Tuve la suerte de conversar un buen rato con el P. Maximino, en compañía del P. Ildefonso Murillo, en el 2009, en su Casa de Salamanca, donde me mostró con generosidad y sencillez alguno de sus murales, testimonio de su pasión misionera, a lo Claret, al calor de la teología popular del Vaticano II, Medellín, a la que puso su celo sacerdotal y su creatividad. Mi oración agradecida por su vida entregada y mis condolencias a sus familiares y claretianos. Les comparto algunos artículos dedicados a su memoria. 

Muere el misionero asturiano Maximino Cerezo Barredo, el artista de la Teología de la Liberación

El religioso, nacido en 1936 en Villaviciosa, fue el referente del arte religioso y social en América Latina de la segunda mitad del siglo XX. En España, destacan los capillas y salas comunes del colegio Corazón de María, de Gijón

D. Espina

Sábado, 21 de febrero 2026

https://www.elcomercio.es/obituarios/muere-misionero-asturiano-maximino-cerezo-barredo-teoria-liberacion-20260221114944-nt.html?ref=https%3A%2F%2Fes.search.yahoo.com

El misionero asturiano de la orden claretiano y artista Maximino Cerezo Barredo, conocido universalmente como Mino, falleció en la tarde del 20 de febrero en la comunidad claretiana de Colmenar Viejo (Madrid), a los 93 años. Nacido en 1932 en Villaviciosa (Asturias), descubrió desde muy joven en el dibujo una forma natural de comprender y expresar el mundo. Realizó sus primeros estudios en su localidad natal y posteriormente cursó el bachillerato en el colegio Corazón de María de Gijón, donde comenzó a tomar forma su vocación religiosa. Ingresó en la congregación en 1950 y emitió sus primeros votos en 1951, tras el noviciado en Salvatierra.

Completó su formación en Filosofía y Teología en Santo Domingo de la Calzada y fue ordenado sacerdote el 7 de septiembre de 1957. Tras un primer destino pastoral en Baltar (La Coruña), se trasladó a Madrid para estudiar en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando, una etapa decisiva que consolidó su doble vocación: el ministerio sacerdotal y la creación artística.

A finales de los años sesenta, un viaje a Filipinas y su trabajo en la catedral de Basilan marcaron un antes y un después en su trayectoria. El contacto directo con la pobreza y la desigualdad transformó su manera de entender el arte, que pasó a concebir como una herramienta de denuncia, consuelo y esperanza.

Desde 1970 desarrolló una intensa labor misionera y artística en América Latina. Vivió en Perú en dos etapas, además de residir en Brasil junto al obispo claretiano Pedro Casaldáliga, en Nicaragua y en Panamá. Durante estos años se convirtió en uno de los principales referentes artísticos de la Teología de la Liberación, con murales, carteles y dibujos presentes en parroquias, catedrales y comunidades de base de al menos 18 países.

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En 2005 regresó definitivamente a España y fue destinado a la comunidad claretiana de Salamanca, desde donde continuó pintando, participando en encuentros y recibiendo encargos de distintos lugares del mundo. En los últimos meses de su vida residía en la comunidad asistencial de Colmenar Viejo, donde ha fallecido. Será precisamente en esta localidad madrileña donde, el sábado 21 de febrero, tenga lugar el funeral de cuerpo presente en la iglesia de los Misioneros Claretianos.

Su legado permanece vivo en miles de obras y en su firme convicción de que el arte puede ser un servicio humilde y liberador al pueblo. Orgulloso de sus raíces asturianas, Maximino Cerezo Barredo fue un cristiano sencillo, libre y sabio, cuya vida unió fe, compromiso social y creación artística.

El alcalde de Villaviciosa, Alejandro Vega, ha transmitido su pésame a la familia y valoró la trayectoria de Cerezo, « una persona ejemplar en su obra religiosa y artística». El sábado 28 se oficiará una misa en su memoria en la iglesia de La Oliva, a las 12 horas.

