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MONSEÑOR PEDRO DE VILLÁGOMEZ, obispos de Arequipa, arzobispo de Lima (1589-1671)

Comparto dos excelentes biografías acerca del familiar de santo Toribio Mogrovejo, quien nació en Castroverde Campos (Zamora) y rigió las diócesis de Arequipa y de Lima. La primera figura en la Sacristía de la Catedral de LIMA con el óleo de Matías Maestro, la segunda es la elaborada por Paulino Castañeda para la magna obra del Diccionario Histórico biográficos de la Real Academia de Historia de España: 

 

El Ylustrísimo Sr.D. PEDRO VILLAGÓMEZ. Sexto Arzobispo

Nació el Señor don Pedro Villagómez en Castroverde del Campo, en el obispado de León. Sobrino de Santo Toribio, comenzó sus estudios en Montilla, los continuó en Salamanca y los coronó con la borla de Doctor en Cánones en Sevilla. Fue allí canónigo por provisión de Paulo V.  Juez del Santo Oficio y Visitador de monjas.

Al tiempo que visitaba la Audiencia, Tribunales y Universidad de Lima, fue consagrado por el señor Arias Ugarte obispo de Arequipa donde entró en 1635. Acabó su templo, edificó sus casas episcopales, celebró un sínodo y visitó su diócesis.

Promovido a la metrópoli de Los Reyes, tomó posesión en 2 de mayo de 1645. Colocó en su catedral el fragmento de la Verdadera Cruz concedida a su antecesor urbano VIII. Promovió la fábrica de la Yglesia del Sagrario a imitación de la de Sevilla.

Fundó el Monasterio del Prado, en que gastó ciento veinte mil pesos. Principió y fomentó la fundación del Hospital de San Bartolomé para negros libres. Gastó más de veinte mil pesos en reedificar el Seminario y socorrer a sus alumnos. En su tiempo tuvo principio el Monasterio de Santa Catalina.

Publicó entre otras obras una docta pastoral contra la idolatría y treinta y dos sermones doctrinales en castellano, traducidos en el idioma general de los indios por su sabio arcediano, D. Fernando de Avendaño.

 Visitó la mayor parte de su diócesis, celebró la beatificación y canonización de Santa Rosa. Promovió la de su Santo tío y murió de 82 años en 12 de mayo de 1671. Gobernó cerca de 30 años. Yace en el Panteón. Su mayor elogio es haber sido muy digno de su ilustre tío.

 

Villagómez y Vivanco, Pedro de. Castroverde de Campos (Zamora), 8.X.1589 – Lima (Perú), 12.V.1671. Obispo de Arequipa y arzobispo de Lima. Caballero de la Orden de Calatrava. Canonista Consejero (Oidor) del Consejo Real y Supremo de las Indias. Escritor, Juez del Santo Oficio Obispo Visitador

Biografía. Sus padres, Francisco e Inés Corral de Quevedo, eran nobles. Doctor en Derecho Canónico por la Universidad de Sevilla (1624), canónigo de su Metropolitana, juez del Santo Oficio y caballero de la Orden de Calatrava.

A finales de enero de 1631, el Consejo proponía nombres para el obispado de Arequipa; eran doce los designados. Pedro iba en segundo lugar, pero el Rey le nombró. El 12 de julio fue preconizado por Urbano VIII. El 27 de abril de 1632, electo de Arequipa, fue nombrado visitador de la Audiencia de Lima, por haber fallecido Gutiérrez Flores. Llegó a Lima el 20 de abril de 1633, y en noviembre fue consagrado por el arzobispo Arias Ugarte. Y comenzó la visita.

Arias Ugarte, en carta al Rey de 30 de abril de 1634, comunicando la consagración, dice del visitador: “procede en su visita con cuidado y prudencia”. Y esta pincelada: “Desde esta ciudad [Lima] ha compuesto las cosas de aquella iglesia [la de Arequipa] con mucha paz, y ansí goza de quietud”. Su cargo de visitador expiraba en abril de 1635, y el 9 de junio de 1635 salió para Arequipa, entrando, el 25 de julio de 1635. Al responder a las reales cédulas, iba tomando el pulso de la diócesis. Por ejemplo, la de 2 de marzo de 1634 que ordenaba que los misioneros enseñaran el castellano a los indios, y en esta lengua enseñaran la doctrina, para que así “se hagan más capaces en las materias de nuestra santa fe”.

Villagómez mandó averiguar si se cumplían las disposiciones del III Concilio Limense y las ordenanzas del virrey Toledo, y supo con pena —“con mucha lástima”— que en la mayor parte del obispado no se cumplía, y en el resto, “con mucha remisión”. Encargó a los doctrineros que cumplieran la Real orden, y mandó imprimir dos mil cuerpos de doctrina cristiana, con una breve y sustancial explicación.

A mediados de febrero de 1637, recibe otra Real Cédula —de 1636— para que los prelados no ordenen tantos clérigos, especialmente mestizo e ilegítimos y otros defectuosos. El 1 de abril de 1637 responde el prelado exponiendo su pensamiento sobre tema tan interesante. Reconoce que “algunos obispos de estas partes (que ya son difuntos), y mucho más los cabildos en sede vacante, han tenido mucha facilidad en ordenar y dar reverendas para órdenes”, unos, a título de lengua, interesante sin duda, pero como eran inútiles para las doctrinas, el título “venía a ser vago”; otros, a título de patrimonio —más fingido que real— y de capellanías tenues; otros, a título del colegio- seminario, que no tiene beneficios anejos en qué ocuparlos.

