JUAN SEBASTIÁN DE LA PARRA (1550-1622)
Superior, predicador, escritor
Nació en julio 1546, en Daroca (Zaragoza), España; murió el 21 de mayo de 1622 en Lima, Perú. Ingresó a la Compañía en abril de 1566, en Alcalá de Henares (Madrid), España; llegó al Perú ya ordenado sacerdote el 30 junio 1581, a la ciudad de Lima.
Estudió gramática en Daroca y filosofía en Alcalá, donde fue admitido en la CJ y, en mayo 1567, enviado al recién fundado noviciado de Villarejo de Fuentes (Cuenca). Destinado a Plasencia (Cáceres), enseñó gramática (1568-1569) y estudió teología (1569-1573). Después de su ordenación, fue profesor de filosofía en Navalcarnero (Madrid) en 1574 y de teología (1575-1578) en Ocaña (Toledo). A poco de ser nombrado rector del colegio de Ocaña, el P. General Everardo Mercuriano accedió a su petición, y lo envió al Perú. Llegó a Lima (20 mayo 1581) en la expedición dirigida por el P. Baltasar Piñas y fue rector de los colegios de Potosí (1581-1584), en la actual Bolivia, y S. Pablo de Lima (1585-1591). En este cargo tuvo que atender a los malheridos –especialmente los atacados por la viruela- del terremoto de 1586
Nombrado provincial (1592) del Perú, envió a Piñas y Luis de Valdivia a empezar (1593) la misión de Chile; reforzó las misiones de Quito, Santa Cruz de la Sierra y Tucumán (en los actuales Ecuador, Bolivia y Argentina), y trasladó el noviciado, hasta entonces en el Colegio S. Pablo; convocó (1594) la congregación provincial IV en Arequipa, tras la cual envió al P. General Claudio Aquaviva un memorial sobre el estado de la provincia; fundó una congregación mariana de sacerdotes en Lima y promovió en especial la de Nuestra Señora de la "O" , a través de la cual organizó conferencias teológicas y morales entre los caballeros y personas distinguidas de Lima. Al acabar su provincialato (1598) fue padre espiritual en el colegio San Pablo por diez años, con enorme influencia en la formación de los jóvenes jesuitas. En 1608, a iniciativa del provincial del Paraguay, Diego Torres Bollo, firmó una resolución contra el servicio personal de los indígenas en el Tucumán, junto con otros diecisiete jesuitas. También alentó la escuela de Quito, con las cátedras de latinidad, filosofía y teología, pilares de la futura universidad. Propulsó las capellanías en el hospital de indios de Santa Ana y él mismo ayudaba en la administración de los santos sacramentos.
En 1611, fue nombrado provincial por segunda vez, En este periodo, abrió el colegio del Callao e impulsó la labor de la Compañía en los hospitales y casas de divorciadas y arrepentidas, así como se preocupó especialmente por la evangelización de los esclavos de origen africano que trabajaban en las haciendas de la Compañía.
También colaboró en la campaña de extirpación de la idolatría, en la que tuvo tanto protagonismo la Compañía de Jesús, especialmente el P. Pablo Arriaga. Abrió en el Cercado de Lima la casa de la Santa Cruz, en la que se recluía a los reincidentes indígenas para que no ejercieran su influencia al resto de la población, y fundó un colegio para la educación de los hijos de caciques.
Terminado su provincialato (1616), fue nombrado visitador de la provincia de Nueva España, pero no tomó posesión de su cargo por razones de salud.
Fruto de su espíritu contemplativo y prudencia en el arte de gobernar es el libro "Del bien, excelencias y obligaciones del estado clerical y sacerdotal", publicado en Sevilla en 1620, donde sintetiza el modo de lograr y mantener la santidad entre los consagrados a Dios, sacerdotes y hermanos.
. En sus últimos años se dedicó intensamente a la atención de los pobres, a la visita de hospitales y cárceles, y a la catequesis de indígenas y afrodescendientes
Aunque representó una tendencia marcada hacia la severidad disciplinaria dentro de la Compañía de Jesús en el Perú, sus contemporáneos reconocieron unánimemente la profundidad de su virtud y su autoridad moral.
. La portada del manuscrito de su biografía se conserva actualmente en la Biblioteca Nacional de España
https://www.facebook.com/profile.php?id=100057954377746
Contamos con una excelente biografía sobre el siervo de Dios, escrita cinco años después de su muerte por Francisco de Figueroa de la que comenté la siguiente reseña:;
Identidad jesuita entre dos mundos. Juan Sebastián de la Parra (Daroca 1546-Lima 1622) Su vida escrita por Francisco de Figueroa (Sevilla 1592-Lima 1639). Edición crítica de René Millar. Colaboración Magdalena Urrejola (Instituto de Historia de la Facultad de Historia, Geografía y Ciencia Política de la Universidad Católica de Chile-Universidad Antonio Ruiz de Montoya, Lima 2020, 267 pp)
La fuente original se encuentra en la sección manuscritos de la Biblioteca Nacional de España (MBE, Mss/9558) y la descubrió hace diez años el historiador responsable de la presente edición crítica, René Millar Carvacho, profesor emérito de la Pontificia Universidad Católica de Chile, uno de los expertos mundiales en estudio de la Inquisición y la hagiografía científica en el virreinato del Perú. El autor ha contado con el apoyo de Magdalena Urrejola en la transcripción del manuscrito y la traducción de las citas en latín, tan prácticas y que se deben a Sebastián Ignacio Asencio Pérez. Las cinco páginas iniciales del prólogo debidas al P. Juan Dejo contextualizan magistralmente la obra y nos ubican en el aporte jesuítico al "discurso espiritual en la sociedad colonial del Perú", gracias al esfuerzo intelectual "serio e inquisitivo" del editor.
Bastaría con asomarse a la densidad semántica del índice del estudio preliminar (pp.5-116) (gobierno, espiritualidad y hagiografía en la provincia jesuita peruana) para percatarse de la importancia de la obra: la hagiografía como género, la palabra escrita y los jesuitas, las "vidas", la "vida" de Juan Sebastián de la Parra (autor, peripecias de la obra, el protagonista) el contenido del texto.
El manuscrito en cuidada edición crítica –con 789 notas a pie de página- se articula en dos libros, de 13 y 12 capítulos cada uno, nos da cuenta de modo sencillo, sintético, pero profundo, las peripecias vitales pero también la trayectoria santa de un misionero jesuita formado en la Universidad de Alcalá, al calor de los primeros jesuitas llegados a España, de la maciza espiritualidad sacerdotal tridentina de san Juan de Ávila, enraizado en la mística contemplativa de los Ejercicios de San Ignacio y en el celo misionero de la primitiva Compañía. Algunos de los apartados sobre sus virtudes como el de la oración o el apostolado son auténticos tratados de espiritualidad y misionología.