Estas son algunas de las obras y conjuntos artísticos más conocidos realizados por este religioso asturiano:

Murales de Juanjuí (Perú)

Realizados durante su primera etapa en la Amazonía peruana, son considerados fundacionales de su estilo maduro.

Evaristo Villar

25 FEB 2026 7:00

https://www.laopiniondezamora.es/opinion/2026/02/25/maximino-cerezo-barredo-paleta-sigue-127235347.html

 Cuando un amigo se va, la luz tarda más en llegar cada mañana. Pero cuando ese amigo ha sido también cómplice en las causas del Reino, la luz que nos deja es de esas que ya no se apagan: se vuelve semilla, se hace memoria encendida, se derrama en los colores que él supo regalarnos. Hoy despido con emoción a Maximino Cerezo, el pintor de la liberación, y lo hago con la certeza de que su paleta sigue abierta en algún lugar del cielo.

Tres veces bastaron. Tres encuentros en los que la vida, generosa, quiso juntar nuestros caminos. La primera, en Salamanca, cuando él comenzaba a desplegar su magisterio desde el Teologado Claretiano Hispanoamericano. Yo llegaba con la mirada virgen y él, sin aspavientos, me fue enseñando a mirar: el arte no era un adorno, sino una manera de decir la verdad. Allí comprendí que sus pinceles no buscaban belleza fingida, sino verdad y justicia con forma y color.

La segunda cita tuvo la inmensidad del Mato Grosso como escenario. Allí estaba Pedro Casaldáliga, el poeta que hacía verso la profecía, y allí estaba Maximino, haciendo de cada trazo una encarnación. En aquella tierra brasileña, caliente y dolida, vi cómo su pintura se volvía teología de la ternura, cómo los rostros de los sin rostro encontraban en sus manos un lugar donde descansar y rebelarse a la vez.

La tercera ha sido también en Salamanca, pero en otra Salamanca: la de las periferias de Asdecoba, la de los márgenes donde él siempre quiso vivir. Porque Maximino no fue nunca un pintor de salón. Fue, como se ha dicho con acierto, el "pintor del pueblo". No porque retratara al pueblo, sino porque el pueblo habitaba en él, respiraba en su mirada, se hacía comunidad en sus cuadros.

Por eso sus obras no son piezas para contemplar en silencio, sino preguntas que interpelan, gritos de color que denuncian y anuncian. Por eso sus manos siguen dando rostro a Redes Cristianas, a las revistas Éxodo y Utopía, a cuantas causas justas necesitaran un poco de esa luz que él derrochaba.

Con Pedro Casaldáliga, con el incomparable poeta Jesús Tomé, con tantos otros claretianos de brecha abierta, Maximino pertenece a esa estirpe de hombres que pasan por la vida y por la Iglesia como quien abre camino en lo espeso. No buscaron aplausos ni seguridades. Buscaron, simplemente, ser fieles. Y lo fueron. Hasta el final.

Ahora que se nos ha ido, ahora que su risa y su mirada se nos quedan para siempre en la memoria, nos queda una certeza que es también una alegría: desde su nueva morada, Maximino seguirá pintando. El cielo, que tantas veces imaginamos como un lugar de luz quieta, tendrá a partir de ahora una paleta nueva, una explosión de colores imposibles, esos que solo él sabía mezclar. Y nosotros, que todavía caminamos por esta tierra, seguiremos viendo sus cuadros en cada gesto comunitario, en cada rostro que lucha, en cada causa del Reino que aún espera justicia.

Gracias, Maximino. Gracias por tanto. Gracias por abrirnos los ojos y por recordarnos que la fe, cuando es verdadera, siempre se parece a un mural colectivo, donde cada persona es un trazo necesario y cada color una promesa. Desde hoy, cada amanecer tendrá algo de tu mirada. Y cada vez que miremos un rostro anónimo, allí estarás tú, recordándonos que todos merecen ser pintados con la dignidad de los hijos de Dios.

En ellos aparecen campesinos, indígenas y escenas bíblicas reinterpretadas desde la vida cotidiana del pueblo pobre.