En cuanto a los mestizos, escribe tajante: “no he ordenado hasta agora a ninguno, aunque he sido importunado con grandes instancias por algunos dellos, y confío en Dios que me tendrá de su mano para que no admita a órdenes a semejante gente; ni a los que llaman cuarterones, que tienen alguno de sus abuelos indio”, porque son de ánimo envilecido, de costumbres ruines, y “naturalmente, crueles con los indios”. Tampoco piensa ordenar ilegítimos, aunque ha cedido en dos casos ya ordenados de misa, con reverendas de la sede vacante. También ha dispensado a expósitos, a dos “muy hábiles”, porque es de opinión que “los expósitos, cuyos padres se ignoran, se presume que son legítimos”.

A mediados de 1636, salió de visita pastoral hacia el Sur (Arica). Duró seis meses y llegó hasta el límite del territorio. Sin un día de descanso, aunque su salud quebrantada exigía “muchos para su reparo”. Al acabar, informa al Rey el 31 de marzo de 1637. Propone lo que se ha de hacer y corregir “cerca del alivio y buen tratamiento de los indios”. Denuncia un abuso importante, propio de una región vinícola: los corregidores concedían a los mercaderes un servicio de indios —treinta o cuarenta— percibiendo diez pesos por indio y viaje, y los indios sólo percibían dos reales diarios. Para el mejor funcionamiento del sistema, había tenientes de corregidor en Lacumba, Tacna, Azapa, Lluta y Paracapá, con sustanciosos ingresos; los viajes se repetían, y se alquilaban los mismos indios. Para atajar este abuso, propone el obispo que sean los caciques los que, libremente, den los indios a los mercaderes, recibiendo los 10 pesos como salario o si no, que pasen a la Caja Real. El Rey mandó despachar cédula al virrey: que ponga remedio a estos “excesos”, que estos indios se den sólo “en casos muy forzosos”, y ni los corregidores, ni sus tenientes, cobren los 10 pesos. En otra Cédula “muy apretada”, se apercibía al corregidor de Arequipa que de su transgresión, se le hará “grave cargo” en el juicio de residencia; y que el virrey vea si son a propósito las soluciones del obispo, “u otras que de allá se ofrezcan”.

Pondera los agravios que reciben los indios en los pueblos del corregimiento de Arica, donde el corregidor arrienda los tenientazgos a precios elevados, que han de salir del trabajo de los indios. Y el Rey ordenó que el virrey y la Audiencia reformasen este exceso, y castigasen a los corregidores, “sin decir quien dio este aviso”; y que la Cédula al virrey se escribiera en los libros del cabildo de Arica.

También los doctrineros abusaban: vejaban a los indios y se ausentaban del curato; peor aún, los doctrineros frailes, con sus tratos y granjerías. Villagómez castigó a los curas y denunció el abuso de los frailes. El Rey aprobó su conducta: que están bien los castigos y, si son pecuniarios, no se olvide aplicar algunas partes para las guerras contra los infieles. En cuanto a los frailes, se han dado cédulas para que puedan ser visitados y reformados in officio officiando, “y que esto se haga”.

Desde junio de 1637 hasta febrero de 1638, en otra visita, examinó la vida religioso-social de las provincias de Camaná y Caylloma hasta los Collaguas, que son más de trescientas leguas de temples opuestos, confirmando más de veinte mil personas. También en esta visita descubre y denuncia abusos; los corregidores no pagaban el tomín para hospitales, que estaban realmente “asolados” y los indios mal atendidos; y se incumplía el Patronato: en Caylloma se ha fundado un hospital sin licencia; los franciscanos, una hospedería; los dominicos, una doctrina de indios en una hacienda. Y el Rey, sensible a los derechos patronales, escribió: que el hospital y la hospedería no pasen adelante hasta tener licencia. Y, en cierto modo, recrimina la pasividad del obispo. Sin embargo, cuando denunció brotes idolátricos, y comunica que hizo derribar huacas, el Rey apostilló: “que ha parecido bien este cuidado, y lo continúe”.

Con la experiencia obtenida en las visitas, se aprestó a celebrar el sínodo diocesano; se abrió el 19 de diciembre de 1638, con la misa del Espíritu Santo en la iglesia matriz, las sesiones se celebraron en la iglesia de Santa Catalina, con asistencia de teólogos, juristas, párroco, doctrineros, y la representación del cabildo eclesiástico. Las Constituciones, redactadas con cuidado, no evitaron la protesta de los capitulares que apelaron a la Audiencia por vía de fuerza, aunque sin éxito. Hay que subrayar dos acuerdos: el primero, el de hacer un catecismo en lengua puquina, que se hablaba —con el quechua y el aymará— en la región de la actual provincia de Moquegua; y el segundo, el de crear escuelas en los poblados indígenas.

