Salamanca por dentro en 90 minutos
A los que somos de Salamanca nos encanta pasear por sus calles y compartir los mil y un recorridos posibles. El que les comparto lo viví el pasado viernes 4 de septiembre del 2026 y lo considero un regalo de lo Alto.
Gracias a mi hermano Juan Luis que me movilizó desde Rollán y debía acudir a una cita médica me dejó “suelto en plaza” por 90 minutos. Como era primer viernes de mes y quería aprovechar un ratito de adoración al Santísimo, me planté en 10 minutos en la capilla de adoración perpetua del convento del Corpus Christi en la calle Crespo Rascón, ¡qué paz y sosiego en medio de tanto bullicio ruano! Desde aquí, callejeando y viendo el trasiego por las casetas para las ferias, llego ¡cómo no! a la plaza mayor; dejo llevar la mirada a la churrigueresca fachada principal del Ayuntamiento y su reluciente piedra de Villamayor, los medallones, …entro en la oficina petada de Turismo… y ya estoy en la Rúa, donde me tomo la foto de rigor con la fachada de la Clerecía y Casa de las Conchas por fondo y asimilando la hondura y belleza del músico Salinas, en su cercano monumento.
Faltan dos días para la fiesta de la patrona, Nuestra Señora de la Vega, y me la encuentro lista para su fiesta del día 8, a unos centímetros. Me parecía que el Cielo había bajado a la tierra; le agradezco por tanto tanto y le ofrezco ¡todo!, totus tuus como Juan Pablo II, pidiendo por tantos y tan buenos amigos…
Salgo de la catedral vieja y me enfilo hacia la iglesia de los Capuchinos donde me encuentro con el entrañable Cristo procesional de Bernardo de Robles, el mismo autor que ha dejado deliciosas obras en la catedral de Lima y los Dominicos de Arequipa. Allí puedo gozar de otro rato “íntimo”, frente a frente mi Jesús. Y, sobre todo, puedo acudir al sacramento de la reconciliación que puntualmente administran a diario (de 11 a 13) los celosos y misericordiosos frailes. Con este sentimiento de ¡borrón y cuenta nueva!, acción de gracias, y listo para la santa misa en la capilla del hospital de la Santísima Trinidad. ¡Qué más se puede pedir que recibir el Cuerpo de Cristo en la cumbre de la liturgia cristiana, haciendo memoria agradecida del pasado, disfrutando a tope del misterio de Dios encarnado que vive en mí y en comunión con mis hermanos, consciente de que es un adelanto de lo que viviré en el Cielo!
¡Cuánto, Señor, en 90 minutos, ¡el tiempo que dura un partido de fútbol, y en mi Salamanca! Además, me encontré con dos grandes amigos celebrantes, don Ramón Martín, que fue párroco en mi pueblo, y don José María Yagüe, a quien conocí en su misión de Chimbote.
¡De veras que agradecí lleno de gozo y pedí que los miles de turistas que visitan mi Salamanca, de arte y sabiduría, descubran también esta ruta de intimidad y santidad!