alguna manera, ofrecer a la sociedad un referente más. Es sumar, construir un poquito más de civilización.

—¿Cree que el resurgir del cine católico es algo real o simplemente una moda pasajera?
—No me gusta hablar de esto en términos de moda, porque si hablamos de moda, lo estamos condenando a que desaparezca en breve. Sí que me gustaría creer que hay algo, que hay algún brote verde creciendo en algún lugar. Es verdad que hay una mayor sensibilidad y una mayor apertura.

Si consiguiésemos que personas creyentes y no creyentes pudieran dialogar y razonar, que el creyente pudiera sacarse la cruz por fuera y hablar de su fe sin miedo al ostracismo y al rechazo, con eso ya habríamos ganado mucho. Sería algo extraordinario.

—El otro día tuvieron un breve encuentro con el papa León XIV, ¿qué les dijo?
—Pues la verdad que el Papa dijo poco, porque nosotros no lo dejamos hablar. Enseguida nos pusimos a presentar y no le dejamos casi intervenir ni aportar, pobre hombre. Pero fue muy emocionante. Le entregamos la primera copia de la película y para nosotros fue también un momento simbólico, porque entregar la película al papa en Roma, que es el corazón de nuestra cristiandad, de alguna manera es el inicio de otro camino.

Ya nos desprendemos de la película como el padre o la madre que despide al hijo que se va de casa. Y ahora ya no es nuestra. Con ese pequeño gesto, la peli ya es de la gente que vaya a verla. Las películas tienen una vida muy larga, probablemente superará nuestras vidas y estará por ahí, en algún lugar, mucho tiempo después.

Entonces hay una responsabilidad grande, pero también hay una gran ilusión, y estamos muy contentos y agradecidos.

II.            LA FUNDADORA. MARIANA ALLSOPP Joaquín Martín Abad 12 de Abril de 2018 https://alfayomega.es/mariana-allsopp/

María Ana Allsopp González-Manrique vino desde México a Madrid en mayo de 1864. Nació en Tepic en 1854 del matrimonio contraído en 1852 en Madrid por Juan Francisco, diplomático inglés que luego se afincó en México como director de una fábrica de tejidos y apoderado de ferrocarriles, y de María Ana, de noble familia española, pues su bisabuelo materno había sido virrey en Granada y su bisabuela estaba emparentada con la familia Loyola, de san Ignacio.

Cuando quedó huérfana de madre en 1862, su padre envió a sus cinco hijos a España, para que estuvieran bajo el cuidado de su abuela materna. Vinieron a bordo de una fragata inglesa desde México a Canadá y después a Francia. En París, a sus 10 años y solo con ver por la calle a las Hijas de la Caridad, le surgieron indicios de vocación religiosa. Y llegaron a Madrid.

En el real colegio de Santa Isabel, dirigido entonces por las escolapias, hizo su Primera Comunión en 1865. De joven se empleó, como escribe su primer biógrafo, Pereda, «en obras de celo, visitando enfermos, adoctrinando niños y adultos, recorriendo parajes miserables y rezando en los templos», en el Hospital General y en las Escuelas Dominicales.

Durante una fiesta palaciega en 1876 notó la vaciedad de su corazón y se le despertó la pasión de entregar toda su vida. En 1882 vivía en la calle Lepanto, próxima al monasterio de la Encarnación, donde oía Misa y se confesaba con el venerable Francisco Méndez Casariego, párroco de la parroquia real.

Cuando María Ana le manifestó su búsqueda de Dios y de consagración y don Francisco le reveló su proyecto de un instituto religioso femenino para atender y promover a las jóvenes desasistidas y maltratadas, le respondió: «Yo tomaré parte en esa fundación». Tanto, que Mariana de la Santísima Trinidad fue cofundadora del instituto de Hermanas Trinitarias, comenzando en una Misa —con ella y otras cinco jóvenes más— el 2 de febrero de 1885 en la Encarnación.