Hasta la fecha tan sólo contamos con cuatro biografías acerca de jesuitas ejemplares del tiempo del virreinato, Antonio Ruiz de Montoya, Francisco del Castillo, Alonso Mesía Bedoya y Juan de Alloza. La presente, acerca del P. JB. de la Parra, tiene de peculiar que se trata de la biografía del único que ejerció como provincial y en dos oportunidades, que vino al Perú con los 16 jesuitas en la misma embarcación de Santo Toribio en 1589, y que en los 76 años de vida y 56 de jesuita, fue uno de los protagonistas del "periodo de definiciones y de consolidación institucional" que le tocó vivir. Como constata R. Millar "se reafirmó su identidad misionera, se afianzó su universalidad, su romanización, su centralización y su dependencia papa; se produjo un distanciamiento de la espiritualidad mística y fue reconocido su aporte al proceso contrarreformista con la santificación de su fundador y de su misionero paradigmático" (p.101), en un tiempo en que la provincia peruana jesuítica se convierte en la Orden más influyente del virreinato, proyectada por todo su distrito y en todos los campos, educativo, social, espiritual.
La obra se escribió cinco años después de la muerte del siervo de Dios por lo que toda ella huele a "pan caliente", nos parece estar en presencia de un periodista acucioso que interpela a los testigos para brindarnos una vida ejemplar, como indica el propio autor P. Francisco de Figueroa no para "hacer devocionarios y sermonarios sino Historia" (p.121).
Hay que agradecer y felicitar a la Universidad Antonio Ruiz de Montoya por este esfuerzo en publicar fuentes del tesoro espiritual que constituye nuestro Perú ensantado como un hontanar que surte, más allá de sus cinco ríos o santos grandes, en manantiales de sus santos de la "lista de espera" como el ejemplar Padre Juan Sebastián de la Parra.
Santo Toribio Mogrovejo "fue muy limosnero, sin reservarse ni aun su camisa"
José Antonio Benito
Así lo define la cartela de la galería de los arzobispos de la Sala capitula. Su retrato lleva una hermosa leyenda alrededor que lo dice todo: "Fue muy limosnero, sin reservarse ni aun su camisa, obispo de Lima y padre de pobres". Su retrato fue hecho por el clérigo pintor Juan Bautista Planeta en 1635, por encargo del Cabildo, y para enviarlo al Papa. El texto parece que fue preparado por el presbítero Matías Maestro.
Y cobra gran actualidad a raíz del reciente nombramiento de Monseñor Luis Marín de San Martín, agustino, como nuevo Limosnero papal, sucesor del cardenal Konrad Krajewski en el Dicasterio para el Servicio de la Caridad. Monseñor Luis Marín de San Martín, O.S.A., obispo titular de Suliana, hasta ahora subsecretario de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos, se le confiriere la dignidad de arzobispo desde el 12 de marzo de 2026. En un mensaje el nuevo prefecto ha agradecido al Papa por su confianza: "Reitero mi fidelidad al sucesor de Pedro y empeñaré todas mis fuerzas, lo que tengo y lo que soy, en esta nueva misión: con fidelidad, implicación y entusiasmo. Comienzo ahora mi andadura como limosnero apostólico y prefecto del Dicasterio para el Servicio de la Caridad. Hermoso y exigente servicio. Espero continuar la esforzada y magnífica tarea realizada por el cardenal Konrad Krajewski en estos años. Quiero poner a los pobres en el centro y dejarme interpelar por su grito, que es el de Cristo. Como cristiano, como pastor, debo revelar el verdadero rostro del amor divino"[1].
El Dicasterio para el Servicio de la Caridad, según Praedicate Evangelium (79), también llamado Limosnería Apostólica, es una expresión especial de la misericordia y, a partir de la opción por los pobres, los vulnerables y los excluidos, realiza en favor de ellos en cualquier parte del mundo la obra de asistencia y ayuda en nombre del Romano Pontífice, quien dispone personalmente las ayudas que se deban destinar en casos de una especial indigencia o de otra necesidad.
Santo Toribio, un Limosnero ejemplar
En el resumen de su vida preparado con motivo del proceso de beatificación, el artículo nº 3 inquiere a los testigos cuántas veces lo han visto "predicando a una a los indios por su propia persona y socorriéndolos en sus necesidades y enfermedades a todos los pobres, dándoles largas limosnas, gastando en esto toda su renta con tanto desinterés que no sabía qué cosa era dinero ni codicia hasta quitar de su propia persona y casa lo necesario".
Publicó el Dr. Guillermo Lohmann Villena[2] las cuentas que su fiel administrador y esposo de su hermana Grimanesa, D. Francisco de Quiñones, administraba al santo. Del finiquito estudiado para 1594, sale una suma total de 165.264 pesos ensayados gastados y 158.588 ingresados, por lo que los 6.676 pesos de déficit debieron ser enjugados por su cuñado y primo Quiñones. Su inseparable escudero Sancho anotará otra cantidad: "este testigo ha visto sus libros del gasto, por ellos parece haber dado de limosna, de diez años a esta parte, a los pobres, hospitales, viudas y religiosos, más de 120.000 pesos".
Útil será advertir que el gasto indicado excede en 21.920 pesos a la cantidad expresada por su primer biógrafo, León Pinelo, para las limosnas dispensadas desde 1581 hasta 1597, lo que supone tres anualidades más. Este autor, al subrayar el desprendimiento del prelado, concluirá: "Testigo hay que le da la palma en ella [la caridad] y dice que se pudiera llamar Santo Toribio el limosnero". Uno de los declarantes en el proceso de beatificación llegó a señalar que "para tener más que repartir, moderaba su gasto todo lo posible". El propio santo lo confesaba: "... distribuyendo mi renta a pobres con ánimo de hacer lo mismo si mucha más tuviera".
Como se vive, se muere. Pobre vivió, pobre murió. Da como recompensa al buen médico lo único que le quedaba, su mula, y recuerda a sus acompañantes el compromiso de honor con su cuñado y limosnero Francisco de Quiñones de repartir entre los pobres lo que se obtenga de la venta de sus vestiduras litúrgicas. La noche no quiere acabarse, cuando tarda en romper la aurora. El enfermo sabe que es Jueves Santo, 23 de marzo de 1606 y pide ser llevado a la iglesia para recibir la Unción de Enfermos. Su capellán, Juan de Robles, con lágrimas en los ojos, no acierta a concluir. Toribio, más tranquilo, pide al prior agustino que taña el arpa. Fray Jerónimo Ramírez no se hace de rogar y acompaña el suave canto del agonizante: "A Ti, Señor, me acojo: En tus manos encomiendo mi espíritu".