Recibió Villagómez otra Real Cédula del 17 de diciembre de 1634, sobre la visita y examen a los religiosos que tenían a su cargo doctrinas de indios, y aprovecha para informar de lo que pasaba en su diócesis para buscar el oportuno remedio de la mano de S. M., “porque otra cualquiera, para con los religiosos de este reino, la tengo por flaca”. El Rey exigía todo cuidado para que en el nombramiento de doctrineros no se defraudara al Patronato, pues tenía noticias fundadas de que había muchos doctrineros con solo el nombramiento del superior religioso. Villagómez, en su respuesta, se remitió a las Constituciones sinodales de 1638, que dicen: los obispos pueden visitar a los doctrineros frailes en lo tocante a su ministerio de curas —iglesias, sacramentos, crisma, cofradías...—, y no más. En lo tocante a excesos de vita et moribus, avisen al superior. En cuanto al examen, cualquier religioso que va a ocupar una doctrina, ha de ser examinado por el obispo y por el catedrático de lengua, sin que valga la excusa de que otros religiosos suplen por ellos, como ha sucedido muchas veces, pues se seguiría la curiosa situación de que quien tiene el título no tiene idoneidad, y quien la tiene carece de título. Una vez examinados y aprobados no lo serán de nuevo, a no ser que pasen a otra diócesis o a otra doctrina de idioma distinto. Advierten los padres sinodales que lo dicho, “demás de ser voluntad de S.M.”, es conforme a Trento, y a la Bula de Gregorio XV, de febrero de 1622. Tal fue la respuesta de Pedro Villagómez, ajustada en todo a las decisiones regias y a las disposiciones del derecho canónico. De ahí que el Rey pusiera al margen: “Que está bien lo que ha proveído en este particular”.

En 1640 visitó la diócesis durante seis meses; de regreso a Arequipa recibió el nombramiento para la Metropolitana de Lima. Tomó posesión el 22 de mayo de 1641. La experiencia adquirida en la difícil sede arequipeña le sería muy útil en su nuevo destino. Fueron treinta años largos de pontificado arzobispal. Comenzó con una visita a la catedral, que dejó abierta hasta el 25 de mayo de 1650; puntualiza las obligaciones capitulares, la liturgia que debía resplandecer en los actos de culto, la observancia de la consueta de Santo Toribio de Mogrovejo, su predecesor y pariente.

La experiencia le había enseñado que la idolatría solía renacer, y proyectó una visita general, larga y profunda. Antes publicó una Carta pastoral de instrucción y exhortación contra las idolatrías que, en opinión de los contemporáneos, fue “obra maestra en su género”; y el indigenista Hernando de Avendaño redactó un Sermonario en castellano y quechua. El arzobispo resume el estado de la idolatría y los métodos a seguir en la campaña, elige visitadores canónicamente facultados para proceder aún en el foro externo, y misioneros y sacerdotes para predicar y asistir en el fuero interno. Salieron el 19 de septiembre de 1649 y duró hasta 1658. Las dificultades fueron grandes y de todo tipo: geográficas, económicas, personales; los seculares a veces se ausentaban para opositar a curatos, los jesuitas recelaban del carácter judicial de los visitadores, pues los indios creían que los jueces procedían por informaciones habidas en la confesión. Los pocos informes que se conocen de esta campaña, señalan que había tres focos de idolatría: Chavín, Huancabamba y el oriente de Huanuco, es decir, zonas montañosas alejadas del contacto con los religiosos. Y hablaron de remedio: algunos, entre ellos Hernando de Avendaño, propusieron que el delito de idolatría pasara a la Inquisición, pero Villagómez y la mayoría de visitadores opinaban que lo más indicado era procurar y conseguir una sólida formación religiosa.

La archidiócesis, hacia 1660, tenía unas ciento ochenta parroquias y doctrinas y unos quinientos sacerdotes: trescientos en la capital y doscientos en el resto de su territorio. En general, bien preparados, aunque algunos vivían sin beneficio, pues ochenta doctrinas estaban regidas por religiosos. Las parroquias, desde 1609, se proveían por concurso y a perpetuidad, aunque haciendo constar en cada caso, ad nutum patronum. En el seminario diocesano había veinticuatro alumnos que seguían la carrera eclesiástica. Para su disciplina —y la del clero en general— dictó un reglamento (julio de 1647) tan riguroso en prohibiciones y penas, que fue reformado por la Audiencia; pero el prelado acudió a la Santa Sede.

En cuanto a religiosos, en 1657 había en la capital dieciséis conventos, y quince fuera de ella. Una Real Cédula de 1653 prohibía fundar nuevos monasterios sin licencia. Pero en 1661, el virrey conde de Santisteban, en carta al Rey aseguraba que sobraban frailes en los conventos y faltaban en las doctrinas. La intención del prelado era pasar las doctrinas al clero diocesano, pero pronto pudo comprobar que no era fácil la empresa: los jesuitas regentaban la doctrina de Chavín, desde hacía dieciocho años, con excelentes resultados; los indios “reducidos” en dos pueblos, podían ser atendidos fácilmente. Por eso, cuando el metropolitano pretendió secularizar la doctrina, tuvo sus diferencias; los jesuitas dimitieron y el prelado nombró un párroco secular, pero los indios protestaron ante su protector, que, dijo, nada podía hacer por ser orden del virrey y del arzobispo.

Aún era mayor el número de religiosas en la diócesis limeña: había ocho monasterios en la capital con 1258 religiosas, según nota enviada a Roma en 1669, más un número mayor de donadas, criadas y esclavas, lo que no favorecía en absoluto la vida regular; aunque, según el informe, en aquel momento no se notaban mayores quebrantos. Villagómez, que desde el principio entendió de estos monasterios femeninos en la visita canónica, limitó el número de religiosas, y puso cuidado en la administración de los bienes conventuales y en la regularidad de la vida.

