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Lucía Martínez Alcalde, El arte de no llegar a todo (Una conversación sobre la fragilidad, los sueños grandes y el caos) EUNSA, Pamplona, 2025

Lucía Martínez Alcalde, El arte de no llegar a todo (Una conversación sobre la fragilidad, los sueños grandes y el caos) EUNSA, Pamplona, 2025, 156 pp

José Antonio Benito

Por la profundidad y madurez del escrito curioseé la edad de esta joven madre y escritora y me sorprendí de que con menos de 40 años se pueda alcanzar tal equilibrio y sensatez. A medida que iba leyendo sentía el efecto de libros como el del "Principito" o "Momo", que lo asumes como de tu autoría porque te identificas con la exposición de los problemas y te anima con el sentido práctico y real para afrontarlos y ayudar también a otros.

Y creo que consigue el efecto por la surtida mochila de lecturas y películas asimiladas de la que oportunamente va compartiéndonos, siempre al calor de una vivencia personal, sencilla, prosaica, casi fugaz, pero que la convierte en poema de dimensión eterna. Podríamos decir que es un prontuario de joven madre que sabe combinar a las mil maravillas su tarea de ama de casa, con el ejercicio de profesión, su vida familiar, su vida espiritual, todo integrado.

La obra se convierte en una suerte  ensayo de antropología práctica que entiende muy bien el quedarse con las ganas, el tener que hacer, el debería, el me equivoqué, la renuncia, el dolor, como le sucede al poeta García-Máiquez que cita: «Sucede que mi alma está mordida / —como un bolígrafo— por el extremo / que no escribe». La autora entiende el sufrimiento y deliberadamente no se deja dominar por él. Este pequeño volumen es un ejercicio valiente de alegría, rebosante en cada página.

Hay tres puntos que marcan los centros gravitacionales de esta propuesta filosófica para surfear las olas del todo: el orden del amor, el fuego que arde y la pista de baile. Primero, el viejo ordo amoris. El amor como fuerza creativa y ordenatriz es la clave de interpretación: hacer en cada momento lo que permite amar más y mejor. Segundo: la diferencia entre brillar y arder, que se convierte casi en leitmotiv. Tercero la relación entre aprovechar el tiempo y vivirlo, la coherencia del dicho al hecho sin trecho: una danza que requiere la libre espontaneidad de la niña y la disciplina férrea del artista profesional.

El tono, sin embargo, es, a propósito, conversacional. Eso se evidencia tanto en la abundancia de citas (uno casi se hace amigo de Guardini, Ceriotti, Hitz y demás habitantes de las notas al pie) y en el propio registro de la escritura. Quizá eso aleje a los académicos. Mejor. Como cantaba Silvio Rodríguez: «Que se acerquen los niños, los amantes del ritmo. Que se queden sentados los intelectuales». Por cierto, Platón ya empleaba el diálogo como método. 

El libro articula, en siete capítulos, más su introducción y epílogo y agradecimientos, una amalgama de cuestiones contemporáneas y eternas: cómo lidiar con las redes sociales, cómo emplear mejor el calendario digital (tremendo aforismo: «Que Google Calendar ocupe el lugar que le corresponde»), qué hacer con las expectativas profesionales… y también si en este mundo estamos o no para algo, en qué consiste la virtud o cuáles pueden ser los tipos de amistad. 

Para hablar del caos y de cómo abrazarlo, la autora cita un neologismo de  Tolkieneucatástrofe. Se refiere a un suceso repentino y favorable que ocurre cuando todo parece perdido. De modo paradigmático: "la Resurrección es la eucatástrofe de la historia de la Encarnación". (p.134). De algún modo como reseña con acierto T. Peñarroja[1] "El arte de no llegar a todo es, definitivamente, es una eucatástrofe".

Para dejaros con ganas de leer la obra -yo tan sólo la he picoteado y lo haré de modo detenido- os comparto cuatro calas:

1.      Canción de los Beatles "Hey jude refrain. Don´t carry the world upon your shoulders": Hey Jude, estribillo. No cargues con el mundo sobre tus hombros, p.29.

2.      "Bajo la nieve, en los narcisos late la primavera" p. 50 de Marcela Luque

3.      Las estrellas no brillan, arden (Película "Encanto" 2021), y de la peli de Disney mi mente saltó a Catalina de Siena y su "Si somos los que debemos ser, prenderemos fuego al mundo entero" (p.68) "Nosotros decidimos: ¿brillar o arder? …Podemos contentarnos con iluminar, con que se nos vea…Lo que arde, además de iluminar, aporta calor" p.71.

4.      El momento presente o "carpe diem de Unamuno" tomado de su carta en la que alienta: "Vive al día, en las olas del tiempo, pero asentado sobre tu roca viva en el mar de la eternidad. Al día en la eternidad". Porque la realidad es que si sólo tienes "olas del tiempo" …te ahogas" p.123.

Considero un acierto el último capítulo "para seguir la conversación" que da el sugestivo tono a la obra de dialogar confidencialmente:9 ideas prácticas sobre el arte de no llegar a todo, la confesión de cómo se puede leer cuando no se dispone de tiempo, cómo lograr escribir cuando te faltan horas.

