https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/apost_letters/documents/20251211-nel-centenario-piac.html

Educar en la memoria, custodiar la esperanza

Vivimos en un mundo que tiende a olvidar, que corre rápidamente, que consume imágenes y palabras sin sedimentar el sentido. La Iglesia, en cambio, está llamada a educar en la memoria, y la arqueología cristiana es uno de sus instrumentos más nobles para hacerlo. No para refugiarse en el pasado, sino para habitar el presente con conciencia, para construir el futuro con raíces.

Quien conoce su propia historia sabe quién es, sabe adónde ir, sabe de quién es hijo y a qué esperanza está llamado. Los cristianos no son huérfanos: tienen una genealogía de fe, una tradición viva y una comunión de testigos. La arqueología cristiana hace visible esta genealogía, custodia sus signos, los interpreta, los narra y los transmite. En este sentido, es también un ministerio de esperanza. Porque muestra que la fe ya ha atravesado épocas difíciles; ha resistido persecuciones, crisis, cambios; ha sabido renovarse, reinventarse, echar raíces en nuevos pueblos, florecer en nuevas formas. Quien estudia los orígenes cristianos ve que el Evangelio siempre ha tenido una fuerza generativa, que la Iglesia siempre ha renacido, que la esperanza nunca ha fallado.

El Papa: La arqueología es memoria viva, ministerio de esperanza

En la Carta apostólica sobre la importancia de la arqueología y con motivo del centenario de la fundación del Pontificio Instituto de Arqueología Cristiana, León XIV recuerda que esta disciplina es «un servicio, una vocación, una forma de amor a la Iglesia y a la humanidad», que da testimonio de que Dios se hizo carne y de que la salvación ha dejado huellas

Benedetta Capelli – Ciudad del Vaticano

Excavar, tocar los hallazgos, recuperar la energía del tiempo... Sin embargo, en el trabajo del arqueólogo cristiano no solo está la materia, sino también lo humano: las manos que forjaron los restos encontrados, «las mentes que los concibieron, los corazones que los amaron». Es una de las características de la arqueología cristiana que el Papa destaca en la Carta apostólica sobre la importancia de la arqueología con motivo del centenario del Pontificio Instituto de Arqueología Cristiana, publicada hoy 11 de diciembre.

TEXTO COMPLETO, CARTA APOSTÓLICA DEL SANTO PADRE LEÓN XIV SOBRE LA IMPORTANCIA DE LA ARQUEOLOGÍA CON MOTIVO DEL CENTENARIO DEL PONTIFICIO INSTITUTO DE ARQUEOLOGÍA CRISTIANA  

Hacer visible el Misterio

Materia y misterio: son las dos directrices que se cruzan en la arqueología cristiana porque «el cristianismo —destaca León XIV— no nació de una idea, sino de una carne», de un vientre, un cuerpo, un sepulcro. La fe cristiana, de hecho, se basa en «hechos concretos, en rostros, en gestos, en palabras pronunciadas en una lengua, en una época, en un entorno. Esto es lo que la arqueología hace evidente, palpable». Recuerda además que «Dios eligió hablar en una lengua humana, caminar sobre la tierra, habitar lugares, casas, sinagogas, calles». Por eso, en una época en la que se recurre a la inteligencia artificial y se estudian las galaxias, sigue teniendo sentido investigar. «No se puede comprender plenamente la teología cristiana —escribe el Papa— sin la inteligencia de los lugares y las huellas materiales que dan testimonio de la fe de los primeros siglos».

Nada es insignificante

La arqueología y la teología se entrelazan, por tanto, en el trabajo del arqueólogo, en cuya base hay una marcada sensibilidad para manejar con cuidado los «materiales de la fe». «Excavando entre las piedras, entre las ruinas, entre los objetos, nos enseña —explica el Pontífice— que nada de lo que ha sido tocado por la fe es insignificante». Cada pequeño testimonio merece atención, no debe descartarse, por lo que la arqueología «es una escuela de sostenibilidad cultural y de ecología espiritual», de «educación en el respeto de la materia, de la memoria, de la historia». No se tira nada, se conserva, se descifra, porque detrás de cada hallazgo hay «el aliento de una época, el sentido de una fe, el silencio de una oración. Es una mirada —subraya el Papa— que puede enseñar mucho también a la pastoral y a la catequesis de hoy».

La arqueología aliada de la teología

Se puede obtener nueva información gracias a los instrumentos tecnológicos más sofisticados y, por lo tanto, cada material puede devolver significados profundos. «La arqueología, en este sentido, es también una escuela de esperanza». Refiriéndose a la Constitución apostólica Veritatis gaudium del Papa Francisco, el Papa León recuerda que la arqueología, junto con la historia de la Iglesia y la patrística, debe formar parte de las disciplinas fundamentales para la formación teológica. De hecho, la arqueología no solo habla de cosas, sino también de personas, «ayuda a comprender cómo la revelación se ha encarnado en la historia, cómo el Evangelio ha encontrado palabras y formas dentro de las culturas». Por lo tanto, una teología que acoge la arqueología «es una teología que escucha al cuerpo de la Iglesia, que interroga sus heridas, que lee sus signos, que se deja tocar por su historia». Y es también una forma de caridad porque «es una manera de hacer hablar los silencios de la historia, de devolver la dignidad a los olvidados, de sacar a la luz la santidad anónima de tantos fieles que han hecho la Iglesia».

La misión evangelizadora

La tarea de la arqueología es también evangelizar, ayudar a la Iglesia a custodiar la memoria viva de sus orígenes, a narrar la historia de la salvación también con imágenes, formas y espacios. «En una época que a menudo pierde sus raíces, la arqueología —afirma el Papa— se convierte así en un instrumento precioso de evangelización que parte de la verdad de la historia para abrir a la esperanza cristiana y a la novedad del Espíritu». Al observar la forma en que el Evangelio fue acogido en el pasado, surge el estímulo de difundirlo en el presente, dirigiéndose a los alejados, pero también a los jóvenes que buscan autenticidad y concreción. La arqueología, subraya León XIV, es un «poderoso instrumento de diálogo; puede contribuir a tender puentes entre mundos distantes, entre culturas diferentes, entre generaciones; puede dar testimonio de que la fe cristiana nunca ha sido una realidad cerrada, sino una fuerza dinámica, capaz de penetrar en los tejidos más profundos de la historia humana».

