CUANDO LOS JÓVENES ILUMINAN NUESTRAS NOCHES
Estreno del musical "Una luz en la oscuridad" en Getafe
Estrenado en inglés en Gales, anoche, pudimos gozar como primicia en España el musical 'Una luz en la oscuridad'. Se basa en la experiencia vital de J. R. R. Tolkien, el autor de El Señor de los anillos, quien sufrió la traumática experiencia de la primera Guerra Mundial, con la pérdida de sus mejores amigos en la batalla de Some. Sólo a través de la literatura, la fidelidad a sus ideales y su fe, conseguirá superar el trauma y dar al mundo un mensaje de esperanza.
El grupo de jóvenes de la Milicia de Santa María -entre los 15 y 18 años- sigue la senda de los musicales dedicados a San Pablo, "Hijos de la Libertad", las Obras de Misericordia, "Contigo", a Ignacio Echeverría, héroe del monopatín, quiere acercar, también por medio de la música, la figura de uno de los literatos universales más relevantes de nuestro tiempo, el inglés y católico J. R. R. Tolkien.
La presentación corrió a cargo de su director, Javier Segura, quien destacó que, aparte del valor literario de aproximarse a la figura de Tolkien, el musical obedece a un proyecto educativo, con un rotundo mensaje de esperanza a los espectadores, pero sobre todo como oportunidad de "crecimiento» a sus protagonistas, adolescentes y jóvenes, que ponen a prueba el desarrollo de sus capacidades humanas y artísticas, al ponerse sobre el escenario para cantar, bailar y hablar en inglés, como sucedió en Gales. Otro objetivo y muy claro, es que les sirva para «evangelizar a través del arte». Y, señalo yo, la creación de un grupo de amigos dispuestos a dar lo mejor para la salvación del mundo. No en vano se repetía como ritornelo o estribillo "la belleza salvará al mundo". Verdadera emoción creó la tonadilla "Tanto para soñar, tanto por vivir, sueños que contar, y vivir para servir", coreado por los cientos de participantes.
Como motivación de la velada, intervino puntualmente la psicóloga Gloria Howard, quien acogió al grupo de jóvenes en Gales y al mostrar su inquietud por la salud mental de los jóvenes, su fragilidad, sus heridas que llevadas al extremo terminaban en alarmante aumento de suicidios, apoyó en la revisión revisión del guión. Cabe destacar el acompañamiento de la orquesta dirigida por Miguel Ángel Gómez González-Vallés, creador de la la sinfonía La música de los Ainur, Inspirada en el libro Ainulindalë, primera parte de El Silmarillion, que recoge la creación del mundo por parte de Eru (Dios) a través de la música, y cómo interviene en ello Melkor, una figura diabólica. Es de agradecer el esfuerzo tenido para subir a Spotify las 19 canciones del musical https://open.spotify.com/intl-es/album/2jSD0nE3ZdlnVMZThZhl7H
El guión -elaborado por Javier Segura- se basa en la biografía de Tolkien que enfatiza su experiencia en la Primera Guerra Mundial, su bloqueo personal y cómo salió de ello. El relato del musical cubre varias épocas de su vida, engarzadas en un momento de madurez cuando, durante la segunda contienda global, «está escribiendo lo que sería El señor de los anillos y escribe a su hijo Cristopher», que está combatiendo. Se trata de un momento en que «le vienen como fantasmas del pasado todos los recuerdos de la guerra» y de la pérdida de dos de sus amigos más cercanos. También está «mirando atrás» y viviendo la «tentación de pensar que la juventud era un tiempo de idealismo pero llega el momento de ser maduro y realista y abandonar esos ideales». El pasaje de la Ciénaga de los Muertos refleja la batalla del Somme, cuando se encontró con 20.000 muertos en el campo de batalla.
Como refirió el propio Javier Segura. agradeciendo a los protagonistas en mensaje personal, al culminar las dos sesiones, "la gente salió tocada ayer y estoy seguro de que se hizo mucho bien. Pero el mayor bien es para nosotros pues esta es una ocasión de entrega y servicio al estilo de Jesús de Nazaret. Seguimos sus huellas".
Gracias, jóvenes de la Milicia de Santa María, gracias profesores de la Delegación de Enseñanza de Getafe, gracias músicos y artistas, que nos brindasteis tan bello espectáculo y nos lanzasteis con ganas a compartir la esperanza que salvará al mundo. "Tanto para soñar, tanto por vivir, sueños que contar, y vivir para servir"
José Antonio Benito
https://venyveraseducacion.com/musical-una-luz-en-la-oscuridad-tolkien/
Tuve la suerte de conversar un buen rato con el P. Maximino, en compañía del P. Ildefonso Murillo, en el 2009, en su Casa de Salamanca, donde me mostró con generosidad y sencillez alguno de sus murales, testimonio de su pasión misionera, a lo Claret, al calor de la teología popular del Vaticano II, Medellín, a la que puso su celo sacerdotal y su creatividad. Mi oración agradecida por su vida entregada y mis condolencias a sus familiares y claretianos. Les comparto algunos artículos dedicados a su memoria.
Muere el misionero asturiano Maximino Cerezo Barredo, el artista de la Teología de la Liberación
El religioso, nacido en 1936 en Villaviciosa, fue el referente del arte religioso y social en América Latina de la segunda mitad del siglo XX. En España, destacan los capillas y salas comunes del colegio Corazón de María, de Gijón
D. Espina
Sábado, 21 de febrero 2026
El misionero asturiano de la orden claretiano y artista Maximino Cerezo Barredo, conocido universalmente como Mino, falleció en la tarde del 20 de febrero en la comunidad claretiana de Colmenar Viejo (Madrid), a los 93 años. Nacido en 1932 en Villaviciosa (Asturias), descubrió desde muy joven en el dibujo una forma natural de comprender y expresar el mundo. Realizó sus primeros estudios en su localidad natal y posteriormente cursó el bachillerato en el colegio Corazón de María de Gijón, donde comenzó a tomar forma su vocación religiosa. Ingresó en la congregación en 1950 y emitió sus primeros votos en 1951, tras el noviciado en Salvatierra.
Completó su formación en Filosofía y Teología en Santo Domingo de la Calzada y fue ordenado sacerdote el 7 de septiembre de 1957. Tras un primer destino pastoral en Baltar (La Coruña), se trasladó a Madrid para estudiar en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando, una etapa decisiva que consolidó su doble vocación: el ministerio sacerdotal y la creación artística.
A finales de los años sesenta, un viaje a Filipinas y su trabajo en la catedral de Basilan marcaron un antes y un después en su trayectoria. El contacto directo con la pobreza y la desigualdad transformó su manera de entender el arte, que pasó a concebir como una herramienta de denuncia, consuelo y esperanza.
Desde 1970 desarrolló una intensa labor misionera y artística en América Latina. Vivió en Perú en dos etapas, además de residir en Brasil junto al obispo claretiano Pedro Casaldáliga, en Nicaragua y en Panamá. Durante estos años se convirtió en uno de los principales referentes artísticos de la Teología de la Liberación, con murales, carteles y dibujos presentes en parroquias, catedrales y comunidades de base de al menos 18 países.
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En 2005 regresó definitivamente a España y fue destinado a la comunidad claretiana de Salamanca, desde donde continuó pintando, participando en encuentros y recibiendo encargos de distintos lugares del mundo. En los últimos meses de su vida residía en la comunidad asistencial de Colmenar Viejo, donde ha fallecido. Será precisamente en esta localidad madrileña donde, el sábado 21 de febrero, tenga lugar el funeral de cuerpo presente en la iglesia de los Misioneros Claretianos.
Su legado permanece vivo en miles de obras y en su firme convicción de que el arte puede ser un servicio humilde y liberador al pueblo. Orgulloso de sus raíces asturianas, Maximino Cerezo Barredo fue un cristiano sencillo, libre y sabio, cuya vida unió fe, compromiso social y creación artística.
El alcalde de Villaviciosa, Alejandro Vega, ha transmitido su pésame a la familia y valoró la trayectoria de Cerezo, « una persona ejemplar en su obra religiosa y artística». El sábado 28 se oficiará una misa en su memoria en la iglesia de La Oliva, a las 12 horas.
Estas son algunas de las obras y conjuntos artísticos más conocidos realizados por este religioso asturiano:
Murales de Juanjuí (Perú)
Realizados durante su primera etapa en la Amazonía peruana, son considerados fundacionales de su estilo maduro.
25 FEB 2026 7:00
Cuando un amigo se va, la luz tarda más en llegar cada mañana. Pero cuando ese amigo ha sido también cómplice en las causas del Reino, la luz que nos deja es de esas que ya no se apagan: se vuelve semilla, se hace memoria encendida, se derrama en los colores que él supo regalarnos. Hoy despido con emoción a Maximino Cerezo, el pintor de la liberación, y lo hago con la certeza de que su paleta sigue abierta en algún lugar del cielo.
