Amigos: Les comparto la entrañable semblanza del joven  JOSÉ LUIS LLORENTE GUERRA (1949, Toledo -1968, Madrid) gracias a su hermano y amigo P. Juan Llorente, C.P. en el 58 aniversario de su partida a la Casa del Padre.  Muchas gracias

 

Un día como hoy, 1º de junio del 1968, fallecía a la edad de 19 años en Madrid, nuestro querido hermano José Luis (q.e.p.d.). Era también 1º sábado de mes, pero no vísperas del Corpus Christi, sino vísperas de Pentecostés. Era el año en que Massiel ganó el festival de Eurovisión con la canción “La, la, la”.

José Luis nació en Toledo el 16 de abril de 1949, un sábado de gloria. Fue bautizado en la Parroquia de Santa Cruz. Recibió la 1ª comunión en la misma Parroquia en el mes de mayo del año 1957. La confirmación la recibió también en Santa Cruz, en la visita pastoral del Obispo Auxiliar de Toledo D. Anastasio Granados, creo que fue en 1961.

Los estudios primarios los hizo en la Escuela Nacional de Santa Cruz y sus Maestros fueron Dª Enriqueta y D. Juan. El Bachiller, 1º y 2º lo estudió por libre con D. Leovigildo Benayas; 3º y 4º de bachiller lo estudió en el Colegio diocesano INDIMA, Institución del Divino Maestro, en Madrid; 5º y 6º de Bachiller) en Landete (Cuenca), sin terminar porque cayó enfermo.

Esta mañana me desperté pronto pensando en él y en nuestra familia, nuestros padres: Emiliano y Obdulia (q.e.p.d.) y mi hermano Ángel. De José Luis podría contar mucho y sobre todo algunas anécdotas que recuerdo, trataré de resumir. Era el mayor de los tres hermanos en edad, pero no en estatura. Era el más inteligente (estudiaba justo para aprobar), inquieto, ocurrente, decidido (recuerdo un día en el andén del metro se acercó a una jovencita muy guapa que llevaba “minifalda” y la preguntó:” ¿oye, ¿dónde compra tu madre los garbanzos? y ella respondió: “en Simago”, que era una cadena de supermercados de aquel entonces). Otra vez paseando por la Gran Vía de Madrid, a la altura de la calle San Bernardo, otro joven iba cantando una de las canciones de moda de entonces “Que se mueran los feos, que no quede ninguno, ninguno…” y José Luis que era muy chistoso y decidido, se volvió y le dijo: “jodío feo, muérete tú”.

Era alegre, súper simpático, hacía amistades o se las ganaba con gran facilidad, tanto en los Colegios donde se educó como en los ambientes en que se movía. Le encantaba la relación, amaba a sus amigos; con buena presencia, cariñoso y deportivo, le gustaba la mayoría de los deportes. De muy pequeño le encantaba jugar al fútbol en los recreos de la Escuela o en el caño (hoy Parque de Dª Adela) hasta que formó parte del equipo Paz, club de fútbol en Santa Cruz. Recuerdo que coleccionaba en álbumes los jugadores por equipos y creo que se los sabía hasta de memoria. Su equipo predilecto era el Real Madrid (por aquel entonces quedaban siempre campeones de Europa).  Le seleccionaron en juveniles del Atlético de Madrid y creo que llegó a jugar por algún tiempo. Su amigo íntimo y pariente Ceferino Fernández Llorente lo sabe muy bien. Tenía muchas iniciativas, hasta puso una tómbola en nuestra casa y los niños, jóvenes del barrio y del pueblo venían y participaban.

Era un joven muy normal, divertido, alegre, le gustaba alternar y disfrutar en su breve juventud saliendo con sus amigos los fines de semana al bar, al cine, al baile y a las fiestas de los pueblos de alrededor y en verano ir a los campamentos de la OJE y también como todos los chicos de su edad bañarse en las piscinas de las huertas o en el Rio Alberche, nadaba muy bien.

José Luis tenía una personalidad “especial” que atraía no sólo a su familia pues era muy querido por todos nosotros, sino también entre los jóvenes de su generación, por donde pasaba dejaba “huella” tanto en los Colegio en que se formó como en Santa Cruz entre los jóvenes de su generación.