Memoria viva y reconciliada

Una de las fuerzas de la arqueología es también la de hacer intuir la fuerza de una existencia que trasciende los siglos, que va más allá de la materia y tiene una relevancia específica en la teología de la Revelación. De hecho, ilumina los textos con testimonios materiales, interroga las fuentes, las completa, abre nuevas preguntas y, por lo tanto, una teología fiel a la Revelación «debe —para el Papa— permanecer abierta a la complejidad de la historia», hecha de desafíos, conflictos, momentos de esplendor y de oscuridad. No es casualidad, explica el Pontífice, que cada profundización en el misterio de la Iglesia sea un retorno a los orígenes, ya que esta se renueva cuando se interroga sobre lo que la define en profundidad. No se trata de un culto al pasado, que quede claro, sino de una «memoria viva», de la «capacidad de hacer que el pasado hable al presente». Es sabiduría para discernir lo que el Espíritu Santo ha suscitado en la historia. Es fidelidad creativa, no imitación mecánica». Por lo tanto, de aquí puede surgir un lenguaje común, «una memoria reconciliada» capaz de reconocer la pluralidad de voces, la unidad en la diversidad, convirtiéndose así en «lugar de escucha, espacio de diálogo, instrumento de discernimiento».

No un saber elitista

El Papa recuerda la fundación del Pontificio Instituto de Arqueología Cristiana en 1925 por Pío XI, en el Jubileo de la Paz, mientras que el centenario coincide con el Jubileo de la Esperanza. Una coincidencia que puede ofrecer nuevos horizontes a la humanidad sacudida por tantas guerras. La fundación tuvo lugar en el clima incierto de la posguerra, con valentía y visión de futuro: un gesto —afirma el Pontífice— que nos interpela a comprender hoy que ser fieles al espíritu fundacional significa no encerrarse en un saber elitista, sino «compartir, divulgar, involucrar». Fundamental en este sentido es la comunión con otras instituciones que se ocupan de la arqueología, como la Pontificia Academia Romana de Arqueología, la Pontificia Comisión de Arqueología Sagrada, la Pontificia Academia Cultorum Martyrum y el Pontificio Instituto de Arqueología Cristiana. «También la relación con el Oriente cristiano —subraya el Papa— puede encontrar en la arqueología un terreno fértil. Las catacumbas comunes, las iglesias compartidas, las prácticas litúrgicas análogas, los martirologios convergentes: todo ello constituye un patrimonio espiritual y cultural que hay que valorizar juntos».

Ministerio de esperanza

«La Iglesia está llamada a educar en la memoria y la arqueología cristiana es uno de sus instrumentos más nobles para hacerlo. No para refugiarse en el pasado, sino para vivir el presente con conciencia, para construir el futuro con raíces». La arqueología, en este sentido, «es un ministerio de esperanza» porque, explica León XIV, muestra que «la fe ha resistido las persecuciones, las crisis, los cambios», renovándose, reinventándose, floreciendo en nuevas formas. «El Evangelio siempre ha tenido una fuerza generativa», la Iglesia siempre ha renacido, la esperanza nunca ha fallado. Por último, el Papa hace un llamamiento a continuar con una labor valiosa y rigurosa, que debe transmitirse con pasión. «La arqueología cristiana es un servicio, es una vocación, es una forma de amor a la Iglesia y a la humanidad. Sed fieles al sentido profundo de vuestro compromiso: hacer visible el Verbo de la vida, dar testimonio de que Dios se ha encarnado, de que la salvación ha dejado huellas, de que el Misterio se ha convertido en narración histórica».

Read More

BEATO RAIMUNDO LLULL (C.1232 - C.1316)

En 1315, el 29 de junio según tradición, Ramon LIull era apedreado en tierras africanas, a cuya consecuencia falleció a la edad de 79 años; recogido por unos navegantes genoveses, fue trasladado a Mallorca donde su cadáver fue recibido en olor de multitud.  Fue beatificado en 1847. Su fiesta se conmemora el 30 de junio.

Mallorquín, hijo de uno de los caballeros de Jaime I. Hijo de padres catalanes había nacido en Mallorca en 1236 y pasó la juventud al servicio del rey en el oficio de senescal, bastante despreocupado de las cosas del espíritu, entra persiguiendo a caballo a una dama de nombre Leonor en la iglesia de santa Eulalia; ella le contuvo mostrándole su seno devorado por un cáncer; una noche le apareció Cristo crucificado, con cuya visita se le iluminó la inteligencia y cambió completamente el rumbo de su vida; a partir de entonces ya no deseaba otra cosa sino conocer, amar, servir y alabar a Dios y hacer que otros lo conociesen, amasen, sirviesen y alabasen.

En los años sucesivos Cristo crucificado apareció hasta cinco veces y en una de tales apariciones le dejó una cruz de madera que se conservó muchos años en la ermita de Randa, hasta que los devotos insistiendo en tomar fragmentos a modo de reliquias, la hicieron desaparecer.

Ramón Llull pasó largo tiempo retirado en aquellos parajes ásperos y desérticos del monte de Randa, dedicado a la oración, ayuno, mortificación y contemplación de las cosas divinas. Se afirma que fue iluminado por el Espíritu Santo para que escribiese libros aptos para convertir a los paganos, especialmente los mahometanos y Cristo le aseguró que sus obras serían muy conocidas y apreciadas, en corroboración de ello apareció a la entrada de la cueva donde se guarecía Ramón, una mata cuyas hojas llevaban caracteres de letras hebreas, griegas y latinas, que en lo sucesivo se denominó la Mata Escrita, que ha pervivido hasta casi los tiempos actuales.

Escribió más de tres mil obras, según declaran algunos testigos del proceso de beatificación, pero no se contentó con escribir desde su retiro, sino que cercant l'Amic a l'Amat, tot l'ample del mon corría, según canta el himno compuesto por Lorenzo Ribcr, Visitó las universidades de Roma, París, Pisa y otras muchas ciudades; demostró extraordinario interés por la conquista de la Tierra Santa, especialmente la ciudad de Jerusalén donde se halla el Santo Sepulcro y desplegó su apostolado con gran preferencia en tierras africanas, donde en cierta ocasión convirtió cuarenta filósofos mahometanos.

Tres pensamientos dominaban su vida:

1.      La Cruzada a Tierra Santa

2.      La predicación del Evangelio a musulmanes y judíos

3.      Método y ciencia nuevas que pudiesen demostrar racionalmente las verdades de la religión para convencer a los que viven fuera de ella.

https://www.mercaba.es/prensa/ramon_llull_puente_de_culturas.htm

https://hagiopedia.blogspot.com/2013/11/beato-raimundo-lulio-c1232-c1316.html

https://historia-hispanica.rah.es/biografias/25243-beato-ramon-llull

Biografía

Nacido unos tres años después de la conquista de Mallorca en 1229 por Jaime I de Aragón, Llull fue miembro de una familia burguesa procedente de Barcelona. Aunque la Vita coaetanea de Llull, redactada en latín en 1311 por monjes de la cartuja de Vauvert en París, al describirle como "senescal del rey [Jaime II] de Mallorca" (hijo de Jaime I de Aragón y su sucesor en Mallorca), carece de una base fidedigna, se sabe que Jaime II le conoció y le prestó su apoyo. Hacia 1275 fue responsable de un examen y aprobación de las primeras obras lulianas y Llull le convenció de que fundara un convento franciscano en Miramar en la costa de Mallorca, donde trece frailes franciscanos pudiesen aprender árabe, y, sin duda, también estudiar el arte luliano. Un documento pontificio del 17 de octubre de 1276 especifica el objeto de la fundación: la preparación de misioneros para las tierras de Islam, lo cual fue siempre uno de los principales objetos de Llull.