Tres veces bastaron. Tres encuentros en los que la vida, generosa, quiso juntar nuestros caminos. La primera, en Salamanca, cuando él comenzaba a desplegar su magisterio desde el Teologado Claretiano Hispanoamericano. Yo llegaba con la mirada virgen y él, sin aspavientos, me fue enseñando a mirar: el arte no era un adorno, sino una manera de decir la verdad. Allí comprendí que sus pinceles no buscaban belleza fingida, sino verdad y justicia con forma y color.
La segunda cita tuvo la inmensidad del Mato Grosso como escenario. Allí estaba Pedro Casaldáliga, el poeta que hacía verso la profecía, y allí estaba Maximino, haciendo de cada trazo una encarnación. En aquella tierra brasileña, caliente y dolida, vi cómo su pintura se volvía teología de la ternura, cómo los rostros de los sin rostro encontraban en sus manos un lugar donde descansar y rebelarse a la vez.
La tercera ha sido también en Salamanca, pero en otra Salamanca: la de las periferias de Asdecoba, la de los márgenes donde él siempre quiso vivir. Porque Maximino no fue nunca un pintor de salón. Fue, como se ha dicho con acierto, el "pintor del pueblo". No porque retratara al pueblo, sino porque el pueblo habitaba en él, respiraba en su mirada, se hacía comunidad en sus cuadros.
Por eso sus obras no son piezas para contemplar en silencio, sino preguntas que interpelan, gritos de color que denuncian y anuncian. Por eso sus manos siguen dando rostro a Redes Cristianas, a las revistas Éxodo y Utopía, a cuantas causas justas necesitaran un poco de esa luz que él derrochaba.
Con Pedro Casaldáliga, con el incomparable poeta Jesús Tomé, con tantos otros claretianos de brecha abierta, Maximino pertenece a esa estirpe de hombres que pasan por la vida y por la Iglesia como quien abre camino en lo espeso. No buscaron aplausos ni seguridades. Buscaron, simplemente, ser fieles. Y lo fueron. Hasta el final.
Ahora que se nos ha ido, ahora que su risa y su mirada se nos quedan para siempre en la memoria, nos queda una certeza que es también una alegría: desde su nueva morada, Maximino seguirá pintando. El cielo, que tantas veces imaginamos como un lugar de luz quieta, tendrá a partir de ahora una paleta nueva, una explosión de colores imposibles, esos que solo él sabía mezclar. Y nosotros, que todavía caminamos por esta tierra, seguiremos viendo sus cuadros en cada gesto comunitario, en cada rostro que lucha, en cada causa del Reino que aún espera justicia.
Gracias, Maximino. Gracias por tanto. Gracias por abrirnos los ojos y por recordarnos que la fe, cuando es verdadera, siempre se parece a un mural colectivo, donde cada persona es un trazo necesario y cada color una promesa. Desde hoy, cada amanecer tendrá algo de tu mirada. Y cada vez que miremos un rostro anónimo, allí estarás tú, recordándonos que todos merecen ser pintados con la dignidad de los hijos de Dios.
En ellos aparecen campesinos, indígenas y escenas bíblicas reinterpretadas desde la vida cotidiana del pueblo pobre.
Murales en comunidades de base de Perú y Brasil
Especialmente relevantes los realizados en parroquias populares y centros pastorales, donde la Biblia se representa con rostros latinoamericanos, escenas de trabajo, represión y esperanza.
Obra gráfica de la Teología de la Liberación
Carteles, dibujos y viñetas que circularon masivamente por América Latina desde los años setenta, como los cristos campesinos y crucificados por la injusticia; éxodos populares; profetas y mártires contemporáneos, como monseñor Romero...
Esta producción lo convirtió en el artista de referencia visual de la Teología de la Liberación.
Murales en Nicaragua y Panamá
Realizados en el contexto de los procesos sociales y eclesiales de los años ochenta, con fuerte carga simbólica y compromiso político-evangélico.
Obras en España
Destacan murales y pinturas en comunidades claretianas, entre ellas las capillas y salas comunes del colegio Corazón de María (Gijón), los murales del Museo de la Semana Santa de Villaviciosa y las comunidades claretianas de Salamanca y otros lugares
León despide a Mino Cerezo, el pintor de los pobres que dejó huella en Armunia
La parroquia de San Antonio de Padua celebra una misa de funeral el viernes a las 19.00 horas en honor al religioso claretiano, conocido como el 'Pintor de la Liberación', autor de su retablo y el Vía Lucis
Fue el pintor de la Liberación y dejó su huella en León. Maximino Cerezo Barredo (Villaviciosa. Asturias. 1932—Colmenar Viejo. 2026), conocido como Mino Cerezo, falleció el viernes 20 de febrero a los 93 años edad. Este misionero claretiano sembró América con su pintura colorista unida a la idea de Jesús liberador y lleno de luz que predicaba la Teología de la Liberación.
El próximo viernes se celebra un funeral en León, en la iglesia de San Antonio de Padua a las 19.00 horas, para recordar y agradecer la obra que plasmó en el retablo que pintó en 2016 y el Vía Lucis que realizó para el mismo tiempo y fue inaugurado en 2021 en un acto solemne presidido por el obispo de la Diócesis, Luis Ángel de las Heras.
«Nos transmitió el Evangelio con sus pinturas y el amor a los pobres», apunta Juanjo Ruiz, el párroco de San Antonio de Padua que logró que Mino Cerezo decorara el templo con una obra realizada expresamente para esta comunidad cristiana en otra periferia, la de un barrio de León que se caracteriza por su capacidad de acogida y multiculturalidad.
El cura y el pintor se pusieron de acuerdo para acercarse a los seres más vulnerables del planeta con un lenguaje plástico asequible y a la vez imbuido por las culturas indígenas de las que vivió rodeado. Su paso por Filipinas y América Latina marcaron su vida y su obra. A lo largo de los 35 años que ejerció como misionero dejó más de 100 murales. Un póster de monseñor Romero, el jesuita asesinado en El Salvador en 1980, es una de sus obras más populares. Con su fallecimiento se pierde «una de las voces y de las pinturas más importantes del arte religioso actual unido a su visión del Evangelio en el compromiso con los más pobres y necesitados de este mundo». La obra de Mino Cerezo permanece, sin embargo, en casi todos los continentes y también en España.
En 2005 volvió de su periplo misionero y se instaló en la casa de la comunidad claretiana de Salamanca. Allí pintaba y expandió su arte en diversas zonas de España, incluido León y patria chica en Villaviciosa. El colegio mayor Alcalá y otras instituciones agradecen el legado artístico y religioso que deja. El retablo de la iglesia de San Antonio de Padua está basado en el vercículo 29 del Evangelio de San Marcos y realza la figura del «Dios escondido, el de los pobres».
Mino Cerezo colaboró con la revista La Calle, que dirigió Juanjo Ruiz durante varios años, con ilustraciones de sus pinturas. Posteriormente, ya de párroco, contactó con el pintor en Salamanca para proponerle hacer el retablo. Durante 15 dísa de intensa convivencia pintó las seis tablas, de forma altruista, en la comunidad salesiana de Armunia.
Maximino Cerezo Barredo: El misionero que pintó la esperanza de los olvidados
Con una obra que recorre más de medio centenar de iglesias en América Latina y el mundo, su arte no busca la mera estética, sino convertirse en un "catecismo visual" al servicio de la justicia social y los más vulnerables. Desde los valles de su Asturias natal hasta la selva peruana y el Mato Grosso brasileño, su pincel ha sido testigo de martirios y luchas campesinas, consolidando una teología visual que hoy es patrimonio artístico y espiritual de la Iglesia posconciliar.
22 de febrero de 2026 Radio Kerigma
A sus 93 años, Maximino Cerezo Barredo (Villaviciosa, Asturias, 1932) fiel a su vocación: encarnar la Palabra en el lienzo. Misionero claretiano y artista plástico, "Mino", como le conocen sus amigos, falleció en la tarde del 20 de febrero en la comunidad claretiana de Colmenar Viejo (Madrid). dedicó su vida a construir una estética misionera que pone el arte al servicio de la evangelización y la justicia social.
Su obra, dispersa en más de medio centenar de iglesias y catedrales de América Latina y el mundo, es un catecismo visual que ha marcado a generaciones de cristianos comprometidos con los más vulnerables.
De los valles asturianos a la selva peruana
Nacido en 1932 en Villaviciosa, su infancia quedó grabada a fuego en su memoria. "Si la patria de todo hombre es la infancia, la mía es esta, sin duda", confesaba años después al volver a su tierra natal. Su vocación religiosa despertó en el Colegio Corazón de María de Gijón, regentado por los claretianos, congregación en la que ingresó a los 18 años.