En cuanto a su relación con los poderes civiles, hubo incidentes, claro, pero de menor cuantía. Un ejemplo, en una procesión con el Santísimo, el arzobispo sacó un quitasol, y el virrey Alba de Liste lo mandó retirar, porque ante el Santísimo no se usaba, y porque él no lo llevaba. Villagómez, naturalmente, accedió. Más serio fue cuando el alcalde ordinario limeño mandó extraer de un templo a un reo, violando la inmunidad local. El alcalde fue declarado incurso en censura, y la Audiencia declaró caso de fuerza. No cedió el arzobispo y recurrió al Rey. No se conoce el expediente que debe reposar en algún archivo.

El 15 de junio de 1688, Inocencio XI beatificaba en el Vaticano a Rosa de Santa María, primera beata hispanoamericana. El 14 de enero de 1670 llegó a Lima la Bula de beatificación, y cupo a Villagómez presidir las solemnes ceremonias que tendrían lugar el 29 de abril del mismo año. En solemne procesión, bajo palio, la Bula fue trasladada desde el convento de Santa Domingo hasta la catedral. El virrey conde de Lemos y el Metropolitano presidieron la ceremonia que se celebró en el convento dominicano. Se descubrió la imagen de la nueva beata, entre luces y músicas, ricamente ataviada, y con flores que ella misma había plantado. Al día siguiente celebró un solemne pontifical, con sermón del obispo de Paraguay. Ya por la tarde, se devolvió la imagen a la iglesia de los dominicos.

Al obispo Villagómez le iban pesando los años, y se pensó en un auxiliar; se nombraron sucesivamente tres: un dominico, el deán de la catedral limeña y un agustino; dos murieron las vísperas de ser consagrados, y el tercero fue trasladado antes de la consagración. Y Villagómez presentó la dimisión, cuando tenía ochenta años. Aún vivió dos años, pero la aceptación de la dimisión llegó después de su fallecimiento, que ocurrió el 12 de mayo de 1671. Murió pobre, siendo muy rico; había invertido sus rentas en los mendigos y en obras benéficas.

Obras

Carta pastoral de instrucción y exhortación contra las idolatrías, Lima, 1647.

Bibliografía

S. Martínez, La diócesis de Arequipa y sus obispos, Arequipa, Tipografía Cuadros, 1933

E. Lissón Chaves (dir.) y M. Ballesteros (colab.), La Iglesia de España en Perú: colección de documentos para la historia de la Iglesia en el Perú [...], Sevilla, Ed. Católica Española, 1943-1956

R. Vargas Ugarte, Historia de la Iglesia en el Perú, Burgos, Impr. de Aldecoa, 1959-1960

A. García y García, “Villagómez de Vivanco, Pedro”, en Q. Aldea Vaquero, T. Marín Martínez y J. Vives Gatell (dirs.), Diccionario de Historia Eclesiástica de España, vol. IV, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas-Instituto Enrique Flórez, 1975, pág. 2760

P. Castañeda Delgado“Un zamorano ilustre: D. Pedro de Villagómez, obispo de Arequipa”, en Jornadas sobre Zamora, su entorno y América (Zamora, 4-6 de abril de 1991) Zamora, 1992, págs. 271-299

“Curas, mestizos y otros ilegítimos en beneficios curados: un informe fiscal para Indias”, en Communio, XXXIV-2 (2001), págs. 579-595.

Autor: Paulino Castañeda Delgado https://historia-hispanica.rah.es/biografias/46156-pedro-de-villagomez-y-vivanco

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El Comité Pontificio de Ciencias Históricas fue fundado en 1954 por el Papa Pío XII, heredando la tradición de la Comisión Cardenalicia de Estudios Históricos establecida por el papa León XIII mediante la Carta Apostólica Saepenumero considerantes, del 18 de agosto de 1883.

La labor del Comité se ha caracterizado por su constante atención al patrimonio archivístico de la Iglesia, especialmente a los Archivos Vaticanos. Se han dirigido numerosos llamamientos a los papas para permitir a los investigadores un acceso mayor y mejor a las colecciones documentales custodiadas por la Santa Sede. El Comité está presidido por el padre jesuita Marek Inglot, y Pierantonio Piatti ejerce como secretario.

«Tampoco la historia desaparece. La oración, precisamente porque se alimenta del don de Dios que se derrama en nuestra vida, debería ser siempre memoriosa. La memoria de las acciones de Dios está en la base de la experiencia de la alianza entre Dios y su pueblo. Si Dios ha querido entrar en la historia, la oración está tejida de recuerdos. No solo del recuerdo de la Palabra revelada, sino también de la propia vida, de la vida de los demás, de lo que el Señor ha hecho en su Iglesia». Papa Francisco, Exhortatio Apostolica Gaudete et exultate (¶ 153).

Comité Pontificio de Ciencias Históricas

Presidente: Padre jesuita Marek Inglot, SJ

Secretario: Pierantonio Piatti

Miembros recientemente incorporados (13 de agosto de 2026):

  • Umberto Longo: Director del Instituto Histórico Italiano para la Edad Media de Roma, Italia.
  • Francesco Cesareo: Presidente emérito de la Assumption University de Worcester, Estados Unidos.
  • Anna Barańska: Profesora asociada de la Facultad de Humanidades de la Universidad Católica Juan Pablo II de Lublin, Polonia.