[1] https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2026-03/papa-nombramiento-limosnero-papal-servicio-caridad.html
[2] LOHMANN VILLENA, G. "Santo Toribio, el Limosnero" Boletín del Instituto "Riva Agüero´´ Lima 1994, 19, 1992.
EL CRISTO DEL CONSUELO del santuario "Corazón de María" C/ Ferraz
Motivado por el triduo cuaresmal de los PP. Claretianos en la que es a la fecha mi parroquia, les comparto algunos datos de esta preciosa y devota imagen, así como del resto de las imágenes que adornan el templo.
El Cristo del Consuelo, talla del siglo XVII/XVII, en madera policromada, se atribuye al escultor barroco portugués, Manuel Pereira (Oporto, 1588 – Madrid, 1683) o a uno de sus discípulos. El Cristo del Consuelo pertenece al grupo de «tres clavos», pero guarda gran similitud con el Cristo del Olivar, del grupo de «cuatro clavos», en la posición y ángulo de los de brazos y en la idéntica expresión de serenidad del rostro, tan característica en la obra del admirado escultor portugués.
La procedencia de esta bellísima imagen y su traslado hasta el corazón del barrio de Argüelles donde se venera desde mayo de 1958, se debe a un ejemplar sacerdote de la Diócesis de Segovia, D. Jenaro García Burgos, que falleció en la capital del acueducto el 18 de febrero de 1962.
Sabemos que en la primera mitad del siglo XX se hallaba este Santo Cristo en la Casa-Palacio que el Marqués de Quintanar poseía en la plaza del Conde de Cheste, en Segovia. Fue el VIII marqués de Quintanar D. Fernando Gallego de Chaves y Calleja (1889-1974), quien, al vender dicho palacio, donó el Santo Cristo a D. Jenaro García Burgos; éste lo llevó a Velosillo (Segovia), su pueblo natal, que él regentaba por aquellos años y cuya iglesia había sido totalmente reconstruida por él.
En los últimos años de su vida, el amor y aprecio de Don Jenaro al Padre Claret y a los Misioneros Claretianos, y contando con la anuencia del Obispado de Segovia y del propio Marqués de Quintanar, le inclinaron a desprenderse de este doble tesoro: tesoro como talla artística y como reliquia claretiana, pues la tradición asegura que «habló al P. Claret mientras oraba devotamente ante la imagen en la capilla del palacio de los marqueses de Quintanar de Segovia».
Recibido este maravilloso regalo, antes de exponer la imagen a la veneración de los fieles en el Santuario del Corazón de María, fue restaurada, en 1958, por el escultor segoviano Florentino Trapero.
La imagen se encuentra en una capilla situada a los pies del templo y según reza una lápida a la entrada de la misma se puede leer:
ESTA MILAGROSA IMAGEN LLAMADA VULGARMENTE SANTÍSIMO CRISTO DEL CONSUELO se veneraba en la capilla del palacio de los marqueses de Quintanar de Segovia donde según una tradición fidedigna habló a San Antonio Mª Claret mientras oraba devotamente ante ella.
Sobre la procedencia de la bellísima imagen y su traslado hasta el corazón del barrio de Argüelles da fe otra lápida situada a la entrada de la capilla, en la jamba opuesta a la anterior, que dice:
SANTÍSIMO CRISTO DE QUINTANAR con la anuencia y generosidad del actual marqués de Quintanar Excmo. Sr. D. Fernando Gallego de Chaves ha sido donado a la Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María para su culto y veneración.
https://www.cormariaferraz.es/category/informacion/historia/
https://pessoasenmadrid.blogspot.com/2016/11/el-cristo-del-consuelo-otro-pereira-en.html
OTRAS Imágenes del templo
La Piedad. De Don Aniceto Marinas (Segovia,1866 – Madrid, 1953).
Tras tallar la Soledad al pie de la Cruz para San Millán de Segovia con el fin de promover en esta parroquia la constitución de una cofradía penitencial, «su esposa Valentina, muy devota de la Virgen, le pidió que esculpiera otra imagen mariana para que se pudiera procesionar en Madrid, desde el Santuario del Corazón de Maria, tan cercano a la casa del matrimonio Marinas y donde ambos asistían diariamente a la Eucaristía». No se sabe la fecha exacta de la escultura pero, como dice el mismo articulista, «lo cierto es que la misma debió ejecutarse entre el fallecimiento de Valentina en 1932 y el inicio de la Guerra Civil en 1936, pues Mercedes Barrios en su libro 'Aniceto Marinas y su época' nos dice que el propio Marinas restauró la imagen tras la contienda por los desperfectos que había padecido»
La Piedad de Marinas desfiló en procesión por el Barrio de Argüelles hasta que el traqueteo propio de esas prácticas dañó la imagen, lo que llevó a otro famoso escultor segoviano, discípulo en su momento de Aniceto Marinas, Don Florentino Trapero, a ejecutar en 1958 una réplica del grupo, que quedó expuesta en la cripta del mismo templo mientras que la original de don Aniceto se colocó para la veneración de los fieles en una capilla lateral del mismo.
Como todas las obras de Marinas, sobre todo las de inspiración religiosa, La Piedad «está basada e inspirada en sus propias vivencias de creyente. Solo un hombre de muy arraigadas certidumbres puede ofrecer tal expresión en las vivas imágenes que modela con evidente fuerza de convicción» (Antonio Horcajo, recogido en el artículo citado de Javier G. Núñez). Al contemplar ese grupo de La Piedad «sentimos el dolor infinito en el rostro de la Madre y la evidente muestra de vida física y vigor en su mano que sujeta contra el suyo el cuerpo muerto del Hijo. Marinas está aquí centrado en ofrecer consuelo al espíritu sencillo de las gentes con fe, dotándolas de oraciones plásticas a las que se aferran con esperanza»
Inmaculado Corazón de María. Como se ha indicado preside el altar mayor del templo actual. Es también obra del escultor Aniceto Marinas y fue realizada en los primeros años 50. En ella, como en el grupo de La Piedad, se percibe todo el mundo interior y de espiritualidad de su autor, persona «de carácter tranquilo y afable», según le describen quienes le conocieron.