Murales en comunidades de base de Perú y Brasil

Especialmente relevantes los realizados en parroquias populares y centros pastorales, donde la Biblia se representa con rostros latinoamericanos, escenas de trabajo, represión y esperanza.

Obra gráfica de la Teología de la Liberación

Carteles, dibujos y viñetas que circularon masivamente por América Latina desde los años setenta, como los cristos campesinos y crucificados por la injusticia; éxodos populares; profetas y mártires contemporáneos, como monseñor Romero...

Esta producción lo convirtió en el artista de referencia visual de la Teología de la Liberación.

Murales en Nicaragua y Panamá

Realizados en el contexto de los procesos sociales y eclesiales de los años ochenta, con fuerte carga simbólica y compromiso político-evangélico.

Obras en España

Destacan murales y pinturas en comunidades claretianas, entre ellas las capillas y salas comunes del colegio Corazón de María (Gijón), los murales del Museo de la Semana Santa de Villaviciosa y las comunidades claretianas de Salamanca y otros lugares

https://www.diariodeleon.es/sociedad/260225/2076776/leon-despide-a-mino-cerezo-el-pintor-de-los-pobres-que-dejo-huella-en-armunia.html

León despide a Mino Cerezo, el pintor de los pobres que dejó huella en Armunia

La parroquia de San Antonio de Padua celebra una misa de funeral el viernes a las 19.00 horas en honor al religioso claretiano, conocido como el 'Pintor de la Liberación', autor de su retablo y el Vía Lucis

Ana Gaitero

Fue el pintor de la Liberación y dejó su huella en León. Maximino Cerezo Barredo (Villaviciosa. Asturias. 1932—Colmenar Viejo. 2026), conocido como Mino Cerezo, falleció el viernes 20 de febrero a los 93 años edad. Este misionero claretiano sembró América con su pintura colorista unida a la idea de Jesús liberador y lleno de luz que predicaba la Teología de la Liberación.

El próximo viernes se celebra un funeral en León, en la iglesia de San Antonio de Padua a las 19.00 horas, para recordar y agradecer la obra que plasmó en el retablo que pintó en 2016 y el Vía Lucis que realizó para el mismo tiempo y fue inaugurado en 2021 en un acto solemne presidido por el obispo de la Diócesis, Luis Ángel de las Heras.

«Nos transmitió el Evangelio con sus pinturas y el amor a los pobres», apunta Juanjo Ruiz, el párroco de San Antonio de Padua que logró que Mino Cerezo decorara el templo con una obra realizada expresamente para esta comunidad cristiana en otra periferia, la de un barrio de León que se caracteriza por su capacidad de acogida y multiculturalidad.

El cura y el pintor se pusieron de acuerdo para acercarse a los seres más vulnerables del planeta con un lenguaje plástico asequible y a la vez imbuido por las culturas indígenas de las que vivió rodeado. Su paso por Filipinas y América Latina marcaron su vida y su obra. A lo largo de los 35 años que ejerció como misionero dejó más de 100 murales. Un póster de monseñor Romero, el jesuita asesinado en El Salvador en 1980, es una de sus obras más populares. Con su fallecimiento se pierde «una de las voces y de las pinturas más importantes del arte religioso actual unido a su visión del Evangelio en el compromiso con los más pobres y necesitados de este mundo». La obra de Mino Cerezo permanece, sin embargo, en casi todos los continentes y también en España.

En 2005 volvió de su periplo misionero y se instaló en la casa de la comunidad claretiana de Salamanca. Allí pintaba y expandió su arte en diversas zonas de España, incluido León y patria chica en Villaviciosa. El colegio mayor Alcalá y otras instituciones agradecen el legado artístico y religioso que deja. El retablo de la iglesia de San Antonio de Padua está basado en el vercículo 29 del Evangelio de San Marcos y realza la figura del «Dios escondido, el de los pobres».

