He podido asistir al ciclo de Conferencias Cuaresmales celebrado en el Templo Nacional de Santa Teresa de Jesús, en la Plaza de España de Madrid, que concluyó el pasado 4 de marzo con la intervención del P. Antonio Jesús Benéitez Domínguez, OCD, quien desarrolló el tema "Ana de San Bartolomé, testigo del amor a Jesucristo". De verdad, que nos "engolosinó" -en argot teresiano- con la encantadora figura de Sor Ana de San Bartolomé.
La conferencia se centró en la figura de Ana García Manzanas, conocida en el Carmelo como Ana de San Bartolomé, una de las primeras discípulas de santa Teresa de Jesús y una de las figuras más significativas del Carmelo teresiano.
Desde su infancia, cuando aún era pastora en Almendral de la Cañada (Toledo), Ana experimentó una profunda cercanía con Jesucristo, a quien sentía como confidente y consuelo en su vida cotidiana. Aquella experiencia interior marcaría el camino de toda su existencia.
Con su entrada en el convento de San José de Ávila, como carmelita descalza, su vida se impregnó profundamente de la espiritualidad teresiana: la oración, el recogimiento, la confianza en Dios, la obediencia, la sencillez y la caridad fraterna hacia las hermanas.
Tras la muerte de santa Teresa, las dificultades que atravesó el Carmelo llevaron a Ana de San Bartolomé a profundizar en el misterio de la Pasión y la Cruz de Jesucristo. Esta experiencia alcanzó especial intensidad durante su estancia en Francia, donde vivió duras pruebas espirituales que la hicieron participar profundamente en el misterio del Calvario.
Sus últimos años en Amberes estuvieron marcados por una profunda unión con Cristo. Allí se convirtió en verdadera madre espiritual para las jóvenes que ingresaban en el Carmelo, ayudándolas a crecer en la vida de intimidad con Dios según el espíritu de santa Teresa de Jesús.
Con esta última conferencia se cerró el ciclo cuaresmal de este año en Plaza de España, dejando como invitación la figura luminosa de Ana de San Bartolomé, cuyo testimonio continúa animando a vivir con mayor profundidad el amor a Jesucristo y el camino de la santidad en este tiempo de Cuaresma.
https://ocdiberica.com/actualidad/ana-de-san-bartolome-testigo-del-amor-a-jesucristo/
Ana de San Bartolome. Biografía
La Beata Ana de San Bartolomé se llamaba Ana García Manzanas y nació en Almendral de la Cañada (Toledo) el 1 de octubre de 1549. Era la quinta hija de María Manzanas y Hernan García. A los nueve años perdió a su madre y, un año después, a su padre. Pronto sintió vocación religiosa, pero sus hermanos no apoyaron su decisión de ser carmelita y por ello sufrió grandes contradicciones que repercutieron sobre su salud, llegando a enfermar gravemente. Entonces sus hermanos ofrecieron una novena al apóstol San Bartolomé por su curación y el día de su fiesta, 24 de agosto de 1570; al entrar en una ermita dedicada a su advocación cercana a su pueblo, se curó repentinamente. En gratitud al Apóstol que ella consideró siempre su gran intercesor le eligió para su nuevo nombre de carmelita descalza. Profesó en el convento de San José de Ávila el día 2 de noviembre de 1570 mientras Santa Teresa estaba fundando en Salamanca. Fue la primera hermana de velo blanco, freila o lega que Teresa de Jesús admitió en su primer Carmelo, cuna de su Reforma. Unos meses después tuvo lugar el primer encuentro entre ellas y, desde ese instante, se estableció una especial corriente de empatía que duró hasta el fin de sus vidas.
En la Navidad de 1577 Santa Teresa se rompió el brazo izquierdo y Ana de San Bartolomé se convirtió en su compañera inseparable: fue su cocinera, su enfermera, su secretaria, su confidente y su apoyo en las últimas fundaciones: realmente su sombra. Hasta tal punto la quiso y la valoró Santa Teresa que, el 4 de octubre de 1582, cuando sintió que llegaba la hora de su muerte, la reclamó junto a sí para morir entre sus brazos, convirtiéndose en su heredera espiritual.
En 1604 fue reclamada para implantar el Camelo Teresiano en Francia. En 1605 fundó el Carmelo de Pontoise y fue elegida priora del de París; en 1608 fundó el Carmelo de Tours, y en 1612, reclamada por la infanta Isabel Clara Eugenia, hija de Felipe II y entonces Soberana de los Países Bajos, llegó a Flandes para fundar el Carmelo de Amberes, del que fue priora hasta su muerte. La Infanta siempre mostró un gran aprecio por esta hija predilecta de Santa Teresa y pronto Ana de San Bartolomé se convirtió en su fiel amiga y consejera. En Amberes vivió la Beata las felices noticias de la Beatificación y Canonización de Teresa de Jesús, y fue ella quien primero dedicó en el mundo un Carmelo a la advocación de su Santa Madre; así, el Carmelo de Amberes se llamó desde entonces de Santa Teresa y San José.
En Flandes vivió Ana de San Bartolomé los últimos años de su vida con gran fama de santidad, que, al igual que le ocurrió a Santa Teresa en Castilla, la envolvió sin ella poderlo evitar. Todo tipo de personas, desde los humildes campesinos hasta las gentes de más alta alcurnia, acudían a su Carmelo para pedirle su consejo y su bendición. Fue consejera y amiga de los soldados y generales de los famosos Tercios de Flandes que recurrían a ella para implorar su bendición y prender unas letras suyas en la coraza como salvaguarda y protección en la batalla. En dos ocasiones se consideró vencido el peligro de que las huestes protestantes, al mando del príncipe Guillermo de Nassau, invadieran Amberes gracias a la intercesión de Ana de San Bartolomé, que, alertada interiormente de que algo grave ocurría, despertó a las carmelitas en plena madrugada para acudir al coro a rezar. De estos episodios extraordinarios se hicieron las declaraciones y diligencias oportunas y el Obispo de Amberes la proclamó en vida Libertadora de Amberes. Su iconografía más divulgada reproduce la escena de su ferviente oración por la ciudad.
Estos acontecimientos extraordinarios acrecentaron de forma imparable la fama de su santidad por toda Europa. A principios de 1626 se agravó su delicado estado de salud y tan sólo la preocupaba morir en paz sin ruido ni barhaúnda, ya que cada vez que empeoraba, la Infanta mandaba a su médico personal a atenderla y toda la corte se preocupaba. El 19 de marzo murió su querida prima Francisca y esta noticia apagó aún más su vida. En el último tramo pedía a sus hijas que le cantasen los versos de su querido San Juan de la Cruz ¿Adónde te escondiste Amado? Al fin se cumplió su deseo y cuando el 4 de junio tuvo una recaída no pareció de gravedad. Pero unos días después empeoró y, ante su inminente muerte, con gran serenidad pidió una reliquia de su querida madre Teresa de Jesús. Murió como ella quiso, rodeada de sus hijas y sin llamar la atención, el atardecer del domingo 7 de junio de 1626, festividad de la Santísima Trinidad, misterio del que era muy devota. Pero no pudo impedir que cientos de personas de toda condición social se acercasen hasta su querido Carmelo para venerarla como una santa. El confesor de la Infanta, el agustino fray Bartolomé de los Ríos, ofició dos funerales: uno en Amberes, antes de su entierro, ante el Obispo y todas las autoridades, y otro en la catedral de Bruselas, presidido por la Infanta, que quiso ofrecer un solemne funeral en memoria de su gran amiga y consejera. Pronto se sucedieron los milagros -el primero de ellos tuvo lugar el mismo día de su muerte- y la Infanta Isabel Clara Eugenia, junto con la reina María de Médicis fueron grandes impulsoras del Proceso de Canonización. Curiosamente uno de los dos milagros valorados para su beatificación fue la curación instantánea por imposición de su capa blanca a la reina María de Médicis en 1633; el otro fue la curación de un fraile carmelita del convento de Amberes en 1731. Reyes, príncipes y rectores de las más importantes universidades enviaron al Papa cartas solicitando su pronta beatificación, pero, a pesar de los numerosos milagros, el proceso se alargó interminablemente en el tiempo, en gran parte por las circunstancias políticas que atravesó Flandes hasta que en 1830 se constituyó el reino católico de Bélgica. Al fin el 6 de mayo de 1917, en plena Primera Guerra Mundial, culminó el proceso y el papa Benedicto XV beatificó a esta ilustre carmelita toledana expresando en el Breve su satisfacción por elevar al honor de los altares a la compañera inseparable de Santa Teresa a quien ella ya había canonizado en vida cuando decía: Ana, Ana, tú eres la santa, yo tengo la fama. En la solemne ceremonia, celebrada en el interior de la Basílica de San Pedro, Ana de San Bartolomé fue invocada como defensora de la Paz.