María Ana Allsopp y el Padre Méndez, fundadores de las Trinitarias, las locas del obelisco, dos vidas de película
Anoche pude gozar del estreno de la película, cien por cien recomendable, y esta mañana he podido orar ante las reliquias de los fundadores, hoy venerables, en la calle Marqués de Urquijo 18, del distrito de Argüelles, Madrid. Gracias al Señor por tanto don concedido al Madrid del novecientos, tan necesitado de nuevos samaritanos que encarnasen el Evangelio y aplicasen la Doctrina Social de la Iglesia, y nos encomendamos a los venerables Francisco de Asís Méndez y María Ana Allsopp para que siga vivo este atractivo carisma con nuevas vocaciones Trinitarias.
Les comparto información acerca de la película, así como de la vida y misión de los protagonistas reales.
(Imágenes de la Casa Madre)
I. LA PELÍCULA
Pablo Moreno, director de 'Las locas del Obelisco': «La labor de estas mujeres era una absoluta locura»
Elena Martín Tascón12 de marzo de 2026
El cineasta reivindica en su nueva película la «locura trascendental» de quienes abrieron camino en la protección de víctimas de trata, un conflicto que 141 años después sigue exigiendo respuestas y visibilidad en nuestra sociedad
Este viernes 13 de marzo llega a las salas de cine Las locas del obelisco, la nueva apuesta del cineasta Pablo Moreno. El director regresa a la gran pantalla para rescatar la historia de María Ana Allsopp y el Padre Méndez en el Madrid de finales del siglo XIX. Un relato sobre la fundación de las Hermanas Trinitarias que profundiza en la lucha contra la explotación de la mujer.
Hablamos con Moreno sobre este estreno, la vigencia social de su mensaje y el fenómeno de un cine católico que, lejos de ser un nicho, vive hoy un resurgir imparable en la taquilla global.
—El título de la película es algo descolocante, ¿por qué decidieron llamarla así?
—Queríamos un título provocador y que sacudiese un poco a la persona que ve la película y que fuese también transgresor. Realmente era el insulto con el que las llamaban a ellas a finales del siglo XIX: las locas del Obelisco. No es que fuese algo superoriginal, porque ellas estaban en la calle del Obelisco y decían que eran unas locas porque tenían la puerta de la casa abierta 24/7, como diríamos hoy, y acogían a prostitutas, a mujeres víctimas de trata, abusos y violencia, chicas difíciles, gente de la calle o que salía de la cárcel.
Entonces, a ojos de la sociedad, la labor de estas mujeres era una absoluta locura. Pero su locura, que es lo que a nosotros nos interesa por el título, es una locura distinta: es una locura trascendental, es la locura de Cristo. Nos pareció que el nombre podría ser interesante, sobre todo porque dejaba a la gente descolocada.
—La película aborda un problema que sigue teniendo mucho peso en nuestra sociedad actual, ¿qué tiene que decirnos a nosotros a día de hoy?
—Pues, por desgracia, mucho. Porque, como bien dices, es un problema que se sigue dando hoy, no solo en España o en Europa, sino a nivel mundial, en todos los continentes. Es lo que dicen, el oficio más antiguo del mundo, y muchas veces en situaciones de privación de libertad.
Nosotros contamos la historia de cómo comenzó esta historia hace 141 años, pero por desgracia hoy están extendidas en los cinco continentes, porque su labor sigue siendo necesaria.
—En la película, todos los personajes tienen sus luces y sus sombras, incluso los que podríamos considerar los «malos». ¿Cómo ha sido tratar de representar tanta variedad?
—No queríamos hacer una película maniquea, donde los malos son malísimos y los buenos son buenísimos. Queríamos hacer una película lo más honesta posible y que estuviese atravesada por la humanidad.
Es verdad que el personaje antagonista, la madame, en el fondo piensa que está ayudando a las chicas: «Yo les doy un trabajo, ellas tienen que pagar un precio, evidentemente, que es la prostitución, pero yo les doy un techo, les doy sustento, las cuido…».
Queríamos que fuese una película poliédrica, que tuviera muchos lados, muchas caras, y que los personajes fuesen lo más profundos posible.
—¿Cómo ha sido trabajar con las trinitarias?
—Ellas han formado parte de todo el proceso desde el minuto uno. Nosotros, como empresa, trabajamos con las congregaciones desde la idea hasta la postproducción. Es decir, que ellas formen parte de todos los eslabones de la cadena y que puedan ver y conocer cómo se hace una película.
Su implicación ha sido absoluta. Primero, porque nos han dado mucha libertad, y nosotros hemos contado con ellas para todo lo que ha tenido que ver con la documentación y con todo lo que habla de su carisma. Yo les hacía una pregunta constantemente: «¿Vosotras os veis representadas en la película?». «Sí, nos vemos reflejadas». «Pues entonces vamos bien».
Algunas de ellas incluso han salido representando a las primeras trinitarias. Se han puesto el hábito de actriz y han salido a escena a compartir también con todos los actores. Eso produce una relación muy bonita en el equipo técnico y artístico, porque mucha gente que llega a un rodaje no tiene ni idea de lo eclesiástico, de la Iglesia. En ese sentido, a nosotros nos gusta compartir y que la gente de los equipos vea que estas mujeres son personas normales, como cualquier otra, pero que hacen algo absolutamente extraordinario y que han optado por una vida de entrega absoluta.
—Su filmografía está llena de santos o grandes figuras de la Iglesia. ¿Por qué decide apostar por esas historias en vez de por otras que podrían ser más comerciales?
—Yo creo que es algo vocacional. Hace más de 20 años, viendo una película sobre Teresa de Calcuta, sentí algo curioso en el momento en el que ella siente su vocación en una estación rodeada de pobres, de gente de la calle. Me conmovió profundamente.
Yo estaba estudiando cine y entendí que quería hacer algo que ayudase a otras personas a encontrar también su vocación. Desde entonces hemos tenido siempre una sensibilidad especial a la hora de hacer este tipo de historias. Y luego también ha habido una parte de casualidad. Hacemos una película, funciona, y te llaman congregaciones o grupos religiosos que quieren ver a sus fundadores o su carisma en pantalla.
—¿Cuál es el principal reto a la hora de contar esas historias?
—Bueno, lo primero es no caer en las hagiografías. No podemos hacer cine hagiográfico, eso no funciona. Además de no funcionar, es falso en algunos aspectos y no ayuda. Hay que contar las historias con verdad y con honestidad, hablando de las bondades y las miserias de cada uno, porque todos tenemos un mal día, todos tenemos defectos y virtudes, y eso nos confiere el estatus de ser humanos.
Lo que queremos es contar la vida de santos y santas que, antes de serlo, eran personas con las que nos podemos identificar. Hace unos años, con el auge del cine de superhéroes, hablábamos de que la gente veía ese tipo de cine porque en el fondo buscaba una referencia de alguien que cambiase el mundo desde la perspectiva del bien.