El equipo de dirección y asesoría del Comité en Ciudad del Vaticano está compuesto por:

  • Asesores
    • Monseñor Sergio Pagano, B. (Exprefecto del Archivo Apostólico Vaticano).
    • Monseñor Enrico dal Covolo, S.D.B. (Rector emérito de la Universidad Pontificia Lateranense).
  • Delegado: Monseñor Carlos Alberto de Pinho Moreira Azevedo.
  • Presidentes Eméritos:
    • Cardenal Walter Brandmüller.
    • Padre Bernard Ardura, O. Praem.
  • Secretario Emérito: Luigi Michele de Palma.

Miembros Históricos Destacados

  • Hubert Jedin: Historiador alemán, considerado el gran experto mundial en la historia del Concilio de Trento.
  • Henri-Irénée Marrou: Destacado historiador francés especializado en el cristianismo primitivo y la educación en la antigüedad.
  • Giulio Battelli: Archivero, paleógrafo y erudito italiano de enorme influencia en la documentación vaticana.
  • Miguel Batllori, SJ: Historiador y jesuita español, galardonado con el Premio Nacional de las Letras Españolas.
  • Angelo Mercati: Erudito italiano y prefecto del Archivo Secreto Vaticano a mediados del siglo XX.
  • David Knowles: Monje benedictino e historiador británico, gran autoridad en la historia monástica medieval.

Requisitos para formar parte del Comité

Los miembros no se postulan de manera voluntaria, sino que son nombrados directamente por el Papa bajo criterios estrictamente profesionales y de confianza institucional. Las condiciones implícitas para ser tomado en consideración incluyen:

1.     Excelencia Académica: Poseer un doctorado, cátedras activas o direcciones en universidades pontificias, católicas o prestigiosas instituciones civiles internacionales.

2.     Especialización Clave: Contar con una trayectoria científica intachable en la investigación archivística, paleografía, arqueología cristiana o historia eclesiástica general.

3.     Diversidad Internacional: El Vaticano busca mantener la pluralidad geográfica (historiadores de América, Europa, Asia, etc.) para enriquecer los enfoques historiográficos globales.

4.     Respeto Institucional: Capacidad demostrada para trabajar de cerca con el patrimonio documental confidencial de la Santa Sede, como el Archivo Apostólico Vaticano]

 

MIEMBROS POR ORDEN ALFABÉTICO

1.     Andreas Sohn

2.     Antal Molnár

3.     Anton M. Pazos

4.     Augustin Laffay

5.     Benedict Kanakappally

6.     Bernard Dompnier

7.     Carlos Alberto de Pinho Moreira Azevedo

8.     Carlos Salinas Araneda

9.     César Izquierdo Urbina

10.  Christine Maria Grafinger

11.  Claude Prudhomme

12.  David D’Avray

13.  Elisabeth Kieven

14.  Emilia Hrabovec

15.  Emilio Marin

16.  Francesco Cesareo Anna Barańska

17.  Francis Thonippara

18.  Gaetano Lettieri

19.  Gianni La Bella

20.  Gianpaolo Romanato

21.  Giovanni Maria Vian

22.  Henrique Leitão

23.  Johannes Helmrath

24.  Mauro Mantovani

25.  Nicoletta Vittoria Spezzati

26.  Paul Mattei

27.  Philippe Chenaux

28.  Rocco Ronzani

29.  Sergio Pagano

30.  Umberto Longo

 

Un buen amigo es el profesor Carlos Salinas Araneda, con 30 años en el organismo,  Abogado y Licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales por la Universidad Católica de Valparaíso. Doctor en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid, Licenciado en Derecho Canónico por la Universidad Pontificia de Salamanca y Doctor en Derecho Canónico por la Pontificia Universidad Santo Tomás, Angelicum, in Urbe, de Roma. Actualmente es profesor de Historia del Derecho y Derecho Canónico de nuestra Universidad y Editor en Jefe de la Revista de Estudios Histórico-Jurídicos. https://www.pucv.cl/pucv/noticias/destacadas/papa-francisco-ratifica-a-profesor-carlos-salinas-como-miembro-del

 

CORRESPONDIENTES

1.     Christian Sorrel

2.     Danilo Ceccarelli Morolli

3.     Emmanuel Tawil

4.     Jean-Paul Messina

5.     Katrin Boeckh

6.     Kenneth Pennington

7.     Kiril Plamen Kartaloff

8.     Marc Agostino

9.     Matteo Nacci

10.  Paul F. Grendler

11.  Paul Gundani

12.  Rita Tolomeo

13.  Sunny Maniakkunnel  

14.  Tricia T. Pyne

Documenti

DISCORSO DEL SANTO PADRE IN OCCASIONE DELL'UDIENZA PER IL 70° ANNIVERSARIO DEL PONTIFICIO COMITATO DI SCIENZE STORICHE (25 APRILE 2024)

DISCORSO DEL SANTO PADRE IN OCCASIONE DELL'UDIENZA PER L'ADUNANZA PLENARIA DEL PONTIFICIO COMITATO DI SCIENZE STORICHE (28 MAGGIO 2022)

DISCORSO DEL SANTO PADRE IN OCCASIONE DELL'UDIENZA PER IL  60° ANNIVERSARIO DEL PONTIFICIO COMITATO DI SCIENZE STORICHE (12 APRILE 2014)

UDIENZA SANTO PADRE 7 MARZO 2008

UDIENZA SANTO PADRE 16 APRILE 2004

Proyectos de Investigación y Alianzas Actuales

El Comité opera bajo una intensa agenda de cooperación científica orientada a la edición de textos medievales y la revisión historiográfica:

·        Estudio del Concilio de Nicea: El Comité ha coordinado importantes sesiones científicas y congresos internacionales enfocados en el Concilio de Nicea (del año 325) con un fuerte enfoque en el diálogo ecuménico.