La Vita coaetanea tiene gran valor, pero también lagunas importantes. Afortunadamente, existen documentos que ayudan a llenar los huecos de la Vita y desde 1292 los colofones de las obras lulianas indican la fecha y lugar de su composición. Se sabe que, cuando Llull se casó, antes de septiembre de 1257, poseía bienes tanto en Cataluña como en Mallorca. Su mujer, Blanca Picany, era miembro de una familia más importante que la suya. Llull y Blanca tuvieron dos hijos; la hija se casó con un noble mallorquín; los hijos y el yerno aparecen en el testamento de Llull de 1313.

El gran cambio en la vida de Llull fue producido por su conversión, hacia 1263, que fue seguida por peregrinaciones a Santiago de Compostela y a Rocamadour, en Francia. Aunque siempre permaneció lego, adoptó una vida muy austera. Fue influido por las dos grandes Órdenes de su tiempo. Vaciló muchos años entre los dominicos y los franciscanos. Imitando a san Francisco, vendió la mayor parte de sus posesiones y en 1290 recibió unas cartas comendaticias del general de los franciscanos. Según una tradición del siglo XIV, Llull se hizo terciario franciscano en 1295. Antes de esto, bajo la influencia personal del dominico san Raimundo de Peñafort, quien había fundado los primeros colegios para enseñar lenguas orientales, Llull pasó nueve años (c. 1265-1274) estudiando árabe con un esclavo que había comprado. La fundación de Miramar era una imitación de dichos colegios. También estudió Gramática Latina, Filosofía y Teología Cristiana, aunque no consta si efectuó estos últimos estudios en la abadía cisterciense de La Real, con la que tuvo contactos religiosos, o, quizá con más probabilidad, con los franciscanos o los dominicos de Mallorca.

Durante aquellos nueve años, Llull escribió sus primeras obras importantes, el Compendio de la Lógica de al-Ghazzali, el gran Llibre de contemplació, y el Llibre del gentil e dels tres savis. Estas obras fueron originalmente escritas en árabe (los textos originales están perdidos) y después traducidas al catalán. Hacia 1274 Llull recibió, dice, una "iluminación" en el Monte Randa que le dio la forma en que redactar su primera Ars magna (el Ars compendiosa inveniendi veritatem).

El fin apologético que hay tras las obras de Llull es indiscutible. Cuando dejó la vida mundana para dedicarse a la religiosa, Mallorca era todavía un lugar en buena parte musulmán. Los dominicos y franciscanos que Llull conoció ya estaban ocupados en la conversión de las comunidades musulmanas y judías que desempeñaban un papel muy importante en la Corona de Aragón. Era casi inevitable que Llull se sintiera interesado por el mismo tipo de apostolado. Habría de consumir su vida actuando y escribiendo. Mas para que los cristianos convirtieran al mundo, habían de llevar una vida cristiana. De aquí que Llull abogara siempre por la reforma dentro del mundo cristiano. Menéndez Pelayo observó que Llull fue el más práctico de los reformadores: "No hay una sola de las reformas sociales, pedagógicas o eclesiásticas propuestas [en sus libros] cuyo fondo no esté dado en alguna de las instituciones de la Edad Media y de su patria catalana, ninguna de las cuales él intenta destruir, sino avivarlas por la infusión del espíritu cristiano, activo y civilizador".

Después de 1278, Llull vivía esencialmente fuera de Mallorca. Parece que su base principal era Montpellier, que formó parte del reino de Mallorca. La gran mayoría de sus obras fueron escritas en Francia o Italia. Emprendió una larga serie de visitas a la Curia romana. Estaba allí en 1287, entre 1291 y 1292, cuando dedicó su primera obra sobre la Cruzada a Nicolás IV, y entre 1294 y 1296, cuando presentó peticiones a san Celestino V y a Bonifacio VIII. Después, en 1305 y 1309, visitó a Clemente V en Francia y entre 1311 y 1312 estuvo presente en el Concilio General de Viena, que fue donde consiguió su único triunfo (aparte de la fundación de Miramar en 1276, monasterio que duró menos de veinte años), o sea, un decreto proclamando la creación de cátedras de Hebreo, Árabe, y "Caldeo" (Siríaco) en cinco centros distintos (en el siglo XIV este decreto sólo fue realizado en París y en la Curia). Es casi cierto que la publicación de este decreto fue debida a la influencia que ejercía sobre el papado Felipe IV de Francia, con quien Llull estaba entonces en contacto. De los Papas de su tiempo, Llull consiguió muy poco y parece evidente que en sus últimos años tuvo que depender mucho más de los Reyes que del papado.

Llull visitó varias cortes reales con el fin de pedir ayuda para sus planes misioneros, para la reforma de la Iglesia, y, desde 1292, para la Cruzada. En 1294, solicitó la ayuda de los angevinos de Nápoles. En 1301 estaba en Chipre, visitando al Rey, y en 1302 en Asia Menor: su objeto era ver al Khan de los tártaros, posibles aliados de los cruzados. Entre 1312 y 1313 dedicó varias obras al hermano de Jaime II de Aragón, Federico III de Sicilia, protector de los franciscanos espirituales y de Arnaldo de Vilanova, con quien Llull había estado en contacto unos años antes, y entre 1313 y 1314 pasó un año en Mesina, al parecer sin gran éxito. Tuvo contactos con la República de Venecia y visitó muchas veces Génova; pero puso sus esperanzas principales en los reyes Felipe IV de Francia y Jaime II de Aragón. Estuvo en París entre 1287 y 1289, 1297 y 1299 y 1309 y 1311. Dedicó muchas obras a la Cruzada y contra los "averroístas" de la Universidad de París a Felipe IV y recibió, en 1310, cartas de comendación del Rey. En 1299 consiguió de Jaime II un documento que le permitía predicar en las sinagogas y en las mezquitas de la Corona de Aragón. En 1305, presentó a Jaime su Liber de fine, que trata de la cruzada de Granada. El Rey intentó proteger y ayudar a Llull durante su última misión al norte de África, pues había emprendido misiones a Túnez entre 1292 y 1293 y a Bujía, en Argelia, en 1307, y tornó a Túnez entre 1314 y 1315). Llull murió, probablemente en Mallorca, de muerte natural, antes de marzo de 1316; fue enterrado en San Francisco de Palma. Las leyendas de su martirio carecen de fundamento. Su fiesta se celebra en la Orden Franciscana el 3 de julio. Desde el siglo XVI, al menos, ha sido venerado como santo en Mallorca y Cataluña. En 1858, el papa Pío IX confirmó su beatificación.