Tras estudiar Filosofía y Teología en Santo Domingo de la Calzada, fue ordenado sacerdote el 8 de septiembre de 1957. Pero su sensibilidad artística le llevó a formarse en la prestigiosa Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid, con estancias previas en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos en Valencia. Durante la década de 1960, realizó numerosas obras en España: vitrales, pintura mural y diseño de interiores para iglesias, además de exponer en el pabellón español de la Expo de Nueva York.
Sin embargo, el punto de inflexión llegó en 1970, cuando sus superiores le enviaron al Perú. Allí, en la misión claretiana de Juanjuí, en la Amazonía, descubrió una Iglesia distinta. Era la Iglesia post-Concilio Vaticano II, que en Medellín (1968) y después en Puebla (1979) había hecho una opción clara por los pobres. "Me encontré con una Iglesia que asistía a la emergencia histórica de los pobres", recordaba.
"El pintor y el cura se pusieron de acuerdo"
En la selva peruana, Cerezo Barredo halló su verdadera vocación. Un momento lo marcó para siempre. Acababa de pintar un gigantesco mural de 38 por 3 metros sobre la Historia de la Salvación en la iglesia de Juanjuí.
Una campesina recorrió el mural en silencio hasta detenerse ante una figura que lloraba la muerte de un niño. "Sacó una velita y se puso a rezar, no ante el Cristo Resucitado ni ante María, sino ante esa madre que lloraba a su hijo muerto", relató el misionero años después. En ese instante comprendió que su arte podía ser vehículo de fe y Buena Noticia. "El pintor y el cura que hay en mí se pusieron de acuerdo", resume con sencillez.
A partir de entonces, su obra se convirtió en un instrumento de evangelización inculturada. No se trataba de hacer arte "bonito", sino de plasmar el Evangelio con los rasgos, los colores y el dolor del pueblo latinoamericano.
Para él, la acción evangelizadora no podía estar al margen de la vida cotidiana; debía incidir en el contexto real de las comunidades. "Mi pintura no es de mensaje neutral. Grita para ser liberación", afirma rotundo.
Amigo de Casaldáliga y testigo del martirio
Su amistad con otro claretiano profético, Pedro Casaldáliga, le llevó a la Prelazia de São Félix do Araguaia, en el Mato Grosso brasileño. Allí, en tierra de conflictos agrarios y persecución a campesinos, pintó doce murales, incluido el de la catedral. "Fueron tiempos muy duros, cargados de amenazas de muerte por parte de los militares. Fue tiempo de mártires", rememora . Hoy, esos murales han sido declarados Patrimonio Artístico del Mato Grosso, garantizando su preservación.
Su obra se extendió por Argentina, Colombia, Venezuela, Panamá, Guatemala, Nicaragua y México, así como Roma y Chicago. En Nicaragua, trabajó en talleres de evangelización popular; en Estados Unidos, pintó para la comunidad chicana en Chicago. Donde quiera que hubiera una comunidad cristiana luchando por la dignidad, allí estaba el pincel de Mino.
Una teología visual al servicio del Reino
La teología de Cerezo Barredo no se escribió en libros, sino en muros. Su estilo, inconfundible, está poblado de símbolos recurrentes: la paloma del Espíritu, los brazos y herramientas de trabajo, los pies descalzos del pueblo peregrino, los ojos profundos que miran más allá del dolor, los testigos caídos entre flores, y sobre todo, la comunidad reunida en torno a la mesa o en asamblea. Su obra refleja la Doctrina Social de la Iglesia y la mística de las Comunidades Eclesiales de Base (CEBS).
Para él, ser revolucionario no significaba empuñar un arma, sino denunciar el sistema que produce víctimas y anunciar una sociedad distinta, donde los bienes de la tierra se distribuyan con justicia y los pobres sean reconocidos como protagonistas de la historia y privilegiados del Reino de Dios. "Optar por los pobres no es contra los ricos. Optar por los pobres es querer que los ricos también lo hagan", matiza con sabiduría.
Vuelta a casa y legado universal
Desde 2005, Cerezo Barredo residió en la comunidad claretiana de Salamanca. Pero su jubilación es activa: sigue pintando, recibiendo encargos y colaborando con causas sociales. En 2012, dejó su huella en la capilla del albergue de peregrinos de Güemes (Cantabria), en el Camino de Santiago, donde sus murales son hoy un atractivo espiritual para caminantes de todo el mundo.
Su generosidad no tiene límites. Convencido de que su obra debe ser herramienta pastoral, ha puesto la mayoría de sus dibujos e ilustraciones a disposición del público en internet, para que sean utilizados libremente en la tarea evangelizadora. "Quiero que toda mi obra se use libremente", insiste.
Su trabajo es hoy objeto de estudio en universidades de Europa y América. En 2016, en Juanjuí (Perú), se inauguró un colegio que lleva su nombre, en reconocimiento a "su ejemplo de vida" . En su Villaviciosa natal, donde comenzó todo con un cartel de fiestas en 1949, el Ayuntamiento y la Asociación Cubera le han rendido múltiples homenajes, recopilando su vida en una monografía que recorre 200 imágenes de su prolífica carrera.
"Vuelta a las raíces"
Preguntado sobre el desafío de la Iglesia hoy, el artista nonagenario no duda: "La vuelta a las raíces de nuestra fe, a la persona de Jesucristo, es lo fundamental. La Iglesia no es para sí misma; es para los demás".
Mino Cerezo Barredo, el cura que nunca dejó de pintar, ha logrado lo que pocos: que sus frescos no solo adornen templos, sino que hablen, denuncien y anuncien una Buena Noticia hecha color. Como escribió uno de sus estudiosos, en sus obras la creatividad no es solo artística, sino también histórica, evangélica y profética. Su pincel sigue siendo, como él mismo deseaba, un grito de liberación.
PELLICER DE JUAN, Mª Beatriz y Gracia Hogares de amor y perdón I (Enraizados, Madrid, 2020, 157 pp), Hogares de amor y perdón II(Enraizados, Madrid, 2024, 199 pp)
Acabo de leerlos de un tirón porque su espontaneidad, su frescura, su pasión, su devoción, su sencillez te atrapan desde el inicio y no encuentras el modo de detenerlo. La primera conclusión tras la lectura de los dos tomos es pedirle a las coordinadores ¡a por el tercero! ¡Cuánto bien nos brindan los testimonios vitales de tiempos de guerra cuando -como los presentes- culminan en el perdón, la reconciliación! Nos vienen a decir que la sangre de los mártires -como escribió Tertuliano- es semilla de nuevos cristianos. Que nuestros tiempos de paz logrados con tanto esfuerzo, con tanta sangre, nos exigen vivirlos de modo "belicoso", con ganas, con esfuerzo, porque "milicia es la vida del hombre sobre la tierra" –(Job 7,1) y como nos advertía Santa Teresa de Jesús: "que siempre andamos en guerra y hasta alcanzar victoria no hay desmayo". Es lo menos que podemos hacer para agradecer a cuantos nos han legado tan bellos testimonios de dar la vida y perdonando.
Gracias a los familiares que han vencido esa inercia, ese natural respeto pudoroso, para compartirnos el tesoro heredado en la familia, gracias a la transmisión oral, a algún documento escrito, que hoy podemos conocer y asumir. Sin duda que nos ayudarán a vivir la consigna evangélica: vencer el mal con abundancia de bien.
Dios quiera que se difundan y que otros más se animen a incrementar los 19 testimonios del primer tomo y los 23 del segundo.
Añado las síntesis de los dos tomos junto a la detallada entrevista de Javier Navascués en Infocatólica. Y muchas gracias a José Castro de Enraizados por regalármelos en mi visita a su oficina en Madrid.
Más información: https://enraizados.org/
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'Hogares de amor y perdón', recoge el testimonio heroico de 19 familiares de mártires de nuestra guerra civil española y cómo vivieron sus últimos momentos de vida. Son vidas de personas convencidas de su fe y con convicciones muy profundas que no tenían miedo a la muerte, sino a traicionar los valores que defendían.
Parte del sueño se ha cumplido, pero ahora necesitamos que nos ayudes a financiar su edición para poderlo distribuir por toda España y contrarrestar las mentiras de la ley totalitaria de memoria histórica, que pretende ocultar los atentados contra los católicos.
El Obispo de San Sebastián, Don José Ignacio Munilla Aguirre nos ha hecho el regalo de firmar el prólogo, y ha querido subrayar la importancia que tiene al poner en valor a la Familia, la Mujer y el Perdón.
El libro pone el acento en el perdón, en cómo familiares como el padre Andrés, que perdió a su bisabuelo (un ferviente católico) en la contienda civil, que fue perseguido por su fe y finalmente asesinado en el municipio valenciano de Albalat de la Ribera, es capaz de perdonar y rezar por el alma de sus captores y asesinos.