Culmino agradeciendo a la autora por lograrlo en medio de su vida profesional, familiar, espiritual…

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Manuel María Bru Alonso El legado del papa Francisco. Quince propuestas para reformar la Iglesia y cambiar el mundo (Ciudad Nueva, Madrid, 2026)

Este miércoles 18 de marzo de 2026 la Archidiócesis de Madrid ha acogido en la Sala de Prensa del Arzobispado (c/ de la Pasa, 5) la presentación del libro El legado del papa Francisco. Quince propuestas para reformar la Iglesia y cambiar el mundo (Ciudad Nueva, 2026, escrito por Manuel María Bru Alonso, delegado Episcopal de Catequesis, y publicado por Editorial Ciudad Nueva en la colección Raíces de la fe.

Este volumen propone una reflexión profunda sobre quince conceptos clave del pontificado de papa Francisco que invitan a la conversión, a la reformulación misionera de la Iglesia y al compromiso del cristiano con los desafíos del mundo contemporáneo. Tal como destaca la sinopsis del libro, las propuestas de Bru Alonso interpelan al creyente y a la sociedad, subrayando la audacia, la generosidad y la valentía del estilo de Francisco, suscitando "reacciones inusitadas de los poderosos" y ofreciendo oportunidades de renovación espiritual y pastoral.

1. Reencontrarse con el amor de Dios: Dejarse "misericordiar" por Dios, Dios Padre-Madre, el cuidado de la creación, "Nos amó": el corazón de Jesús, el Espíritu Santo nos da fastidio

2. Ser Iglesia, Pueblo de Dios: los santos de la puerta de al lado, discípulos-misioneros, en salida y sin aduana, hospital de campaña, el desafío de la Sinodalidad

3. Amar a Dios que reina en el mundo: la cultura del encuentro, las periferias, el mercado y el descarte, la guerra mundial a pedazos, la fraternidad universal

La presentación contó con la dinámica coordinación de Cristina Sánchez Aguilar, directora del semanario Alfa y Omega, quien no solamente daba el turno de la palabra a los presentadores, sino que compartió vivencias con el Papa y resaltó la importancia de su legado, invitándonos no sólo a recordar sino a revivir.

Ana Hidalgo, por parte de la Editorial Ciudad Nueva, destacó la sintonía de la espiritualidad focolar de la editorial con la del autor a quien propusieron esta obra, con el deseo de que sintetizase y popularizase el legado del Papa.

Mons. Vicente Martín, obispo auxiliar de Madrid, a quien denominaron "Francisco 2" por su sensibilidad semejante a la del Papa, destacó los gestos y palabras del Papa en la misericordia, la Iglesia en salida (periferia) llegando juntos y a tiempo, con rostro (de pobres y para los pobres), con dos propuestas (cultura del encuentro y del cuidado), la casa común, como hospital de campaña, mediador de paz.

 

Por su parte, Manuel María Bru Alonso, autor de la obra, se centró en la continuidad en la novedad y la novedad en la continuidad, del Papa como sucesor de Pedro, no del papa anterior, y que se ve como en el hecho de Papa "destronado" (que se ve en Juan XXIII, Pablo VI…) de ir quitando los "aditamentos" que simbolizan poder mundano y quieren recobrar la sencillez evangélica. Destaca al misionero de mirada universal, misión que tira de la Iglesia, el Papa conciliar, americano, que da cauce a la bien entendida Teología de la Liberación, el jesuita (discernimiento y determinación), innovación en sus propuestas sobre Dios, Iglesia, Mundo.

En el animado coloquio yo les pregunté sobre su relación con España, manifestando que conocía muy bien la situación, que cuidó el nombramiento de los obispos y que, a pesar de no venir, siempre trató de ayudar a la iglesia española. Acerca del doble descarte, el autor concretó que se refería al que se da ad intra-Iglesia y ad extra o los que están fuera para quienes siempre tendió puentes. Sobre la sinodalidad destacó el hecho de facilitar estructuras de comunión, participación y decisión en la Iglesia, y, sobre todo, el método de la conversación en el espíritu en el sínodo y en encuentros recientes como el mismo "convivio" de Madrid.

Concluyó con un sustancioso aperitivo que facilitó el animado coloquio y la firma de ejemplares.  

https://catequesis.archimadrid.es/libro-el-legado-del-papa-francisco/

Magnífica iniciativa para facilitarnos este libro tan completo y útil para "reflectir y sacar algún provecho" sobre el gran legado del Papa Francisco que inspira y motiva la pastoral de León XIV, especialmente en "Evangelii gaudium".

El acto fue transmitido en directo por el canal de YouTube de la Fundación Crónica Blanca https://www.youtube.com/watch?v=OVV_EuhslWs&t=166s

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LETRA  CANCION DEDICADA A JOSE LUIS GARCÍA CUADRADO (PEPITO)

Por Aris de Rollán

Día de san José, 19 de marzo 2026

 

1.En un pueblo de campos dorados,

donde el viento sabe hablar,

nació un veinte de abril temprano,

una historia por contar.