Durante sus visitas a París, Llull enseñó su Arte públicamente en la Universidad. Fue en París donde logró reunir discípulos universitarios. Llull escribió unas doscientas cuarenta obras; de ellas, unas ciento noventa sólo se conservan en latín, aunque su mayor parte, y especialmente las más importantes, fueron originalmente escritas en catalán. La inspiración de todas las obras de Llull, incluso sus poemas y sus grandes novelas filosófico-sociales, como Blaquerna (1283) y Félix (1287-1289), fue el deseo de promover la reunificación de toda la humanidad en Cristo, especialmente por medio de la conversión de musulmanes y judíos y de los tártaros paganos, que constituían una amenaza temible para la cristiandad del siglo XIII. Como dice Robert Pring-Mill, Llull fue el primero en utilizar una lengua romance para discutir temas teológicos, filosóficos, éticos y científicos, convirtiendo el catalán en un lenguaje de alta cultura, que podía expresar conceptos antes sólo discutidos en la Península Ibérica en latín, árabe o hebreo. En esto, Llull se aparta notablemente de la tradición escolástica medieval. Aunque sus obras místicas se sitúan dentro de la tradición franciscana, Llull indica que su obra maestra, el Llibre d'amic e amat, está influenciada por la mística de los sufís musulmanes.

La vida de Llull fue sobre todo una batalla contra el Islam, no sólo en España y el norte de África, sino también en la Universidad de París, donde tuvo que luchar contra los "averroístas". Contra ellos, empleó su Arte (sobre todo el Ars generalis et ultima de 1305- 1308 y la versión abreviada, el Ars brevis de 1308 —más filosóficos y menos polémicos que la primitiva Ars compendiosa inveneniendi veritatem—), donde trató de demostrar la unidad de todas las ramas del saber. Para Llull no puede haber oposición fundamental entre filosofía y teología. La expresión más clara de este pensamiento es el Arbre de ciència (Arbor scientiae) (1295-1296), una enorme enciclopedia donde Llull intenta la clasificación de todo saber bajo un plan unitario.

Para Llull, Dios, en cuanto puede ser comprendido por nosotros, consiste en una serie de atributos divinos o "Dignidades", que constituyen los principios absolutos del Arte luliano. Estas Dignidades (en las versiones posteriores del Arte son nueve: bonitas, magnitudo, etc.) son los instrumentos de toda perfección creada. La esencia del Arte no consiste en demostración, sino en la reducción metafísica de toda la creación a las Dignidades, y en la comparación de seres particulares en su luz, utilizando los principios relativos: differentia, concordantia, etc. Los principios absolutos y relativos forman juntos los principios comunes de todas las ciencias. Estos principios se combinan en figuras circulares, donde se sustituyen letras por los nombres (B = bonitas differentia, etc.).

La filosofía de Llull (que hay que distinguir de los métodos combinatorios del Arte) es un realismo neoplatónico, transmitido a través de la tradición agustiniana. La utilización por Llull de Escoto Eriúgena, san Anselmo, san Buenaventura y Roger Bacon, se discute todavía. Llull conoció escritos musulmanes y estaba en contacto en Barcelona con eruditos judíos. El que se haya podido descubrir la fuente de la teoría luliana de las "Dignidades" en las "hadras" musulmanas o en los "sephiroth" de la Cabalá judía ("hadras" y "sephiroth" son términos para los atributos divinos) demuestra que la doctrina de Llull, aunque cristiana en origen, pudo constituir una base para el diálogo con eruditos de otras religiones. Dos de las características más llamativas del pensamiento luliano —su racionalismo y su énfasis en la importancia de la acción— se explican cuando se recuerda la inspiración polémica de sus ideas. En realidad, las rationes necessariae de Llull, con que intenta probar los artículos de la fe, son razones de congruencia y analogía, no principios deductivos. Frente a la teología escolástica del islam, que quiso demostrar la fe musulmana, Llull intentó mostrar que cualquiera que empieza con una creencia en la unidad de Dios y en los atributos divinos, tiene que acabar haciéndose cristiano. La difusión del lulismo empezó durante la propia vida de Llull. Incansable propagandista de sus ideas, intensamente convencido de la necesidad y el valor único de su Arte, no se ahorró ningún esfuerzo que pudiera conservar y multiplicar sus escritos. Dedicó ejemplares a Papas, Reyes y otros personajes importantes, muchas veces pidiendo que fueran copiados. Parece que viajó generalmente acompañado de uno o más discípulos, que le servían como copistas. Así, pudo diseminar copias de sus obras más recientes, en las ciudades por donde pasó, en Francia, Italia y Cataluña.

En sus últimos años, Llull estaba interesado en formar tres colecciones principales de sus obras para perpetuar el conocimiento de sus ideas. El autor anónimo de la Vita, escrita en París en 1311, cierra su relato diciendo: "Sus libros están dispersos a través del mundo, pero hizo tres colecciones especiales, esto es, en el monasterio de cartujos de París, en la casa de cierto noble de la ciudad de Génova y en la casa de cierto noble de la ciudad de Mallorca". Esta concentración de las obras lulianas en la cartuja de Vauvert en París, en la casa de Perceval Spinola en Génova, y en la casa del yerno de Llull, Pere de Sentmenat, en Mallorca, se precisa más en el testamento de Llull, otorgado por él el 26 de abril de 1313.

Es difícil saber hasta qué punto las intenciones de Llull llegaron a la realidad. No se tienen pruebas de la utilización de los manuscritos de Génova. También faltan pruebas para la existencia de una escuela luliana en Mallorca en el siglo XIV. En este siglo, el lulismo floreció en Francia y Valencia.

Existe una serie de obras (casi todas anónimas o atribuidas a Llull mismo) fechadas en Valencia entre 1327 y 1338. Casi todas son de carácter místico. Desde 1369 en adelante el inquisidor dominico, Nicolás Eymerich, lanzó una serie de escritos contra los lulistas valencianos, acusándoles de herejía. Por desgracia, no se conserva ninguna contestación de parte de ellos. Según Eymerich, estaban emparentados con los franciscanos espirituales, beguinos, etc.