Además, en todos los capítulos del libro en los que se muestran diferentes testimonios, se muestra cómo abordaron el perdón en sus vidas. Son muchos ejemplos, como el del padre José Vicente Castillo Peiró, que emociona cómo describe cuando rezaban en familia todos los hermanos con su madre ante la foto de su padre mártir y decía ella: «un Padrenuestro por el padre que está en el Cielo, ruega por nosotros y es mártir. Y un Padrenuestro por el que asesinó al padre al que perdonamos de corazón». Pero es que además, su madre le dio una gran de lección de perdón cuando de niño, todavía mantenía dudas sobre el significado de este mandamiento y le preguntó: «Usted dice que perdonamos de corazón al que mató al padre, ¿eso quiere decir que lo perdonamos de verdad?» Y ella contestó: «sí hijo mío, si perdonas de verdad nunca tendrás enemigos».
¡Qué lección de madre! Y como ella, otras muchas hicieron lo mismo y están recogidas su historia en este libro. Perdonaron de corazón e inculcaron a sus hijos ese valor cristiano que nos hace libres para amar y construir un mundo mejor. Es por eso, que no podemos olvidar el ejemplo y testimonio de estos mártires, como bien nos recordaba el Papa Pío XII, pidiendo que los mártires de nuestra guerra civil española, los tuviéramos de referente en nuestras oraciones, para pedirles protección y amparo: «¿Qué les pasa a los españoles que se han olvidado de los mártires a los que yo encomiendo todos los días?». Y es que podemos y debemos perdonar, pero no podemos olvidar a estos héroes de la fe, que han sembrado con su sangre el camino de la reconciliación entre españoles sustentado con las oraciones y el perdón de sus familiares y amigos.
Estamos muy orgullosos del trabajo que han hecho María Beatriz y Gracia María Pellicer de Juan, Socias Voluntarias de Enraizados, y directoras y coordinadoras del presente libro: 'Hogares de amor y perdón', y de rendir homenaje con él, a miles de mártires de nuestra dramática guerra civil española.
Es un testimonio vivo de que te conmoverá, por que está escrito con una mirada reconciliadora de las víctimas
Como bien nos dice el señor Obispo de San Sebastián, Don José Ignacio Munilla Aguirre en el prólogo, este libro está dedicado a la familia, a la mujer y el perdón. Y en él descubrimos a madres coraje, jóvenes mujeres que quedaron viudas con varios niños pequeños y los criaron y educaron solas, encomendándose a los padres/maridos asesinados como intercesores directos ante la Virgen. Y que pudieron sobrevivir, gracias a su fe y a la educación católica que habían recibido en sus familias.
Sin lugar a dudas, para conseguir cumplir el precepto más grande del amor, que el mismo Jesús nos enseñó, el de perdonar a tus enemigos y dar la vida por tus amigos, hace falta valor sí; pero sobre todo, hace falta tener una fe robusta y vivida desde niño en la familia, la gran escuela del amor.
Y que solo con la gracia de Dios es posible perdonar de verdad y para siempre a los que les arrebataron lo que más querían, sus seres queridos.
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La segunda parte del libro "Hogares de amor y perdón", de las hermanas Pellicer de Juan, evoca en cada línea la entrega de los mártires por amor a Cristo, por llegar a Casa, por vislumbrar el Cielo. Al perdonar aún en vida a sus asesinos honraron al Maestro, pero lo más importante es que la preciosa semilla que transmitieron con su amor, germinó en el perdón de sus descendientes a los verdugos.
Lourdes Grosso García, Directora de la Oficina para las Causas de los Santos de la Conferencia Episcopal Española, ha prologado esta joya que contiene los testimonios de 23 familias "tocadas" por la sangre martirial de sus seres queridos
Los familiares de las víctimas de este holocausto cristiano, no sólo testimonian los hechos sino que dejan en herencia, para todos los católicos, la enseñanza del camino que todos debemos seguir.
"En mi familia, desde el primer momento, hemos perdonado de corazón a los asesinos no solo de nuestro familiar, sino de todos aquellos que dieron su vida por Dios."
"Es, además de una obligación cristiana, el mejor homenaje a nuestro mártir que
¿Por qué decidieron escribir el libro Historias de Amor y Perdón y con qué objetivo?
Cada vez hay menos ocasiones para encontrar descendientes directos de estos grandes españoles que perdieron su vida en la tierra y la ganaron para el Cielo, dando testimonio con el sufrimiento, pero siempre alegres de padecer por Cristo. Urge recopilarlos para que no se pierdan estos ejemplos de perdón, verdaderos artífices de la reconciliación en España. Sin el perdón de ellos hubiera sido imposible la convivencia; algo similar y menos lejano en el tiempo es lo que ocurre con los que somos víctimas directas de la banda asesina ETA.
¿Cómo complementa el libro anterior "Y Dios les abrió el Cielo"?
Tienen un denominador común: el periodo de 1931 a 1939, años en que fueron muchos los que pagaron su amor a Cristo derramando su sangre. Como tiene escrito el sacerdote valenciano Vicente Cárcel en su libro "Caídos, víctimas y mártires", la llamada democracia republicana fue defendida por los más anti-demócratas del momento y la memoria de nuestra reciente historia tiene muchas caras y una de ellas es, ciertamente, la del sacrificio de miles de católicos; desconocida casi por completo fuera de España. Sin temor a equivocarnos, es la capacidad de perdonar a los verdugos, lo que constituye la marca de fábrica del martirio auténticamente cristiano; sin embargo y pese a que nuestros mártires (expresión aquí utilizada no en sentido estrictamente canónico) nos enseñaron a perdonar, apenas conocemos sus vidas y, mucho menos, el generoso perdón de sus familias.
¿Qué tal aceptación en las almas tuvo la primera parte?
La aceptación en las almas solo Dios lo sabe. No hay primera y segunda parte. "Hogares de amor y perdón" son 42 testimonios repartidos en dos libros, independientes entre sí pero con un denominador común: el perdón. Pero puedes leer el primer libro o el segundo solo. Lo recomendable es leer ambos para conocer todos los testimonios publicados hasta la fecha. Lo que nos transmitieron muchos es que la primera publicación la leyeron con avidez y emoción contenida y nos pidieron más testimonios. Así que hemos editado este segundo libro de "Hogares de amor y perdón II" con 23 nuevos testimonios, donde recogemos lo que las familias de los asesinados nos narran sobre el perdón.
¿Qué supone para ustedes poder presentar ahora la segunda parte del libro?
Un gozo, porque son un pequeño aporte para nuestra historia patria. Cada vez hay menos familiares directos porque el tiempo va pasando. Una dicha, porque son libros valorados también por la Iglesia católica, tal y como se desprende de los prólogos de cada uno de ellos. Saber que la Oficina para la Causa de los Santos de la CEE ha adquirido para su biblioteca estos tres libritos, nos anima aún más a seguir con esta actividad. Una alegría, también para los familiares de los mártires ya que algunos de los asesinados aún están pendientes de la finalización de sus causas de beatificación, pues el ritmo depende mucho de cada diócesis y las reestructuras de las mismas.
¿Qué denominador común tienen estos 23 testimonios martiriales?
El denominador común de estos 23 testimonios, al igual que los 19 anteriores, es el perdón de verdad que es posible por el ejemplo y educación cristiana de cada hogar. El perdón cristiano, no el perdón terapeútico, aconsejado por el psicólogo, sino el que tiene como ejemplo la Cruz y que no es olvido, sino la oración por la conversión de los verdugos como la más alta manifestación de amor. Otro denominador común es, pues, como apuntábamos antes, la trascendencia que tiene la familia y la educación en el seno de ella. Es importante tomar nota porque hoy se delega en los colegios algo que corresponde a los padres. De la lectura de todos los testimonios vemos que hay otro denominador común que, quizá, pasa desapercibido y es la Providencia. La Divina Providencia es el amor paternal de Dios y aquellos compatriotas nuestros confiaban plenamente en Ella. Esas personas, mayoritariamente mujeres jóvenes que quedan viudas y son madres de familia numerosa, incluso con hijos póstumos, confiaban en que la Divina Providencia estaría al cuidado de todo y saldrían adelante, como así fue. El providencialismo es la creencia en que Dios es el verdadero protagonista y sujeto de la historia y el hombre es su objeto, un instrumento en las manos de Dios…
Debe ser por ello que el hombre post-moderno no acude a la Divina Providencia.
¿Cómo ha sido el proceso para recopilarlos?