Excelente web de la Asociación Amigos de Ana de San Bartolomé https://anadesanbartolome.org/ana.html
Más información: Carmelo de Amberes
Más información: Carmelo de Ávila
Más información: Carmelo de Pontoise
Más información: Almendral de la Cañada
Julián Rodríguez (Parroquia de san Martín, Salamanca 1896-Valencia 1936) Un mártir en la Catedral de Salamanca
Una gozosa sorpresa vivida en la Catedral Nueva de Salamanca es descubrir la presencia del beato mártir Julián Rodríguez, salesiano, en la Capilla de San José. En uno de los cuadros se contempla la imagen central del santo con el Niño en brazos, de la gubia de José de Larra, preside el retablo jalonado por los lienzos de Santa Elena y San Juan. En el ático campea una pintura de Santiago Matamoros. En tiempos recientes aquí se han colocado las reliquias y un retrato del beato Julián Rodríguez Sánchez, martirizado en la persecución religiosa, en los días de la persecución religiosa española.
Al final del retablo (a la derecha de la foto) se ve el cuadro. Sobre el altar, está el antebrazo izquierdo del beato Julián dentro de un relicario.
Nuestro mártir y beato Julián Rodríguez, que nació en 1896 en Salamanca. Profesó como salesiano en 1917 y como sacerdote en 1930. Entusiasta del culto y de la educación. Se distinguió por su generosidad en la dedicación al trabajo, gentil y servicial. No queriendo hacer daño a sus benefactores rechazó refugiarse con ellos, se presentó voluntariamente a la autoridad y fue encarcelado. Mártir en el Picadero de Paterna de Valencia en 1936.
Fue beatificado el 11 de marzo del 2001 por Juan Pablo II en la lista de "José Aparicio Sanz (1893-1936), sacerdote y 232 compañeros, mártires en España, que durante la persecución contra la fe derramaron su sangre por Cristo".
Otros tres mártires salmantinos y beatos de la Guerra del 36:
1. Fray Pedro Luis Luis nació el 11 de septiembre de 1915 en Monsagro. En 1928 ingresó en la escuela apostólica de Las Caldas de Besaya y pasó en 1931 a la de Corias, pero le sobrevino una enfermedad que le obligó a volver al pueblo. Durante un año ayudó a su padre en el pastoreo y, pastoreando el rebaño, se acercaba al santuario de Nuestra Señora de la Peña de Francia, cercano a su pueblo. En el verano de 1932 conversó a diario con los frailes dominicos y decidió pedir el ingreso como hermano cooperador. En el convento de San Esteban de Salamanca hizo su profesión el 9 de diciembre de 1934. Buen religioso, muy mortificado, prestó servicios en la ropería. En enero de 1935 lo destinaron a Las Caldas de Besaya y continuó allí su vida ejemplar, afable, jovial, estimado y querido de todos. Con sus hermanos de comunidad recibió el martirio arrojado al mar en la bahía de Santander en la noche del 22 al 23 de diciembre de 1936.
2. Fray Vidal Luis Gómara, también nacido en Monsagro, ingresó en la escuela apostólica dominica de Corias (Asturias); tomó el hábito en 1907 y, un año después, emitió su profesión. Cursó Filosofía en Corias y Teología en Salamanca, ordenándose como sacerdote en 1915. Con el oportuno permiso celebró su primera misa ante el Santísimo Expuesto y entonces se ofreció como víctima expiatoria por las blasfemias y sacrilegios a la Eucaristía. Asignado al colegio de Villava (Navarra) donde comenzó a escribir una obra que tituló «Los dominicos y el arte»; En 1929 lo destinaron al convento de Santo Domingo el Real de Madrid donde se dedicó al apostolado social y entre la juventud. En 1935 pasó a San Esteban de Salamanca con la misión de restaurar el santuario de la Peña de Francia. El 17 de julio de 1936 hizo un viaje a Madrid y, el 18, cuando se hallaba en un autobús para regresar a Salamanca, se presentó un desconocido que necesitaba urgentemente viajar en aquel medio público y no tenía billete, le entregó el suyo con la esperanza de tomar otro autobús al día siguiente, pero ya no pudo salir de Madrid. Pasó al menos quince días sin domicilio, durmiendo por los bancos de la calle y otros lugares, pero al fin fue acogido en una casa, donde celebraba todos los días. En la vida clandestina brilló por su celo en llevar la Eucaristía a otras víctimas de la persecución; no aceptó la oferta que le hicieron de pedir para él refugio en una embajada porque, «para un soldado de Cristo —decía— era un honor morir en acto de servicio sacerdotal». Asistiendo a la Iglesia perseguida tuvo una premonición que le dio certeza de su martirio próximo, y quería aprovechar el tiempo llevando la comunión a cuantos pudiera. En este ministerio fue detenido el 4 de octubre y confesó sin rodeos que era fraile dominico, lo llevaron a la comisaría del Congreso, el 9 de octubre lo pusieron a disposición de la Dirección General de Seguridad y, al día siguiente, recluido en la cárcel Modelo, donde estuvo dedicado a la meditación y rezo del rosario fue objeto de frecuentes torturas con la punta de una navaja. El 15 de noviembre lo trasladaron a la cárcel de Porlier. Consumó su martirio el 18 de noviembre de 1936 en Paracuellos del Jarama (Madrid). Fue beatificado el 28 de octubre de 2007 por Benedicto XVI.
3. José Polo Benito. Nació en Salamanca en 1879. Ingresó en el seminario de Salamanca, y recibió la ordenación sacerdotal en 1904. Fue catedrático de la Universidad Pontificia de Salamanca, secretario de cámara del obispado y canónigo. En 1911 marchó a Plasencia, en cuya diócesis ocupó altos cargos de gobierno. En 1923 fue nombrado deán de la catedral de Toledo, donde continuó una intensa actividad pastoral y científica, hasta que en la madrugada del 23 al 24 de agosto de 1936, en plena persecución religiosa. Murió asesinado fusilado en la Puerta del Cambrón de Toledo junto a un grupo de 80 personas. Fue beatificado en Roma el 28 de octubre de 2007, dentro del grupo de 498 mártires españoles.
SALAMANCA ¡LA SANTA!
Acabo de gozar de mi Salamanca y, en concreto, de sus dos catedrales. Siempre me cuestionaba el porqué una ciudad que a tantos santos ha acogido, sin embargo no tenía ninguno. Por fin, llegó la primera: Santa Bonifacia a Y, luego, otros beatos más. Hoy he "descubierto" a otro "Rodríguez", de nombre Julián, mártir salesiano. Os comparto dos entrañables artículos, el primero sobre NUESTROS SANTOS CHARROS y el siguiente PUEBLOS SALMANTINOS con nombre de santos. Dios quiera que todos ellos, los canonizados (santos, beatos, venerables, siervos de Dios) y los que -como mi abuela María, mi madre María Antonia, mi hermana Juani- se merecen el título que dio el Papa Francisco "santos de la puerta de al lado" nos echen una mano para seguir a la zaga de su huella, que es la del Santo, Jesús, Camino, verdad y vida. Así podremos cantar ¡Salamanca, la santa! o añadirle al "arte, saber y toros" en ¡Salamanca ensantada!
