FELIZ DE VISITAR LA ZONA ESTUDIADA POR ARGUEDAS para su histórica tesis que tanto ayudaría a verificar la hermandad hispanoperuana, el abrazo de la peruanidad y la hispanidad por encima de ideologías (indigenismo, hispanismo), tal como los intelectuales abiertos a la verdad comparten. Así lo manifiesta la IA

 El escritor y antropólogo peruano José María Arguedas realizó en 1958 una intensa investigación de campo en España —gracias a una beca de la Unesco— que dio origen a su tesis doctoral en antropología: Las comunidades de España y del Perú (defendida en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en 1963).

¿Qué investigó Arguedas en Zamora?

  • El territorio: Arguedas eligió las comarcas zamoranas de Sayago y Aliste (visitando pueblos como Bermillo de Sayago, Muga de Sayago o San Vitero).
  • La motivación: Buscó las raíces hispanas de la cultura andina porque consideraba que la semejanza entre el campesinado de estas tierras castellano-leonesas y el de los Andes peruanos (como Puquio o el Valle del Mantaro) era extraordinaria.
  • Prácticas colectivas: Analizó la organización social y agraria tradicional: el manejo de tierras comunales, la rotación de cultivos, los usos de pastos y montes, y el impacto de la modernización y la economía de mercado en ambas realidades.
  • Influencias teóricas: Su interés por el colectivismo agrario castellano estuvo fuertemente inspirado por las lecturas de Joaquín Costa y Miguel de Unamuno.

En su tesis, José María Arguedas demostró que el colectivismo agrario indígena en el Perú no era una herencia puramente incaica, sino que guardaba paralelismos estructurales asombrosos con las costumbres castellanas de comarcas como Sayago (Zamora).

Las similitudes concretas que identificó se dividen en cuatro ejes principales:

1. El uso y control de la tierra

  • Pastos colectivos: Tanto en Sayago como en las comunidades andinas (como Puquio), existían amplias extensiones de pastos comunes reguladas por la comunidad. Nadie podía usarlas de manera egoísta; el pastoreo se organizaba en turnos colectivos.
  • Reparto de tierras agrarias: Encontró que las tierras de cultivo pertenecían originalmente a la comunidad y se sorteaban periódicamente entre las familias para asegurar la subsistencia de todos, una práctica idéntica al reparto de tierras de los Ayllus andinos.

2. El trabajo comunitario obligatorio

  • La «Añada» y la «Mita»: En Sayago, los vecinos estaban obligados a dar jornadas de trabajo gratuito para obras públicas del pueblo (reparar caminos, limpiar fuentes, mantener la iglesia), bajo un sistema llamado la ñada o facendera. Arguedas vio en esto el reflejo exacto de la faena comunal (o minka/mita) que cohesiona a los pueblos de los Andes.

3. Las tecnologías agrícolas y el paisaje

  • Muros de piedra seca: Una de las similitudes visuales más impactantes para Arguedas fue el uso de la piedra para delimitar parcelas. Las tradicionales «cortinas» sayaguesas (cercados de piedra rústica sin argamasa) le recordaron de inmediato a las pircas y andenerías que fragmentan el paisaje de la sierra peruana.
  • Tecnología tradicional: El uso de herramientas manuales rudimentarias, la trilla con animales y la dependencia absoluta de los ciclos de lluvia unían la cotidianidad del campesino zamorano con la del comunero andino.

4. Religiosidad, ritos y resistencia cultural

  • Fiestas sincréticas: Observó cómo las fiestas patronales españolas ligadas al calendario agrícola (como la bendición de campos o animales) se correspondían con las festividades andinas que adoran a la Pachamama bajo el manto de santos católicos.
  • El aislamiento protector: Sayago, debido a su relieve y fronteras naturales, se mantuvo aislada del avance del capitalismo industrial agresivo de la época. Arguedas argumentó que este aislamiento geográfico funcionó igual que en los Andes, permitiendo que ambas regiones preservaran intactas sus instituciones comunitarias milenarias frente a la modernidad.

Los pueblos específicos de Zamora (Aliste y Sayago)

Arguedas se concentró en la provincia de Zamora porque consideraba que en el antiguo Reino de León y en Castilla residía la «médula» colonizadora que moldeó los Andes. En sus notas de campo de 1958, diseccionó minuciosamente varias localidades:

  • Bermillo de Sayago: Fue su centro de operaciones principal. Arguedas describió exhaustivamente su geografía urbana y sus tierras divididas entre «cortinas» (propiedades privadas cercadas por muros de piedra rústica) y las grandes extensiones comunales donde los vecinos sembraban centeno.
  • Muga de Sayago (o La Muga): Este pueblo se convirtió en un caso de estudio crucial para él. Arguedas documentó con tintes casi dramáticos cómo la modernización y la desigualdad social habían fracturado la cohesión del pueblo. Registró que la tensión entre los labradores ricos en ganado y los campesinos pobres desencadenó un conflicto interno que terminó acelerando la privatización y liquidación de sus valiosas tierras comunales.
  • Fermoselle: Lo visitó como el municipio más importante de Sayago, fascinado por su ubicación colgada sobre los escarpados arribes del río Duero (que en sus apuntes comparó con las profundas «quebradas» geográficas de la sierra peruana).
  • Alcañices y San Vitero (Comarca de Aliste): Al norte del Duero, Arguedas se adentró en Aliste. Encontró un paisaje aún más aislado y arcaico que el de Sayago, lo que le permitió estudiar el colectivismo agrario en su estado más puro y menos contaminado por la economía de mercado de la época.

