MANUEL ABAD YLLANA, PRELADO VALLISOLETANO EN AREQUIPA (1713-1780)

Hoy 5 de febrero del 2026 he tenido el gozo de encontrarme con este simpático dibujo en el Museo de América, en el marco de la exposición[1] del único obispo premostratense en la historia de América, vallisoletano de nacimiento, destacado universitario en Salamanca, obispo en Tucumán en el aciago golpe antijesuítico y destacado prelado arequipeño a zaga del gran párroco de Cayma, Zamácola, que fue su secretario. Estoy culminando un libro sobre el fascinante personaje del que he escrito varios artículos. Os comparto un adelanto de su trayectoria.

Nace el uno de enero de 1713 en Valladolid. A los 13 años, en 1726, ingresa en la orden de los premostratenses. Licenciado en Teología por la Universidad de Santo Tomás de Ávila en 1742, doctor por Salamanca, donde ejerció la docencia en las cátedras de Leyes, Artes[1] y Moral (San Anselmo y Escoto) a lo largo de varios años. Desde la ciudad del Tormes lo fue casi todo en su Orden, Maestro General, Definidor y Vicario General, amén de su mejor historiador

Fue presentado el 22 de septiembre de 1762 como obispo del Tucumán[2]  tomando posesión de su diócesis a finales de septiembre de 1764. Allí comete reformas típicas de la Ilustración, sin dejar de apoyar el regalismo imperante. Junto a la Carta al Rey envía un informe completísimo sobre su visita pastoral refiriéndose de forma especial a las reducciones comparando su situación con los antiguos doctrineros -Jesuitas- y los nuevos. Con ambiente tan hostil, él mismo pedirá traslado a su amigo el Ministro Aranda; el traslado le fue concedido en 1770 para Arequipa.

Trasladado a la arquidiócesis de Arequipa en 1772, acomete un intenso programa de reformas. La primera fue la división parroquial y multiplicación de las parroquias; de dos pasan a ser cinco y a punto de dividir las de Quequeña o Pocxi, Puquina, Ubinas, Tacna, Tarapacá y Pica. Consideró también la multitud de gastos que encerraba el casco de la ciudad de Arequipa y la imposibilidad de ser atendidos los fieles por solos los dos curas de la catedral, propuso otro plan -aprobado por el virrey- por el que dividía toda la ciudad en cuatro barrios al frente de cada cual estaría un cura; la división, efectuada con criterios apostólicos, reportaría además buenos servicios fiscales. Otra de las reformas fue la de moralidad pública dañada según él por la desenvoltura de las mujeres y el elevado número de criollos americanos o europeos avecindados, separados de sus consortes. Otra manifestación de su ansia de reforma apunta a un aspecto medular en la vida de la archidiócesis: la vida de los religiosos; tenía especial cuidado de los curas párrocos y era muy consciente de las dificultades que debían afrontar en su práctica pastoral.

A pesar de su visión negativa de los criollos, manifiesta una honda preocupación por los mismos; por el ambiente que se iba creando en la ciudad tras la visita de Areche, proyectó una leva de mozos arequipeños que fuesen enviados a España para educarles en un ambiente de fidelismo a España. Fue defensor de los indios frente a los corregidores, actuando como catalizador de la maniobra de la reforma de Intendencias. Su inquietud misionera se manifestó en el proyecto de fundación del colegio de "Propaganda Fide" de Moquegua, regentado por los PP. Franciscanos; desde la Recoleta de Arequipa contará con el apoyo de los PP. Franciscanos y sus Misiones Populares por estos lejanos parajes.

Su obra escrita es considerable, orientándose claramente al estudio histórico de su obra premostratense; otro bloque hace referencia a la expulsión de los jesuitas, destacando la famosa carta en la que explica los motivos de la medida; un tercer apartado se refiere a la tarea pastoral en la que se volcó de forma abnegada, a través de las visitas diocesanas, convocatoria de reuniones, escritos pastorales; un cuarto apartado comprende todas aquellas obras relacionadas con su magisterio universitario; por último, podemos aglutinar en otro apartado las obras netamente espirituales  como semblanzas y novenas marianas.