SANTOS DE SALAMANCA
Celebra hoy la festividad de todos aquellos que nos han precedido en su marcha al cielo, y que ya están disfrutando de la presencia de Dios cara a cara. Es decir, todas aquellas personas anónimas que ya son santos. Esta fiesta nos recuerda que todos somos llamados a la santidad en esta vida. En los primeros siglos de vida de la Iglesia había un día para recordar a los mártires. El papa Bonifacio IV (608-615) transformó un templo griego en uno cristiano para dedicarlo al culto de "Todos los Santos". Y fue en el año 840 cuando la festividad comenzó a celebrarse el 1 de noviembre. Hemos de recordar que muchas fiestas importantes comienzan su celebración el día anterior por la noche, en la misa vespertina de vigilia, es decir el 31 de octubre. En inglés sería All Hallow's Eve, la víspera de Todos los Santos. Con el tiempo su pronunciación fue cambiado hasta la conocemos en nuestros días Halloween. Esta celebración poco tiene que ver con la importancia del día que hoy celebra la Iglesia Universal, aunque su origen sea el mismo.
Muchos son los santos anónimos que han nacido en nuestra tierra y que han construido Salamanca, en representación de todos ellos recordamos a los que sí conocemos y que han nacido o han tenido relación con nuestra provincia.
De esta manera recordamos a los primeros de todos que son san Arcadio y compañeros mártires (Pascasio, Eutiquiano, Probo y el niño Pablito o Paulillo). Aunque se desconoce la fecha de su nacimiento, se sabe que era natural de Salamanca. Al igual que sus compañeros mártires, fue militar de profesión en el ejército de Genserico, rey de los vándalos. Con su ejército se trasladó al norte de África para luchar contra Valentiniano. Arcadio y sus compañeros habían sido siempre fieles soldados de su rey, pero al enterarse Genserico que éstos no eran arrianos, los encarceló y ordenó torturar para que renegaran de la fe católica. Ante la resistencia y negativa de los soldados cristianos a renunciar a su fe, Genserico decretó la pena de muerte y, entre durísimos tormentos, Arcadio y sus compañeros entregaron su vida a Dios en el año 437. Sus reliquias se encuentran en la iglesia de San Martín de Salamanca.
Otros cuatro inscritos en el libro de los santos han muerto mártires en la Guerra Civil española a manos del bando republicano. Ellos son el beato Julián Rodríguez, que nació en 1896. Profesó como salesiano en 1917 y como sacerdote en 1930. Entusiasta del culto y de la educación. Se distinguió por su generosidad en la dedicación al trabajo, gentil y servicial. No queriendo hacer daño a sus benefactores rechazó refugiarse con ellos, se presentó voluntariamente a la autoridad y fue encarcelado. Mártir en el Picadero de Paterna de Valencia en 1936.
El beato Fray Pedro Luis Luis nació el 11 de septiembre de 1915 en Monsagro. En 1928 ingresó en la escuela apostólica de Las Caldas de Besaya y pasó en 1931 a la de Corias, pero le sobrevino una enfermedad que le obligó a volver al pueblo. Durante un año ayudó a su padre en el pastoreo y, pastoreando el rebaño, se acercaba al santuario de Nuestra Señora de la Peña de Francia, cercano a su pueblo. En el verano de 1932 conversó a diario con los frailes dominicos y decidió pedir el ingreso como hermano cooperador. En el convento de San Esteban de Salamanca hizo su profesión el 9 de diciembre de 1934. Buen religioso, muy mortificado, prestó servicios en la ropería. En enero de 1935 lo destinaron a Las Caldas de Besaya y continuó allí su vida ejemplar, afable, jovial, estimado y querido de todos. Con sus hermanos de comunidad recibió el martirio arrojado al mar en la bahía de Santander en la noche del 22 al 23 de diciembre de 1936.
Beato Fray Vidal Luis Gómara, también nacido en Monsagro, ingresó en la escuela apostólica dominica de Corias (Asturias); tomó el hábito en 1907 y, un año después, emitió su profesión. Cursó Filosofía en Corias y Teología en Salamanca, ordenándose como sacerdote en 1915. Con el oportuno permiso celebró su primera misa ante el Santísimo Expuesto y entonces se ofreció como víctima expiatoria por las blasfemias y sacrilegios a la Eucaristía. Asignado al colegio de Villava (Navarra) donde comenzó a escribir una obra que tituló «Los dominicos y el arte»; En 1929 lo destinaron al convento de Santo Domingo el Real de Madrid donde se dedicó al apostolado social y entre la juventud. En 1935 pasó a San Esteban de Salamanca con la misión de restaurar el santuario de la Peña de Francia. El 17 de julio de 1936 hizo un viaje a Madrid y, el 18, cuando se hallaba en un autobús para regresar a Salamanca, se presentó un desconocido que necesitaba urgentemente viajar en aquel medio público y no tenía billete, le entregó el suyo con la esperanza de tomar otro autobús al día siguiente, pero ya no pudo salir de Madrid. Pasó al menos quince días sin domicilio, durmiendo por los bancos de la calle y otros lugares, pero al fin fue acogido en una casa, donde celebraba todos los días. En la vida clandestina brilló por su celo en llevar la Eucaristía a otras víctimas de la persecución; no aceptó la oferta que le hicieron de pedir para él refugio en una embajada porque, «para un soldado de Cristo —decía— era un honor morir en acto de servicio sacerdotal». Asistiendo a la Iglesia perseguida tuvo una premonición que le dio certeza de su martirio próximo, y quería aprovechar el tiempo llevando la comunión a cuantos pudiera. En este ministerio fue detenido el 4 de octubre y confesó sin rodeos que era fraile dominico, lo llevaron a la comisaría del Congreso, el 9 de octubre lo pusieron a disposición de la Dirección General de Seguridad y, al día siguiente, recluido en la cárcel Modelo, donde estuvo dedicado a la meditación y rezo del rosario fue objeto de frecuentes torturas con la punta de una navaja. El 15 de noviembre lo trasladaron a la cárcel de Porlier. Consumó su martirio el 18 de noviembre de 1936 en Paracuellos del Jarama (Madrid). Fue beatificado el 28 de octubre de 2007 por Benedicto XVI.
Y otro mártir más, el beato José Polo Benito. Nació en Salamanca en 1879. Ingresó en el seminario de Salamanca, y recibió la ordenación sacerdotal en 1904. Fue catedrático de la Universidad Pontificia de Salamanca, secretario de cámara del obispado y canónigo. En 1911 marchó a Plasencia, en cuya diócesis ocupó altos cargos de gobierno. En 1923 fue nombrado deán de la catedral de Toledo, donde continuó una intensa actividad pastoral y científica, hasta que en la madrugada del 23 al 24 de agosto de 1936, en plena persecución religiosa. Murió asesinado fusilado en la Puerta del Cambrón de Toledo junto a un grupo de 80 personas. Fue beatificado en Roma el 28 de octubre de 2007, dentro del grupo de 498 mártires españoles.
Tres son las mujeres que nos representan en este grupo.
La única santa es Bonifacia Rodríguez, nació en Salamanca el 6 de junio de 1837. Huérfana de padre a los 15 años tuvo que trabajar duro para ayudar a su familia. En 1870 llega a Salamanca el jesuita Francisco Butiñá, director espiritual de Bonifacia. En 1874 fundan una Congregación de trabajadoras, las Siervas de San José, para la santificación por medio de la oración, comprometida con la promoción femenina trabajadora. Las casas se llaman Talleres de Nazaret y tienen como modelo la Sagrada Familia. La novedad que supuso la fundación provocó el rechazo del clero y la sociedad.