La estancia de José María Arguedas en Zamora en 1958 se desarrolló en un contexto político sumamente delicado. España acababa de salir de una traumática guerra y el gobierno primero de Francisco Franco, no veía con buenos ojos el hecho de que un intelectual abiertamente vinculado a las izquierdas latinoamericanas como Arguedas  investigase abiertamente para su tesis. .

Los factores clave que alimentaron esa tensa relación fueron:

1. El recelo ante el método del antropólogo

  • Preguntas incómodas: Arguedas no hacía turismo; se instalaba en las posadas y tabernas a interrogar a los campesinos. Preguntaba sobre quiénes eran los dueños de las tierras, cómo se repartían los pastos comunales, cuánto ganaban los jornaleros y qué tensiones sociales existían en pueblos como Muga de Sayago.
  • Sospechas de espionaje: Para la policía local de una comarca fronteriza y aislada como Sayago, un hombre con acento extranjero que tomaba notas minuciosas en una libreta y hacía preguntas socioeconómicas a los humildes labradores parecía un agitador comunista o un espía antes que un académico.

2. El uso de la cámara fotográfica

  • Un objeto bajo sospecha: Arguedas recorría Aliste y Sayago con una cámara fotográfica (con la que capturó valiosas imágenes etnográficas que hoy son joyas históricas).
  • Retratar la pobreza: El régimen de Franco se esforzaba por proyectar una imagen de progreso y orden. Que un extranjero fotografiara la precariedad de la vida rural, el uso de herramientas medievales, las viviendas rústicas o la vestimenta remendada de los campesinos zamoranos era visto por las autoridades como un intento de "propaganda negativa" contra su gobierno autoritario. .

3. El control de movimientos y el hospedaje

  • Vigilancia en las posadas: La policía obligaba a los dueños de las pensiones y posadas a registrar minuciosamente a cualquier huésped. La llegada de Arguedas a pueblos pequeños alteraba la tranquilidad de los cuartelillos de la Guardia Civil, quienes controlaban de cerca con quiénes se reunía.
  • El miedo de los lugareños: El clima de represión del franquismo hacía que los propios campesinos tuvieran miedo de hablar de más. Arguedas tuvo que desplegar una enorme sensibilidad humana y empatía para ganarse la confianza de los informantes locales, quienes temían que responder a sus preguntas les trajera problemas con los alcaldes del régimen o las autoridades eclesiásticas.

El balance de Arguedas

A pesar de la incomodidad de saberse vigilado en un Estado policial, Arguedas manejó la situación con prudencia. Sabía que cualquier paso en falso provocaría la cancelación de su beca de la Unesco o su inmediata expulsión de España. Logró camuflar su perfil político tras una fachada estrictamente académica, lo que le permitió culminar con éxito sus cuatro meses de recolección de datos y regresar a Lima con el material que daría vida a su obra maestra antropológica.

Las cartas personales que José María Arguedas envió a sus amigos y colegas durante su estancia en Europa en 1958 reflejan un profundo torbellino de emociones, nostalgia y aguda observación social. En su correspondencia íntima, el escritor plasmó el impacto del paisaje zamorano que le evocaba la sierra peruana, su incomodidad ante la asfixia política del franquismo y la constante ansiedad creativa mientras se publicaba su obra cumbre Los ríos profundos.

La reacción de los intelectuales peruanos: un choque ideológico

El hallazgo de Arguedas —que resumió afirmando provocativamente que «la sierra peruana es española» en muchas de sus estructuras institucionales— cayó como una bomba en los círculos académicos y políticos de LimaEl rechazo de la izquierda y el indigenismo radical: En los años 60, el indigenismo dominante en el Perú defendía que las virtudes colectivistas de las comunidades indígenas eran una herencia prehispánica pura y exclusiva del Imperio Inca, la cual debía servir de base para una revolución social. Al demostrar Arguedas que los campesinos feudales españoles compartían exactamente las mismas prácticas, la intelectualidad más radical sintió que el autor estaba «aguando la fiesta revolucionaria» e hispanizando al indígena.

La trágica cumbre de «Todas las sangres» (1965): El malestar académico con sus posturas antropológicas estalló públicamente en una famosa mesa redonda celebrada en el Instituto de Estudios Peruanos (IEP) para debatir su novela Todas las sangres. Allí, destacados intelectuales de izquierda (como el sociólogo Aníbal Quijano) atacaron duramente su visión integradora. Le acusaron de tener una visión romántica, anticuada y de «traicionar la revolución» al proponer la armonía intercultural y la asimilación mutua en lugar de la lucha de clases frontal.

Impacto emocional: Arguedas, que no era un teórico frío sino un creador que sentía profundamente el dolor de los pueblos que estudiaba, quedó devastado. Aquel rechazo unánime de los intelectuales urbanos lo sumió en un aislamiento intelectual y en una grave depresión que, combinada con otros factores personales, le condujo al suicidio en 1969.

CONCLUSIÓN

Hoy en día, sin embargo, la antropología moderna ha reivindicado la tesis de Arguedas como un estudio comparativo pionero y brillante. Se valora enormemente su capacidad para entender que la identidad andina no es pura ni estática, sino un tejido mestizo formidable y resistente que asimiló lo mejor de los ayllus prehispánicos y de los concejos castellanos medievales. 

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