José Luis fue monaguillo ante de concluirse el Concilio Vaticano II, cuando la Misa era en lengua latina y se aprendió de memoria las respuestas como toda la asamblea y sobre todo ellos que estaban más cerca del altar y tenían que responder al Sacerdote. Mis padres hubieran deseado que fuera Cura también y de acuerdo con D. Marcelo, el Párroco de entonces, le enviaron al Seminario Menor que los Padres Salesianos tenían en Arévalo (Ávila) con Manolo Rico Rueda, nuestro primo Miguel Ángel Llorente García, pero antes de terminar el curso escribió a nuestro padre para decirle que él no quería ser Sacerdote porque no era su vocación y que fueran a recogerle. Dios tenía otros designios sobre él. Nosotros notamos el cambio enorme cuando volvió del Seminario pues parecía un Ángel de la Guarda, sólo quería ir a Misa, rezar el Rosario, que se bendijera la mesa antes de las comidas, etc. Y desde entonces en nuestra casa así lo hacíamos hasta que nos hicimos mayores y abandonamos estas prácticas piadosas. Sólo mis padres perseveraron en los rezos.

En 1966 abandonó los estudios del Colegio de Landete (Cuenca) porque se le despertó la enfermedad y regresó a Santa Cruz. D. Leonardo, el Médico de Noves por Rayos X, le detectó algo muy pesado. Al poco tiempo en Toledo le diagnosticaron el “Mal de Hodgkin” en el sistema linfático”. Entonces era una enfermedad incurable”, hoy se puede curar o prolongar la enfermedad con quimioterapia y tratamientos más eficaces que entonces. Por aquellos años yo estaba en Madrid, interno, estudiando 4º de bachiller y Revalida en el mismo Colegio que él estuvo anteriormente. Cuando iba al pueblo por vacaciones mis padres y Ángel me contaban lo que sufría José Luis por las noches que pasaba en blanco. A veces temblaba la cama de tantos dolores. Aunque tenía periodos en que se recuperaba y parecía estar curado, cuando recaía, era peor.

Mis padres con las personas más piadosas del pueblo, entre ellos Dª Teodora, Sagrario, Mercedes, Dª Adela, Consuelo Benayas, Felipe Martin, Crucita y otros más, todos (q.e.p.d.), Emiliano Fernández y otros hicieron una novena al Corazón de Jesús pidiendo su curación y también encargaron Misas. En la fase terminal de su enfermedad fue ingresado el 13 de mayo, la Virgen de Fátima, en la Clínica de la Concepción de Madrid porque se le paralizaron las piernas y ya no podía caminar. Le seguía un oncólogo, Dr. Vicente que se tomó mucho interés con él y aunque le trató con los fármacos más avanzados de entonces, no pudo salvarlo. Mis padres no se retiraban de su lecho de dolor ni de día ni de noche y viendo que empeoraba y se agravaba cada vez más, mi padre llamó a D. Marcelo, para que le confesara y le administrara la santa Unción.

Muchos amigos fueron a despedirse de él cuando estaba tan grave, entre ellos Emilio (falucho), Librada, Jesús Benayas…y tantos otros. Nuestra madre nos comentaba que, en los últimos días, José Luis le decía: “¡Madre qué malito estoy ¡y los niños preguntan por mí?, diles que me da mucha pena dejarlos”. A nuestro padre, que estuvo tantos días sin moverse en su lecho de dolor y le preparó a bien morir, exhortándole a que perdonara a sus enemigos como Jesucristo hizo en la cruz le dijo: “Padre no te vayas porque eres mi mejor amigo”. Un poco antes de expirar con voz potente exclamó: “¡Dios mío llévame ¡”. Quedó reflejado en su rostro una sonrisa, una sonrisa hermosa y llena de paz. Estaba más guapo que nunca. ¡Qué pena que entonces no había celulares para haberle hecho una fotografía ¡ 

El funeral fue el 2 de junio, día de Pentecostés. Por aquella época, nunca había visto la Iglesia tan llena como aquel día. Asistió muchísima gente del pueblo y sobre todo de los pueblos vecinos. D. Marcelo aquel día nos dio la “enhorabuena” y no el pésame y nos dijo que José Luis estaba en el cielo. Pues él lo conocía bien porque había sido por varios años uno de sus monaguillo.

José Luis con su enfermedad se purificó de sus errores y pecados de juventud y se ganó el paraíso. Mi padre siempre me decía que si yo era sacerdote (tuve una conversión religiosa, antes fui un gran pecador, alejado de la Iglesia y de los sacramentos) era porque José Luis fue muy valiente en soportar tantos dolores y sufrimientos en su penosa enfermedad. Fue una alma víctima, un instrumento del que Dios se sirvió.  En el Santuario de Santa Gema, de Madrid, donde estoy destinado, ofreceré la Santa Misa por su eterno descanso. Si ya no necesitara oraciones, le pediré que intercediera por todos nosotros, especialmente por los jóvenes y adultos que todavía no conocen a Jesucristo, pues es él es el camino, la verdad y la Vida. Pues no quiere la muerte del pecador, sino que se conviertan a él y vivan.

Y también le pediré por el fruto del viaje apostólico, en los próximos días del Santo Padre, el Papa León XIV a España. Que la Virgen de la Paz, Patrona de Santa Cruz nos conceda esa gracia. Amén.

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