Santa Cándida María de Jesús no nació en Salamanca pero pasó toda su vida aquí, donde murió en 1912. Religiosa jesuitina, fundadora de las Hijas de Jesús.
Beata Eusebia Palomino nació en Cantalpino el 15 de diciembre de 1899. La familia de Agostino Palomino, un verdadero hombre de fe, es muy pobre. En algunos períodos del año, Eusebia y su padre se ven obligados a pedir limosna en los países vecinos, pero lo hacen con un gozo y una fe verdaderamente únicos. En esos largos viajes, Agustín le cuenta el catecismo a su hija, ansiosa por conocer los misterios del Señor. En la familia de Eusebia trabajamos, rezamos y nos amamos. El día de la primera comunión fue vivido por Eusebia con gran intensidad. Inmediatamente después, se fue a trabajar con una familia adinerada. No cedió a las tentaciones de la adolescencia, siempre puso a su amigo Jesús en primer lugar, fue enviado a Salamanca, primero como niñera y luego como asistente en un hospicio. Quería tanto volverse religioso. Un día, azadón, encontró una medalla de María Auxiliadora. Poco después un amigo misterioso la llevó al oratorio de las monjas. Antes de morir tuvo momentos de éxtasis y visiones. Falleció el 10 de febrero de 1935. Su cuerpo descansa en Valverde del Camino. Fue beatificada el 25 de abril de 2004 por Juan Pablo II.
Otros santos reposan en tierras salmantinos como son santa Teresa de Jesús en Alba de Tormes, san Juan de Sahagún y santo Tomás de Villanueva en la Catedral de Salamanca y san Juan de Mata en la iglesia de los Trinitarios de Salamanca.
Aunque son muchos más los que han pasado tierras salmantinas como son san Francisco de Asís, san Juan de Ávila, san Toribio de Mogrovejo, san Ignacio de Loyola, san Juan de la Cruz, san Simón de Rojas, san Juan Pablo II o san Juan XXIII.
https://okeysalamanca.com/2022/11/01/todos-los-santos-de-salamanca/
LOS PUEBLOS DE SALAMANCA CON SANTOS EN SU NOMBRE
Juanjo González, Viernes, 1 de noviembre 2024, https://www.salamancahoy.es/salamanca/provincia/pueblos-salamanca-santos-nombre-20241028100244-nt.html
Como todos los años, este 1 de noviembre se celebra el 'Día de Todos los Santos', cita en los países de tradición cristiana del mundo rinden homenaje a sus difuntos. La fecha del 1 de noviembre fue elegida por el papa Gregorio IV (731-741) cuando en 835 estableció el 1 de noviembre como el Día de Todos los Santos. Cada santo tiene su fecha de celebración en el calendario -los que están canonizados- pero hay otros -que no están canonizados- por los que también se celebra este día, además de por las personas que han superado el purgatorio y gozan de la vida eterna en la presencia de Dios.
En Salamanca, muchos pueblos deben su nombre a santos, aunque con alguna sorpresa porque dos de ellos, con el 'San' por delante, no lo deben en sus casos particulares a ningún santo. Aquí toda la lista y quiénes fueron esos santos.
San Miguel de Robledo
Esta pequeña localidad del sur de la provincia de Salamanca. La fundación de San Miguel del Robledo se debe al proceso de repoblación llevado a cabo por los reyes leoneses en la Edad Media en la Sierra de Francia, quienes le dieron el nombre de Arroyomuerto, nombre con el que pasó a formar parte del alfoz de Miranda del Castañar tras la creación de éste por el rey Alfonso IX de León en 1213. Con la creación de las actuales provincias en 1833, fue incluido en la provincia de Salamanca, dentro de la Región Leonesa,3 adscripción territorial que se ha mantenido vigente hasta la actualidad. En 1982 se cambió la denominación por la de San Miguel del Robledo. Arroyomuerto es el nombre popular que se sigue manteniendo.
San Miguel de Robledo.
El Arcángel San Miguel es el encargado de frustrar a Lucifer o Satanás, uno de los ángeles caídos. Por eso, en el arte se le representa como un ángel con armadura de general romano, amenazando con una lanza o espada a un demonio o dragón.
Dios le guarde
Pequeña localidad de la comarca de Ciudad Rodrigo cuyo origen del nombre viene reflejado en dos posibles leyendas. Por un lado, cuando alguien tenía que atravesar el bosque se le decía 'Dios le guarde'; y, por otra, se dice que cuando Jesucristo vino a Salamanca a bautizar a los pueblos, se le olvidó ponerle el nombre y dijo «a ese pueblo, que Dios le guarde».
Encina de San Silvestre
La fundación de Encina de San Silvestre se remonta a la repoblación efectuada por los reyes leoneses en la Edad Media, quedando adscrito al Alfoz de Ledesma, en el Reino de León. El principal hecho por el que es conocida la localidad es porque algunos autores apuntan que en ella nació, en 1468, el humanista Juan del Enzina, que habría tomado su pseudónimo del nombre de la localidad.
La historia liga al pueblo con el Papa San Silvestre (bautizó a Constantino, el primer emperador que se hizo cristiano) y con San Francisco de Asís -fundador de la Orden Franciscana, lavó la piel de un hombre con lepra-.
La Fuente de San Esteban
Su germen proviene de la Edad Media, cuando la zona es definitivamente reconquistada a los musulmanes por los reyes cristianos. Allí existía una fuente y por allí pasaban las cañadas de la trashumancia del ganado lanar que se llegó a convertir en la clave de la economía de Castilla durante varios siglos.
San Esteban fue el primero de los discípulos de Jesús que derramó su sangre por proclamar su fe Cristo.
Paradinas de San Juan
Se integra dentro de la comarca de la Tierra de Peñaranda. La fundación del actual Paradinas de San Juan obedece a la repoblación efectuada por los reyes de León en la Edad Media como forma de reforzar la frontera leonesa frente a los territorios castellanos, quedando Paradinas integrado posteriormente como territorio perteneciente a la Orden de San Juan, dentro del Reino de León El topónimo de Paradinas podría significar 'cercado' no descartándose que provenga directamente de 'parada'. Paradinas se documenta por primera vez en 1113 cuando la reina Urraca I de León la dona a la Orden de San Juan. El topónimo, que ya aparece documentado en la Edad Media como 'Paradinas', adoptó diversos sobrenombres: de Salamanca, de la Encomienda y el actual de San Juan.
San Juan, también llamado el Bautista o Juan el Bautista, este santo está considerado precursor de Jesús en varias ramas del cristianismo y también es venerado en el islam como profeta. Juega un papel muy importante en el Nuevo Testamento, ya que los cuatro evangelistas hablan de él como el que anuncia la llegada del Mesías.
Puebla de San Medel
Pequeña localidad charra de la comarca de la Sierra de Béjar formado por dos núcleos de población, Puebla de San Medel (capital municipal) y San Medel. Su fundación puede datarse en las repoblaciones medievales. Tras la creación, en 1209, de la Comunidad de Villa y Tierra de Béjar, Puebla de San Medel, entonces simplemente «San Medel», pasó a formar parte de la misma.
El nombre San Medel proviene de San Emeterio, santo de fuerte devoción en la Castilla primitiva -soldado romano decapitado por profesar el cristianismo-.
San Cristóbal de la Cuesta
Pueblo de la comarca de La Armuña. El fuero de San Cristóbal fue concedido por el cabildo de Salamanca en 1220. Se trata de un fuero concedido a una población ya establecida, y por tanto con campos ya explotados, incluso sus pobladores aparecen constituidos en «concilio».