Su prolífica obra literaria tuvo paralelo en la cálida oratoria de su constante predicación. De sermones panegíricos y fúnebres. Su biografía fue elaborada por uno de los mejores cronistas de la Ciudad Blanca de Arequipa y secretario personal del prelado, Juan Domingo de Zamácola[3].

Aquejado por multitud de achaques y agotado por el dinámico trote que imprimió a su vida, a mediados de 1778, presenta su renuncia al Rey "para que libre de un trabajo insoportable en el día a mis débiles hombros y extenuada salud, pueda tener el consuelo de acabar los cortos días que me quedan de vida con quietud y sosiego entre los Hermanos de mi convento de Valladolid" No pudo regresar a su añorada tierra, pues -como concluye su biógrafo Zamácola- "el día 1 de febrero de 1780 recibió la corona de sus apostólicas tareas, con general sentimiento de todo Arequipa y su cuerpo fue sepultado en su propia iglesia en el panteón de los señores obispos".

El eximio historiador Francisco Xavier Echeverría dirá de él: "cuya memoria durará por largos años en los corazones de los arequipeños con el renombre de santo y padre de pobres"[4]

NOTAS:

[1] S. SIMÓN REY: Las facultades de Artes y Teología de la Universidad de Salamanca en el S. XVIII. Salamanca, 1981.

[2]En 1606 se creó la nueva provincia jesuítica del Paraguay que comprendía las gobernaciones del Tucumán, Paraguay y Río de la Plata y Chile. En 1607 se hizo cargo como primer provincial Diego Torres Bollo que llegó a Córdoba en febrero de 1608 iniciando su obra cultural fundando el noviciado. En 1610 fue declarado Colegio Máximo. El obispo Trejo confirmó la donación en su testamento de 1614 a los jesuitas, autorizando a los superiores para dar grados en arte y teología y el edificio o convictorio "San Francisco Javier". En 1623 se confirieron los primeros grados de bachiller en artes por el obispo Julián de Cortázar. En 1664 se componen las primeras constituciones de la Universidad tomando como modelo las de Lima de S. Marcos. En 1685 se creaba un nuevo colegio convictorio, a los que se suman los alumnos del Seminario conciliar de Loreto que en 1699 se trasladan a Córdoba.

[3] Publicada íntegramente por primera vez en Vida de Monseñor Abad Illana de Juan Domingo Zamácola (Introducción y edición crítica, J.A. Benito) UNSA-Centro de Estudios Arequipeños, Arequipa, 1997.

[4] Francisco Xavier de Echeverría en su Descripción del pueblo e iglesia de Cayma (1804, f.4v) Archi­vo Parroquial de Caima.

 

He publicado sobre ABAD YLLANA:

  1. 1995 "El prelado Abad Yllana, ilustrado vallisoletano en Perú", Hispania SacraVol.47, Madrid, 800-820.
  2. 2005 "Un vallisoletano ilustrado en el Perú: El prelado Manuel Abad Yllana (1713-1780)" Luces y reformas en el Perú del siglo XVIII. Cuadernos de Humanidades, Universidad de Piura, pp.25-104
  3. 2016 El antijesuitismo de Manuel Abad Yllana, obispo ilustrado del Tucumán y de Arequipa ACTAS DEL SIMPOSIO INTERNACIONAL"EL IMAGINARIO JESUITA EN LOS REINOS AMERICANOS (SS. XVI-XIX) Lima, 19 y 20 de agosto del 2014."172-181 www.uarm.edu.pe/.../actas-simposio-internacional-imaginario-jesuitas-reinos-america...

BIBLIOGRAFÍA EN: https://historia-hispanica.rah.es/biografias/48-manuel-abad-illana

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