Mino Cerezo colaboró con la revista La Calle, que dirigió Juanjo Ruiz durante varios años, con ilustraciones de sus pinturas. Posteriormente, ya de párroco, contactó con el pintor en Salamanca para proponerle hacer el retablo. Durante 15 dísa de intensa convivencia pintó las seis tablas, de forma altruista, en la comunidad salesiana de Armunia.

https://kerigma.medios.digital/contenido/97/maximino-cerezo-barredo-el-misionero-que-pinto-la-esperanza-de-los-olvidados

Maximino Cerezo Barredo: El misionero que pintó la esperanza de los olvidados

Con una obra que recorre más de medio centenar de iglesias en América Latina y el mundo, su arte no busca la mera estética, sino convertirse en un "catecismo visual" al servicio de la justicia social y los más vulnerables. Desde los valles de su Asturias natal hasta la selva peruana y el Mato Grosso brasileño, su pincel ha sido testigo de martirios y luchas campesinas, consolidando una teología visual que hoy es patrimonio artístico y espiritual de la Iglesia posconciliar.

22 de febrero de 2026 Radio Kerigma

A sus 93 años, Maximino Cerezo Barredo (Villaviciosa, Asturias, 1932) fiel a su vocación: encarnar la Palabra en el lienzo. Misionero claretiano y artista plástico, "Mino", como le conocen sus amigos, falleció en la tarde del 20 de febrero en la comunidad claretiana de Colmenar Viejo (Madrid). dedicó su vida a construir una estética misionera que pone el arte al servicio de la evangelización y la justicia social. 

Su obra, dispersa en más de medio centenar de iglesias y catedrales de América Latina y el mundo, es un catecismo visual que ha marcado a generaciones de cristianos comprometidos con los más vulnerables.

De los valles asturianos a la selva peruana

Nacido en 1932 en Villaviciosa, su infancia quedó grabada a fuego en su memoria. "Si la patria de todo hombre es la infancia, la mía es esta, sin duda", confesaba años después al volver a su tierra natal. Su vocación religiosa despertó en el Colegio Corazón de María de Gijón, regentado por los claretianos, congregación en la que ingresó a los 18 años.

Tras estudiar Filosofía y Teología en Santo Domingo de la Calzada, fue ordenado sacerdote el 8 de septiembre de 1957. Pero su sensibilidad artística le llevó a formarse en la prestigiosa Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid, con estancias previas en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos en Valencia. Durante la década de 1960, realizó numerosas obras en España: vitrales, pintura mural y diseño de interiores para iglesias, además de exponer en el pabellón español de la Expo de Nueva York.

Sin embargo, el punto de inflexión llegó en 1970, cuando sus superiores le enviaron al Perú. Allí, en la misión claretiana de Juanjuí, en la Amazonía, descubrió una Iglesia distinta. Era la Iglesia post-Concilio Vaticano II, que en Medellín (1968) y después en Puebla (1979) había hecho una opción clara por los pobres. "Me encontré con una Iglesia que asistía a la emergencia histórica de los pobres", recordaba.

"El pintor y el cura se pusieron de acuerdo"

En la selva peruana, Cerezo Barredo halló su verdadera vocación. Un momento lo marcó para siempre. Acababa de pintar un gigantesco mural de 38 por 3 metros sobre la Historia de la Salvación en la iglesia de Juanjuí.

Una campesina recorrió el mural en silencio hasta detenerse ante una figura que lloraba la muerte de un niño. "Sacó una velita y se puso a rezar, no ante el Cristo Resucitado ni ante María, sino ante esa madre que lloraba a su hijo muerto", relató el misionero años después. En ese instante comprendió que su arte podía ser vehículo de fe y Buena Noticia. "El pintor y el cura que hay en mí se pusieron de acuerdo", resume con sencillez.

A partir de entonces, su obra se convirtió en un instrumento de evangelización inculturada. No se trataba de hacer arte "bonito", sino de plasmar el Evangelio con los rasgos, los colores y el dolor del pueblo latinoamericano.