·        Alianza con el ISIME: Ha firmado un acuerdo de colaboración con el Instituto Histórico Italiano para el Medio Antiguo (ISIME) —cuyo director, Umberto Longo, acaba de ser incorporado como miembro— para el desarrollo y edición filológica de textos del medievo cristiano, latinos y romances.

·        Convenio con la Fundación Juan Pablo I: El Comité mantiene un plan de trabajo junto a la Fondazione Vaticana Giovanni Paolo I para la promoción, publicación y profundización científica en torno a los documentos del breve pontificado de Albino Luciani.

·        Revisión del Anuario Pontificio: Colabora activamente en la depuración crítica de los datos y las cronologías de los papas presentes anualmente en el directorio de la Iglesia.

·        Publicaciones e Inquisición: A través de su colección editada con la Libreria Editrice Vaticana, el Comité impulsa investigaciones monográficas permanentes, incluyendo estudios avanzados sobre la Inquisición Romana.

PUBLICACIONES

74. L’Inquisizione Romana. Nuove ricerche, nuove prospettive. Studi per Agostino Borromeo, a cura di Patrick Descourtieux – Marek Inglot, 2025.

  73. Antal Molnár (ed.), Catholic Confessionalization in Moldavia at the Border between East and West. The Synod of Cotnari (Moldavia) and the Speculum Ordinis of Bartolomeo Bassetti OFMConv (1642), 2024.

 72. Philippe Roy-Lysencourt (dir.), Dictionnaire biographique des évêques de Québec, 2024.

 71. Atti e Documenti I-LXX. Indice sistematico e analitico, a cura di Marek Inglot – Pierantonio Piatti, 2025.

70. Massimo Bergonzini, Agostinho Barbosa. L’attività spirituale del giurista e sacerdote portoghese nella Villa e Corte di Madrid, 2024.

69. Storia del Cristianesimo in Umbria, a cura di Andrea Maiarelli – Pierantonio Piatti – Andrea Possieri, 2 voll., 2024.

 68. Inchiesta sulla storia dei primi secoli della Chiesa, a cura di Enrico dal Covolo – Maxime K. Yevadian, 2024.

67. I Canonici Regolari dal Medioevo ai nostri giorni, a cura di Bernard Ardura – Gert Melville, 2023.

66. Libellus quasi speculum. Studi offerti a Bernard Ardura, a cura di Pierantonio Piatti, 2 voll., 2022.

65. Diplomazia, Religione, Nazioni. La missione di pace delle Chiese cristiane nel XX secolo, a cura di Matteo Luigi Napolitano, 2023.

64. Un Concilio di oggi. Memoria, recezione e presente del Concilio di Firenze (1439-2019), a cura di Riccardo Burigana – Pierantonio Piatti, 2022.

63. La Breccia di Porta Pia. Raccolta di Studi nel 150° anniversario (1870-2020), a cura di Francesco Anghelone, Pierantonio Piatti, Emilio Tirone, 2022.

62. La Santa delle due città. Colomba tra Rieti e Perugia nel contesto europeo, a cura di Giovanna Casagrande - Maria Luisa Cianini Pierotti - Amilcare conti - Pierantonio Piatti, 2 voll. 2022.

61. La Visita Apostolica di Giovan Battista Castelli alla Propositura di Pescia (1575-1576), a cura di Manuel Rossi, 2021.

60. Pagani e Cristiani. Conflitto, confronto, dialogo. Le trasformazioni  di un modello storiografico, a cura di Enrico dal Covolo, Giulia Sfameni Gasparro, 2021.

59. The Trial of Cardinal József Mindszenty from the Perspective of Seventy Years: The Fate of Church Leaders in Central and Eastern Europe, edited by András Fejérdy – Bernadett Wirthné Diera, 2021.

58. L'Ostpolitik Vaticana. L'Unione Sovietica e la Chiesa ortodossa Russa (1945-1978), a cura di Johan  Ickx, 2021.

57. Identità Europea e Radici Cristiane. Atti del Convegno Internazionale di Studio. Veliko Tarnovo, 26 maggio 2018, a cura di Kiril Plamen Kartaloff, 2021.

56. Europa Cristiana ed Impero Ottomano. Momenti e problematiche, a cura di Agostino Borromeo, Pierantonio Piatti, Hans Ernst Weidinger, 2020.

  55. Santa Sede e Cattolici nel mondo postbellico 1918-1922, Raccolta di Studi nel centenario della conclusione della Prima Guerra Mondiale, a cura di Marc Agostino, 2020.