Otro tipo de lulismo, bastante más ortodoxo, está documentado en Francia. Este lulismo desciende de Llull mismo. Pruebas del interés francés hacia el lulismo son las traducciones francesas de Blaquerna, Félix, la Doctrina pueril, el Llibre del Gentil y el Llibre qui és de l'Orde de Cavalleria, todas del siglo XIII o XIV. La Vita de 1311 es acompañada de un catálogo de ciento veinticuatro libros de Llull, seguramente un índice de la colección de Vauvert. La figura más importante del lulismo de París es Thomas Le Myésier, canónigo de Arras. Se hizo discípulo de Llull hacia 1287. Es probable que ya en vida de Llull, Le Myésier empezara la preparación de cuatro compilaciones lulianas. Se conserva el Electorium magnum (París, Bibl. Nat. ms. lat. 15450, que es incompleto pero hay de él una copia tardía) y el Breviculum (Karlsruhe, St. Peter, perg. 92). Este último manuscrito fue presentado por Le Myésier a Jeanne de Bourgogne-Artois, reina de Francia, la mujer de Felipe V (1316-1322). Mientras que el Breviculum demuestra que la actividad de Llull en la Corte real de Francia fue continuada por Le Myésier, el Electorium es una síntesis del lulismo para la Universidad de París. Desde la muerte de Le Myésier en 1336 hasta el final del siglo XIV, se sabe muy poco del lulismo parisiense. Pero las colecciones lulianas de Vauvert y de la Sorbona (enriquecida esta última con el Electorium y otros manuscritos de Le Myésier) fueron ampliamente utilizadas desde muy temprano. Antes de 1400, algunos de los textos más interesantes del primitivo lulismo de París llegaron a Valencia, Barcelona y Mallorca.

Obras y bibliografía

Catalanas: Obres de Ramon Llull, Edició original, ed. de M. Obrador et al., 21 vols., Mallorca, 1906-1950

Obres essencials, ed. de M. Batllori et al., Barcelona, 1957-1960, 2 vols.

Obres selectes, ed. de A. Bonner, Palma de Mallorca, Moll, 1989, 2 vols.

Nova edició de les Obres de Ramon Llull, ed. de F. Domínguez Reboiras et al., Palma de Mallorca, 1990- 2002, 5 vols.

Latinas: Beati Raimundi Opera Latina, ed. de Ivo Salzinger, Mainz, 1721-1742, 8 vols. (reimpr. 1965)

Raimundi Lulli Opera latina (ROL), ed. de Fr. Stegmüller et al., Palma de Mallorca, 1959-1967, 5 vols.; vols. 6-27, Turnhout, Brepols, 1978-2002

Trads. en castellano: Obras literarias, ed. de M. Batllori y M. Caldentey, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1948

Antología de Ramón Llull, ed. de M. Batllori et al., Madrid, 1961, 2 vols.

Obra escogida, ed. de P. Gimferrer, Madrid, Alfaguara, 1981.

F. de B. Moll (ed.), Vida e actes, Palma, 1933

E. Longpré, "Lulle, Raymond (le bienheureux)", en Dictionnaire de théologie catholique, IX, 1, París, 1926, cols. 1072-1141

E. Rogent y E. Duràn, Bibliografia de les impressions lul.lianes (hasta 1868), Barcelona, 1927 (reimpr. en 3 vols., Mallorca, Miquel Font)

T. y J. Carreras Artau, Historia de la Filosofía española. Filosofía cristiana de los siglos XIII al XV, Madrid, Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, 1939-1943, 2 vols.

M. Menéndez Pelayo, Orígenes de la novela, vol. I, Santander, 1943, pág. 130, 4 vols.

E.-W. Platzeck, Raimond Lull, sein Leben, seine Werke, die Grundlage seines Denkens, Roma-Düsseldorf, 1962-1964, 2 vols.

A. Llinarés, Raymond Lulle, philosophe de l'action, Grenoble, 1963 (en catalán, Barcelona, Edicions 62, 1968)

R. Brummer, Bibliographia Lulliana (1870-1973), Hildesheim, 1976 

M. Cruz Hernández, El pensamiento de Ramón Llull, Valencia, Fundación March-Editorial Castalia, 1977

D. Urvoy, Penser L'Islam, les présupposés islamiques de l'L"Art" de Lull, Paris, Vrin, 1980 (col. Ètudes musulmanes)

H. Harada (ed.), Vita coaetanea (de 1311), en ROL, 8 (1980)

Ch. Lohr, "Christianus arabicus, cuius nomen Raimundus Lullus", en Freiburger Zeitschrift für Philosophie und Theologie, 31 (1984), págs. 57-88

F. Yates, Assaigs sobre Ramón Llull, Barcelona, Empúries, 1985

M. Salleras, "Bibliografía Lulliana (1974-1985)", en Randa, 19 (1986), págs. 153-98

A. Bonner, en Llull, Obres selectes (1989), I, págs. 43-54

R. D. F. Pring-Mill, Estudis sobre Ramón Llull, Barcelona, Publicacions de l'Abadia de Montserrat, 1991

L. Badia, Teoria i pràctica de la literatura en Ramon Llull, Barcelona, Quaderns Crema, 1991

F. Domínguez, "'Moltes novel.les raons'. La originalidad del Ars praedicandi de Ramon Llull en su contexto medieval", en Anuario medieval, 4 (Nueva York, 1992), págs. 93-137

M. Batllori, Ramon Llull i el lul. lisme, Valencia, Tres i Quatre, 1993

J. N. Hillgarth, Ramon Llull i el Naixement del lul·lisme, Barcelona, Curial, 1998

J. M. Ruiz Simón, L'Art de Ramon Llull i la teoria escolàstica de la ciència, Barcelona, Quaderns Crema, 1999

J. N. Hillgarth, Diplomatari lul.lià: documents relatius a Ramon Llull i a la seva família, Barcelona, Universitat, 2001

 

Read More

UN LÉXICO DE ESPERANZA PARA LA EDUCACIÓN CATÓLICA EN EL SIGLO XXI[1]

Este martes 20 de enero 2026, en la FUE, pude escuchar al Cardenal José Tolentino de Mendoza Prefecto del Dicasterio para la Cultura y la Educación 

Comenzó el acto por un sentido responso por las víctimas del fatal accidente ferroviario de Arcaduz (Córdoba).

Abrió el acto Lydia Jiménez González, presidenta de la FUE, agradeciendo la presencia de varios rectores universitarios y personalidades del mundo de la Iglesia y de la cultura, presentando la fisonomía de la FUE y dando la bienvenida a todos, en especial al cardenal invitado.

Seguidamente el patrono secretario, Dr. Javier Huerta, catedrático de literatura de la Complutense, presentó académica y de modo muy cordial la obra y la persona del cardenal Tolentino.

El ponente nos dio una lección de exquisitez en lo académico, educativo y pastoral.

Como el cronista de "Religión Confidencial" relata, Monseñor Tolentino de Mendoza "dibuja con palabras, crea música con su pensamiento. Ideas enraizadas en el diálogo entre argumentos de autoridad, León XIV, a quien citó con profusión, María Zambrano, y san John Henry Newman, y análisis de fino ajuste del diagnóstico antropológico. Un viaje hacia la constelación de la esperanza. Una constelación, en la noche de la historia, cuyos planetas principales son la verdad, la visión integral y el dialogo como forma adulta de convivencia. Una constelación por la que transita la línea de la educación, que es la primera conjugación efectiva de la esperanza".