San Cristóbal es venerado por la Iglesia católica y ortodoxa como un mártir ejecutado durante el reinado de Decio (Decius), emperador de Roma. Su famosa leyenda cuenta que él portó a un chiquillo, al que no conocía, a través de un río antes de que el niño le revelase que era Cristo. Debido a ello, se lo considera el santo patrón de los viajeros, y su efigie se lleva en medallas al cuello, brazaletes o en figuras para vehículos por parte de los cristianos.
San Esteban de la Sierra
Se dice que el núcleo parte de cuando algunas familias se acomodaron en la región buscando agua para mover sus molinos y por vestigios dispersos conocemos que pudo haber asentamientos prehistóricos. Su origen data de la Edad Media, cuando algunas familias se acomodaron en la comarca buscando agua para mover sus molinos. Tras la expulsión de la península de musulmanes, judíos y moriscos, se fundaría el asentamiento cristianizado de San Esteban de la Sierra, cuyos primeros registros y menciones de San Esteban datan del siglo XV.
San Esteban fue el primero de los discípulos de Jesús que derramó su sangre por proclamar su fe Cristo.
San Felices de los Gallegos
Situada al oeste de la provincia de Salamanca, a 105 km de la capital, frente a la frontera de Portugal y separada de ésta por el cauce del río Águeda. Fundada en el año 690 por un obispo de Oporto llamado don Félix, que la bautizó «San Felices» en honor a su santo y, como sus primeros pobladores fueron oriundos de Galicia, pasó a conocerse como «de los Gallegos».
San Félix de Cantalicio fue un religioso de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos.
San Martín del Castañar
Situada al sur de la provincia de Salamanca en la Sierra de Francia, a 74 km de Salamanca capital. Se asienta sobre restos de poblados remotos que datan de la época de los romano. Su fundación como San Martín del Castañar se remonta a la repoblación llevada a cabo por el los reyes de León (rey Alfonso IX de León).
San Martín de Tours fue un obispo católico de Tours elevado a santo y patrono de numerosas localidades. Es el patrono de los soldados y de numerosas poblaciones en todo el mundo.
San Miguel de Valero
Aunque los escritos remontan sus primeros ocupantes anterior a los romanos, es probable que la primera aldea cercana al actual enclave de San Miguel que tuviera cierta entidad en esta época se situara en el cerro de San Juan en la Edad Media.
El Arcángel San Miguel es el encargado de frustrar a Lucifer o Satanás, uno de los ángeles caídos. Por eso, en el arte se le representa como un ángel con armadura de general romano, amenazando con una lanza o espada a un demonio o dragón.
San Morales: una de las sorpresas
Integrado dentro de la comarca de Las Villas. Todo parece indicar que fue creado en la repoblación efectuada por los reyes de León en la Edad Media. El nombre del municipio no se debe a un santo sino que como explica la web del propio ayuntamiento charro, procede de la abundancia de sal que contienen los terrenos.
El nombre del municipio procede de la abundancia de sal que contienen los terrenos. Salmorales significa «campos con suelos salinos». Cuenta una leyenda que en San Morales había dos imágenes de San Bartolomé y en Huerta dos verracos.
San Muñoz: otra sorpresa
Integrado dentro de la comarca del Campo de Salamanca (Campo Charro) y la subcomarca de La Huebra. Sus orígenes datan de pueblo templario del siglo XII, aunque se conoce que a orillas del río Huebra, donde hoy está ubicado San Muñoz, desde hace unos 200.000 años, en el periodo Achelense medio, ya estaba habitado por grupos de hombres prehistóricos.
Su nombre tampoco proviene de un santo, sino de Sancho Muñoz, nombre que después se acortó. De hecho las fiestas patronales de San Muñoz son en junio en honor a San Juan.
San Pedro del Valle
Municipio de Salamanca Integrado dentro de la comarca de la Tierra de Ledesma, su fundación se remonta al siglo XIV, denominándose entonces 'El Balle'.
San Pedro es uno de los santos más reconocidos del cristianismo. Fue el primer líder de la Iglesia cristiana y se le considera el primer Papa.
San Pedro de Rozados
La fundación de esta localidad salmantina se remonta a la repoblación efectuada por los reyes de León en la Edad Media, quedando integrado en el cuarto de Peña del Rey de la jurisdicción de Salamanca, dentro del Reino de León, denominándose entonces Sant Pedro de Roçados. Incluido en la vía de la plata hacia Santiago de Compostela, lo de Rozados dicen que viene de 'rozaduras', de esos pies lastimados de los peregrinos por los muchos kilómetros de andadura.
San Pedro fue el primer líder de la Iglesia cristiana y se le considera el primer Papa.
San Pelayo de la Guareña
Integrado dentro de la comarca de la Tierra de Ledesma. La reconquista de San Pelayo de Guareña fue realizada por los reyes de León una vez que fueron reconquistados Ledesma, Juzbado, Guadramiro o Salamanca por Ramiro II de León en el siglo X. Posteriormente, en 1136 San Pelayo fue otorgado por el rey Alfonso VII de León al obispado de Salamanca,5 siendo denominado «Sant Pelayo». El 2 de julio de 1916, la localidad cambió su denominación oficial de San Pelayo por la de San Pelayo de Guareña.
San Pelayo fue un mártir cristiano español. Adolescente de catorce años martirizado durante el califato de Abderramán III y canonizado posteriormente por la Iglesia católica, como ejemplo de la virtud de la castidad juvenil.
Santa María de Sando
Se integra dentro de la comarca de la Tierra de Ledesma. La fundación de Santa María de Sando se remonta a la repoblación efectuada por los reyes leoneses en la Edad Media, quedando adscrito al Alfoz de Ledesma, en el Reino de León. En el siglo XIV una parte del término pasó a pertenecer a la orden de los Agustinos por donación de Lope de Estúñiga en 1339, hecho que se prolongó hasta el siglo XIX. Con la creación de las actuales provincias en 1833, Santa María de Sando quedó integrado en la provincia de Salamanca.
María fue la madre de Jesús de Nazaret. El Evangelio de Mateo y el Evangelio de Lucas presentan a María como una joven virgen cuando, en la Anunciación, consintió en quedar encinta por obra del Espíritu Santo, sin concurso de varón.21 Por esto, a menudo se la llama la «Virgen María», o simplemente «la Virgen», en las Iglesias católica, ortodoxa, copta, en la Comunión anglicana y en otras confesiones cristianas.
Santa Marta de Tormes
Uno de los pueblos más importantes del alfoz charro. Existen datos de asentamientos humanos en el territorio que hoy ocupa el municipio de Santa Marta de Tormes desde el Paleolítico. La fundación del actual Santa Marta responde a las repoblaciones realizadas en la Edad Media por los reyes de León.
Marta fue la hermana de María Magdalena y de Lázaro , el hombre que fue revivido por Jesús. En su casa, en Betania, Jesús se hospedó en varias ocasiones.
Santiago de la Puebla
Como explica el Ayuntamiento de la localidad salmantina en su web, su fundación tuvo lugar durante la Repoblación. Por un lado Santiago, considerado el patrón de la Corona Leonesa y aliado de la cruzada cristiana y que según las leyendas había participado en varias batallas contra los moros, y por otro lado Puebla, es decir de la Repoblación.
Santiago de Zebedeo o Santiago el Mayor fue uno de los primeros discípulos en derramar su sangre y morir por Jesús. Miembro de una familia de pescadores, hermano de Juan Evangelista.
Los Santos
Integrado dentro de la comarca de Guijuelo. Los Santos era ya núcleo de población en época romana como lo demuestran los restos encontrados. El nombre de Los Santos remite a antecedentes de tipo religioso: el pueblo y su término se halla profusamente poblado por cruceros y cruces inscritas en granito, por ermitas y santuarios.
