José María Zavala: El Profeta (Ediciones B, Barcelona, 2025, 509 pp)

El prólogo es contundente "La tumba vacía, Jerusalén, 33 dC" y en 15 sencillas, bellas, profundas líneas, nos sintetiza la verdad de los 4 evangelios: El cuerpo de Jesús no está (p.13).

La obra se articula en dos partes, la primera de 49 capítulos (17-288), que arranca con "el bosque de la muerte", en el que nos presenta al oficial romano Lucio Fedro, condenado por un crimen de sangre, que tiene la peligrosa misión de seguir los pasos de un hombre del que todo el mundo habla, pero del que poco se sabe: Jesús de Nazaret; no hay rincón del Imperio donde no se oiga su nombre. Unos dicen que es un revolucionario; otros, un simple profeta; él afirma ser "el hijo de Dios". Lo que está claro es que ese hombre está desafiando el poder de Roma y Lucio deberá desentrañar los misterios que rodean su figura al tiempo que se enfrenta a las sombras de su propio pasado. Una lograda descripción del contexto romano y judío, entrelazada con una trepidante historia, le sirve al autor para presentarnos la vida de Cristo, un Jesús creíble, muy humano, sin dejar de ser divino, el del Evangelio, el Credo, la Iglesia, el que da sentido al hombre actual, ansioso de paz, coherencia, autenticidad.

Particularmente me ha interesado el cambio, la conversión a lo Pablo, Agustín, del pagano soldado romano Lucio, quien de perseguidor mortal de Cristo pasará a ser perseguido esta misma razón. Me parecen magistrales las aproximaciones graduales hasta llegar al encuentro personal con Jesús. Rescato el capítulo 40 de la "oveja perdida" como el del clímax de su conversión. Al preguntarle Jesús con infinita ternura si le amaba, Lucio tiene "la certeza de estar delante del Mesías. Y, al volverle a hacer la pregunta, responde: "¡Te amo, Señor! -aullé como un lobo herido- ¿Acaso merezco tu perdón?" p.280.  Y lo eligió como uno de los 72 discípulos misioneros. Culmina con el capítulo "el templo", aclamación del Señor en el domingo de ramos y antesala de la pasión. la segunda de 36

La segunda parte (289-482) se extiende a lo largo de 36 capítulos y se centra en la pasión, dramática de veras. Cual periodista de vanguardia, el autor se pone en primera fila para introducirnos con fuerza dramática en la hondura de la persecución, vía crucis y muerte de Cristo. Desfilan los personajes, los apóstoles, los judíos, los romanos, las mujeres, sin olvidar nombres propios como Herodes, Pilatos, María de Magdalena, Andrés -su apóstol amigo -, Juan, María, y el relato nos va poniendo en vilo en torno a los protagonistas, Lucio, su amada Flavia, el sádico Binicio y el letal Tito Severo. Puro escenario para recalar en el corazón de la historia, que el Profeta, Cristo, asume los dolores por él, por cada uno de nosotros.

"Al ver la brutalidad con que trataban al Maestro, Juan, el discípulo amado, fue corriendo a contárselo a su madre […] María de Nazaret, al ver a su hijo acercarse hacia donde estaba ella salió enseguida a su encuentro tambaleándose por la emoción […] Pero ella solo miraba a su hijo, retorciéndose las manos, y él la miraba a ella con ojos ensangrentados y hundidos en sus cuencas violáceas cuando, por segunda vez, dio un nuevo trompicón y se desplomó bajo el peso de la cruz. Ella se tiró al suelo de rodillas y lo abrazó con una piedad conmovedora.

-          ¡Hijo mío! -gimió

-          - Madre, yo hago nuevas todas las cosas -dijo él resollando" p.446

El epílogo "el resplandor" (483-489), como contrapunto del prólogo nos brinda un bello testimonio de fe y esperanza del protagonista, trasunto del autor: "Entonces le vi. Era él. Aquella cara cautivadora, la que me había mirado fijamente el día que sanó al enfermo en su cama, la que había invitado a seguirle cuando el resto dudaba de mí, la que había llorado sangre en el huerto de Getsemaní. La que me había hablado con una voz qaue resonó en el santuario de mi alma…Jesús me sonrió. Lo hizo con la paz de quien ya no pertenece a este mundo" p.487

Añade una página de agradecimientos (489), una interesante relación de los personajes, "dramatis personae" (491-496), con ilustrativos mapas de Jerusalén, 497, y Palestina en tiempos de Jesús, 499, así como práctico glosario empleado en el texto (501-510).

He leído buenas "vidas" de Cristo y novelas del período. Alguien dijo que cada etapa de la historia y cada persona debería escribirla. Zavala lo ha acometido y ha conseguido entregarnos lo mejor de su hacer literario e identificación con Cristo. Por su documentación y estética, hondura y fuerza narrativa, me ha recordado a dos de las que más me conmovieron: la de José Luis Martín Descalzo o Jan Dobraczyński.

¡Mejor regalo de Reyes, imposible! Muchas gracias

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