El vocabulario  de esperanza

El léxico no es "una lista estática de temas, ni un diccionario, sino un mapa celeste que está tatuado en el corazón del hombre, a imagen y semejanza de Dios", "una constelación de significado, que no tiene estrellas frías y lejanas y que convierte a las universidades católicas en puntos luminosos".  Esperanza y educación, dos caras de una moneda que reclama plenitud. "Navegar en la noche, para ayudarnos a levantar la mirada hacia la constelación requiere el valor de no renunciar a las convicciones, de creer que existe una verdad que mantiene unidos los fragmentos de la realidad".

Para educar "necesitamos esperanza porque la educación es por naturaleza un acto de esperanza. Reducir la educación a mera técnica de transmisión de competencias no es entender lo que es la educación. Convertir las universidades en meras fábricas de credenciales, es no entender qué es la educación católica".

La educación es decisión. Nadie espera solo; nadie educa solo. A la hora de definir la esperanza, dejó a un lado el optimismo buenista y ancló en el realismo de la tradición católica, el Catecismo, resaltando su carácter de virtud teologal y antropológica: "La esperanza es la virtud teologal por la que aspiramos al Reino de los cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos no en nuestras fuerzas, sino en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo" (N. 1817).

El deseo de plenitud

La esperanza y la educación, o la educación que es esperanza, o la esperanza que se siembra con la educación, se desarrollan en tres contextos de complejidad según el prefecto de Cultura y Educación.

1.      El primero, la situación de los jóvenes, "que viven en la fatiga del futuro, en la incertidumbre y la precariedad, en la ausencia de expectativas, en la parálisis existencial, la fatiga por el futuro, vida sin sentido.

2.      El segundo, el papel de la tecnología, "que se ha monetizado y fragmentado, que coloniza nuestra interioridad, y que exige, por nuestra parte un discernimiento".

3.      Y el tercero, la fragmentación cultural, que lleva, según este cardenal y pensador, "a la polarización tribal, a la soledad, a la dificultad del diálogo". Exige de nosotros "una visión madura, una mirada unitaria capaz de abordar el todo de la realidad".

Llamada a la verdad 

Los conceptos sobre los que construir el léxico de la esperanza deben ser:

1.       La verdad, "en el logos hay una promesa que precede a nuestras palabras, glosando a María Zambrano, "el problema del hombre en su radicalidad no se resuelve sin la llamada la verdad". "La verdad no es la obsesión por tener razón sino la capacidad de enfrentarse y confrontarse a la realidad total".

2.      Visión integral, "tener una idea del hombre en su integridad, la visión de lo total, del todo, hace que "la educación ayude a ser santos".

3.      Y el diálogo, "que no equivale al relativismo, el otro no es un interlocutor abstracto; el diálogo es un acto de generación de cultura".

Pedagogía del cuidado 

"La Universidad no promete atajos, sino que forma a las personas capaces de ser responsables; la universidad es un laboratorio de esperanza. La Universidad crea ciudadanos que se hacen cargo de la fragilidad del otro, se necesita una pedagogía del cuidado. Y junto a la educación y a la esperanza, la belleza, que abre una brecha en el determinismo. La Universidad debe ser una institución que, en su forma de gobernar, de gestionar los recursos, de tratar a las personas, de acoger a los estudiantes…, debe encarnar los valores que proclama".

¡Muchas gracias, Eminencia, ¡por palabras tan estimulantes, confortadoras, llenas de esperanza!

Read More

EL CRÁNEO DE SANTO TORIBIO Y SUS RELIQUIAS EN EL PALACIO ARZOBISPAL DE LIMA

 

Desde el 2006, cuarto centenario del tránsito a la gloria de Santo Toribio se expone a la veneración pública, en la capilla del Palacio Arzobispal de Lima, la urna donde reposan sus reliquias más destacados: el cráneo y varios de sus huesos.

Como es sabido, Toribio falleció en Zaña el 23 de marzo de 1606.  Al año siguiente, sus restos fueron trasladados a Lima, siendo inhumados en la cripta de Catedral el 27 de abril de 1607. Con motivo del proceso de su beatificación, fueron exhumados en 1661 para ser trasladados a la capilla que lleva su nombre al interior de la misma Catedral.

Contamos con la detallada relación de la" Visita del cuerpo y sepulcro del siervo de Dios"[1] realizada en enero de 1661 según la declaración de los sacerdotes Gregorio Montero y Juan Sánchez de la Madrid, presbítero capellán del monasterio de Santa Clara.

Recuerdo que el número de huesos en personas adultas es de aproximadamente 206, y que en esta visita sólo contaron 106.

Veamos la pormenorizada relación de los médicos de la Universidad de San Marcos

 

"Doctor Pedro de Requena presbítero, protomédico deste Reyno y catedrático de Prima de Medicina en esta Real Universidad y Agustín García Cabeza de Vaca, cirujano, dijeron que eran los siguientes: La cabeza que parecía haber sido aserrada por medio para embalsamarla, y la mandíbula baja dividida de la mandíbula de arriba con 7 dientes en la de abajo, que los dos eran colmillos y la una muela próxima a el colmillo y la dicha cabeza tenía algunos cabellos sobre el hueso occipital y laterales y estaba con una mitra de raso blanco bordada de hilo de oro con Romanos y forrada en raso carmesí. Las dos clavículas, los dos omoplatos, dos pedazos del hueso esternón, 21 costillas. Los dos huesos oxitorios de los molledos. Los dos tosiles de un brazo. Y del otro el tocil menor. Uno de los huesos ileones y de los espóndiles doce divididos. Y de los que pertenecen al hueso sacro se hallaron cuatro unidos.

Asimismo, dentro de una mediade sedal cabellada, al parecer, se hallaron 29 huesos de la una pierna. Y en otra media de la misma seda y color que estaba con su liga de tafetán cuyo color no se pudo distinguir se hallaron otros 29 huesos de la otro pierna con el hueso fémur de cada una que por todos habiéndose contado se hallaron 106.

Y asimismo los dichos protomédicos y cirujano dijeron que faltaban los huesos siguientes. De las piernas, las dos choquesuelas, tres costillas, un pedazo del hueso externón, 55 huesos de los brazos y manos, uno de los huesos ileones, todos los dientes,

y muelas menos los referidos que están en dicha mandíbula.

Y no hicieron mención de los sesaminos y otras minucias que por su pequeñez y facilidad de corromperse o estarían deshechas o no se hallaron. Y, habiéndose reconocido, visto y contado en la forma referida se volvieron a poner los dichos huesos en la misma caja donde estaban ante y se cerró y clavó por mano del dicho Francisco de la Peña, carpintero y estando hecho se llevó 'la dicha caja y se puso en el mismo nicho en que estaba con las tablas y tablones según y en la forma que se halló. Todo lo cual pasó en mi presencia y de los dichos subpromotor apostólico y fiscal eclesiástico y de los dichos testigos de que doy fe y Su Señoría Ilustrísima. Y dichos señores jueces apostólicos lo firmaron juntamente con los dichos subpromotor apostólico y fiscal eclesiástico".