Realmente, los santos son esas referencias. Contar historias de tantísimos hombres y mujeres que han hecho cosas extraordinarias por el mundo y por la Iglesia es, de alguna manera, ofrecer a la sociedad un referente más. Es sumar, construir un poquito más de civilización.
—¿Cree que el resurgir del cine católico es algo real o simplemente una moda pasajera?
—No me gusta hablar de esto en términos de moda, porque si hablamos de moda, lo estamos condenando a que desaparezca en breve. Sí que me gustaría creer que hay algo, que hay algún brote verde creciendo en algún lugar. Es verdad que hay una mayor sensibilidad y una mayor apertura.
Si consiguiésemos que personas creyentes y no creyentes pudieran dialogar y razonar, que el creyente pudiera sacarse la cruz por fuera y hablar de su fe sin miedo al ostracismo y al rechazo, con eso ya habríamos ganado mucho. Sería algo extraordinario.
—El otro día tuvieron un breve encuentro con el papa León XIV, ¿qué les dijo?
—Pues la verdad que el Papa dijo poco, porque nosotros no lo dejamos hablar. Enseguida nos pusimos a presentar y no le dejamos casi intervenir ni aportar, pobre hombre. Pero fue muy emocionante. Le entregamos la primera copia de la película y para nosotros fue también un momento simbólico, porque entregar la película al papa en Roma, que es el corazón de nuestra cristiandad, de alguna manera es el inicio de otro camino.
Ya nos desprendemos de la película como el padre o la madre que despide al hijo que se va de casa. Y ahora ya no es nuestra. Con ese pequeño gesto, la peli ya es de la gente que vaya a verla. Las películas tienen una vida muy larga, probablemente superará nuestras vidas y estará por ahí, en algún lugar, mucho tiempo después.
Entonces hay una responsabilidad grande, pero también hay una gran ilusión, y estamos muy contentos y agradecidos.
II. LA FUNDADORA. MARIANA ALLSOPP Joaquín Martín Abad 12 de Abril de 2018 https://alfayomega.es/mariana-allsopp/
María Ana Allsopp González-Manrique vino desde México a Madrid en mayo de 1864. Nació en Tepic en 1854 del matrimonio contraído en 1852 en Madrid por Juan Francisco, diplomático inglés que luego se afincó en México como director de una fábrica de tejidos y apoderado de ferrocarriles, y de María Ana, de noble familia española, pues su bisabuelo materno había sido virrey en Granada y su bisabuela estaba emparentada con la familia Loyola, de san Ignacio.
Cuando quedó huérfana de madre en 1862, su padre envió a sus cinco hijos a España, para que estuvieran bajo el cuidado de su abuela materna. Vinieron a bordo de una fragata inglesa desde México a Canadá y después a Francia. En París, a sus 10 años y solo con ver por la calle a las Hijas de la Caridad, le surgieron indicios de vocación religiosa. Y llegaron a Madrid.
En el real colegio de Santa Isabel, dirigido entonces por las escolapias, hizo su Primera Comunión en 1865. De joven se empleó, como escribe su primer biógrafo, Pereda, «en obras de celo, visitando enfermos, adoctrinando niños y adultos, recorriendo parajes miserables y rezando en los templos», en el Hospital General y en las Escuelas Dominicales.
Durante una fiesta palaciega en 1876 notó la vaciedad de su corazón y se le despertó la pasión de entregar toda su vida. En 1882 vivía en la calle Lepanto, próxima al monasterio de la Encarnación, donde oía Misa y se confesaba con el venerable Francisco Méndez Casariego, párroco de la parroquia real.
Cuando María Ana le manifestó su búsqueda de Dios y de consagración y don Francisco le reveló su proyecto de un instituto religioso femenino para atender y promover a las jóvenes desasistidas y maltratadas, le respondió: «Yo tomaré parte en esa fundación». Tanto, que Mariana de la Santísima Trinidad fue cofundadora del instituto de Hermanas Trinitarias, comenzando en una Misa —con ella y otras cinco jóvenes más— el 2 de febrero de 1885 en la Encarnación.
Se le debe el rápido desarrollo del instituto por España e Hispanoamérica. Murió en Madrid en 1933 y, por el testimonio de su vida, aquí se abrió la causa de canonización en 1999, cuya positio espera el paso por los respectivos congresos de la Congregación romana.
Sus restos reposan junto a la capilla de las Hermanas Trinitarias (calle Marqués de Urquijo, 18).
Mariana Allsopp, una venerable entre las prostitutas de Madrid
https://alfayomega.es/mariana-allsopp-una-venerable-entre-las-prostitutas-de-madrid/
Pertenecía a la alta sociedad, pero ese mundo no le convencía. En 1885 fundó a las hermanas trinitarias y dedicó toda su vida a atender a las mujeres en situación de vulnerabilidad. El Papa reconoció sus virtudes heroicas en mayo
José Calderero de Aldecoa 27 de Octubre de 2022
El pasado mes de mayo el Papa Francisco reconoció las virtudes heroicas de Mariana Alssopp, fundadora de las Hermanas Trinitarias, quien dedicó todas su vida a las mujeres en situación de vulnerabilidad. «Para nosotros es una muy buena noticia la declaración como venerable de madre Mariana porque así nos ayuda a darla a conocer para que otras personas se enriquezcan de su legado. Estoy convencida de que mucha gente se va a poder beneficiar de la luz que irradió», explica la trinitaria Belén Berjillo, directora de la Fundación Mariana Allsopp.
Para celebrar el decreto del Santo Padre, la catedral de la Almudena acogerá este viernes 28 de octubre, a las 19:00 horas, una Misa de acción de gracias que será presidida por el arzobispo de Madrid, cardenal Carlos Osoro. Aunque nació en México en 1854, la nueva venerable vivió toda su vida, prácticamente, en Madrid y es en esta ciudad, de hecho, donde está la casa central de las religiosas.
Allsopp se trasladó a la capital de España tras el fallecimiento de su madre y aquí fue criada por su abuela materna, que tenía una buena posición económica. «El mundo de la alta sociedad no le terminaba de convencer y, por ello, solía frecuentar el hospital de San Juan de Dios». Allí acudían también muchas jóvenes que habían ejercido la prostitución. «y esta realidad a Mariana le inquietaba. Aspiraba a darle una respuesta», asegura Berjillo.