Mil novecientos siete marcaba,

el destino sin avisar,

Rollán guardó en su alma

a quien no iba a olvidar.

 

Dicen que su risa llenaba el aire,

que en sus manos había verdad,

dibujaba sueños en cada tarde,

y en poemas dejaba su voz volar.

Pepito, luz en la oscuridad,

corazón valiente, alma de paz,

aunque el mundo gritara odio y dolor,

tú respondiste con fe y con amor.

Pepito, ejemplo de humanidad,

cuando todo invita a luchar,

tú enseñaste el camino mejor:

el perdón… como única razón.

 

2.      Entre obreros dejó su huella,

en Mérida supo amar,

y en Campanario su entrega,

no se pudo apagar.

Sacerdote de vida breve,

pero eterna su misión,

dar al pobre lo que tiene

y al triste, consuelo y voz.

 

Y llegó la noche más oscura,

cuando el odio quiso mandar,

pero en medio de la locura

su alma no dejó de amar.

Pepito, luz en la oscuridad,

corazón valiente, alma de paz,

aunque el mundo gritara odio y dolor,

tú respondiste con fe y con amor.

Pepito, ejemplo de humanidad,

cuando todo invita a luchar,

tú enseñaste el camino mejor:

el perdón… como única razón.

 

3.      Perdonando al final del camino,

sin rencor en el corazón,

en un mundo roto y herido,

sembraste reconciliación.

Hoy tu historia sigue viva,

como un canto que no se va,

eres faro en nuestras vidas,

eres fuerza, eres verdad.

 

(Estribillo final)

Pepito, luz en la eternidad,

héroe humilde de Rollán,

cuando el odio quiere vencer,

tu recuerdo nos hace creer.

 

Pepito, voz que no callará,

aunque el tiempo quiera pasar,

tu mensaje nunca morirá:

solo el amor… puede salvar.

 Hoy en tiempos lejanos

José Luis García Cuadrado

pepito te solían llamar

este humilde compositor de rock

te dedica estas estrofas

para Rollán y el mundo son.

(pedir la música a mi correo joseantoniobenito1@gmail.com; wasap 619851099)

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Siervo de Dios Abundio García Román (Cáceres, 1906-Madrid 1989)

Nace en Jaraicejo (Cáceres), el día 14 de diciembre de 1906. Muere en Madrid el 30 de noviembre de 1989.

https://fundacionabundiogarciaroman.es/index.php/testimonios

https://www.fundacionabundiogarciaroman.es/index.php/abundio/biografia

Sus padres se llamaban Gregorio García Rebollo y Clodoalda Román Soleto.

Tuvo tres hermanos: la primogénita, Magdalena Agapita, que fue religiosa de las Carmelitas Descalzas y pasó toda su vida en un convento de Granada; un hermano, Joaquín, que murió a los seis meses y a quien el Siervo de Dios no llegó a conocer; la tercera fue María Luisa, que nació después de don Abundio. Ingresó en la Congregación de las Hijas de María Inmaculada, popularmente conocidas como Servicio Doméstico.

Su padre cultivaba sus propias tierras, a veces ayudado por algún jornalero; es decir, era Gregorio un modesto labrador que vivía con un relativo desahogo económico. Tanto él como su esposa eran de hondas raíces extremeñas, sólidos fundamentos religiosos y profundamente cristianos. Durante un tiempo fue Juez de Paz en Jaraicejo. En cierta ocasión, algunos vecinos del pueblo, incluso amigos suyos, quisieron forzarle a firmar una sentencia injusta. Gregorio se negó. Recibió presiones que no cambiaron su postura y, como consecuencia, empezó a tener problemas. Estas circunstancias, junto al deseo del matrimonio de que la ligera cojera del pequeño Abundio fuera tratada en el hospital de San Rafael, en Madrid, motivaron su traslado a la capital en el año 1912. Un familiar de su madre, Fray Gabriel de Jesús, Carmelita Descalzo, le proporcionó un trabajo de portero-demandadero en el convento de las Carmelitas Descalzas, en la calle Ponzano de la capital.

A los diez años manifestó a sus padres su deseo de ser sacerdote, pero ellos le aconsejaron que hiciera primero el bachillerato. Ingresó el joven Abundio en el Instituto Cardenal Cisneros. Un sacerdote, amigo de la familia, le recomendó que hiciera sus estudios en un colegio religioso, y así se hizo. Se matriculó en el colegio Maravillas, regido por los Hermanos de la Doctrina Cristiana. Realizó el ingreso y el primer año del Bachillerato, obteniendo excelentes calificaciones. Posteriormente, ingresó en el Seminario de Madrid como alumno externo a los once años. Por sus excelentes notas se le concedió una beca, y, a partir de entonces, realizó como interno los once cursos siguientes.

El 24 de junio de 1930 fue ordenado sacerdote.

El 19 de junio, cinco días después, festividad del Corpus,
celebró su primera misa en el convento de las Carmelitas Descalzas de la calle Ponzano.