 

Durante muchos años la urna estuvo bajo llave y tan sólo se podía ver y venerar con permiso del Señor Arzobispo o su delegado.

A raíz de la celebración del IV Centenario de su muerte, en el 2006, se renovó y mejoró la urna exponiéndola públicamente a la devoción de los fieles en la actual capilla del Palacio Arzobispal.

 

Se encomendó al arqueólogo Edwin Raúl Greenwich Centeno un estudio arqueológico y gracias a su gentileza, les comparto lo fundamental del Informe Técnico sobre el Proyecto Especial de Bioarqueología: Las Criptas de la Catedral de Lima y sus Personajes Históricos – "PEB – CCL". Estudios Bioantropológico de los Restos de Santo Toribio Alfonso de Mogrovejo y Robledo (Lima 2012)

 

Los restos se encuentran en buen estado de conservación, sin embargo, el esqueleto está incompleto y algunas de las piezas óseas presentan improntas de cortes post-mortem ya que siendo consideradas reliquias eran grandemente veneradas y deseadas por los fieles devotos. En la actualidad se custodian en un atractivo relicario de la capilla del Palacio Arzobispal de Lima, constituyendo el conjunto más valioso de todas las reliquias del Santo y que debe ser motivo de mayor devoción y peregrinación por ser prácticamente el cuerpo de Santo Toribio Mogrovejo, padre de América y patrono del episcopado latinoamericano.

 

Entre las piezas óseas presentes tenemos:

 

1.     Cráneo con corte que separa la calota del resto del cráneo, ausencia de mandíbula y diente.

2.      octava costilla derecha con corte post-mortem en su tercio axial,

3.     primera vértebra lumbar que presenta ausencia de la mitad izquierda por corte post-mortem.

4.     Coxal izquierdo

5.     Sacro.

6.     Fémur izquierdo con presencia de corte post-mortem en cuello femoral (ausencia de cabeza femoral) y en la porción proximal del trocánter mayor, así también presenta corte post-mortem en la porción posteroinferior del cóndilo medial.

7.     Fémur derecho con presencia de corte post-mortem en tercio proximal del hueso (ausencia total de cabeza femoral, cuello, trocánter mayor y menor), también presenta corte en la porción posteroinferior del cóndilo medial.

8.     Tibia derecha,

9.     Tibia izquierda

10.   Peroné izquierdo.

 

A pesar de la ausencia de varias piezas óseas importantes, las que se encuentran presentes aportaron gran cantidad de información vital para hacer una lectura adecuada de la osamenta.

 

Acerca de los estudios sobre la patología sufrida el estudio macroscópico no ubicó ningún tipo de patología anómala o algún tipo de patología terminal que pueda reflejarse en los huesos. Sin embargo, están presentes los procesos degenerativos por la edad. Zonas de articulación de huesos largos con presencia de osteofitosis o leve actividad ósea que indica algunas forma de artrosis. Sin embargo, en general el cuerpo presenta una apariencia saludable, denota el buen cuidado que el individuo le ha dado a su cuerpo en vida y un estilo de vida adecuado con relación a otros individuos de la misma época.

Este jubileo con motivo del Tercer Centenario de su canonización, 10 de diciembre de 1726, es una buena oportunidad para acercarse y venerar los sagrados restos del que es forjador del Perú y santo Padre de América.

Dios quiera que la peregrinación a este santuario no quede en jubileos y aniversarios, sino que sea lo ordinario, como la visita a un familiar, a un amigo. Así sea.

 

José Antonio Benito



[1] Archivo Arzobispal de Lima. Libro V del Proceso de Beatificación. Folio 28v-34v. 

Read More

 PUBLICACIONES EN EL REPOSITORIO PUCP

GRACIAS PUCP por la profesionalidad al servicio de la cultura. Un honor responsable

Le di a la tecla por curiosidad buscando un artículo y en cinco segundos aparecieron todos mis artículos -12- perfectamente escaneados y citados. Os los ofrezco. Basta con entrar en "Explorando por Autor": "Benito Rodríguez, José Antonio"

 https://repositorio.pucp.edu.pe/browse/author?value=Benito%20Rodr%C3%ADguez,%20Jos%C3%A9%20Antonio

  1. 1994.d "Perú en el Archivo General de Simancas", BIRA, 21, 289-316
  2. 1997 "La Bula de Cruzada y los naturales de Indias". IV Congreso Internacional de Etnohistoria Pontificia Universidad Católica del Perú, Fondo Editorial, Lima III, pp.29-55.
  3. 2001 "El edecán de Goyeneche: Coronel García de Santiago" Lima 1999. Boletín del Instituto de Historia "Riva Agüero", n 25. Lima. pp.91-106
  4. 2002 "Toribio Alfonso Mogrovejo, santo forjador del Perú (Valores destacados por sus contemporáneos". Sobre el Perú. Homenaje al Dr. José Agustín de la Puente Candamo PUCP, Fondo Editorial, Lima 2002, I, 293-312GUERRA, G. M. (Editor); HOLGUIN, V. O. (Editor); GUTIERREZ, C. F. (Editor). (2002). Sobre el Perú: homenaje a José Agustín de la Puente Candamo. EDICION CONJUNTA CON OSWALDO HOLGUÍN Y CÉSAR GUTIÉRREZ. LIMA. Pontificia Universidad Católica del Perú/Fondo Editorial/Facultad de Letras y Ciencias Humanas. Recuperado de: http://books.google.com.pe/books?id=QPCeP4H0y7MC&pg=PA57&lpg=PA57&dq=Sobre+el+Per%C3%BA+:+homenaje+a
  5. 2005 a "Miguel Pereyra y Ruiz: un administrador canario afincado en el Perú (1784-1853)" Boletín del Instituto de Historia "Riva Agüero", nº 30. Lima.2003, pp. 79-108
  6. 2006 Libro de visitas de Santo Toribio (1593-1605) (Colección Clásicos Peruanos, Pontificia Universidad Católica del Perú, Fondo Editorial 2006, pp.450+ Introdu. LVI) Introducción, transcripción y notas. 
  7. 2008 "La Bula de Cruzada en Perú" en XIV Congreso del Instituto Internacional de Historia del Derecho Indiano. Derecho, instituciones y procesos históricos, J. de la Puente/J. A. Guevara (Editores) Tomo II, pp.17-35.
  8. 2012 "El seminario fundado por Santo Toribio de Mogrovejo en Lima", Homenaje a José Antonio del Busto Duthurburu (Tomo II). Editorial: Fondo Editorial de la Universidad Católica del Perú (PUCP). Editores: Margarita Guerra Martinière y Rafael Sánchez-Concha Barpp.383-399
  9. 2013 "La cauta actuación de los jesuitas con la bula de la cruzada en América" en Sánchez Paredes, José; Curatola Petrocchi, Marco (eds.) Los rostros de la tierra encantada. Religión, evangelización y sincretismo en el Nuevo Mundo. Homenaje a Manuel Marzal, S.J Institut français d'études andines - IFEA; Pontificia universidad católica del Perú – PUCP, Limapp.355-374
  10. 2014 «Lima Norte: Desarrollo con identidad en una comunidad histórica del Perú actual. El rol de la iglesia», Summa Humanitatis, vol. 7, N°1 pp. 115-165, Lima http://revistas.pucp.edu.pe/index.php/summa_humanitatis/article/view/8278 
  11. 2019 "La presencia del Padre Armando Nieto en el Archivo de la PUCP" Alerta archivística, Lima, junio 2019, pp.17-18, nº 200, http://textos.pucp.edu.pe/te…/Alerta-Archivistica-PUCP-N-200
  12. 2021 "P. Armando Nieto, siempre animador, siempre acogedor". Armando Nieto Vélez, S.J. (1931-2017) Cuaderno Del Archivo de la Universidad nº 62, pp. 47-48. https://repositorio.pucp.edu.pe/index/handle/123456789/178188