CUANDO LOS JÓVENES ILUMINAN NUESTRAS NOCHES
Estreno del musical "Una luz en la oscuridad" en Getafe
Estrenado en inglés en Gales, anoche, pudimos gozar como primicia en España el musical 'Una luz en la oscuridad'. Se basa en la experiencia vital de J. R. R. Tolkien, el autor de El Señor de los anillos, quien sufrió la traumática experiencia de la primera Guerra Mundial, con la pérdida de sus mejores amigos en la batalla de Some. Sólo a través de la literatura, la fidelidad a sus ideales y su fe, conseguirá superar el trauma y dar al mundo un mensaje de esperanza.
El grupo de jóvenes de la Milicia de Santa María -entre los 15 y 18 años- sigue la senda de los musicales dedicados a San Pablo, "Hijos de la Libertad", las Obras de Misericordia, "Contigo", a Ignacio Echeverría, héroe del monopatín, quiere acercar, también por medio de la música, la figura de uno de los literatos universales más relevantes de nuestro tiempo, el inglés y católico J. R. R. Tolkien.
La presentación corrió a cargo de su director, Javier Segura, quien destacó que, aparte del valor literario de aproximarse a la figura de Tolkien, el musical obedece a un proyecto educativo, con un rotundo mensaje de esperanza a los espectadores, pero sobre todo como oportunidad de "crecimiento» a sus protagonistas, adolescentes y jóvenes, que ponen a prueba el desarrollo de sus capacidades humanas y artísticas, al ponerse sobre el escenario para cantar, bailar y hablar en inglés, como sucedió en Gales. Otro objetivo y muy claro, es que les sirva para «evangelizar a través del arte». Y, señalo yo, la creación de un grupo de amigos dispuestos a dar lo mejor para la salvación del mundo. No en vano se repetía como ritornelo o estribillo "la belleza salvará al mundo". Verdadera emoción creó la tonadilla "Tanto para soñar, tanto por vivir, sueños que contar, y vivir para servir", coreado por los cientos de participantes.
Como motivación de la velada, intervino puntualmente la psicóloga Gloria Howard, quien acogió al grupo de jóvenes en Gales y al mostrar su inquietud por la salud mental de los jóvenes, su fragilidad, sus heridas que llevadas al extremo terminaban en alarmante aumento de suicidios, apoyó en la revisión revisión del guión. Cabe destacar el acompañamiento de la orquesta dirigida por Miguel Ángel Gómez González-Vallés, creador de la la sinfonía La música de los Ainur, Inspirada en el libro Ainulindalë, primera parte de El Silmarillion, que recoge la creación del mundo por parte de Eru (Dios) a través de la música, y cómo interviene en ello Melkor, una figura diabólica. Es de agradecer el esfuerzo tenido para subir a Spotify las 19 canciones del musical https://open.spotify.com/intl-es/album/2jSD0nE3ZdlnVMZThZhl7H
El guión -elaborado por Javier Segura- se basa en la biografía de Tolkien que enfatiza su experiencia en la Primera Guerra Mundial, su bloqueo personal y cómo salió de ello. El relato del musical cubre varias épocas de su vida, engarzadas en un momento de madurez cuando, durante la segunda contienda global, «está escribiendo lo que sería El señor de los anillos y escribe a su hijo Cristopher», que está combatiendo. Se trata de un momento en que «le vienen como fantasmas del pasado todos los recuerdos de la guerra» y de la pérdida de dos de sus amigos más cercanos. También está «mirando atrás» y viviendo la «tentación de pensar que la juventud era un tiempo de idealismo pero llega el momento de ser maduro y realista y abandonar esos ideales». El pasaje de la Ciénaga de los Muertos refleja la batalla del Somme, cuando se encontró con 20.000 muertos en el campo de batalla.
Como refirió el propio Javier Segura. agradeciendo a los protagonistas en mensaje personal, al culminar las dos sesiones, "la gente salió tocada ayer y estoy seguro de que se hizo mucho bien. Pero el mayor bien es para nosotros pues esta es una ocasión de entrega y servicio al estilo de Jesús de Nazaret. Seguimos sus huellas".
Gracias, jóvenes de la Milicia de Santa María, gracias profesores de la Delegación de Enseñanza de Getafe, gracias músicos y artistas, que nos brindasteis tan bello espectáculo y nos lanzasteis con ganas a compartir la esperanza que salvará al mundo. "Tanto para soñar, tanto por vivir, sueños que contar, y vivir para servir"
José Antonio Benito
https://venyveraseducacion.com/musical-una-luz-en-la-oscuridad-tolkien/
Tuve la suerte de conversar un buen rato con el P. Maximino, en compañía del P. Ildefonso Murillo, en el 2009, en su Casa de Salamanca, donde me mostró con generosidad y sencillez alguno de sus murales, testimonio de su pasión misionera, a lo Claret, al calor de la teología popular del Vaticano II, Medellín, a la que puso su celo sacerdotal y su creatividad. Mi oración agradecida por su vida entregada y mis condolencias a sus familiares y claretianos. Les comparto algunos artículos dedicados a su memoria.
Muere el misionero asturiano Maximino Cerezo Barredo, el artista de la Teología de la Liberación
El religioso, nacido en 1936 en Villaviciosa, fue el referente del arte religioso y social en América Latina de la segunda mitad del siglo XX. En España, destacan los capillas y salas comunes del colegio Corazón de María, de Gijón
D. Espina
Sábado, 21 de febrero 2026
El misionero asturiano de la orden claretiano y artista Maximino Cerezo Barredo, conocido universalmente como Mino, falleció en la tarde del 20 de febrero en la comunidad claretiana de Colmenar Viejo (Madrid), a los 93 años. Nacido en 1932 en Villaviciosa (Asturias), descubrió desde muy joven en el dibujo una forma natural de comprender y expresar el mundo. Realizó sus primeros estudios en su localidad natal y posteriormente cursó el bachillerato en el colegio Corazón de María de Gijón, donde comenzó a tomar forma su vocación religiosa. Ingresó en la congregación en 1950 y emitió sus primeros votos en 1951, tras el noviciado en Salvatierra.
Completó su formación en Filosofía y Teología en Santo Domingo de la Calzada y fue ordenado sacerdote el 7 de septiembre de 1957. Tras un primer destino pastoral en Baltar (La Coruña), se trasladó a Madrid para estudiar en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando, una etapa decisiva que consolidó su doble vocación: el ministerio sacerdotal y la creación artística.
A finales de los años sesenta, un viaje a Filipinas y su trabajo en la catedral de Basilan marcaron un antes y un después en su trayectoria. El contacto directo con la pobreza y la desigualdad transformó su manera de entender el arte, que pasó a concebir como una herramienta de denuncia, consuelo y esperanza.
Desde 1970 desarrolló una intensa labor misionera y artística en América Latina. Vivió en Perú en dos etapas, además de residir en Brasil junto al obispo claretiano Pedro Casaldáliga, en Nicaragua y en Panamá. Durante estos años se convirtió en uno de los principales referentes artísticos de la Teología de la Liberación, con murales, carteles y dibujos presentes en parroquias, catedrales y comunidades de base de al menos 18 países.
Estás leyendo esta noticia en abierto, pero sin el apoyo de nuestros suscriptores no sería posible. Súmate tú también. Ayúdanos a seguir haciendo periodismo de calidad.
En 2005 regresó definitivamente a España y fue destinado a la comunidad claretiana de Salamanca, desde donde continuó pintando, participando en encuentros y recibiendo encargos de distintos lugares del mundo. En los últimos meses de su vida residía en la comunidad asistencial de Colmenar Viejo, donde ha fallecido. Será precisamente en esta localidad madrileña donde, el sábado 21 de febrero, tenga lugar el funeral de cuerpo presente en la iglesia de los Misioneros Claretianos.
Su legado permanece vivo en miles de obras y en su firme convicción de que el arte puede ser un servicio humilde y liberador al pueblo. Orgulloso de sus raíces asturianas, Maximino Cerezo Barredo fue un cristiano sencillo, libre y sabio, cuya vida unió fe, compromiso social y creación artística.