Su primer destino fue el de capellán particular del Conde de Rodríguez de San Pedro, por aquel entonces presidente de la Acción Católica. Este fue el puesto del nuevo sacerdote, y en el estuvo un año. Con el advenimiento de la República, el conde tuvo que salir de España y, antes de hacerlo, propuso al Siervo de Dios que se hiciera cargo de un Patronato de Enseñanza que disponía de un colegio en la zona de Entrevías, barrio situado en el entonces suburbio madrileño y sumamente conflictivo en aquella época. Al hacerse cargo del colegio, los alumnos no superaban el centenar. Cuando sobrevino el conflicto de octubre de 1934, los alumnos eran quinientos. Las vicisitudes políticas obligaron al Siervo de Dios a abandonar su estancia en el colegio. Aquella experiencia de Entrevías le dejó una profunda huella que le marcó profundamente para el resto de su vida.

La guerra civil le obligó a abandonar su domicilio y buscar refugio en una pensión. Al parecer, la dueña le denunció a la policía, y fue detenido. Ingresó en la cárcel Modelo. El día 15 de noviembre de 1936, un bombardeo sobre la cárcel evitó su más que posible martirio. En unión de otros muchos prisioneros, los milicianos le habían llevado al patio de la cárcel. Justo cuando empezaban a subirlos a los camiones, se inició el bombardeo. Los milicianos huyeron y los funcionarios de prisiones ordenaron a los presos que volvieran a sus celdas. Posteriormente fue trasladado a la cárcel de mujeres, en la calle Marqués de Mondéjar. De allí pasó a la "checa" de Duque de Sesto. Absuelto por el Tribunal en marzo de 1937, siguió siendo perseguido por su condición de sacerdote y fue condenado en rebeldía a un año de trabajos forzados. Después de varias vicisitudes, pudo refugiarse en la Legación de Noruega, donde permaneció hasta el final de la contienda.

El obispo de Madrid, el Patriarca don Leopoldo Eijo y Garay, le nombró profesor del Seminario y Consiliario para toda la Acción Católica del Trabajo. Posteriormente, fue designado Asesor Provincial de Sindicatos. Para facilitar la penetración en los centros de trabajo, organizó la campaña conocida como "La Voz de Cristo en las Empresas", que movilizó a cientos de sacerdotes, religiosos y seglares por todos los ámbitos laborales madrileños. Fue en unos ejercicios espirituales celebrados en Carabanchel donde tuvo ocasión de contactar con un grupo de jóvenes que sintonizaba plenamente con el evangelio y con las inquietudes sociales del Siervo de Dios. Fruto de aquellos contactos fue la creación de la CTC (Confederación de Trabajadores Cristianos).

En el otoño de 1945, se produce un hecho importante: el acercamiento del grupo de la C. T. C., los Centros Obreros Femeninos y los Centros de Acción Católica.

En septiembre de 1946 tiene lugar un encuentro trascendental para las futuras Hermandades del Trabajo: la reunión, auspiciada por don Casimiro Morcillo, obispo auxiliar de Madrid, entre don Abundio García Román, Alfredo Marugán Sanabria y Angel Vàzquez con José Ramón Otero Pumares, fundador de la Hermandad Ferroviaria, y Manuel de la Cera, fundador de la Hermandad de Aseguradores.

A partir de ese momento, José Ramón Otero Pumares es el colaborador por excelencia de don Abundio en la creación y expansión posterior de las HHT.

El día 17 de julio de 1947, se promulga el Decreto Fundacional de las Hermandades del Trabajo. A partir de ese momento, don Abundio, acompañado por un grupo de laicos, hombres y mujeres en igualdad de obligaciones y derechos, expanden la obra de las Hermandades del Trabajo por toda España y, posteriormente, en América. El Siervo de Dios dedicó el resto de su vida a las Hermandades, que se identifican como "…grupos de trabajadores, creyentes en Cristo, de toda edad, profesión y situación laboral, que, conscientes de las posibilidades que nos proporciona el asociarnos en esta obra apostólico-social, tratamos de vivir solidariamente la fraternidad universal, luchando con otros muchos por los derechos de los trabajadores".

Muere en Madrid el 30 de noviembre de 1989.
Sus restos reposan en la capilla de las Hermandades del Trabajo de Madrid, calle de Raimundo Lulio, 6.

El día 30 de abril de 1990, el Consejo de Hermandades del Centro de Madrid, con el apoyo unánime del Consejo Nacional de las HHT de España y las HHT de América, acuerda la creación de la Fundación Abundio García Román para "La promoción del estudio y la difusión especializada de la doctrina y pastoral social de la Iglesia, como fundamento y contribución al desarrollo integral de los trabajadores en la coyuntura histórica actual y futura, de acuerdo con los valores del Evangelio".

La Fundación promovió el conocimiento de la vida y obra de Abundio García Román y, el día 15 de julio de 2000, el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, abrió la fase diocesana del Proceso de Canonización del Siervo de Dios.

El día 10 de diciembre de 2006, nuevamente el arzobispo de Madrid, cardenal Rouco Varela, declaró clausurada la Fase Diocesana del Proceso de Canonización.