Como en el anterior libro, a través de familia, amigos, conocidos, vecinos. La ciudad donde residimos, Valencia, fue masacrada… En nuestra familia hay militares, sacerdotes, consagrados… Así que unos te llevan a otros. Ocurre lo mismo con los prologuistas de los tres libros (Monseñor José Ignacio Munilla, Cardenal Osoro, Doña Lourdes Grosso). Al final, el proceso no tiene secretos; es una cadena de relaciones personales.
¿Cómo les ha enriquecido espiritualmente?
La vida de cualquier persona mejor que nosotras, y hay muchas, nos ayuda siempre espiritualmente. Adentrarse en las de los ofendidos que perdonan, que hacen el bien a los que tanto mal les causan, nos acerca al ejemplo de Jesucristo… Basta leer los prólogos, que son como la Exposición de Motivos de los textos legales en el Ordenamiento Jurídico, para comprender el espíritu de los libros y ese espíritu es Lucas 6, 27-38 amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldigan, rogad por los que os calumnian…
¿Qué es lo que aporta este libro para conocer la verdad de la historia?
Son testimonios verídicos. Son historias de sufrimiento y martirio aún no grabadas, cuya memoria corremos el riesgo de perder para siempre por el paso de los años. Debemos poner en valor la generosidad de nuestros compatriotas que han hecho posible una España en paz por la grandeza de sus corazones y no por Real-decreto. Es necesario recordar y honrar la memoria de los mártires de la II República porque fue la época de mayor persecución religiosa en la historia y son casi contemporáneos, como lo expresa en el prólogo la Directora de la Oficina para las Causas de los Santos de la CEE: conocemos sus rostros, su entorno, sus costumbres; son hombres y mujeres, jóvenes y mayores, sacerdotes y laicos, que tuvieron la valentía de no esconder su condición de católicos.
Así por ejemplo, muchos españoles desconocen que San Juan Pablo II al elevar a los altares a los mártires valencianos en marzo de 2001, determinó que su fiesta litúrgica se celebrase cada 22 de septiembre, por ser la fecha en la que se produjo el mayor número de martirios de los nuevos beatos. Su ejemplo nos interpela como católicos y como españoles. ¿Cuántos de nosotros daríamos hoy la vida por Dios y por España? ¿Estaríamos dispuestos a perdonar?. Hemos contraído una deuda con ellos porque entregaron la vida por unos valores que hoy están en crisis.
¿Qué frutos espirituales esperan de él?
Como escribió el Cardenal Osoro en el prólogo del libro "Y Dios les abrió el Cielo": Hago mía esta mirada de fe y deseo que su testimonio despierte en nuestro tiempo otras vidas que hagan en su cotidiano la experiencia de estas vivencias creyentes.
Javier Navascués https://www.infocatolica.com/blog/caballeropilar.php/2409231015-las-hermanas-pellicer-sacan-a
PADRE FRANCISCO DE VITORIA (1483-1546)
Tras el gran congreso sobre Vitoria en Salamanca motivado por el V Centenario de su incorporación como profesor en la Universidad, 1527, les comparto la semblanza y obra del maestro por parte del mejor conocedor el también dominico P. Ramón Hernández
Vitoria Compludo, Francisco de. Burgos, 1483 – Salamanca, 12.VIII.1546. Religioso dominico (OP), teólogo, filósofo, catedrático, economista, fundador de la Escuela Filosófico-Teológico-Jurídica de Salamanca y del Derecho Internacional Moderno.
https://historia-hispanica.rah.es/biografias/46316-francisco-de-vitoria-compludo
https://www.larramendi.es/esc_sal/es/consulta_aut/registro.cmd?control=POLI20090019539
Familia
Fueron sus padres Pedro de Vitoria, de la estirpe vitoriana de Arcaya, y Catalina de Compludo, de la familia judío-conversa de los Cartagena, emparentada con la Corte Real de Castilla. Discutido durante mucho tiempo el lugar del nacimiento de Francisco de Vitoria, V. Beltrán de Heredia encontró el argumento más fuerte hasta ahora a favor de Burgos. Así se desprende de la crónica del Convento de San Pablo de esa ciudad, escrita por Antonio de Logroño, miembro de él y compañero de Francisco de Vitoria. Es una referencia de 1534, la más antigua y fiable de las conocidas. También se cree que la fecha más fiable para su nacimiento es la de 1483. Otro cronista del Convento de San Pablo de Burgos, Gonzalo de Arriaga, que tuvo delante el libro de profesiones, hoy desaparecido, además de decir que nació en Burgos, añade que, al morir en 1546, tenía sesenta y tres años. Ya se ha demostrado en trabajos, que se citan en la bibliografía, que las fechas dadas por otros autores no se armonizan con los documentos de que se dispone. Los dos documentos más antiguos que existen de Vitoria son: primero, el acta del capítulo provincial dominicano de Burgos de 1506, que lo considera como religioso profeso y estudiante; el segundo es la escritura de censo enfitéutico perpetuo del Convento de San Pablo de Burgos, en que aparece Vitoria como diácono el 12 de marzo de 1507. Su ordenación de presbítero fue en 1509, conforme a la disposición del maestro de la Orden Tomás de Vío, futuro cardenal Cayetano.
Dominico en Burgos
Dice Luis Vives, su amigo, que Vitoria desde adolescente dominó con perfección las buenas letras. Ingresó en el convento dominicano de San Pablo de Burgos en 1505. Era este convento un Estudio General de la Orden, donde se enseñaba gramática, lógica, filosofía y teología. Francisco de Vitoria completó aquí su formación humanística e hizo dos años de Filosofía. De inteligencia sobresaliente, fue enviado a terminar sus estudios y completar su formación a París, al estudio general dominicano de Santiago, incorporado a la universidad. Debió de ser esto en 1508, para comenzar el año académico —como allí era ley— el 14 de septiembre en el convento de Santiago. La universidad despertaba en esos años de una de sus grandes crisis, debida al desgaste o cansancio de los viejos sistemas y a la desorientación sufrida ante los fuertes cambios intelectuales, económicos y político-religiosos del Renacimiento. El acoso de los humanistas desde fuera del mundo universitario actuaba sin compasión contra los sistemas medievales. Luis Vives, que estudia en París en los años 1508-1512 se ensaña en su obra Contra los pseudo-dialécticos con los maestros parisinos, que con sus sofismas silogísticos amenazan estrangular toda ciencia. El movimiento erasmiano y luego el reformista lucharon por borrar toda reliquia del medievo. No obstante cierta reacción universitaria iba tomando cuerpo desde muy principios del siglo XVI, purificando y dando vigor a sus tradicionales visiones científico-filosófico-teológicas de mundo.
Las tres corrientes doctrinales
Tres eran los movimientos intelectuales que bullían con más fuerza cuando Francisco de Vitoria llega a la capital de Francia: el humanismo, el nominalismo y el tomismo. Vitoria supo aprovecharse de lo más positivo y valioso de esas corrientes de pensamiento. Por lo que se refiere al humanismo, entra en contacto muy pronto con el círculo de Erasmo de Rotterdam y se siente atraído por las ideas renovadoras del humanista holandés. Algún reflejo de estas amistades se encuentra en una carta, que Luis Vives escribió a Erasmo más tarde, cuando los libros de éste comenzaban a ser perseguidos en España. Uno de los impugnadores de Erasmo era Diego de Vitoria, hermano de Francisco. Después de hablar de ello, escribe Vives a Erasmo: "tiene éste (Diego) un hermano distinto de él, Francisco de Vitoria, también dominico, teólogo por París. Es una personalidad del máximo renombre y crédito entre los suyos. Recuerda que más de una vez defendió tu causa en París en diferentes asambleas de teólogos". Digna de destacarse es esa noticia de que durante su estancia en París fue Vitoria grandemente afecto al humanista holandés, pues llegó a defenderlo en públicas asambleas ante los exaltados enemigos, que se sabe tuvo Erasmo en la universidad parisina. Luis Vives en la citada carta llega a decir a Erasmo: "[Francisco de Vitoria] te admira y te venera".
El propio Erasmo escribió a Vitoria para que se interesara por su causa. En su carta a un doctor de la Sorbona, que no es otro que Francisco de Vitoria, habla de la fogosidad del hermano de Vitoria en la campaña antierasmiana ante el pueblo, y le anima a intervenir como mediador: "por las cartas de mis amigos sé que estás dotado de una doctrina y de una equidad singular. Espero que consigas llevar a tu hermano a más santas determinaciones". Todo esto —dice— se lo han comunicado sus amigos hispanos. Es necesario pensar aquí en los hermanos Valdés —Alfonso y Juan—, en Juan de Vergara, en Luis Vives... Lo que manifiesta que Vitoria estuvo de verdad abierto a los humanistas. No obstante, ya en su etapa parisina irá depurando su querencia hacia los humanistas, a la par que consolidaba su formación tomística. El humanismo tendía a reducir la teología a un examen gramatical de los términos, poniendo en peligro la entidad sobrenatural de los misterios. Vitoria los llamará gramáticos metidos a teólogos.