 54. «Che cos’è stato il 1968? Una lettura 50 anni dopo»/«Qué fue el 1968? Una lectura medio siglo después», a cura di Bernard Ardura – Armand Puig I Tarrech, 2020.

53. Peter Slepčan – Róbert Letz, Una voce in difesa. Episcopato slovacco e diplomazia pontificia contro lo sterminio nazista, 2019.

 52. Sistematica e tecnica nelle codificazioni canoniche del XX secolo, Atti del Convegno di Studi (Facoltà di Diritto Canonico “San Pio X” di Venezia, 5-6 maggio 2017), a cura di Giuliano Brugnotto, 2021.

 

 51. Lutero 500 anni dopo. Una rilettura della Riforma luterana nel suo contesto storico ed ecclesiale, a cura di Gert Melville - Joseph-Ignazi Saranyana-Closa, 2019.

 

 50. Discernimento vocazionale e idoneità al presbiterato nella tradizione canonica latina, a cura di Nicolás. álvarez de las Asturias – Giuliano Brugnotto – Simona Paolini, 2018.

 49. Chiesa del silenzio e diplomazia pontificia 1945-1965, a cura di Emilia Hrabovec – Giuliano Brugnotto, 49. Chiesa del silenzio e diplomazia pontificia 1945-1965, a cura di Emilia Hrabovec – Giuliano Brugnotto – Peter Jurčaga, 2018.

 48. Alla ricerca di soluzioni. Nuova luce sul Concilio Lateranense V. Studi per i 500 anni del Concilio, a cura di Nelson H. Minnich, 2018.

47. Nunzio in una terra di Frontiera. Achille Ratti, poi Pio XI, in Polonia (1918-1921), a cura di Quirino Alessandro Bortolato e Mirosław Lenart, 2017. 

46. Il Concilio Vaticano II e i suoi protagonisti alla luce degli archivi, a cura di Philippe Chenaux e di Kiril Plamen Kartaloff

45. Rapporti diplomatici tra la Santa Sede e l’Ungheria. 1920-2015, a cura di András Fejérdy, 2016.

44. «Inutile strage». I cattolici e la Santa Sede nella Prima guerra mondiale. Raccolta di Studi in occasione del Centenario dello scoppio della Prima guerra mondiale, a cura di Lorenzo Botrugno, 2016.

43. Riforma del cattolicesimo? Le attività e le scelte di Pio X, a cura di Giuliano Brugnotto e Gianpaolo Romanato, 2015.

42. Onorato Bucci, Le origini e lo sviluppo della famiglia e del matrimonio fra matrilinearità e patrilinearità, 2015.

41. San Pio X. Papa riformatore di fronte alle sfide del nuovo secolo. Atti della Giornata di Studi in occasione del centenario della morte di San Pio X (1914–2014), Città del Vaticano, 12 giugno 2014, a cura di Roberto Regoli, 2015.

40. I santi Cirillo e Metodio e la loro eredità religiosa e culturale, ponte tra Oriente e Occidente. Raccolta di studi in occasione del 1150° anniversario della missione dei santi Cirillo e Metodio nella Grande Moravia (863-2013), a cura di Emilia Hrabovec – Pierantonio Piatti – Rita Tolomeo, 2015.

39. Mario Sensi, S. Maria di Betlem. Monastero di Contemplative Agostiniane custodi del santuario diocesano ‘Madre del Buon Consiglio’ a Foligno, 2015.

Este Comité Pontificio de Ciencias Históricas fue establecido formalmente el 7 de abril de 1954 por decisión expresa de Pío XII, si bien su historia como organismo de la Santa Sede es anterior a dicho acontecimiento.

En el ámbito eclesiástico, el Comité heredó un prestigioso legado de la Comisión Cardenalicia de Estudios Históricos —organismo creado por León XIII (mediante la carta apostólica *Saepenumero considerantes* del 18 de agosto de 1883)— con el fin de impulsar en la práctica, y bajo un espíritu católico, la renovación de la investigación histórica, especialmente tras la apertura de los Archivos Secretos Vaticanos a los estudiosos entre 1879 y 1880.

La propuesta de que la Ciudad del Vaticano se adhiriera al *Comité International des Sciences Historiques* (CISH) se remonta a 1937; fue planteada por el secretario Michel Lhéritier al cardenal Eugenio Tisserant, quien logró la aprobación de Pío XI para que la Santa Sede estuviera representada en el Congreso Internacional de Ciencias Históricas de Zúrich (1938) y para que la Ciudad del Vaticano se incorporara al CISH.

No obstante, estos nuevos vínculos se debilitaron a causa de la guerra, que ralentizó considerablemente las iniciativas del CISH, aunque no llegaron a desaparecer por completo. Por el contrario, cobraron nuevo impulso en 1948 con la reanudación de las actividades del Comité, proceso que culminó en el Congreso Internacional de Roma de 1955, momento en que el papa Pío XII formalizó la adhesión de la Santa Sede al CISH, con la participación del recién creado Comité Pontificio de Ciencias Históricas en los trabajos del mismo. Pío XII había nombrado presidente a Pio Paschini. Michele Maccarrone ejerció como secretario y el Papa designó también como miembros a varios profesores de universidades pontificias y directores de importantes instituciones culturales: Angelo Mercati, Pietro Salmon, Lucien De Bruyne, Ferdinando Antonelli, Pedro de Leturia, Antonio Casamassa y Thomas Kappeli. De este modo, el naciente Comité mantuvo una continuidad ideal con los principios rectores que habían marcado la labor inicial de la Comisión Cardenalicia; sin embargo, operaba bajo una perspectiva radicalmente transformada por los avances de la historiografía en el ínterin, progresos que exigían una renovación igualmente profunda en el campo de la historia eclesiástica. Esta renovación fue, además, respaldada por el propio Pontífice, quien, en su discurso a los participantes del Congreso de Roma del 7 de septiembre de 1955, marcó un distanciamiento de las polémicas y la apologética del siglo XIX en favor de una aceptación sin reservas de la crítica histórica.