El 29 de abril del 2026 es declarado hijo predilecto de El Espinar (Segovia) 

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JUAN SEBASTIÁN DE LA PARRA (1550-1622)

Superior, predicador, escritor

Nació en julio 1546, en Daroca (Zaragoza), España; murió el 21 de mayo de 1622 en Lima, Perú. Ingresó a la Compañía en abril de 1566, en Alcalá de Henares (Madrid), España; llegó al Perú ya ordenado sacerdote el 30 junio 1581, a la ciudad de Lima.

 

Estudió gramática en Daroca y losofía en Alcalá, donde fue admitido en la CJ y, en mayo 1567, enviado al recién fundado noviciado de Villarejo de Fuentes (Cuenca). Destinado a Plasencia (Cáceres), enseñó gramática (1568-1569) y estudió teología (1569-1573). Después de su ordenación, fue profesor de losofía en Navalcarnero (Madrid) en 1574 y de teología (1575-1578) en Ocaña (Toledo). A poco de ser nombrado rector del colegio de Ocaña, el P. General Everardo Mercuriano accedió a su petición, y lo envió al Perú. Llegó a Lima (20 mayo 1581) en la expedición dirigida por el P. Baltasar Piñas y fue rector de los colegios de Potosí (1581-1584), en la actual Bolivia, y S. Pablo de Lima (1585-1591). En este cargo tuvo que atender a los malheridos –especialmente los atacados por la viruela- del terremoto de 1586

Nombrado provincial (1592) del Perú, envió a Piñas y Luis de Valdivia a empezar (1593) la misión de Chile; reforzó las misiones de Quito, Santa Cruz de la Sierra y Tucumán (en los actuales Ecuador, Bolivia y Argentina), y trasladó el noviciado, hasta entonces en el Colegio S. Pablo; convocó (1594) la congregación provincial IV en Arequipa, tras la cual envió al P. General Claudio Aquaviva un memorial sobre el estado de la provincia; fundó una congregación mariana de sacerdotes en Lima y promovió en especial la de Nuestra Señora de la "O" , a través de la cual organizó conferencias teológicas y morales entre los caballeros y personas distinguidas de Lima. Al acabar su provincialato (1598) fue padre espiritual en el colegio San Pablo por diez años, con enorme inuencia en la formación de los jóvenes jesuitas. En 1608, a iniciativa del provincial del Paraguay, Diego Torres Bollo, firmó una resolución contra el servicio personal de los indígenas en el Tucumán, junto con otros diecisiete jesuitas. También alentó la escuela de Quito, con las cátedras de latinidad, filosofía y teología, pilares de la futura universidad. Propulsó las capellanías en el hospital de indios de Santa Ana y él mismo ayudaba en la administración de los santos sacramentos.

 

En 1611, fue nombrado provincial por segunda vez, En este periodo, abrió el colegio del Callao e impulsó la labor de la Compañía en los hospitales y casas de divorciadas y arrepentidas, así como se preocupó especialmente por la evangelización de los esclavos de origen africano que trabajaban en las haciendas de la Compañía.

También colaboró en la campaña de extirpación de la idolatría, en la que tuvo tanto protagonismo la Compañía de Jesús, especialmente el P. Pablo Arriaga. Abrió en el Cercado de Lima la casa de la Santa Cruz, en la que se recluía a los reincidentes indígenas para que no ejercieran su influencia al resto de la población, y fundó un colegio para la educación de los hijos de caciques.

Terminado su provincialato (1616), fue nombrado visitador de la provincia de Nueva España, pero no tomó posesión de su cargo por razones de salud.

Fruto de su espíritu contemplativo y prudencia en el arte de gobernar es el libro "Del bien, excelencias y obligaciones del estado clerical y sacerdotal", publicado en Sevilla en 1620, donde sintetiza el modo de lograr y mantener la santidad entre los consagrados a Dios, sacerdotes y hermanos.

. En sus últimos años se dedicó intensamente a la atención de los pobres, a la visita de hospitales y cárceles, y a la catequesis de indígenas y afrodescendientes

Aunque representó una tendencia marcada hacia la severidad disciplinaria dentro de la Compañía de Jesús en el Perú, sus contemporáneos reconocieron unánimemente la profundidad de su virtud y su autoridad moral.

. La portada del manuscrito de su biografía se conserva actualmente en la Biblioteca Nacional de España

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Contamos con una excelente biografía sobre el siervo de Dios, escrita cinco años después de su muerte por Francisco de Figueroa de la que comenté la siguiente reseña:;

Identidad jesuita entre dos mundos. Juan Sebastián de la Parra (Daroca 1546-Lima 1622) Su vida escrita por Francisco de Figueroa (Sevilla 1592-Lima 1639). Edición crítica de René Millar. Colaboración Magdalena Urrejola (Instituto de Historia de la Facultad de Historia, Geografía y Ciencia Política de la Universidad Católica de Chile-Universidad Antonio Ruiz de Montoya, Lima 2020, 267 pp)

La fuente original se encuentra en la sección manuscritos de la Biblioteca Nacional de España (MBE, Mss/9558) y la descubrió hace diez años el historiador responsable de la presente edición crítica, René Millar Carvacho, profesor emérito de la Pontificia Universidad Católica de Chile, uno de los expertos mundiales en estudio de la Inquisición y la hagiografía científica en el virreinato del Perú. El autor ha contado con el apoyo de Magdalena Urrejola en la transcripción del manuscrito y la traducción de las citas en latín, tan prácticas y que se deben a Sebastián Ignacio Asencio Pérez. Las cinco páginas iniciales del prólogo debidas al P. Juan Dejo contextualizan magistralmente la obra y nos ubican en el aporte jesuítico al "discurso espiritual en la sociedad colonial del Perú", gracias al esfuerzo intelectual "serio e inquisitivo" del editor.