Se le debe el rápido desarrollo del instituto por España e Hispanoamérica. Murió en Madrid en 1933 y, por el testimonio de su vida, aquí se abrió la causa de canonización en 1999, cuya positio espera el paso por los respectivos congresos de la Congregación romana.

Sus restos reposan junto a la capilla de las Hermanas Trinitarias (calle Marqués de Urquijo, 18).

 

Mariana Allsopp, una venerable entre las prostitutas de Madrid

https://alfayomega.es/mariana-allsopp-una-venerable-entre-las-prostitutas-de-madrid/

Pertenecía a la alta sociedad, pero ese mundo no le convencía. En 1885 fundó a las hermanas trinitarias y dedicó toda su vida a atender a las mujeres en situación de vulnerabilidad. El Papa reconoció sus virtudes heroicas en mayo

José Calderero de Aldecoa 27 de Octubre de 2022

El pasado mes de mayo el Papa Francisco reconoció las virtudes heroicas de Mariana Alssopp, fundadora de las Hermanas Trinitarias, quien dedicó todas su vida a las mujeres en situación de vulnerabilidad. «Para nosotros es una muy buena noticia la declaración como venerable de madre Mariana porque así nos ayuda a darla a conocer para que otras personas se enriquezcan de su legado. Estoy convencida de que mucha gente se va a poder beneficiar de la luz que irradió», explica la trinitaria Belén Berjillo, directora de la Fundación Mariana Allsopp.

Para celebrar el decreto del Santo Padre, la catedral de la Almudena acogerá este viernes 28 de octubre, a las 19:00 horas, una Misa de acción de gracias que será presidida por el arzobispo de Madrid, cardenal Carlos Osoro. Aunque nació en México en 1854, la nueva venerable vivió toda su vida, prácticamente, en Madrid y es en esta ciudad, de hecho, donde está la casa central de las religiosas.

Allsopp se trasladó a la capital de España tras el fallecimiento de su madre y aquí fue criada por su abuela materna, que tenía una buena posición económica. «El mundo de la alta sociedad no le terminaba de convencer y, por ello, solía frecuentar el hospital de San Juan de Dios». Allí acudían también muchas jóvenes que habían ejercido la prostitución. «y esta realidad a Mariana le inquietaba. Aspiraba a darle una respuesta», asegura Berjillo.

La oportunidad surgió tras hablar con su confesor, el padre Francisco Méndez. «Él también se encontraba con estas mujeres en la calle, y con algunos golfillos», de camino a la catedral de San Isidro, donde era canónigo. «Quería montar un hogar para acoger a estas personas» y, finalmente, ambos fundaron a las hermanas trinitarias el 2 de febrero de 1885.

Una época, según la directora de la fundación, en la que «hubo un boom de congregaciones». El problema era que todas estaban cerradas cuando las prostitutas necesitaban ayuda. «Estas mujeres solo podían huir de los prostíbulos por la noche, pero las demás casa religiosas estaban cerradas». Por eso, «nuestro carisma redentor, libertad, nos lleva a tener la puerta siempre abierta para acoger sin condiciones a cualquier chica, a cualquier hora del día, o de la noche, que llegara a nuestra casa», subraya la hermana.

Además de la acogida, las trinitarias hacían talleres de imprenta, bordado, lavandería, etc, con las chicas, que así «aprendía un oficio para valerse por ellas mismas una vez que salieran de nuestra casa». Por toda esta labor, Allsopp podría ser considerada una feminista del siglo XIX. «Lógicamente, en aquel tiempo esa término no se utilizaba, pero ella, efectivamente, fue pionera en la lucha por la igualdad y del empoderamiento de la mujer. Era algo con lo que soñaba», revela Berjillo.

En la actualidad, las hermanas siguen atendiendo y dando una oportunidad a todas esas jóvenes que se encuentran en una situación de exclusión o de riesgo social. Lo hacen a través de la Fundación Mariana Allsopp, en la que está unificada desde 2017 toda la acción social de las religiosas. «Tenemos sede en todas las provincias en las que están las trinitarias, y también en México, en Uruguay, en Argentina, en India, Kenia e Italia», detalla la directora de la entidad.