Para él, la acción evangelizadora no podía estar al margen de la vida cotidiana; debía incidir en el contexto real de las comunidades. "Mi pintura no es de mensaje neutral. Grita para ser liberación", afirma rotundo.

Amigo de Casaldáliga y testigo del martirio

Su amistad con otro claretiano profético, Pedro Casaldáliga, le llevó a la Prelazia de São Félix do Araguaia, en el Mato Grosso brasileño. Allí, en tierra de conflictos agrarios y persecución a campesinos, pintó doce murales, incluido el de la catedral. "Fueron tiempos muy duros, cargados de amenazas de muerte por parte de los militares. Fue tiempo de mártires", rememora . Hoy, esos murales han sido declarados Patrimonio Artístico del Mato Grosso, garantizando su preservación.

Su obra se extendió por Argentina, Colombia, Venezuela, Panamá, Guatemala, Nicaragua y México, así como Roma y Chicago. En Nicaragua, trabajó en talleres de evangelización popular; en Estados Unidos, pintó para la comunidad chicana en Chicago. Donde quiera que hubiera una comunidad cristiana luchando por la dignidad, allí estaba el pincel de Mino.

Una teología visual al servicio del Reino

La teología de Cerezo Barredo no se escribió en libros, sino en muros. Su estilo, inconfundible, está poblado de símbolos recurrentes: la paloma del Espíritu, los brazos y herramientas de trabajo, los pies descalzos del pueblo peregrino, los ojos profundos que miran más allá del dolor, los testigos caídos entre flores, y sobre todo, la comunidad reunida en torno a la mesa o en asamblea. Su obra refleja la Doctrina Social de la Iglesia y la mística de las Comunidades Eclesiales de Base (CEBS).

Para él, ser revolucionario no significaba empuñar un arma, sino denunciar el sistema que produce víctimas y anunciar una sociedad distinta, donde los bienes de la tierra se distribuyan con justicia y los pobres sean reconocidos como protagonistas de la historia y privilegiados del Reino de Dios. "Optar por los pobres no es contra los ricos. Optar por los pobres es querer que los ricos también lo hagan", matiza con sabiduría.

 Vuelta a casa y legado universal

Desde 2005, Cerezo Barredo residió en la comunidad claretiana de Salamanca. Pero su jubilación es activa: sigue pintando, recibiendo encargos y colaborando con causas sociales. En 2012, dejó su huella en la capilla del albergue de peregrinos de Güemes (Cantabria), en el Camino de Santiago, donde sus murales son hoy un atractivo espiritual para caminantes de todo el mundo.

Su generosidad no tiene límites. Convencido de que su obra debe ser herramienta pastoral, ha puesto la mayoría de sus dibujos e ilustraciones a disposición del público en internet, para que sean utilizados libremente en la tarea evangelizadora. "Quiero que toda mi obra se use libremente", insiste.

Su trabajo es hoy objeto de estudio en universidades de Europa y América. En 2016, en Juanjuí (Perú), se inauguró un colegio que lleva su nombre, en reconocimiento a "su ejemplo de vida" . En su Villaviciosa natal, donde comenzó todo con un cartel de fiestas en 1949, el Ayuntamiento y la Asociación Cubera le han rendido múltiples homenajes, recopilando su vida en una monografía que recorre 200 imágenes de su prolífica carrera.

"Vuelta a las raíces"

Preguntado sobre el desafío de la Iglesia hoy, el artista nonagenario no duda: "La vuelta a las raíces de nuestra fe, a la persona de Jesucristo, es lo fundamental. La Iglesia no es para sí misma; es para los demás".

Mino Cerezo Barredo, el cura que nunca dejó de pintar, ha logrado lo que pocos: que sus frescos no solo adornen templos, sino que hablen, denuncien y anuncien una Buena Noticia hecha color. Como escribió uno de sus estudiosos, en sus obras la creatividad no es solo artística, sino también histórica, evangélica y profética. Su pincel sigue siendo, como él mismo deseaba, un grito de liberación.

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