La oportunidad surgió tras hablar con su confesor, el padre Francisco Méndez. «Él también se encontraba con estas mujeres en la calle, y con algunos golfillos», de camino a la catedral de San Isidro, donde era canónigo. «Quería montar un hogar para acoger a estas personas» y, finalmente, ambos fundaron a las hermanas trinitarias el 2 de febrero de 1885.
Una época, según la directora de la fundación, en la que «hubo un boom de congregaciones». El problema era que todas estaban cerradas cuando las prostitutas necesitaban ayuda. «Estas mujeres solo podían huir de los prostíbulos por la noche, pero las demás casa religiosas estaban cerradas». Por eso, «nuestro carisma redentor, libertad, nos lleva a tener la puerta siempre abierta para acoger sin condiciones a cualquier chica, a cualquier hora del día, o de la noche, que llegara a nuestra casa», subraya la hermana.
Además de la acogida, las trinitarias hacían talleres de imprenta, bordado, lavandería, etc, con las chicas, que así «aprendía un oficio para valerse por ellas mismas una vez que salieran de nuestra casa». Por toda esta labor, Allsopp podría ser considerada una feminista del siglo XIX. «Lógicamente, en aquel tiempo esa término no se utilizaba, pero ella, efectivamente, fue pionera en la lucha por la igualdad y del empoderamiento de la mujer. Era algo con lo que soñaba», revela Berjillo.
En la actualidad, las hermanas siguen atendiendo y dando una oportunidad a todas esas jóvenes que se encuentran en una situación de exclusión o de riesgo social. Lo hacen a través de la Fundación Mariana Allsopp, en la que está unificada desde 2017 toda la acción social de las religiosas. «Tenemos sede en todas las provincias en las que están las trinitarias, y también en México, en Uruguay, en Argentina, en India, Kenia e Italia», detalla la directora de la entidad.
----------------------------------------
III. EL FUNDADOR: FRANCISCO DE ASÍS MENDEZ CASARIEGO, FUNDADOR
Un hombre para los demás
El padre Francisco Méndez nació en Madrid en el año 1850. Fue un sacerdote conocido en su tiempo como "el padre de los pobres", un hombre sabio y sencillo, que dedicó su vida a los demás. Fundador del Instituto de las Hermanas Trinitarias y del Hogar de Portacoeli, quiso terminar sus últimos años dedicado totalmente a los niños más pobres y abandonados de Madrid. Vivía modestamente, por opción personal, pero tenía un corazón enorme y un amor tan grande a Dios y al prójimo, que transformó la vida de muchos.
Pionero en la acción social
Don Francisco Méndez vivió la entrega total a Dios al y prójimo, por amor, y acabó siendo pionero de la acción social tanto en favor de las jóvenes explotadas y excluidas, como de los niños pobres y abandonados.
A finales el siglo XIX, Madrid era una ciudad donde muchos niños vivían en condiciones extremas: dormían en las calles, portales o donde pudieran refugiarse, sin escuela ni familia. Don Francisco no se limitó a darles un techo o comida; su mirada era profunda y transformadora: quería que cada niño aprendiera un oficio, conociera sus derechos, y desarrollara su dignidad, responsabilidad y autonomía.
Precursor de la educación integral para los pobres
Fue un precursor de la educación integral precisamente allí donde nadie lo intentaba ni lo creía posible. Mujeres que estaban en la cárcel, o en hospitales de enfermedades que se consideraban incurables, y niños que vivían en la calle, tenían acceso a una formación de calidad, regenerativa e integral. Para las jóvenes y los niños de la calle levantó una casa donde, además de un hogar tenían la oportunidad de trabajar por sus sueños; creó centros educativos, promovió talleres, y puso en marcha una ingente obra, pionera en su tiempo; una obra en la que hoy aún podríamos inspirarnos.
Caridad y gestión
La obra iba más allá de la caridad: se trataba de formar personas capaces de salir adelante por sí mismas. Entendió que la obra social no podía depender de la buena voluntad de la gente: buscó aprobación legal, financiación y colaboración, siempre asegurando que la obra fuera sostenible y mantuviera su espíritu y su propósito original.
Un educador ejemplar
Don Francisco combinaba pasión y rigor. Cada decisión estaba guiada por el amor al prójimo y la fe, pero también por un sentido práctico y organizativo: seleccionaba cuidadosamente a los profesionales, los formaba él mismo, y supervisaba cada taller, cada aula, cada actividad. Creía que la verdadera transformación social comenzaba por el ejemplo, y él mismo preparaba a quienes iban a formar y acompañar a los más vulnerables.
Lo más admirable es verle en sus últimos años, cuando ya estaba enfermo y débil, saliendo a buscar a los niños necesitados en los barrios más pobres de Madrid. Su vida fue un testimonio de compromiso total: no solo hablaba de justicia y educación, sino que encarnaba lo que decía con su dedicación, su esfuerzo y su amor.
Visionario en la emancipación de la mujer
En España fue un verdadero innovador en la promoción de la mujer. Profundamente sensible a su dignidad, en una época histórica en la que esa dignidad no siempre era reconocida ni social ni eclesialmente. Su defensa de la mujer no fue ideológica ni reivindicativa, sino evangélica, concreta, profundamente humana, y eficaz.
Ante todo, el Padre Méndez creyó en la mujer. Creyó en su capacidad espiritual, en su inteligencia, en su fortaleza interior y en su papel insustituible en la sociedad y en la Iglesia.
Innovador en el papel de la mujer en la Iglesia
Cuando fundó las Hermanas Trinitarias, no solo buscaba religiosas devotas: quiso mujeres formadas, libres y capaces de liderar proyectos edificantes. Mujeres capaces de enseñar, dirigir obras, administrar hogares y talleres, centros educativos y proyectos pioneros para la formación integral. Quería mujeres valientes, capaces de arriesgar, de salir a las calles, de enfrentarse a cualquier dificultad y superarla. Capaces de educar en la adversidad, como verdaderas, creyendo en la autonomía y libertad de las mujeres excluidas y sin recursos.
La mujer como portadora de esperanza
El padre Méndez vio en la mujer una portadora privilegiada de esperanza y redención. Confiaba en su capacidad para humanizar los ambientes más duros, sostener la fe en tiempos de prueba, y transmitir ternura, firmeza y fidelidad evangélica.
Con las jóvenes que acogían en casa su objetivo era formar mujeres preparadas para ser dueñas de sus vidas, capaces de luchar por una sociedad más justa, de liderar el nacimiento de un mundo mejor, donde nadie quedara excluido del progreso, donde toda persona sea respetada, y a nadie se le arrebate la libertad que le pertenece. Lo creía y lo promovió, mucho antes de que esto se considerara urgente en la sociedad española.