El alcalde de Villaviciosa, Alejandro Vega, ha transmitido su pésame a la familia y valoró la trayectoria de Cerezo, « una persona ejemplar en su obra religiosa y artística». El sábado 28 se oficiará una misa en su memoria en la iglesia de La Oliva, a las 12 horas.
Estas son algunas de las obras y conjuntos artísticos más conocidos realizados por este religioso asturiano:
Murales de Juanjuí (Perú)
Realizados durante su primera etapa en la Amazonía peruana, son considerados fundacionales de su estilo maduro.
25 FEB 2026 7:00
Cuando un amigo se va, la luz tarda más en llegar cada mañana. Pero cuando ese amigo ha sido también cómplice en las causas del Reino, la luz que nos deja es de esas que ya no se apagan: se vuelve semilla, se hace memoria encendida, se derrama en los colores que él supo regalarnos. Hoy despido con emoción a Maximino Cerezo, el pintor de la liberación, y lo hago con la certeza de que su paleta sigue abierta en algún lugar del cielo.
Tres veces bastaron. Tres encuentros en los que la vida, generosa, quiso juntar nuestros caminos. La primera, en Salamanca, cuando él comenzaba a desplegar su magisterio desde el Teologado Claretiano Hispanoamericano. Yo llegaba con la mirada virgen y él, sin aspavientos, me fue enseñando a mirar: el arte no era un adorno, sino una manera de decir la verdad. Allí comprendí que sus pinceles no buscaban belleza fingida, sino verdad y justicia con forma y color.
La segunda cita tuvo la inmensidad del Mato Grosso como escenario. Allí estaba Pedro Casaldáliga, el poeta que hacía verso la profecía, y allí estaba Maximino, haciendo de cada trazo una encarnación. En aquella tierra brasileña, caliente y dolida, vi cómo su pintura se volvía teología de la ternura, cómo los rostros de los sin rostro encontraban en sus manos un lugar donde descansar y rebelarse a la vez.
La tercera ha sido también en Salamanca, pero en otra Salamanca: la de las periferias de Asdecoba, la de los márgenes donde él siempre quiso vivir. Porque Maximino no fue nunca un pintor de salón. Fue, como se ha dicho con acierto, el "pintor del pueblo". No porque retratara al pueblo, sino porque el pueblo habitaba en él, respiraba en su mirada, se hacía comunidad en sus cuadros.
Por eso sus obras no son piezas para contemplar en silencio, sino preguntas que interpelan, gritos de color que denuncian y anuncian. Por eso sus manos siguen dando rostro a Redes Cristianas, a las revistas Éxodo y Utopía, a cuantas causas justas necesitaran un poco de esa luz que él derrochaba.
Con Pedro Casaldáliga, con el incomparable poeta Jesús Tomé, con tantos otros claretianos de brecha abierta, Maximino pertenece a esa estirpe de hombres que pasan por la vida y por la Iglesia como quien abre camino en lo espeso. No buscaron aplausos ni seguridades. Buscaron, simplemente, ser fieles. Y lo fueron. Hasta el final.
Ahora que se nos ha ido, ahora que su risa y su mirada se nos quedan para siempre en la memoria, nos queda una certeza que es también una alegría: desde su nueva morada, Maximino seguirá pintando. El cielo, que tantas veces imaginamos como un lugar de luz quieta, tendrá a partir de ahora una paleta nueva, una explosión de colores imposibles, esos que solo él sabía mezclar. Y nosotros, que todavía caminamos por esta tierra, seguiremos viendo sus cuadros en cada gesto comunitario, en cada rostro que lucha, en cada causa del Reino que aún espera justicia.
Gracias, Maximino. Gracias por tanto. Gracias por abrirnos los ojos y por recordarnos que la fe, cuando es verdadera, siempre se parece a un mural colectivo, donde cada persona es un trazo necesario y cada color una promesa. Desde hoy, cada amanecer tendrá algo de tu mirada. Y cada vez que miremos un rostro anónimo, allí estarás tú, recordándonos que todos merecen ser pintados con la dignidad de los hijos de Dios.
En ellos aparecen campesinos, indígenas y escenas bíblicas reinterpretadas desde la vida cotidiana del pueblo pobre.
Murales en comunidades de base de Perú y Brasil
Especialmente relevantes los realizados en parroquias populares y centros pastorales, donde la Biblia se representa con rostros latinoamericanos, escenas de trabajo, represión y esperanza.
Obra gráfica de la Teología de la Liberación
Carteles, dibujos y viñetas que circularon masivamente por América Latina desde los años setenta, como los cristos campesinos y crucificados por la injusticia; éxodos populares; profetas y mártires contemporáneos, como monseñor Romero...
Esta producción lo convirtió en el artista de referencia visual de la Teología de la Liberación.
Murales en Nicaragua y Panamá
Realizados en el contexto de los procesos sociales y eclesiales de los años ochenta, con fuerte carga simbólica y compromiso político-evangélico.
Obras en España
Destacan murales y pinturas en comunidades claretianas, entre ellas las capillas y salas comunes del colegio Corazón de María (Gijón), los murales del Museo de la Semana Santa de Villaviciosa y las comunidades claretianas de Salamanca y otros lugares
León despide a Mino Cerezo, el pintor de los pobres que dejó huella en Armunia
La parroquia de San Antonio de Padua celebra una misa de funeral el viernes a las 19.00 horas en honor al religioso claretiano, conocido como el 'Pintor de la Liberación', autor de su retablo y el Vía Lucis
Fue el pintor de la Liberación y dejó su huella en León. Maximino Cerezo Barredo (Villaviciosa. Asturias. 1932—Colmenar Viejo. 2026), conocido como Mino Cerezo, falleció el viernes 20 de febrero a los 93 años edad. Este misionero claretiano sembró América con su pintura colorista unida a la idea de Jesús liberador y lleno de luz que predicaba la Teología de la Liberación.
El próximo viernes se celebra un funeral en León, en la iglesia de San Antonio de Padua a las 19.00 horas, para recordar y agradecer la obra que plasmó en el retablo que pintó en 2016 y el Vía Lucis que realizó para el mismo tiempo y fue inaugurado en 2021 en un acto solemne presidido por el obispo de la Diócesis, Luis Ángel de las Heras.
«Nos transmitió el Evangelio con sus pinturas y el amor a los pobres», apunta Juanjo Ruiz, el párroco de San Antonio de Padua que logró que Mino Cerezo decorara el templo con una obra realizada expresamente para esta comunidad cristiana en otra periferia, la de un barrio de León que se caracteriza por su capacidad de acogida y multiculturalidad.
El cura y el pintor se pusieron de acuerdo para acercarse a los seres más vulnerables del planeta con un lenguaje plástico asequible y a la vez imbuido por las culturas indígenas de las que vivió rodeado. Su paso por Filipinas y América Latina marcaron su vida y su obra. A lo largo de los 35 años que ejerció como misionero dejó más de 100 murales. Un póster de monseñor Romero, el jesuita asesinado en El Salvador en 1980, es una de sus obras más populares. Con su fallecimiento se pierde «una de las voces y de las pinturas más importantes del arte religioso actual unido a su visión del Evangelio en el compromiso con los más pobres y necesitados de este mundo». La obra de Mino Cerezo permanece, sin embargo, en casi todos los continentes y también en España.
En 2005 volvió de su periplo misionero y se instaló en la casa de la comunidad claretiana de Salamanca. Allí pintaba y expandió su arte en diversas zonas de España, incluido León y patria chica en Villaviciosa. El colegio mayor Alcalá y otras instituciones agradecen el legado artístico y religioso que deja. El retablo de la iglesia de San Antonio de Padua está basado en el vercículo 29 del Evangelio de San Marcos y realza la figura del «Dios escondido, el de los pobres».