La segunda de las corrientes intelectuales parisinas, que dejó un perdurable impacto en la personalidad de Francisco de Vitoria, fue el nominalismo. Entre los nominalistas Vitoria cita al filósofo valenciano Juan de Celaya, al francés Jacobo Almain y al irlandés Juan Mair. Vitoria renuncia al sistema nominalista, pero en su contacto con este movimiento y sus maestros supo aprovecharse de sus tendencias y de sus logros: el aprecio de las ciencias físicas, astronómicas y matemáticas; la orientación práctica de la teología con la preferencia por la teología moral; la extensión de la teología a los problemas políticos, sociales y económicos, que preocupaban en su tiempo; la defensa de las libertades y derechos de los pueblos, de las familias y de los individuos; una tendencia moderada hacia la democracia y la profundización en la filosofía del derecho, que llevará a Vitoria a los máximos hallazgos internacionalistas, abriéndole las puertas a la fundación del derecho internacional moderno o de las relaciones justas entre los estados. Algunos piensan que Vitoria quedó también herido del conciliarismo nominalista. En verdad no cayó en esa doctrina de la superioridad del concilio sobre el papa, pero será muy crítico contra los abusos de poder por parte del pontificado de entonces, tanto que sus Relecciones Teológicas estuvieron muy cerca de la condenación pontificia.
La tercera corriente intelectual de importancia en París era el tomismo con su visión de realismo moderado del cosmos. Fue el sistema de las preferencias de Francisco de Vitoria, al que incorporará los logros de las otras tendencias. A dos maestros recuerda Vitoria con especial gratitud y admiración: Juan Fenario o Feynier y Pedro Bruselense o Crockaert. El primero, que llegará a maestro general de la Orden dominicana, fue elogiado en aquel tiempo como buen pedagogo y como hombre de sobresaliente inteligencia y de gran sentido práctico; se nos presenta con admirables dotes expositivas y muy al tanto de los temas preocupantes de su tiempo. Estas cualidades brillarán también en su discípulo, Vitoria, durante su docencia. Muy venerado por el futuro catedrático de la Universidad de Salamanca fue el otro mencionado maestro, Pedro de Bruselas. El Bruselense había enseñado filosofía en el colegio de Monteagudo de París, siguiendo la corriente nominalista. Hastiado de aquellas disquisiciones terminológicas, en que muchos autores hacían basar la teología, se hizo dominico en el convento de Santiago de París. Logró compenetrarse con el sistema y la doctrina tomista, y desarrolló una fecunda labor en la enseñanza. En París los dominicos desde finales del siglo XV tenían como texto teológico la Suma de Teología de Santo Tomás de Aquino, abandonando la tradición de explicar la teología a partir de las Sentencias de Pedro Lombardo. Vitoria introducirá esta novedad en el Colegio de San Gregorio de Valladolid, sin apenas oposición, pues era un centro dominicano, y luego, con una oposición muy fuerte, en la Universidad de Salamanca.
París. Estudiante y profesor
Francisco de Vitoria estuvo en París quince años, desde 1508 hasta 1523, primero como estudiante y luego como profesor. En el curso 1508-1509 completa su formación filosófica. Entre 1509 y 1513 hace los estudios de teología hasta la consecución del grado de bachiller. Entre 1513 y 1516 enseña artes o filosofía en la sede universitaria del Estudio General dominicano de Saint Jacques. En 1516 inicia la enseñanza de la teología en la cátedra universitaria para extranjeros en ese centro dominicano. Como broche de oro de su docencia, después de superar las requeridas y duras pruebas, el 24 de marzo de 1522 consigue la licencia en Sagrada Teología y el 27 del junio siguiente la laurea o doctorado. Años de juvenil efervescencia, que no se contenta con la mera enseñanza en las aulas y desea proyectarla en las publicaciones. No había terminado sus estudios teológicos y su maestro P. Crockaert lo admite como colaborador suyo en la edición impresa la parte de la moral práctica de la Suma de la Teología de Santo Tomás, la llamada Secunda Secundae (Segunda de la Segunda Parte de la Suma de Teología). Es el primer escrito de Vitoria, que se conserva. Que el maestro P. Bruselense le diera esa responsabilidad sobre una parte tan extensa y complicada de la Suma, nos revela la convicción del profesor respecto del buen dominio de los contenidos teológicos por parte del alumno. El prólogo vitoriano está compuesto en un latín pulido renacentista, y deja entrever las aficiones y los ideales a los que debía consagrar su vida. Elogia en Santo Tomás dos cosas muy acordes con el renacimiento humanístico: frecuente recurso a la Sagrada Escritura y cita abundante de los filósofos moralistas de la antigüedad. La orientación práctica, que dará siempre a la teología, le movieron a estampar en París obras de este género. En 1521 imprimió los Sermones dominicales de su prior en el convento de Burgos, Pedro de Covarrubias, y la Summa Aurea de San Antonino de Florencia. Entre 1521 y 1522 llevó a la imprenta el Dictionarium seu Repertorium Morale de Pedro Bersuire, OSB. Finalizados sus estudios y su profesorado en París, los superiores hispanos le ordenaron la vuelta a su tierra. Después de una reducida estancia en Bélgica, dirigió sus pasos a España.
En San Gregorio de Valladolid
El primer destino en la Península fue el de profesor en el Colegio de San Gregorio de Valladolid, donde comienza su enseñanza en el curso 1523-1524. Se encontraba este colegio en pleno entusiasmo posfundacional. Figuras eminentes le precedieron, y muchos continuaban brillando en el campo intelectual y de gobierno: Matías de Paz, predecesor de Vitoria en los estudios americanistas; Miguel de Salamanca, catedrático en la universidad de Lovaina y obispo de Santiago de Cuba; García de Loaísa y Mendoza, maestro general de la Orden de Predicadores, arzobispo de Sevilla y cardenal; Juan Álvarez de Toledo, arzobispo de Santiago de Compostela y cardenal; Diego de Astudillo, sabio de gran fama, del que dijo Vitoria: "sabe más que yo, pero lo vende peor". Valladolid metió de lleno a Vitoria en los problemas de América, que ocuparían gran parte de su vida y de sus preocupaciones como profesor, consejero de gobernantes y eclesiásticos, y como expositor de los derechos humanos de los individuos y de los pueblos. De Valladolid salieron muchos de los primeros misioneros del Nuevo Mundo. Valladolid contempló el final de las disputas célebres sobre los malos tratos y trabajos excesivos dados por los encomenderos y conquistadores a los indios, que dieron origen a las llamadas "Primeras Leyes de Indias", elaboradas en Burgos en 1512, pero completadas y publicadas en la ciudad del Pisuerga. En Valladolid residía la Cancillería Real, a la que llegaban los problemas de América. En 1524 uno de los antiguos alumnos del Colegio de San Gregorio, García de Loaísa, es nombrado presidente del recién creado Real Consejo de Indias, con sede en la misma ciudad vallisoletana. Tres cursos explicó Teología, Vitoria, en Valladolid, de 1523 a 1526. Como reconocimiento a sus méritos en el profesorado, en 1525 la Orden dominicana le concedió el título de maestro en Sagrada Teología. Entre sus discípulos de Valladolid se encuentra a Martín de Ledesma, catedrático de la Universidad de Coimbra; Vicente de Valverde, capellán de Francisco Pizarro y primer obispo del Perú con sede en Cuzco; Jerónimo de Loaísa, primer arzobispo de Lima y fundador de su universidad; Bartolomé Carranza de Miranda, arzobispo de Toledo.
Salamanca
En 1526 es destinado Vitoria a Salamanca y gana la principal Cátedra de Teología de su universidad. Aquí continúa con sus tendencias humanísticas y mantiene amistad con personalidades muy representativas de este movimiento: el vallisoletano catedrático de griego Hernán Núñez de Guzmán, llamado "El Pinciano" y "El Comendador Griego", que gozaba de muy merecida fama por su gran erudición; otra figura eminente era Juan Martínez Silíceo, catedrático de Filosofía Natural, que compartirá con Vitoria misiones importantes de la universidad; el humanista flamenco Nicolás Clenardo, que inicia su profesorado en Salamanca en 1531 y se alistó pronto a los amigos de Vitoria, y algo más tarde hará lo mismo el también flamenco Juan Vaseo. Otro gran amigo de Vitoria fue Martín de Azpilcueta, el conocido "Doctor Navarro", que representa en el derecho canónico lo que Vitoria en Filosofía y Teología. Clenardo nos dice que producían verdadero placer sus exposiciones y sus cartas: "todas llenas de primor" ("omnia iucunditatis plena"). "Milagro de la naturaleza" le llama Vaseo, y añade: "creo poder afirmar sin escrúpulos que no hay otro en toda España más docto en las buenas artes y en todas las humanidades". Las exposiciones de Francisco de Vitoria en las aulas nos lo muestran con un estilo muy característico. Tenía como norma la sencillez, la claridad y el orden, huyendo del alambicado método de muchos escolásticos, en que se multiplicaban las opiniones o soluciones posibles con sus interminables argumentos, réplicas y contrarréplicas, que hacían difícil la atención de los alumnos.