Una mujer esencial en su vida. Madre Mariana
El padre Méndez sabía que sin la mujer, su carisma no habría tomado cuerpo, ni podría desarrollarse. De hecho, sin ellas no habría comenzado ni llegado donde hoy lo contemplamos. Cuando conoció a madre Mariana, él había visto la necesidad, había recibido la Inspiración, tenía un sueño, y lo había intentado. Pero hasta que ella no puso en marcha el proyecto, no salió adelante.
Su legado y un mensaje para hoy
El legado del Padre Méndez no está en edificios ni en riqueza, sino en vidas transformadas, oportunidades dadas a los olvidados y un ejemplo de entrega, fe y coraje que sigue vivo hoy. Para quienes hoy se dedican a obras sociales, don Francisco es un modelo de cómo la acción social puede ser integral, digna y sostenible. Nos recuerda que el verdadero cambio requiere educación, organización, oportunidades reales, liderazgo femenino y compromiso con los más vulnerables, y que nada de esto se consigue sin entrega personal, pasión por la justicia y sensibilidad social.
En su legado vemos que la educación y la obra social no son sólo servicios, sino instrumentos de liberación y empoderamiento, especialmente de quienes más lo necesitan: niños, jóvenes y mujeres. Don Francisco nos enseña que todo compromiso social, para ser auténtico y duradero, debe ir de la mano de la dignidad, la formación y la confianza en las capacidades de las personas.
Francisco de Asís Méndez Casariego
Madrid, 21.VI.1850 – 1.IV.1924. Sacerdote secular, fundador del Instituto de Religiosas Hermanas Trinitarias.
Hijo del pintor de cámara Simón Méndez y Andrés, y de Antonia Fernández Casariego. Su madre utilizó su apellido materno, y con éste fue registrado Francisco de Asís, que recibió este nombre en homenaje al Rey consorte de la Reina Gobernadora, padrino en el bautizo —representado por la duquesa de la Conquista—.
Nació Méndez Casariego en la madrileña plaza del Conde de Barajas, junto al palacio de la Bula de la Cruzada.
Desde muy joven integrado en asociaciones religiosas, y cuando parecía predestinado a estudiar una ingeniería, se matriculó en Derecho, una vía entonces normal —Madrid aún no tenía seminario— para el acceso a la carrera eclesiástica. Licenciado en Derecho y en Teología, se ordenó como presbítero el 19 de septiembre de 1874. Las buenas relaciones paternas con la Casa Real hicieron que en febrero de 1875 fuera nombrado coadjutor de la real parroquia, pasando a ser párroco en julio de 1978. En 1881 recibió título de capellán de honor de Su Majestad, título meramente honorífico pero que le permitió un interesante núcleo de relaciones. No obstante, cesó como párroco en agosto de 1885, en contra del parecer del Rey, que inmediatamente —noviembre del mismo año— le nombró canónigo de la recién creada catedral madrileña.
Estudioso de la doctrina social de la Iglesia preconizada por León XIII, ésta le llevó a fundar, junto a Mariana Allsopp, el Instituto Trinitario. En el Boletín Diocesano de fecha 20 de febrero de 1888 se hizo público haberse aprobado las Constituciones del Instituto, en el que pocos meses después tomaron el hábito las primeras novicias, que hicieron los votos perpetuos en mayo de 1907. La institución había sido aprobada por el Vaticano en abril de 1901. Años después (1904), quedó agregado a la Orden Trinitaria.
"[...] Dios os ha traído y ha fundado en su Iglesia el Instituto Trinitario para que, a semejanza del cielo, cuyas puertas están abiertas para el pecador que contrito llega a ellas, así en la tierra hubiera una siempre abierta, entendedlo bien, una puerta siempre abierta para la jovencita que del vicio quiere salir y que de él quiere preservarse [...]", dice en una epístola al Instituto.
El carisma de la nueva casa queda sintetizado en la máxima de Méndez Casariego: "El trabajo para mí, el producto para el pobre y la gloria para Dios".
Iniciado el siglo xx se hallan las hermanas trinitarias establecidas en cerca de cincuenta casas, repartidas, además de en España, en Italia, Argentina, Guatemala, México y Uruguay.
Con ayuda de las hermanas trinitarias, y de algunos particulares, fundó en el año 1914, en su inicio, con la autorización verbal del obispo Salvador y Barrera (26 de diciembre de 1914), en el entonces barrio de Chamberí, en el ensanche madrileño, la casa de acogida Porta Coeli, centro educativo, mediopensionista e internado, dedicado a jóvenes abandonados por la sociedad. El 19 de marzo de 1915 se dio acogida a los primeros muchachos, entre mendigos y delincuentes, clase social muy abundante en aquellos años en todas las grandes ciudades, cuyo porvenir estaba garantizado en la delincuencia en mayor escala. Allí, con independencia de que fueran tratados como personas, recibían una formación que los capacitaba para integrarse en la sociedad que les había cerrado las puertas.
El 2 de abril de 1993, ante Juan Pablo II, fue leído el decreto firmado por el cardenal prefecto de la Congregación: "Que consta de las virtudes teologales de Fe, Esperanza y Caridad para con Dios y el prójimo, así como las cardinales de prudencia, justicia, templanza y fortaleza y sus anejas, en grado heroico, del Siervo de Dios Francisco de Asís Méndez Casariego, sacerdote, canónigo de Madrid, fundador del Instituto de Hermanas Trinitarias".
Bibliografía
T. Rojo, El buscador de perlas. Vida del Siervo de Dios M. I. Sr. D. Francisco de Asís Méndez Casariego, Madrid, Imprenta Asilo de la Santísima Trinidad, 1935
A. Coll Pérez y T. Zamalloa, Posiciones y artículos para el Proceso Cognicional sobre la vida y virtudes del Siervo de Dios Francisco de Asís Méndez Casariego, Roma, 1981
A. Barrios Moneo, ¿Quién es mi prójimo? Francisco de Asís Méndez Casariego, Madrid, Hermanas Trinitarias, 1981
Congregatio pro Causis Sactorum, Positio super virtutibus, Canonizationis servi Di Francisci Assisii Méndez Casariego, Roma, 1988
Congregatio de Causis Sactorum, Congressus peculiaris super virtuitibus, Canonizationis servi Dei Francisci Assisii Méndez Casariego, Roma, 1992
F. Fernández López, Patrimonio espiritual de las Hermanas Trinitarias. Identidad: espiritualidad y misión en la Iglesia, Madrid, 1994
J. Martín Abad, Francisco Méndez Casariego, Madrid, Hermanas Trinitarias, 1995.
Autor: Luis Miguel Aparisi Laporta
https://historia-hispanica.rah.es/biografias/30353-francisco-de-asis-mendez-casariego
AYUSO OTEO, Jesús A la búsqueda y encuentro con la sabiduría
(Madrid, Huerga y Fierro Editores, 2025, pp.273)
Gracias a Ana, hermana de Jesús, podemos gozar de los escritos del joven Jesús Ayuso, así como del encanto de su ejemplar vida al calor de la Milicia de Santa María. Él fue un primer fruto de la Operación Instituto del Arzobispo de Madrid, Mons. Casimiro Morcillo, que buscaba la evangelización de los estudiantes de secundaria, especialmente en los centros públicos o institutos de bachillerato.