Mino Cerezo colaboró con la revista La Calle, que dirigió Juanjo Ruiz durante varios años, con ilustraciones de sus pinturas. Posteriormente, ya de párroco, contactó con el pintor en Salamanca para proponerle hacer el retablo. Durante 15 dísa de intensa convivencia pintó las seis tablas, de forma altruista, en la comunidad salesiana de Armunia.
Maximino Cerezo Barredo: El misionero que pintó la esperanza de los olvidados
Con una obra que recorre más de medio centenar de iglesias en América Latina y el mundo, su arte no busca la mera estética, sino convertirse en un "catecismo visual" al servicio de la justicia social y los más vulnerables. Desde los valles de su Asturias natal hasta la selva peruana y el Mato Grosso brasileño, su pincel ha sido testigo de martirios y luchas campesinas, consolidando una teología visual que hoy es patrimonio artístico y espiritual de la Iglesia posconciliar.
22 de febrero de 2026 Radio Kerigma
A sus 93 años, Maximino Cerezo Barredo (Villaviciosa, Asturias, 1932) fiel a su vocación: encarnar la Palabra en el lienzo. Misionero claretiano y artista plástico, "Mino", como le conocen sus amigos, falleció en la tarde del 20 de febrero en la comunidad claretiana de Colmenar Viejo (Madrid). dedicó su vida a construir una estética misionera que pone el arte al servicio de la evangelización y la justicia social.
Su obra, dispersa en más de medio centenar de iglesias y catedrales de América Latina y el mundo, es un catecismo visual que ha marcado a generaciones de cristianos comprometidos con los más vulnerables.
De los valles asturianos a la selva peruana
Nacido en 1932 en Villaviciosa, su infancia quedó grabada a fuego en su memoria. "Si la patria de todo hombre es la infancia, la mía es esta, sin duda", confesaba años después al volver a su tierra natal. Su vocación religiosa despertó en el Colegio Corazón de María de Gijón, regentado por los claretianos, congregación en la que ingresó a los 18 años.
Tras estudiar Filosofía y Teología en Santo Domingo de la Calzada, fue ordenado sacerdote el 8 de septiembre de 1957. Pero su sensibilidad artística le llevó a formarse en la prestigiosa Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid, con estancias previas en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos en Valencia. Durante la década de 1960, realizó numerosas obras en España: vitrales, pintura mural y diseño de interiores para iglesias, además de exponer en el pabellón español de la Expo de Nueva York.
Sin embargo, el punto de inflexión llegó en 1970, cuando sus superiores le enviaron al Perú. Allí, en la misión claretiana de Juanjuí, en la Amazonía, descubrió una Iglesia distinta. Era la Iglesia post-Concilio Vaticano II, que en Medellín (1968) y después en Puebla (1979) había hecho una opción clara por los pobres. "Me encontré con una Iglesia que asistía a la emergencia histórica de los pobres", recordaba.
"El pintor y el cura se pusieron de acuerdo"
En la selva peruana, Cerezo Barredo halló su verdadera vocación. Un momento lo marcó para siempre. Acababa de pintar un gigantesco mural de 38 por 3 metros sobre la Historia de la Salvación en la iglesia de Juanjuí.
Una campesina recorrió el mural en silencio hasta detenerse ante una figura que lloraba la muerte de un niño. "Sacó una velita y se puso a rezar, no ante el Cristo Resucitado ni ante María, sino ante esa madre que lloraba a su hijo muerto", relató el misionero años después. En ese instante comprendió que su arte podía ser vehículo de fe y Buena Noticia. "El pintor y el cura que hay en mí se pusieron de acuerdo", resume con sencillez.
A partir de entonces, su obra se convirtió en un instrumento de evangelización inculturada. No se trataba de hacer arte "bonito", sino de plasmar el Evangelio con los rasgos, los colores y el dolor del pueblo latinoamericano.
Para él, la acción evangelizadora no podía estar al margen de la vida cotidiana; debía incidir en el contexto real de las comunidades. "Mi pintura no es de mensaje neutral. Grita para ser liberación", afirma rotundo.
Amigo de Casaldáliga y testigo del martirio
Su amistad con otro claretiano profético, Pedro Casaldáliga, le llevó a la Prelazia de São Félix do Araguaia, en el Mato Grosso brasileño. Allí, en tierra de conflictos agrarios y persecución a campesinos, pintó doce murales, incluido el de la catedral. "Fueron tiempos muy duros, cargados de amenazas de muerte por parte de los militares. Fue tiempo de mártires", rememora . Hoy, esos murales han sido declarados Patrimonio Artístico del Mato Grosso, garantizando su preservación.
Su obra se extendió por Argentina, Colombia, Venezuela, Panamá, Guatemala, Nicaragua y México, así como Roma y Chicago. En Nicaragua, trabajó en talleres de evangelización popular; en Estados Unidos, pintó para la comunidad chicana en Chicago. Donde quiera que hubiera una comunidad cristiana luchando por la dignidad, allí estaba el pincel de Mino.
Una teología visual al servicio del Reino
La teología de Cerezo Barredo no se escribió en libros, sino en muros. Su estilo, inconfundible, está poblado de símbolos recurrentes: la paloma del Espíritu, los brazos y herramientas de trabajo, los pies descalzos del pueblo peregrino, los ojos profundos que miran más allá del dolor, los testigos caídos entre flores, y sobre todo, la comunidad reunida en torno a la mesa o en asamblea. Su obra refleja la Doctrina Social de la Iglesia y la mística de las Comunidades Eclesiales de Base (CEBS).
Para él, ser revolucionario no significaba empuñar un arma, sino denunciar el sistema que produce víctimas y anunciar una sociedad distinta, donde los bienes de la tierra se distribuyan con justicia y los pobres sean reconocidos como protagonistas de la historia y privilegiados del Reino de Dios. "Optar por los pobres no es contra los ricos. Optar por los pobres es querer que los ricos también lo hagan", matiza con sabiduría.
Vuelta a casa y legado universal
Desde 2005, Cerezo Barredo residió en la comunidad claretiana de Salamanca. Pero su jubilación es activa: sigue pintando, recibiendo encargos y colaborando con causas sociales. En 2012, dejó su huella en la capilla del albergue de peregrinos de Güemes (Cantabria), en el Camino de Santiago, donde sus murales son hoy un atractivo espiritual para caminantes de todo el mundo.
Su generosidad no tiene límites. Convencido de que su obra debe ser herramienta pastoral, ha puesto la mayoría de sus dibujos e ilustraciones a disposición del público en internet, para que sean utilizados libremente en la tarea evangelizadora. "Quiero que toda mi obra se use libremente", insiste.
Su trabajo es hoy objeto de estudio en universidades de Europa y América. En 2016, en Juanjuí (Perú), se inauguró un colegio que lleva su nombre, en reconocimiento a "su ejemplo de vida" . En su Villaviciosa natal, donde comenzó todo con un cartel de fiestas en 1949, el Ayuntamiento y la Asociación Cubera le han rendido múltiples homenajes, recopilando su vida en una monografía que recorre 200 imágenes de su prolífica carrera.
"Vuelta a las raíces"
Preguntado sobre el desafío de la Iglesia hoy, el artista nonagenario no duda: "La vuelta a las raíces de nuestra fe, a la persona de Jesucristo, es lo fundamental. La Iglesia no es para sí misma; es para los demás".
Mino Cerezo Barredo, el cura que nunca dejó de pintar, ha logrado lo que pocos: que sus frescos no solo adornen templos, sino que hablen, denuncien y anuncien una Buena Noticia hecha color. Como escribió uno de sus estudiosos, en sus obras la creatividad no es solo artística, sino también histórica, evangélica y profética. Su pincel sigue siendo, como él mismo deseaba, un grito de liberación.