Siempre me ha atraído el personaje de rompe y rasga que de encomendero abusador de sus propios indios se convirtió en el abogado defensor de todos los nativos y que no dudó en cruzar varias veces el Atlántico para hacer valer sus derechos ante el propio emperador Carlos I. No me cuadra para nada que le tilden de "mentiroso" y "antiespañol", puede ser exagerado y hasta faltar a la verdad por subjetivismo pero nunca tuvo la intención de engañar, tan sólo puso su ciencia y vida como los auténticos profetas para denunciar la incoherencia de los cristianos y anuncir la buena nueva a los que no lo eran. Esperaba tanto de España que no toleraba ninguna hipocresía y cuando sacudía con sus prédicas no se libraba ni el propio apuntador. Les comparto nuevos apuntes para intentar conocer mejor a este historiador, misionero, que su orden dominica y la diócesis de Sevilla han incoado el proceso de beatificación.
El escritor colombiano Enrique Buenaventura en su obra Un réquiem por el padre Las Casas, evidencia esta paradoja: “¿No es extraordinario que para hablar mal de España tengan que repetir lo que dijo un español?”. Nadie puede negarle hoy la energía puesta en defender al indio, la sustitución de la conquista por la “pacificación”, la cruz sin la espada, el derecho de los pueblos a la autodeterminación, su actitud mental desde “la visión de los vencidos”, cincuenta años consagrados en exclusiva a esta lucha. Catorce veces cruzó el océano de España y de la cristiandad.
Fue un profeta carismático, pieza esencial de la reconstrucción y de la vida de la Iglesia en América cuando la conciencia cristiana se creía sacudida por la empresa del nuevo Mundo. Su profetismo, como denuncia y como palabra de salvación, presuponía un compromiso social y hasta político[1]. Se convirtió en el primer actor de esa apasionante lucha evangélica por la justicia en América marcando de forma indeleble la mentalidad de un continente. Claro que no fue un clarín solitario, un Robinsón aislado. Formó parte de todo un movimiento doctrinal, de misioneros y teólogos, con proyección internacional y vigente en la actualidad.
Su monumental obra "Historia de las Indias" motivó la tesis doctoral del actual cardenal de Lima, S.E. Carlos Castillo Libres para creer. La conversión según Bartolomé de Las Casas en la Historia de las Indias en la que se destaca que Las Casas enmarca a los indios de acuerdo con la visión de los pobres en el evangelio, tal como subrayó el P. Gustavo Gutiérrez, pensando que “por caminos imprevisibles estarán quizás a la derecha de Dios más que cualquiera de los españoles cristianos. Las Casas contempló a nuestro Dios y Señor Jesucristo crucificado en los indios de hace cinco siglos y percibió que Dios los convertía animándolos, a pesar del pecado de los cristianos. Esto no lo sumió en la pasividad, sino que lo dotó de un sentido más profundo en su indesmayable actividad en favor del indio. El evangelizador y su pueblo encontraron el camino de su propia conversión y así el lugar de su misión: volver a encontrarse con su vocación de pueblo apóstol y ayudar a Dios a que los indios lo encuentren, no solo en su tiempo de muerte sino también en su tiempo de resurrección. Tiempo imprevisible, que sólo Dios puede dar” PUCP, Lima, 2021, 2ª ed., p. 418, . https://repositorio.pucp.edu.pe/bitstreams/967bbb84-68ed-4744-985b-a75812b3c10a/download).
Pero no instrumentalicemos a nuestro misionero dominico. Hasta soviéticos y orientales europeos lo utilizaban contra el imperialismo capitalista. Lo mismo sucede con pocos iberoamericanos que lo hacen paladín de la teología de la liberación desconectada del magisterio de la Iglesia, que dicen querer hacer una historia “comprometida con los pobres”. Hoy más que nunca necesitamos el “compromiso con la verdad” dejando a un lado la seducción de las leyendas y los mitos.
Os aconsejo la biografía de Paulino Castañeda[2], editor de sus obras, así como la lectura de todos sus trabajos que por vez primera son publicados de forma crítica[3]. 1. Vida y obras / por Álvaro Huerga -- 2. De único vocationis modo / edición de Paulino Castañeda Delgado y Antonio García del Moral -- 3-5. Historia de las Indias / transcripción del texto autógrafo por Miguel Ángel Medina; fijación de las fuentes bibliográficas por Jesús Ángel Barreda; estudio preliminar y análisis crítico por Isacio Pérez Fernández -- 6-8. Apologética historia sumaria / edición de Vidal Abril Castelló [and others] -- 9. Apología / edición de Ángel Losada -- 10. Tratados de 1552, impresos por las casas en Sevilla / edición de Ramón Hernández y Lorenzo Galmés -- 11.1. De thesauris / fijación del texto latino, traducción castellana, introducción e índices (ideológico y general) por Ángel Losada; notas e índices de fuentes bíblicas, jurídicas y otras por Martín Lassègue -- 11.2. Doce dudas / edición de J.B. Lassegue; estudio preliminar, índices y bibliografía de J. Denglos -- 12. De regia potestate / edición de Jaime González Rodríguez; introducción de Antonio-Enrique Pérez Luño. Quaestio theologalis / edición de Antonio Larios Ramos y Antonio García del Moral y Garrido -- 13. Cartas y memoriales / edición de Paulino Castañeda [and others] -- 14. Diario del primer y tercer viaje de Cristóbal Colón / edición de Consuelo Varela.