En el entrañable prólogo redactado por Ana se nos aclara que se debe a uno de los escritos del autor: "Dios por su infinita perfección, omnipotencia, es sabio, inteligente. Entonces es Él el unico sabio, en sentido absoluto. El es Sabiduría. Inteligencia. Ahora bien, el que tenga a Dios o lo posea, ése es sabio, porque posee a la Sabiduría, pues el decir Dios, es lo mismo que decir sabiduría" pp.11-12
Cinco minutos antes de su muerte en aquel fuego de campamento de Gredos, había dicho a sus compañeros de escuadra: "Una vez que he encontrado a Dios, lo demás, todo me sobra" p.12
Nacido en Ucero (Soria) en 1951, conoció la Milicia de Santa María cuando estudiaba en el Instituto Cervantes, COU, en1971, gracias a unos Ejercicios Espirituales, que fueron para él un encuentro feliz y definitivo con un Dios vivo. Gracias al grupo de jóvenes vivirá seis meses de intenso compromiso vital, en la familia, estudio, sus amigos, desde la participación total en sus actividades. Todo culminó en el Campamento de Gredos, cuando en una actuación en el fuego de campamento cayó desmayado y murió. Por decisión de sus padres fue enterrado allí, en el cementerio de Navarredonda de Gredos. En su tumba se inscribieron las palabras del himno "¡Cielo azul!" que con tanto entusiasmo cantaba: "¡Qué más gloria que ser mártir a mayor gloria de Dios!". Y sus padres añadieron: "Nació para morir el 3-1-1951. Murió para vivir el 3.7.1971"
Su hermana escribe: "A mi modesto entender su escrito "que me caiga en este fuego" puede interpretarse como "que me caiga en este fuego de Amor de Dios" por lo que el Fuego de Campamento, junto al que cayó muerto, puedo ser un símbolo del Amor de Dios, y su morir de pie, en presencia de tantos muchachos, la realización de su promesa de inmolarse por ellos" p.15
La obra ofrece una excelente edición, con textos claros de leer y bien ilustrados con fotos.
Arranca con el prólogo, 9; sigue la publicación completa de la separata de la Revista ESTAR (nº 22, agosto 1971) (Carta de Abelardo, Casimiro, P. Fernando, impresiones de la marcha a La Barranca -13.6.71-, al Alto de los Leones -20.6.71-, retazos del cuaderno de clase, recuerdos familiares de su hermana Ana (17-40), transcripción de las dos libretas "Notas, Espiritual" (41-118), fotocopias y transcripción de un escrito (119-134), título de bachiller superior, conversación con su madre y cuatro recuerdos (135-144), fotocopias de originales (145-152), otros escritos de Jesús Ayuso ( ensayos para asignaturas, cartas, apuntes personales…) (153-273)
Magnífico homenaje con motivo de los 75 años de su nacimiento y 55 de su partida para el Cielo.
III Foro de diálogo y estudio sobre el perdón y la reconciliación
La urgencia y oportunidad de una mirada posible
Este lunes 9 de marzo por la tarde, con ponentes de calidad y un entusiasta público que llenó el Salón de Actos de la Universidad Pontificia de Comillas, se desarrolló el interesante encuentro que puso en vitrina el perdón como foco. La iniciativa surgió en diciembre del 2024 de la acción conjunta de la Oficina para las Causas de los Santos de la CEE y el Instituto de espiritualidad de Comillas.
Abrió el Foro el P. Eduard López Hortelano, SJ, Director del Instituto de Espiritualidad, quien brindó el saludo de acogida a los asistentes y coordinó la mesa presidida por el Dr. Ángel Cordovilla, Decano de la Facultad de Teología (Universidad Pontificia de Comillas), quien rescató el reciente magisterio jesuítico sobre la reconciliación y la justicia, tanto como regalo de Dios como servicio a la persona; le acompañaba Mons. Vicente Martín Muñoz, Obispo Auxiliar de Madrid, quien destacó que el perdón no se improvisa y cómo se puede vivir y morir perdonando.
Presentó y encuadró el evento, Lourdes Grosso García, M.Id, Directora de la Oficina para las Causas de los Santo, quien invitó a orar por el fruto del mismo, agradeció por los 25 años de la Oficina y el apoyo recibido por diferentes Movimientos, destacando la propuesta sobre el perdón como una gran oportunidad, especialmente al presentar los gestos de los santos y mártires, auténticos héroes del perdón.
La sesión central incluyó la conferencia-coloquio titulada 'Sobre el perdón y la reconciliación desde una perspectiva psicológica: resolución de conflictos en las relaciones interpersonales', impartida por María Prieto Ursúa, doctora y profesora ordinaria de Psicología en la Universidad Pontificia Comillas. En la misma ofreció un concepto integral del perdón, entendido no como derecho sino como una obligación o decisión, superando conductas y formulaciones engañosas. Entre las interesantes claves o pasos para el perdón se refirió a reconocer el daño, la decisión de perdonar, contextualizar el perdón, aceptar el dolor, armonizar la reconciliación y el perdón.
Tras un descanso, el programa continuó con un espacio de testimonios vivos y reales transmitidos por don José Luis Segovia Bernabé, vicario episcopal de Pastoral de la archidiócesis de Madrid, y pionero en los encuentros de justicia restaurativa, y su reflexión testimonial '¿Se puede perdonar lo imperdonable?'; seguido del no menos emocionante relato de don Andrés Nájera Ceacero, delegado de las Causas de los Santos de la diócesis de Jaén, quien se refirió al 'Perdón y reconciliación en los beatos mártires de Jaén', con ejemplares anécdotas de algunos de los 124 mártires, uno de ellos nacido precisamente en su misma casa.
El encuentro concluyó con la presentación de propuestas por parte del equipo coordinador del foro en la persona de don Fernando del Moral quien compartió un Manifiesto encaminado a darle continuidad a la interesante temática del perdón y de la reconciliación desde el magisterio eclesial y renovadas perspectivas.