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III.          EL FUNDADOR: FRANCISCO DE ASÍS MENDEZ CASARIEGO, FUNDADOR

Un hombre para los demás

El padre Francisco Méndez nació en Madrid en el año 1850. Fue un sacerdote conocido en su tiempo como "el padre de los pobres", un hombre sabio y sencillo, que dedicó su vida a los demás. Fundador del Instituto de las Hermanas Trinitarias y del Hogar de Portacoeli, quiso terminar sus últimos años dedicado totalmente a los niños más pobres y abandonados de Madrid. Vivía modestamente, por opción personal, pero tenía un corazón enorme y un amor tan grande a Dios y al prójimo, que transformó la vida de muchos.

Pionero en la acción social

Don Francisco Méndez vivió la entrega total a Dios al y prójimo, por amor, y acabó siendo pionero de la acción social tanto en favor de las jóvenes explotadas y excluidas, como de los niños pobres y abandonados.

A finales el siglo XIX, Madrid era una ciudad donde muchos niños vivían en condiciones extremas: dormían en las calles, portales o donde pudieran refugiarse, sin escuela ni familia. Don Francisco no se limitó a darles un techo o comida; su mirada era profunda y transformadora: quería que cada niño aprendiera un oficio, conociera sus derechos, y desarrollara su dignidad, responsabilidad y autonomía.

Precursor de la educación integral para los pobres

Fue un precursor de la educación integral precisamente allí donde nadie lo intentaba ni lo creía posible. Mujeres que estaban en la cárcel, o en hospitales de enfermedades que se consideraban incurables, y niños que vivían en la calle, tenían acceso a una formación de calidad, regenerativa e integral. Para las jóvenes y los niños de la calle levantó una casa donde, además de un hogar tenían la oportunidad de trabajar por sus sueños; creó centros educativos, promovió talleres, y puso en marcha una ingente obra, pionera en su tiempo; una obra en la que hoy aún podríamos inspirarnos.

Caridad y gestión

La obra iba más allá de la caridad: se trataba de formar personas capaces de salir adelante por sí mismas. Entendió que la obra social no podía depender de la buena voluntad de la gente: buscó aprobación legal, financiación y colaboración, siempre asegurando que la obra fuera sostenible y mantuviera su espíritu y su propósito original.

Un educador ejemplar

Don Francisco combinaba pasión y rigor. Cada decisión estaba guiada por el amor al prójimo y la fe, pero también por un sentido práctico y organizativo: seleccionaba cuidadosamente a los profesionales, los formaba él mismo, y supervisaba cada taller, cada aula, cada actividad. Creía que la verdadera transformación social comenzaba por el ejemplo, y él mismo preparaba a quienes iban a formar y acompañar a los más vulnerables.

Lo más admirable es verle en sus últimos años, cuando ya estaba enfermo y débil, saliendo a buscar a los niños necesitados en los barrios más pobres de Madrid. Su vida fue un testimonio de compromiso total: no solo hablaba de justicia y educación, sino que encarnaba lo que decía con su dedicación, su esfuerzo y su amor.

Visionario en la emancipación de la mujer

En España fue un verdadero innovador en la promoción de la mujer. Profundamente sensible a su dignidad, en una época histórica en la que esa dignidad no siempre era reconocida ni social ni eclesialmente. Su defensa de la mujer no fue ideológica ni reivindicativa, sino evangélica, concreta, profundamente humana, y eficaz.

Ante todo, el Padre Méndez creyó en la mujer. Creyó en su capacidad espiritual, en su inteligencia, en su fortaleza interior y en su papel insustituible en la sociedad y en la Iglesia.

