TAMARO, Susanna. Donde el corazón te lleve (Seix Barral, Barcelona, 1995, 15ª ed., 187pp)

Su lectura me ha brindado parecida sensación que la de libros clásicos como “El principito”, “Momo”, “Platero y yo” … bellos en la forma, profundos en el contenido, capaces de tocar las fibras íntimas del ser humano: el amar y ser amado. Os comparto algunos de los textos que más me han impresionado.

Se trata de una novela epistolar de la célebre escritora italiana que se publicó por vez primera en 1994 (en Italia) y que ha llegado al mundo de habla hispana por la traducción de Atilio Pentimalli Melacrino. La gran acogida por parte de los lectores permitió llevarla al cine por la directora Cristina Comencini en 1996.

Con esta obra de corte íntimo y gran carga autobiográfica, Susanna Tamaro ha llegado al corazón de varios millones de lectores en todo el mundo, lo que le ha permitido el lujo de poder vivir entre la naturaleza, al margen del ruido de la “civilización”. Para ella, el libro le ha proporcionado una vejez serena, aparte de haberle dado la oportunidad de conocer a un gran número de personas a lo largo de todos estos 30 años desde su lanzamiento.

La abuela Olga, viendo inminente el final de su vida, decide escribir a su nieta Marta una larga carta para dejar constancia de lo que ninguna de las dos ha sabido ni decir ni escuchar. Cuando la nieta regrese, sólo encontrará la relación de los pensamientos, sentimientos, delicadeza y esperanza, soledad y amargura que la vida ha ido tejiendo. Por la carta, se sabrá cuál fue la historia de la familia, las peleas con Ilaria la hija muerta, los desencuentros y las heridas que nunca cicatrizaron. Su tormentosa relación con su esposo Augusto y la apasionada con su amante Ernesto, de la que nace Ilaria, quien nunca supo la verdadera identidad de su padre.

El libro es un recorrido íntimo por la soledad, el remordimiento y el dolor de los desencuentros familiares, cuyo título es un llamamiento para dejar que sea el amor —y no el miedo o el qué dirán— el que guíe los pasos y decisiones en la vida.

La clave de la obra está en la decisiva elección de la nieta – “cachorrita vulnerada y extraviada” (p.12) la del perrito Buck, el más infeliz y feo entre los doscientos de la perrera.

“El único maestro que existe, el único verdadero y creíble, es la propia conciencia. Para dar con ella hay que mantenerse en silencio -en soledad y en silencio, hay que estar sobre la tierra desnuda, desnudo y sin nada alrededor, como si ya estuviésemos muertos. Al principio no percibes nada, lo único que sientes es terror, pero después ne lo profundo, lejana, empiezas a oír una voz. Es una voz tranquila y tal vez al principio te irrite con su trivialidad. Es extraño: cuando lo que esperas es oír las cosas más grandes, aparecen ante ti las pequeñas. Son tan pequeñas y tan obvias que podrías gritar: “Pero ¿cómo? ¿Esto es todo?”. Si la vida tiene un sentido -te dirá la voz-, ese sentido es la muerte, todas las demás cosas sencillamente giran alrededor de ella” (164-165)

La última y deliciosa carta, del 22 de diciembre, tiene aroma de Navidad y recrea la vivencia infantil en que cada figurita del Belén representaba a uno de los niños, los cuales, de acuerdo con su conducta eran movilizados por los padres junto a la cuna. Considera a la nieta como la ovejita extraviada a la que encuentra y quiere poner a salvo de “una vida desperdiciada, una vida en la que no ha logrado realizarse el camino del amor”. Para evitarlo, le dedica este decisivo consejo: “Cuídate… la primera revolución que hay que realizar es dentro de uno mismo, la primera y la más importante. Luchar por una idea sin tener una idea de uno mismo es una de las cosas más peligrosas que se pueden hacer. Cada vez que te sientas extraviada, confusa, piensa en los árboles, recuerda su manera de crecer. Recuerda que un árbol de gran copa y pocas raíces es derribado por la primera ráfaga de viento, en tanto que un árbol con muchas raíces y poca copa a duras penas deja circular su savia.  Raíces y copa han de tener la misma medida, has de estar en las cosas y sobre ellas: sólo así podrás ofrecer sombra y reparo, sólo así por allegar la estación apropiada podrás cubrirte de flores y de frutos.

Y luego, cuando ante ti se abran muchos caminos y no sepas cuál recorrer, no te metas en uno cualquiera al azar: siéntate y aguarda. Respira con la confiada profundidad con que respiraste el día en que viniste al mundo, sin permitir que nada te distraiga: aguarda y aguarda más aún. Quédate quieta, en silencio, y escucha a tu corazón. Y cuando te hable, levántate y ve donde él te lleve” pp.186-187

https://www.susannatamaro.it/l-autrice/

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