Aparte de su buen estilo de corte renacentista, Francisco de Vitoria trae dos novedades metodológicas a las aulas salmantinas. La primera fue cambiar de libro de texto. El libro base para las lecciones de teología en las facultades europeas desde principios del siglo XIII eran las Sentencias de Pedro Lombardo. En París los dominicos a finales del siglo XV optaron por la Suma de la Teología de Santo Tomás de Aquino. Vitoria siguió esta práctica tanto en París como en Valladolid con los mejores resultados. La materia parecía la misma en ambas obras y que sólo cambiaba algo el orden y los argumentos. Pero en verdad la diferencia era muy notable. Las Sentencias son una antología de textos de los padres de la Iglesia y de otras autoridades reconocidas sobre la doctrina cristiana, que se ofrecían a los profesores para su explicación en las aulas. La Suma es una explicación de todo el conjunto de la teología, elaborada por un maestro, santo Tomás en nuestro caso, para encaminar a los alumnos en la comprensión de esa doctrina. La exposición ganaba en la unidad e ilación de los temas como también en su fundamentación y explicación racional. El ejemplo y éxito de Vitoria contagió a otros profesores. La reforma de los estatutos de la universidad en 1561 lo estableció como ley. La segunda novedad impuesta por Vitoria en sus clases de Salamanca fue el dictado de las lecciones. También aquí la universidad opuso resistencia, pero en aquel tiempo en que los estudiantes tenían que hacerlo todo a mano, ese método era el más asequible para ellos. Podía cometerse el abuso de no explicar toda la materia, como ordenaba la legislación. Para evitarlo, Vitoria dedicaba parte de la hora y media que duraba la clase "de prima", o de primera hora de la mañana, a dictar lo más sustancial de la lección, y daba el resto con mayor agilidad, recogiendo de esto los estudiantes solamente el concepto. Si se conservan tantos manuscritos en las grandes y pequeñas bibliotecas de Europa procedentes de la escuela salmantina es porque Vitoria impuso el dictado en la academia del Tormes.
20 años enseñando la Suma de Santo Tomás
Veinte años duró la docencia de Francisco de Vitoria en Salamanca (de 1526 a 1546), explicando la Suma de la Teología de santo Tomás. La materia estaba repartida en ocho cursos, pero los estudiantes podían hacer la carrera teológica en cuatro, asistiendo diariamente a todas las clases del catedrático de Prima (primera hora de la mañana) y del catedrático de Vísperas (o de la tarde), que explicaban a contratiempo los tratados de la Suma.
Además de las lecciones ordinarias los catedráticos salmantinos estaban obligados a dar anualmente una lección extraordinaria de dos horas ante el gremio entero universitario. Es lo que se llamaba repetición o relección. Versaban en general las relecciones sobre uno de los temas más importantes, o de mayor actualidad, o que mejor tenía preparado el profesor de la materia que explicaba aquel año. En la Universidad de Salamanca este género de conferencias apenas había producido interés hasta la llegada de Vitoria. Sus relecciones son las más famosas de todo el historial universitario salmantino. Quince fueron las relecciones pronunciadas por Vitoria, y todas ellas se conservan menos la primera y la última. Aquí, como en sus lecciones ordinarias, se aprecia su gran sentido práctico, sus preferencias por los temas de índole moral o político.
Seis de las relecciones vitorianas se ocupan sobre los principios que rigen las relaciones entre unas sociedades y otras: El poder civil, de 1528; las dos sobre El poder de la Iglesia, de 1532 y 1533; El poder del papa y del concilio, de 1534, y las dos llamadas De Indis, es decir la primera o Sobre los indios, de principios de enero de 1539, y la segunda o Sobre el derecho de la guerra, del 18 de junio de 1539. Las otras siete se ciñen más a la materia del curso explicado en las aulas, pero Vitoria logra darles gran movilidad y actualidad en sus principios y aplicaciones. Así Sobre el matrimonio fue pronunciada el 25 de enero de 1531. Estaba entonces en su momento cumbre en el ambiente político y universitario europeo la cuestión del anunciado divorcio de Enrique VIII de Inglaterra, con el peligro inminente del cisma anglicano. Francisco de Vitoria se interna con esta relección en lo más vital del problema. A finales de mayo o principios de junio de 1536 otra relección sonada era pronunciada por Vitoria, titulada Sobre la simonía. Se especulaba mucho en aquellos años sobre la necesidad de un concilio, que reformara a la Iglesia en la cabeza y en los miembros. La revolución protestante se extendía por Europa. Uno de los vicios más recriminados era la simonía, que aparecía muchas veces unido a otros como la acumulación de beneficios eclesiásticos en una misma persona, la ausencia habitual de los beneficiados, particularmente los obispos, de sus sedes, y la llamada "compensación canónica" para apropiarse de las cosas ajenas poseídas de buena fe. Un tema aparentemente inofensivo era el de la relección Sobre la templanza, pero su temperado carácter saltó de golpe por los aires, al hacer una aplicación a los problemas de las Indias. Al hablar en su conferencia sobre la licitud de comer carne humana en caso de extrema necesidad, evoca lo que se decía del Nuevo Mundo: la existencia de caníbales y el ofrecimiento de víctimas humanas a sus dioses, comiendo de esos sacrificios. Se pregunta si esas costumbres inhumanas son motivo de guerra, limitando los poderes de los príncipes cristianos sobre los indios, condenando los abusos y llamando a la conciencia de los magnates. Importantes en teología son también las tres siguiente: Sobre el aumento de la caridad, del 11 de abril de 1535; De lo que está obligado a hacer el que llega al uso de razón, de junio de 1535; Sobre la magia, del 18 de julio de 1540.
No muy densa de doctrina es la que pronunció el 11 de junio de 1530 Sobre el homicidio. Él se excusa en un bello prólogo: el excesivo trabajo, la enfermedad. Queda, sin embargo, bien destacado el derecho natural a la vida, que es la base de los otros derechos naturales por los que luchará en sus principales escritos.
Doctrina teológico-filosófico-jurista
Su doctrina teológico-filosófico-jurista se contiene principalmente en sus relecciones y es por éstas como ha sido conocido internacionalmente. De ahí los títulos que se le han conferido de fundador de la Escuela Teológico-Jurídica de Salamanca y fundador del Derecho Internacional Moderno. Vitoria es al mismo tiempo filósofo y teólogo. El punto de partida de su doctrina está en su concepto del hombre como ser racional, libre y social, y al mismo tiempo imagen y semejanza de Dios. Ahí radica toda su dignidad, su eminencia por encima de toda opresión, su tendencia al máximo desarrollo de su personalidad individual y social, la fuente de todos sus derechos y deberes y el mismo origen del poder o autoridad entre los hombres. Vitoria afirma con la Sagrada Escritura que "el poder viene de Dios" (Heb. 13, 1). Pero ¡cuidado!, porque esto ha confundido a algunos. Habla Vitoria de la fuente suprema, y tiene que ser Dios, porque todas las perfecciones creadas son participaciones de las perfecciones consumadas, que se encuentran en Dios. La fuente inmediata está en la misma naturaleza humana. Contra los futuros ideólogos, que verán la sociedad como una invención del hombre ante los problemas del tiempo —un pacto de seguridad o el pacto social—, Vitoria la ve instalada en la entraña de la naturaleza humana, como una exigencia de ella. Para él es una tesis bien demostrada que el poder reside en el pueblo. El paso de éste a los gobernantes es siempre problemático, si no se da una amplia intervención popular. La aspiración de las modernas democracias a la politización del pueblo aparece ya en Vitoria. El poder o la autoridad tiene sus límites, que son precisamente los derechos de los ciudadanos. Los individuos y las sociedades inferiores tienen sus deberes con respecto a los otros individuos y sociedades, y también con respecto al bien común de toda la república o sociedad civil, pero igualmente los que ostentan el poder tienen que respetar los derechos personales inalienables, como la vida, la libertad y el perfeccionamiento físico, intelectual y moral. La mirada de Vitoria no se limita a la sociedad o república particular de una nación o pueblo. Su mirada se extiende a todo el orbe, a toda la familia humana dispersa, y llega a establecer los pilares de la Sociedad de Naciones y de la Unión Internacional de Naciones (la ONU). Puede llegar un momento en el que no baste, para la seguridad de la naturaleza humana, el gobierno aislado por naciones; incluso, aun bastando, podría llegarse a la convicción de que un gobierno universal ofrece mayores ventajas y que los hombres opten por él: "el género humano tuvo derecho a elegir un solo jefe al principio, antes de hacerse la división de los pueblos; luego también lo puede hacer ahora, pues este poder, como derecho natural no desaparece" (Sobre el poder civil, n. 14). Siempre cabe la posibilidad de que la mayor parte de las naciones se incline por la unidad política del género humano. Difícil llegar a esa solución, pero sí es ineludible la concordia entre todas las naciones del orbe para salvar aquellos derechos, que son propios de todos los pueblos y de todos los hombres.