Bastaría con asomarse a la densidad semántica del índice del estudio preliminar (pp.5-116) (gobierno, espiritualidad y hagiografía en la provincia jesuita peruana) para percatarse de la importancia de la obra: la hagiografía como género, la palabra escrita y los jesuitas, las "vidas", la "vida" de Juan Sebastián de la Parra (autor, peripecias de la obra, el protagonista) el contenido del texto.

El manuscrito en cuidada edición crítica –con 789 notas a pie de página- se articula en dos libros, de 13 y 12 capítulos cada uno, nos da cuenta de modo sencillo, sintético, pero profundo, las peripecias vitales pero también la trayectoria santa de un misionero jesuita formado en la Universidad de Alcalá, al calor de los primeros jesuitas llegados a España, de la maciza espiritualidad sacerdotal tridentina de san Juan de Ávila, enraizado en la mística contemplativa de los Ejercicios de San Ignacio y en el celo misionero de la primitiva Compañía. Algunos de los apartados sobre sus virtudes como el de la oración o el apostolado son auténticos tratados de espiritualidad y misionología.

Hasta la fecha tan sólo contamos con cuatro biografías acerca de jesuitas ejemplares del tiempo del virreinato, Antonio Ruiz de Montoya, Francisco del Castillo, Alonso Mesía Bedoya y Juan de Alloza. La presente, acerca del P. JB. de la Parra, tiene de peculiar que se trata de la biografía del único que ejerció como provincial y en dos oportunidades, que vino al Perú con los 16 jesuitas en la misma embarcación de Santo Toribio en 1589, y que en los 76 años de vida y 56 de jesuita, fue uno de los protagonistas del "periodo de definiciones y de consolidación institucional" que le tocó vivir. Como constata R. Millar "se reafirmó su identidad misionera, se afianzó su universalidad, su romanización, su centralización y su dependencia papa; se produjo un distanciamiento de la espiritualidad mística y fue reconocido su aporte al proceso contrarreformista con la santificación de su fundador y de su misionero paradigmático" (p.101), en un tiempo en que la provincia peruana jesuítica se convierte en la Orden más influyente del virreinato, proyectada por todo su distrito y en todos los campos, educativo, social, espiritual.

La obra se escribió cinco años después de la muerte del siervo de Dios por lo que toda ella huele a "pan caliente", nos parece estar en presencia de un periodista acucioso que interpela a los testigos para brindarnos una vida ejemplar, como indica el propio autor P. Francisco de Figueroa no para "hacer devocionarios y sermonarios sino Historia" (p.121).

Hay que agradecer y felicitar a la Universidad Antonio Ruiz de Montoya por este esfuerzo en publicar fuentes del tesoro espiritual que constituye nuestro Perú ensantado como un hontanar que surte, más allá de sus cinco ríos o santos grandes, en manantiales de sus santos de la "lista de espera" como el ejemplar Padre Juan Sebastián de la Parra. 

 

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Santo Toribio Mogrovejo "fue muy limosnero, sin reservarse ni aun su camisa"

José Antonio Benito

Así lo define la cartela de la galería de los arzobispos de la Sala capitula. Su retrato lleva una hermosa leyenda alrededor que lo dice todo: "Fue muy limosnero, sin reservarse ni aun su camisa, obispo de Lima y padre de pobres"Su retrato fue hecho por el clérigo pintor Juan Bautista Planeta en 1635, por encargo del Cabildo, y para enviarlo al Papa. El texto parece que fue preparado por el presbítero Matías Maestro.

Y cobra gran actualidad a raíz del reciente nombramiento de Monseñor Luis Marín de San Martín, agustino, como nuevo Limosnero papal, sucesor del cardenal Konrad Krajewski en el Dicasterio para el Servicio de la Caridad. Monseñor Luis Marín de San Martín, O.S.A., obispo titular de Suliana, hasta ahora subsecretario de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos, se le confiriere la dignidad de arzobispo desde el 12 de marzo de 2026. En un mensaje el nuevo prefecto ha agradecido al Papa por su confianza: "Reitero mi fidelidad al sucesor de Pedro y empeñaré todas mis fuerzas, lo que tengo y lo que soy, en esta nueva misión: con fidelidad, implicación y entusiasmo. Comienzo ahora mi andadura como limosnero apostólico y prefecto del Dicasterio para el Servicio de la Caridad. Hermoso y exigente servicio. Espero continuar la esforzada y magnífica tarea realizada por el cardenal Konrad Krajewski en estos años. Quiero poner a los pobres en el centro y dejarme interpelar por su grito, que es el de Cristo. Como cristiano, como pastor, debo revelar el verdadero rostro del amor divino"[1].