Read More

Como primicia del libro, les comparto la nueva INTRODUCCIÓN por el Año Jubilar por el tercer centenario de su canonización 

El pasado domingo 29 de diciembre del 2024, me encontraba embelesado frente al lienzo de Ribera en la iglesia de la Purísima, dispuesto a procesionar con los fieles de la diócesis de Salamanca para cruzar la puerta santa de la Catedral y lucrar la indulgencia del Año Jubilar 2025 de la esperanza.

Habían pasado 30 años de mi estancia en el Perú y casi 300 de la canonización de santo Toribio Mogrovejo. Y fue en este templo precisamente –por su proximidad al Colegio Mayor de Oviedo en el que se había formado- donde Salamanca lo celebró mediante un concurrido octavario acompañado de cohetes artificiales y hasta dos corridas de toros en la Plaza Mayor.

Cuando el 10 de diciembre de 1726 el Papa Benedicto XIII por la bula Quoniam Spiritus canonizó a Santo Toribio, la noticia conmovió la vasta sede metropolitana de Lima y a toda la Iglesia de Hispanoamérica, denominada por su pastor como la "nueva cristiandad de las Indias".  Salamanca vibró de entusiasmo porque sentía vivamente la huella de su paso por las aulas y el Colegio Mayor de San Salvador de Oviedo con su Rector al frente se encargó de celebrar y contar el acontecimiento en el solemne marco de fiestas barrocas. El 21 de julio de 1727 –unos ocho meses después de la canonización, en diciembre de 1726- Salamanca organizó el más espléndido espectáculo académico de carácter religioso. Todos los colegios mayores, la Universidad, el clero secular, las órdenes religiosas se unieron para aclamar al santo en la iglesia de la Purísima. Durante dos horas y media, cuatro pirotécnicos ayudados de espontáneos estuvieron disparando cohetes. Se trasladó la imagen del santo colegial desde su capilla del Colegio Mayor de Oviedo hasta las Madres Agustinas frente al Palacio Monterrey. Fue una profesión solemne en la que todas las fuerzas vivas de la ciudad tomaron parte. La estatua de santo Toribio, en hábito de colegial con la beca morada de terciopelo fue precedida por las de san Juan de Sahagún y santo Tomás de Villanueva.

300 años después. Con el Papa León XIV, que fue obispo de Chiclayo (Perú), lugar donde murió Santo Toribio ¿Quién conoce a Santo Toribio Mogrovejo, padre de América, forjador de la Iglesia del Perú, el Borromeo de los Andes, patrono de la iglesia de América, el Nuevo Moisés del mundo postmoderno, en frase del Papa Francisco, que supo cruzar orillas, las geográficas, culturales y, sobre todo, ¿la del amor fraterno? La cruda respuesta es que son muy pocos. Haced vosotros la prueba preguntando a la gente. En la empresa americana seguimos hablando de Colón, Pizarro, Cortés, Las Casas. Todos ellos "grandes", pero de algún modo polémicos, alimentando leyendas, negras o rosas. Santo Toribio nos lo pone fácil, crea lazos, tiende puentes, crea familia, forja un pueblo, siembra fraternidad. Dar a conocer su vida, misión y trascendencia es el propósito de la obra que se reedita gracias a la generosa acogida de los lectores que agotaron la primera edición y a la solicitud de los promotores de la celebración del Tercer Centenario de la canonización entre los que se encuentra el Ayuntamiento de Mayorga. La primera edición salió en plena pandemia y, con las prisas, sin prólogo ni introducción. La presente, por el jubileo del tercer centenario de su canonización, incorpora este texto y el sugerente prólogo de Monseñor Luis Argüello, a quien agradezco muy de veras.

Con ocasión del IV centenario del Seminario Mayor Arquidiocesano "San Carlos y San Marcelo" de Trujillo, el Papa León XIV escribió una carta llena de afecto, el 17 de septiembre del 2025, agradeciendo al Señor por los cuatro siglos de historia y recordando también su propio paso por esa casa de formación, donde sirvió como profesor y director de estudios. El Pontífice destacó que la tarea esencial del seminario sigue siendo la misma de siempre: "estar con el Señor, dejar que Él los forme, conocerlo y amarlo, para poder parecerse a Él".

Al final de su carta se refirió a santo Toribio: "Queridos hijos, al concluir quiero asegurarles que tienen un lugar en el corazón del Sucesor de Pedro. El seminario es un don inmenso y exigente, pero nunca están solos en este camino. Dios, los santos y toda la Iglesia caminan con ustedes, y de modo particular su obispo y sus formadores, que los ayudan a crecer «hasta que Cristo sea formado en ustedes» (Ga 4,19). Reciban de ellos la guía y la corrección como gestos de amor. Recuerden también la sabiduría de santo Toribio de Mogrovejo, tan querido en Trujillo, que amaba decir: "No es nuestro el tiempo, es muy breve, y Dios nos tomará estricta cuenta del modo como lo hemos empleado" (cf. C. García Irigoyen, Sto. Toribio, Lima 1908, 141). Aprovechen, pues, cada día como un tesoro irrepetible".

Providencialmente coincide el tercer centenario de la canonización del ilustre universitario salmantino Toribio Mogrovejo -en 1726- con el quinto centenario de la incorporación del dominico Francisco de Vitoria a la Universidad salmantina, en 1526. Lo entiendo y asumo como la mejor lección de su alma mater que también es la mía. Si Alfonso X el Sabio, en Las siete partidas definió la universidad como "Ayuntamiento de maestros y de escolares, que es hecho en algún lugar con voluntad y entendimiento de aprender [todos] los saberes", Mogrovejo no sólo los aprendió de modo notable, sino que los vivió y compartió de modo sobresaliente, santamente.

Te invito cordialmente a que goces de su compañía con la lectura de esta resumida pero documentada y entretenida de su vida y misión. 

Read More