En este año 2026 en que se conmemora el V Centenario de la Escuela de Salamanca, por recordar los 500 años de la incorporación de Francisco de Vitoria a la Universidad de Salamanca, se impone un estudio objetivo y real de sus protagonistas como es el caso de nuestro hombre: Fray Bartolomé de las Casas. Dejemos las leyendas y los mitos, forjemos una historia con verdad y vida.
En el P. Las Casas hay una pugna entre la historia y la profecía. Como advierte el P. José Carlos Martín de la Hoz, participante en la Comisión histórica del proceso de beatificación del P. Las Casas, no se canoniza su obra como historiador, que dista mucho de ser científica y veraz, se persigue su acción profética ante la Corona española de velar por el cuidado de los fieles más necesitados de las Indias, los indios, logrando “la verdadera conversión de los encomenderos de su diócesis, y de paso la de los demás habitantes de las Indias” [4].
De modo utópico, las Leyes Nuevas de 1542 decretaban la abolición de la encomienda, pero la aplicación jurídica en la compleja realidad indiana era harto difícil; de hecho, llegó a provocar la muerte del Virrey del Perú, Blasco Núñez de Vela, en su intento. El P. Las Casas no se acobardó, retornó a la Corte después de la comentada azarosa vida pastoral en su diócesis, y puso todo su empeño en su programa de restitución. Como clave de su proyecto evangelizador estaba la conversión de los encomenderos, la eliminación de la esclavitud y el buen ejemplo a los naturales de las Indias. Sin ello, todo se le antojaba como farsa e hipocresía. Bartolomé de las Casas no tiene ningún interés en acumular obras de historia ni de las Indias ni de la Iglesia, “pretende sencillamente reunir argumentos: ejemplos contundentes para golpear la real conciencia y hacerles intervenir en América. Se parece al profeta que anuncia los terribles males que enviará Dios si no se produce una verdadera, urgente y total conversión del pueblo”[5].
Tras las diferentes controversias surgidas por un personaje tan poliédrico, profeta y pastor, cronista e historiador, encomendero primero, dominico después, comparto, el atinado juicio del historiador Pedro Borges Morán, en su obra ¿Quién era Bartolomé de las Casas? "Lo característico de Las Casas no es lo que pensó, lo que se propuso obtener o lo que en realidad logró, porque en eso coincide con todos los demás. Lo característico en él es el modo cómo lo hizo[...] Desde el momento en que se creyó destinado a luchar contra algo, Las Casas, extremista como era por carácter, se convirtió en un inconformista sistemático que divinizó al indio, es decir, a la víctima, y satanizó al español, esto es, al supuesto verdugo.[...] Con ello incurrió en el típico daltonismo propio de los obsesionados por algo, por muy noble que fuera esa obsesión.[...] Es incuestionable que Las Casas, dentro de su mundo irreal o por lo menos parcial, actuó con sinceridad, sin ahorrar esfuerzos y preocupado únicamente por el cumplimiento de la misión divina que creía incumbirle.[...]Sus objetivos y sus esfuerzos merecen elogios. Lo lamentable es que no atinara con el modo ni con los modales. Lo que le sobró de noble utopía, le faltó de prosaico pragmatismo (Rialp, Madrid 1990)
[1] A. Losada lo pone de manifiesto: “La idea de ambos era que, para hacer triunfar su causa a favor de los pueblos oprimidos, había que ganar para la misma a los jefes de Estado y altas jerarquías de la Iglesia. En ello se empeñaron toda su vida y pese a los malentendidos y hasta las calumnias, lo lograron: Lebrel, consejero de Pablo VI y Felipe II”. en “Sobre la huella de Las Casas: El padre Lebrel, pionero de los tiempos modernos”, Los Dominicos y el Nuevo Mundo. Madrid, Deimos, 1988, 352-363.
[3] Bartolomé DE LAS CASAS, Obras completas, 15 vols., Alianza Editorial, Madrid 1989-1990.
[4] MARTÍN DE LA HOZ, José Carlos, “Bartolomé de las Casas: historia y profecía” Fe y Libertad, Guatemala, Vol. 5, Nº. 2, 2022 (Ejemplar dedicado a: Narrativa histórica: libertad y derecho), p.138
[5] Ibídem, p. 122.