El Dicasterio para el Servicio de la Caridad, según  Praedicate Evangelium (79), también llamado Limosnería Apostólica, es una expresión especial de la misericordia y, a partir de la opción por los pobres, los vulnerables y los excluidos, realiza en favor de ellos en cualquier parte del mundo la obra de asistencia y ayuda en nombre del Romano Pontífice, quien dispone personalmente las ayudas que se deban destinar en casos de una especial indigencia o de otra necesidad.

 

Santo Toribio, un Limosnero ejemplar

En el resumen de su vida preparado con motivo del proceso de beatificación, el artículo nº 3 inquiere a los testigos cuántas veces lo han visto "predicando a una a los indios por su propia persona y socorriéndolos en sus necesidades y enfermedades a todos los pobres, dándoles largas limosnas, gastando en esto toda su renta con tanto desinterés que no sabía qué cosa era dinero ni codicia hasta quitar de su propia persona y casa lo necesario".

Publicó el Dr. Guillermo Lohmann Villena[2] las cuentas que su fiel administrador y esposo de su hermana Grimanesa, D. Francisco de Quiñones, administraba al santo. Del finiquito estudiado para 1594, sale una suma total de 165.264 pesos ensayados gastados y 158.588 ingresados, por lo que los 6.676 pesos de déficit debieron ser enjugados por su cuñado y primo Quiñones. Su inseparable escudero Sancho anotará otra cantidad: "este testigo ha visto sus libros del gasto, por ellos parece haber dado de limosna, de diez años a esta parte, a los pobres, hospitales, viudas y religiosos, más de 120.000 pesos".

Útil será advertir que el gasto indicado excede en 21.920 pesos a la cantidad expresada por su primer biógrafo, León Pinelo, para las limosnas dispensadas desde 1581 hasta 1597, lo que supone tres anualidades más. Este autor, al subrayar el desprendimiento del prelado, concluirá: "Testigo hay que le da la palma en ella [la caridad] y dice que se pudiera llamar Santo Toribio el limosnero". Uno de los declarantes en el proceso de beatificación llegó a señalar que "para tener más que repartir, moderaba su gasto todo lo posible". El propio santo lo confesaba: "... distribuyendo mi renta a pobres con ánimo de hacer lo mismo si mucha más tuviera".

Como se vive, se muere. Pobre vivió, pobre murió. Da como recompensa al buen médico lo único que le quedaba, su mula, y recuerda a sus acompañantes el compromiso de honor con su cuñado y limosnero Francisco de Quiñones de repartir entre los pobres lo que se obtenga de la venta de sus vestiduras litúrgicas. La noche no quiere acabarse, cuando tarda en romper la aurora. El enfermo sabe que es Jueves Santo, 23 de marzo de 1606 y pide ser llevado a la iglesia para recibir la Unción de Enfermos. Su capellán, Juan de Robles, con lágrimas en los ojos, no acierta a concluir. Toribio, más tranquilo, pide al prior agustino que taña el arpa. Fray Jerónimo Ramírez no se hace de rogar y acompaña el suave canto del agonizante: "A Ti, Señor, me acojo: En tus manos encomiendo mi espíritu".

[2] LOHMANN VILLENA, G. "Santo Toribio, el Limosnero" Boletín del Instituto "Riva Agüero´´ Lima 1994, 19, 1992.

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EL CRISTO DEL CONSUELO del santuario "Corazón de María" C/ Ferraz

Motivado por el triduo cuaresmal de los PP. Claretianos en la que es a la fecha mi parroquia, les comparto algunos datos de esta preciosa y devota imagen, así como del resto de las imágenes que adornan el templo.

El Cristo del Consuelo, talla del siglo XVII/XVII, en madera policromada, se atribuye al escultor barroco portuguésManuel Pereira (Oporto1588 – Madrid1683) o a uno de sus discípulos. El Cristo del Consuelo pertenece al grupo de «tres clavos», pero guarda gran similitud con el Cristo del Olivar, del grupo de «cuatro clavos», en la posición y ángulo de los de brazos y en la idéntica expresión de serenidad del rostro, tan característica en la obra del admirado escultor portugués.

La procedencia de esta bellísima imagen y su traslado hasta el corazón del barrio de Argüelles donde se venera desde mayo de 1958, se debe a un ejemplar sacerdote de la Diócesis de Segovia, D. Jenaro García Burgos, que falleció en la capital del acueducto el 18 de febrero de 1962.

Sabemos que en la primera mitad del siglo XX se hallaba este Santo Cristo en la Casa-Palacio que el Marqués de Quintanar poseía en la plaza del Conde de Cheste, en Segovia. Fue el VIII marqués de Quintanar D. Fernando Gallego de Chaves y Calleja  (1889-1974), quien, al vender dicho palacio, donó el Santo Cristo a D. Jenaro García Burgos; éste lo llevó a Velosillo (Segovia), su pueblo natal, que él regentaba por aquellos años y cuya iglesia había sido totalmente reconstruida por él.