 

Desde entonces, la colaboración de la Santa Sede con las actividades e iniciativas del CISH ha sido ininterrumpida y —por consenso general— constantemente fructífera y eficaz para alcanzar sus objetivos institucionales. Desde su creación, el Pontificio Comité de Ciencias Históricas ha desempeñado también las funciones y el papel de subcomisión de la Santa Sede dentro de la *Commission Internationale d’Histoire Ecclésiastique Comparée* (CIHEC).

A lo largo de los sesenta años de historia del Comité, destacadas figuras del ámbito de las ciencias históricas eclesiásticas han ocupado su presidencia: Pio Paschini (1954–1962), Michele Maccarrone (1963–1989), Victor Saxer (1989–1998), Walter Brandmüller (1998–2009) y Bernard Ardura (2009). Asimismo, una sucesión de secretarios ha prestado servicio en el Comité: Michele Maccarrone (1954–1963), José Ruysschaert (1963–1973), Pietro Amato Frutaz (1973–1980), Raffaele Farina (1981–1989), Vittorino Grossi (1989–2002), Cosimo Semeraro (2002–2013) y Luigi Michele de Palma (2013). Hasta la fecha, ha contado con aproximadamente noventa miembros, seleccionados por su experiencia especializada y procedentes de numerosas universidades pontificias, eclesiásticas, católicas y laicas de diversos continentes (entre los ejemplos más notables figuran Hubert Jedin, Henri-Irénée Marrou, Giulio Battelli, Miguel Batllori, Angelo Mercati, David Knowles, Piero Zerli, Pierre Blet, Giacomo Martina, Vittorio Peri, André Vauchez y Mario Sensi).

Las actividades del Comité han sido diversas y han evolucionado a lo largo de las décadas. Innumerables iniciativas han marcado su medio siglo de servicio a la investigación histórica: junto a su labor administrativa —que incluye funciones de asesoramiento y la colaboración con diversos organismos de la Santa Sede—, los esfuerzos del Comité se caracterizan por un interés constante en el patrimonio archivístico eclesiástico, y en particular en los archivos vaticanos. Se han dirigido numerosas peticiones a los Pontífices (Pío XII, Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI) con el fin de facilitar a los investigadores un acceso más amplio y mejor a los fondos documentales que custodia la Santa Sede.

La contribución del Comité se ha extendido también a la cooperación con otras entidades e instituciones, tanto eclesiásticas como no eclesiásticas, especialmente en el ámbito internacional. Entre los ejemplos cabe citar no solo la organización de cursos de formación para profesores de historia eclesiástica en seminarios italianos y la revisión de datos históricos para el *Annuario Pontificio* (listas de Sumos Pontífices, sedes episcopales residenciales y titulares), el *Martirologio* y diversos documentos conciliares y textos del magisterio pontificio, sino también la colaboración en iniciativas científicas transnacionales (como las realizadas con la UNESCO), la actualización de libros de texto de historia y la planificación y ejecución de diversos congresos históricos internacionales.

El propio Comité ha promovido numerosos congresos, conferencias, coloquios, simposios y reuniones de estudio; sus aportaciones historiográficas son evidentes y han sido publicadas en la serie «Atti e documenti» (Actas y documentos) editada por la *Libreria Editrice Vaticana* (Editorial Vaticana).

 

Statuto del Comitato

Si bien es fácil comprender la importancia de la presencia del Comité en la comunidad internacional de estudios históricos —así como el apoyo que ha brindado para conectar e intercambiar conocimientos y recursos entre academias, institutos culturales y diversos centros de investigación católicos, ayudando así a que los estudios de historia eclesiástica se afiancen en el ámbito académico mundial—, resulta también esencial destacar el impulso que ha dado al diálogo ecuménico. Sus iniciativas han fomentado a menudo encuentros serenos y respetuosos entre católicos, cristianos ortodoxos y protestantes, todos ellos unidos en la búsqueda de la verdad histórica y conscientes de que esta forma de comunión académica alentaría y contribuiría al camino hacia la unidad.

Por último, el Comité apoya y promueve el estudio de las humanidades —en particular de las lenguas clásicas (latín y griego), dada su necesidad para la investigación histórica— mediante diversos medios educativos, como estancias de estudio y concursos; asimismo, sigue con comprensible dedicación e interés el ámbito de los libros de texto de historia.

Estatutos del Comité

PARA CONSULTAR LOS ESTATUTOS DEL COMITÉ PONTIFICIO DE CIENCIAS HISTÓRICAS, HAGA CLIC EN ESTE ENLACE https://www.historia.va/content/scienzestoriche/it/struttura-del-comitato/profilo-storico.html

 

 

 

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