Innovador en el papel de la mujer en la Iglesia

Cuando fundó las Hermanas Trinitarias, no solo buscaba religiosas devotas: quiso mujeres formadas, libres y capaces de liderar proyectos edificantes. Mujeres capaces de enseñar, dirigir obras, administrar hogares y talleres, centros educativos y proyectos pioneros para la formación integral. Quería mujeres valientes, capaces de arriesgar, de salir a las calles, de enfrentarse a cualquier dificultad y superarla. Capaces de educar en la adversidad, como verdaderas, creyendo en la autonomía y libertad de las mujeres excluidas y sin recursos.

La mujer como portadora de esperanza

El padre Méndez vio en la mujer una portadora privilegiada de esperanza y redención. Confiaba en su capacidad para humanizar los ambientes más duros, sostener la fe en tiempos de prueba, y transmitir ternura, firmeza y fidelidad evangélica.

Con las jóvenes que acogían en casa su objetivo era formar mujeres preparadas para ser dueñas de sus vidas, capaces de luchar por una sociedad más justa, de liderar el nacimiento de un mundo mejor, donde nadie quedara excluido del progreso, donde toda persona sea respetada, y a nadie se le arrebate la libertad que le pertenece. Lo creía y lo promovió, mucho antes de que esto se considerara urgente en la sociedad española.

Una mujer esencial en su vida. Madre Mariana

El padre Méndez sabía que sin la mujer, su carisma no habría tomado cuerpo, ni podría desarrollarse. De hecho, sin ellas no habría comenzado ni llegado donde hoy lo contemplamos. Cuando conoció a madre Mariana, él había visto la necesidad, había recibido la Inspiración, tenía un sueño, y lo había intentado. Pero hasta que ella no puso en marcha el proyecto, no salió adelante.

Su legado y un mensaje para hoy

El legado del Padre Méndez no está en edificios ni en riqueza, sino en vidas transformadas, oportunidades dadas a los olvidados y un ejemplo de entrega, fe y coraje que sigue vivo hoy. Para quienes hoy se dedican a obras sociales, don Francisco es un modelo de cómo la acción social puede ser integral, digna y sostenible. Nos recuerda que el verdadero cambio requiere educación, organización, oportunidades reales, liderazgo femenino y compromiso con los más vulnerables, y que nada de esto se consigue sin entrega personal, pasión por la justicia y sensibilidad social.

En su legado vemos que la educación y la obra social no son sólo servicios, sino instrumentos de liberación y empoderamiento, especialmente de quienes más lo necesitan: niños, jóvenes y mujeres. Don Francisco nos enseña que todo compromiso social, para ser auténtico y duradero, debe ir de la mano de la dignidad, la formación y la confianza en las capacidades de las personas.

Francisco de Asís Méndez Casariego

Madrid, 21.VI.1850 – 1.IV.1924. Sacerdote secular, fundador del Instituto de Religiosas Hermanas Trinitarias.

Hijo del pintor de cámara Simón Méndez y Andrés, y de Antonia Fernández Casariego. Su madre utilizó su apellido materno, y con éste fue registrado Francisco de Asís, que recibió este nombre en homenaje al Rey consorte de la Reina Gobernadora, padrino en el bautizo —representado por la duquesa de la Conquista—.

Nació Méndez Casariego en la madrileña plaza del Conde de Barajas, junto al palacio de la Bula de la Cruzada.

Desde muy joven integrado en asociaciones religiosas, y cuando parecía predestinado a estudiar una ingeniería, se matriculó en Derecho, una vía entonces normal —Madrid aún no tenía seminario— para el acceso a la carrera eclesiástica. Licenciado en Derecho y en Teología, se ordenó como presbítero el 19 de septiembre de 1874. Las buenas relaciones paternas con la Casa Real hicieron que en febrero de 1875 fuera nombrado coadjutor de la real parroquia, pasando a ser párroco en julio de 1978. En 1881 recibió título de capellán de honor de Su Majestad, título meramente honorífico pero que le permitió un interesante núcleo de relaciones. No obstante, cesó como párroco en agosto de 1885, en contra del parecer del Rey, que inmediatamente —noviembre del mismo año— le nombró canónigo de la recién creada catedral madrileña.