El Nuevo Mundo al rojo vivo
Vitoria aplicó su doctrina iusnaturalista e internacionalista a los problemas al rojo ardiente del Nuevo Mundo. No le satisfacen los argumentos del derecho positivo europeo que se utilizaban con los indígenas. Rechaza los títulos oficiales para legitimar la conquista y propone otros, que por basarse, no en las leyes positivas europeas, sino en las leyes generales del derecho natural podrían tener alguna viabilidad. Los primeros son siete y los llama ilegítimos: el emperador como dueño de toda la tierra, el papa como dueño del mundo, el derecho del descubrimiento, oposición a recibir la fe, vicios contra la naturaleza, sometimiento voluntario, donación divina. Los segundos son ocho a los que considera como posiblemente legítimos: sociabilidad y comunicación natural, predicación del Evangelio, protección de los convertidos, poder indirecto del papa sobre los convertidos, protección y defensa de los inocentes, libre elección, defensa de los amigos y aliados, ineptitud de los naturales para gobernarse.
El derecho natural de comunicación entre los hombres y los pueblos encierra en sí una multiplicidad de derechos particulares: la libertad de los mares; el libre comercio entre las diversas sociedades civiles; los contratos y las negociaciones sobre intercambios de productos y sobre coproducción y explotación de tierras, animales y materias primas; los derechos de migración, ciudadanía, domiciliación y convivencia; el derecho de información y enseñanza; el derecho de amistad. En la explicación de los títulos legítimos no siempre se ha interpretado bien a Vitoria. En todos ellos, incluso los que más claramente parecen pedir la intervención bélica, han de tenerse en cuenta las circunstancias. Él lo advierte de varios modos: una cosa es el puro derecho y otra lo que conviene hacer en cada momento; la frase de San Pablo "todo me es lícito, pero no todo me conviene" (I Cor 6, 12); el adagio "el máximo derecho es la máxima injusticia". El título octavo es considerado dudoso por Vitoria, pues hay informaciones contrarias, pero le sirve de base para afianzar su idea sobre la verdadera colonización, que no debe ser otra cosa que un protectorado, y ha de tener como fin la promoción personal, cívica y religiosa. Y todo esto tiene para él un carácter temporal: hasta que los indios se encuentren en condiciones de gobernarse suficientemente por sí mismos. Lo repite Vitoria: "mientras conste que les es conveniente"; "mientras se encuentren en tal estado" (Sobre los indios, n.º 18).
Las guerras continuas en Europa y los problemas del Nuevo Mundo movieron a Vitoria no sólo a tratar los temas de los derechos humanos y de las relaciones entre los pueblos, sino a enfrentarse directamente con el tema de la guerra. Examina la guerra en sí misma, en sus causas y en sus consecuencias, constituyendo un tratado fuente y referencia para los que luego aparecieron. Es la relección Sobre el derecho de la guerra, que juntamente con la de los indios y del poder civil ejercerá un gran influjo en los iusnaturalistas e internacionalistas relacionados con la Escuela de Salamanca, y también en los europeos de otra formación y de otra procedencia política y religiosa, como el italiano Alberico Gentili, el alemán Juan Althusius y el holandés Hugo Grocio. Francisco de Vitoria limita al máximo la posibilidad de las guerras. No puede ser causa de guerra justa cualquier tipo de imperialismo: ni el deseo de extender los propios dominios, ni la gloria o el provecho personal del príncipe, ni el deseo de fuentes de riqueza. Tampoco la religión, o el pecado, o la infidelidad pueden justificar ninguna guerra. Al final de la relección expone las llamadas "tres reglas de oro" sobre la guerra. Se recoge en ellas la actitud ideal del buen gobernante ante cada uno de los tres momentos de la guerra: antes de tener que decidirse por las armas; durante la contienda, y después de terminar los combates. La primera norma es amar y buscar la paz de tal manera que se vaya a disgusto y por pura necesidad a la guerra. La segunda es buscar no la destrucción del enemigo, sino el establecimiento de la justicia, la paz y la seguridad. La tercera es usar del triunfo con moderación, comportándose como un juez comprensivo, que aminora los posibles daños y humillaciones. Termina Vitoria con una frase del clásico poeta latino Horacio, que realza su pacifismo: que no se haga realidad que "quidquid delirant reges, plectuntur Achivi" ("lo que deliran los reyes, lo sufren los Aqueos", es decir, el pueblo).
Al final de sus días recibe Vitoria la invitación de Carlos V y de su hijo Felipe, para asistir como teólogo imperial al concilio ecuménico de Trento, que iba abrirse próximamente. Vitoria se encontraba muy enfermo y no pensaba más que en su preparación para la vida eterna. Inmóvil en el lecho respondía así al príncipe Felipe: "cierto que yo desearía mucho hallarme en esta congregación, donde tanto servicio a Dios se espera que se hará y tanto remedio y provecho para toda la cristiandad; pero, bendito nuestro Señor por todo, yo estoy más para caminar para el otro mundo que para ninguna parte de éste". Era el mes de marzo de 1545. Le esperaban todavía un año y cuatro meses de terribles dolores de gota. La fecha de la muerte con su hora (las diez de la mañana) nos la daba un estudiante que pasaba a limpio los apuntes del maestro y añadía: "con gran tristeza de todos". La universidad entera de Salamanca con sus profesores y alumnos le honraron en las exequias, siendo enterrado en la sala capitular del convento, hoy "Panteón de los Teólogos".
Obras
1. De regno Christi, c. 1528
2. De potestate civili, 1528
3. Del Homicidio, 1530
4. De matrimonio, 1531
5. De potestate ecclesiae I eta II, 1532
6. De Indis, 1532
7. De Jure belli Hispanorum in barbaros, 1532
8. De potestate papae et concilii, 1534
9. De augmento caritatis et diminutione, 1535
10. De eo, quod tenetur homo, cum primu venit ad usum rationis, 1535
11. De simonía, 1536
12. De temperantia, 1537
13. De arte mágica, 1540
14. Relecciones Theologicae, 1557 (eds. completas: Lyon, J. Boyer, 1557 Salamanca, J. Canova, 1565
15. Ingoldstadt, 1580
16. Lyon, Ambrosio du Port, 1586
17. Lyon, Pedro Landry, 1586
18. Lyon, Pedro Landry, 1587
19. Amberes, Pedro Belleri, 1602 y 1604
20. Venecia, 1626 y 1640
21. Colonia y Frankfurt, A. Boetius, 1696
22. Madrid, Manuel Martín, 1765
23. Madrid, por L. G. Alonso-Getino, 1933-1935, 3 vols.
24. Madrid por T. Urdáñoz, Biblioteca de Autores Cristianos, 1960 [las dos ediciones últimas llevan, además del texto latino, la trad. española]
25. Madrid, por J. Torrubiano Ripoll, 1917 [sólo la versión al español, 1917]
26. Buenos Aires [el texto de la versión anterior con otros estudios], 1946. Hay numerosas eds. parciales)
27. Summa Sacramentorum Ecclesiae, Valladolid, ed. por Tomás de Chaves, 1560 (muy editada en los siglos XVI y XVII)
28. Confesionario útil y provechoso, Medina del Campo, por Francisco del Canto, 1569
29. Comentarios a la Secunda Secundae de Santo Tomás, ed. preparada por V. Beltrán de Heredia, 6 vols. (en el vol. 6 añade un comentario al tratado Sobre la Ley de Santo Tomás), Salamanca, 1932-1952. Pareceres, Cartas, Dictámenes, Manuscritos en L. G. Alonso-Getino, El Maestro Fr. Francisco de Vitoria, Madrid, Imprenta Católica, 1930
30. Vorlesungen I (Relectiones). Völkerrecht Politik Kirche. Herausgegeben von U. Horts, H.-G., Justenhoven, J. S tüben, Stuttgart, Berlin, Köln, Verlag W. Kohlammer, 1995
31. La justicia, est. prel. y trad. de L. Frayle Delgado Madrid, Editorial Tecnos, 2001 (Clásicos del Pensamiento, 147).
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Autor/es
Ramón Hernández Martín, OP
https://angarmegia.es/Historia_dominicos/Ramon_Hernandez.html