En los últimos años de su vida, el amor y aprecio de Don Jenaro al Padre Claret y a los Misioneros Claretianos, y contando con la anuencia del Obispado de Segovia y del propio Marqués de Quintanar, le inclinaron a desprenderse de este doble tesoro: tesoro como talla artística y como reliquia claretiana, pues la tradición asegura que «habló al P. Claret mientras oraba devotamente ante la imagen en la capilla del palacio de los marqueses de Quintanar de Segovia».

Recibido este maravilloso regalo, antes de exponer la imagen a la veneración de los fieles en el Santuario del Corazón de  María, fue restaurada, en 1958, por el escultor segoviano Florentino Trapero.

La imagen se encuentra en una capilla situada a los pies del templo y según reza una lápida a la entrada de la misma se puede leer:

ESTA MILAGROSA IMAGEN LLAMADA VULGARMENTE SANTÍSIMO CRISTO DEL CONSUELO se veneraba en la capilla del palacio de los marqueses de Quintanar de Segovia donde según una tradición fidedigna habló a San Antonio Mª Claret mientras oraba devotamente ante ella.

Sobre la procedencia de la bellísima imagen y su traslado hasta el corazón del barrio de Argüelles da fe otra lápida situada a la entrada de la capilla, en la jamba opuesta a la anterior, que dice:

SANTÍSIMO CRISTO DE QUINTANAR con la anuencia y generosidad del actual marqués de Quintanar Excmo. Sr. D. Fernando Gallego de Chaves ha sido donado a la Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María para su culto y veneración.

https://www.cormariaferraz.es/category/informacion/historia/

https://pessoasenmadrid.blogspot.com/2016/11/el-cristo-del-consuelo-otro-pereira-en.html

OTRAS Imágenes del templo

La Piedad. De Don Aniceto Marinas (Segovia,1866 – Madrid, 1953).

Tras tallar la Soledad al pie de la Cruz para San Millán de Segovia con el fin de promover en esta parroquia la constitución de una cofradía penitencial, «su esposa Valentina, muy devota de la Virgen, le pidió que esculpiera otra imagen ma­riana para que se pudiera procesio­nar en Madrid, desde el Santua­rio del Corazón de Maria, tan cer­cano a la casa del matrimonio Ma­rinas y donde ambos asistían diariamente a la Eucaristía». No se sabe la fecha exacta de la escultura pero, como dice el mismo articulista, «lo cierto es que la misma debió ejecutarse entre el falleci­miento de Valentina en 1932 y el inicio de la Guerra Civil en 1936, pues Mercedes Barrios en su libro 'Aniceto Marinas y su época' nos dice que el propio Marinas res­tauró la imagen tras la contienda por los desperfectos que había pa­decido» 

La Piedad de Marinas desfiló en procesión por el Barrio de Argüelles hasta que el traqueteo propio de esas prácticas dañó la imagen, lo que llevó a otro famoso escultor segoviano, discípulo en su momento de Aniceto Marinas, Don Florentino Trapero, a ejecutar en 1958 una réplica del grupo, que quedó expuesta en la cripta del mismo templo mientras que la original de don Aniceto se colocó para la veneración de los fieles en una capilla lateral del mismo.

Como todas las obras de Marinas, sobre todo las de inspiración religiosa, La Piedad «está basada e inspirada en sus propias vivencias de creyente. So­lo un hombre de muy arraigadas certidumbres puede ofrecer tal expresión en las vivas imágenes que modela con evidente fuerza de convicción» (Antonio Horcajo, recogido en el artículo citado de Javier G. Núñez). Al contemplar ese grupo de La Piedad «sentimos el dolor infinito en el rostro de la Madre y la evidente muestra de vida física y vigor en su mano que sujeta contra el suyo el cuerpo muerto del Hijo. Mari­nas está aquí centrado en ofrecer consuelo al espíritu sencillo de las gentes con fe, dotándolas de ora­ciones plásticas a las que se afe­rran con esperanza»

Inmaculado Corazón de María. Como se ha indicado preside el altar mayor del templo actual. Es también obra del escultor Aniceto Marinas y fue realizada en los primeros años 50. En ella, como en el grupo de La Piedad, se percibe todo el mundo interior y de espiritualidad de su autor, persona «de carácter tranquilo y afable», según le describen quienes le conocieron.
Imágenes de San Antonio María Claret y San José. En los altares laterales al pie del presbiterio se hallan dos interesantes tallas de figuras muy ligadas a los Misioneros Claretianos. A la derecha, San Antonio María Claret, fundador de la Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, revestido con las vestiduras de arzobispo, y a la izquierda la de San José, patrono de la Congregación de Misioneros y de quien tan devoto era el P. Claret (Aut. 831).
Copia de La Piedad. Hermosa réplica de la Piedad de Aniceto Marinas, realizada en 1958 por un discípulo suyo, Don Florentino Trapero (Aguilafuente-Segovia, 1893 – Madrid,1977) que se conserva en la cripta.

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