Estudioso de la doctrina social de la Iglesia preconizada por León XIII, ésta le llevó a fundar, junto a Mariana Allsopp, el Instituto Trinitario. En el Boletín Diocesano de fecha 20 de febrero de 1888 se hizo público haberse aprobado las Constituciones del Instituto, en el que pocos meses después tomaron el hábito las primeras novicias, que hicieron los votos perpetuos en mayo de 1907. La institución había sido aprobada por el Vaticano en abril de 1901. Años después (1904), quedó agregado a la Orden Trinitaria.

"[...] Dios os ha traído y ha fundado en su Iglesia el Instituto Trinitario para que, a semejanza del cielo, cuyas puertas están abiertas para el pecador que contrito llega a ellas, así en la tierra hubiera una siempre abierta, entendedlo bien, una puerta siempre abierta para la jovencita que del vicio quiere salir y que de él quiere preservarse [...]", dice en una epístola al Instituto.

El carisma de la nueva casa queda sintetizado en la máxima de Méndez Casariego: "El trabajo para mí, el producto para el pobre y la gloria para Dios".

Iniciado el siglo xx se hallan las hermanas trinitarias establecidas en cerca de cincuenta casas, repartidas, además de en España, en Italia, Argentina, Guatemala, México y Uruguay.

Con ayuda de las hermanas trinitarias, y de algunos particulares, fundó en el año 1914, en su inicio, con la autorización verbal del obispo Salvador y Barrera (26 de diciembre de 1914), en el entonces barrio de Chamberí, en el ensanche madrileño, la casa de acogida Porta Coeli, centro educativo, mediopensionista e internado, dedicado a jóvenes abandonados por la sociedad. El 19 de marzo de 1915 se dio acogida a los primeros muchachos, entre mendigos y delincuentes, clase social muy abundante en aquellos años en todas las grandes ciudades, cuyo porvenir estaba garantizado en la delincuencia en mayor escala. Allí, con independencia de que fueran tratados como personas, recibían una formación que los capacitaba para integrarse en la sociedad que les había cerrado las puertas.

El 2 de abril de 1993, ante Juan Pablo II, fue leído el decreto firmado por el cardenal prefecto de la Congregación: "Que consta de las virtudes teologales de Fe, Esperanza y Caridad para con Dios y el prójimo, así como las cardinales de prudencia, justicia, templanza y fortaleza y sus anejas, en grado heroico, del Siervo de Dios Francisco de Asís Méndez Casariego, sacerdote, canónigo de Madrid, fundador del Instituto de Hermanas Trinitarias".

Bibliografía

T. Rojo, El buscador de perlas. Vida del Siervo de Dios M. I. Sr. D. Francisco de Asís Méndez Casariego, Madrid, Imprenta Asilo de la Santísima Trinidad, 1935

A. Coll Pérez y T. Zamalloa, Posiciones y artículos para el Proceso Cognicional sobre la vida y virtudes del Siervo de Dios Francisco de Asís Méndez Casariego, Roma, 1981

A. Barrios Moneo, ¿Quién es mi prójimo? Francisco de Asís Méndez Casariego, Madrid, Hermanas Trinitarias, 1981

Congregatio pro Causis Sactorum, Positio super virtutibus, Canonizationis servi Di Francisci Assisii Méndez Casariego, Roma, 1988

Congregatio de Causis Sactorum, Congressus peculiaris super virtuitibus, Canonizationis servi Dei Francisci Assisii Méndez Casariego, Roma, 1992

F. Fernández López, Patrimonio espiritual de las Hermanas Trinitarias. Identidad: espiritualidad y misión en la Iglesia, Madrid, 1994

J. Martín Abad, Francisco Méndez Casariego, Madrid, Hermanas Trinitarias, 1995.

Autor: Luis Miguel Aparisi Laporta

https://historia-hispanica.rah.es/biografias/30353-francisco-de-asis-mendez-casariego

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