Con gozosa sorpresa me encuentro en "Magníficat" de diciembre 2025 una nota referida a la santa mártir de Moquegua, Fortunata
El sentir colectivo Moqueguano como parte de su cultura, siendo una de las principales festividades religiosas de Moquegua es su "Santa Fortunata" a quien el pueblo Moqueguano rinde culto y pleitesía ,toda la población en general para su desenvolvimiento se desarrollan diferentes actividades como el armado de alfombras florales por todas las calles y avenidas principales en donde la virgen ara su paso dejando la fe y esperanza en cada una de sus devotos y feligreses que son partícipes de la procesión , los sahumerios dejan la fragancia impregnada de tan puro sentir sacro. Santa Fortunata, mártir del catolicismo, muestra del coraje, valentía y ternura de madre.
¿Quién es Santa Fortunata?
Nacida Fortunata en Cesárea, Palestina es probable que su nacimiento acaeciera en la penúltima década del siglo III del Cristianismo entre los años 281 a 287 de nuestra era. Víctimas los cristianos de continuas persecuciones para obligarlos a abjurar de su fe en Cristo en una de las últimas que ha sido llamada "la era de los Mártires, le tocó también a Fortunata, después de crueles suplicios, ser degollada el 14 de Octubre entre los años 298 a 302 por el Emperador Diocleciano, cuando solo contaba con 17 años de edad. Recogido el cadáver de Fortunata por los cristianos, en Roma, fue sepultado en las catacumbas, o cementerio de Calepodio de donde 15 siglos más tarde fueron exhumados sus restos, junto a un vaso de cristal que contenía la sangre de la mártir, en enero de 1793,por orden del Papa Pío VI.
¿Cómo llego a Moquegua Santa Fortunata?
Partió de Cádiz en octubre de 1796, traída por los Misioneros del Colegio de Propaganda Fide de Moquegua. A dos años de su partida del pueblo español de Cádiz, ya con la compañía de 23 misioneros recorriendo África, siguió la ruta de Río de Janeiro, Buenos Aires, Córdoba, Tucumán, Potosí, La Paz, Arica, Ilo y luego las sagradas reliquias del Cuerpo Auténtico de Santa Fortunata traídas por Fray Tadeo Ocampo, hicieron su entrada a Moquegua el 08 de Octubre de 1798 por "El Portillo", donde se levantó un arco de flores, alfombrándose la calle principal para el paso de Santa Fortunata, que conducida en hombros por las matronas de Moquegua fue seguida en medio de lluvia de flores. Una mística leyenda que la tradición transmite hace conocer la predilección que la santa tuvo por esta ciudad.
Refiérese que cuando Fray Tadeo Ocampo, en su viaje trayendo el cuerpo de Santa Fortunata recibía amables y piadosas solicitaciones para dejarlo en diferentes pueblos que recorrió, el cuerpo de la santa poníase tan pesada que era imposible que fuerza alguna la movilizara para desembarcarlo, no ocurriendo lo mismo cuando los mismo cuando su destino fue Moquegua (según lo refiere el historiador Luis E. Kuon en su obra Retazos de la historia de Moquegua).
El 8 de octubre del presente año, se revivió este acontecer que Dios regala a Moquegua, pueblo de acendrado catolicismo. Una de las realizaciones expectantes en 1998 sin duda ha marcado los "200 AÑOS DE LA LLEGADA DE SANTA FORTUNATA A MOQUEGUA" ya que al conjuro de la santa, se conjugan todas las inquietudes espirituales a fin de mantener encendidos el fuego del amor hacia ella, el pueblo lleno de fervor religioso, de amor a su SANTA DORMIDA, en su urna le tributo homenaje en suave paseo procesional que recurrió las calles inundadas de gente, congrego no solo a moqueguanos, sino a muchos fieles que llegaron de diferentes ciudades del Sur (Arequipa, Puno, Tacna, Arica, ). La fiesta tuvo el sabor de los grandes acontecimientos, las calles estrechas soportaron gentíos que con rezos y cantos la condujeron en andas ornadas de flores, para el paso del anda, pero por vez primera esta alfombra tuvo una extensión aproximada de 1,000 mts. Que cubrió todas las calles del recorrido, asimismo con mucho respeto incienso y amor al son de la banda avanzó la procesión, custodiada por el bosque de banderas que portaban las alumnas del Colegio Santa Fortunata.
Se resaltó algunos matices tradicionales, como el repique de campanas, las calles decoradas con arcos de flores y en la plaza de Armas, el municipio le tributó su homenaje declarándola PATRONA ESPIRITUAL DE MOQUEGUA, luego se realizó la misa de fiesta con el elocuente mensaje que diera el padre Matías. El acto conmemorativo al que asistimos tuvo especial importancia tanto para Moquegua como para la iglesia católica. Es extraordinaria la devoción que existe en Moquegua por Santa Fortunata, a la que se le atribuye muchos milagros y según la tradición ha prevenido los grandes acontecimientos que ha ocurrido en esta ciudad. Pasan las generaciones, crece la ciudad, han transcurrido los años y los siglos, pero SANTA FORTUNATA, no tiene tiempo, es actual y sobre su altar colocamos nuestras súplicas, deseos, y agradecimientos.
Santa Fortunata, que permanece en cuerpo presente hace 200 años en esta tierra del sur del Perú, no es obra de escultor, ni pintor alguno, es obra de Dios.
El cuerpo de Santa Fortunata
Algunas personas creen que lo que se tiene en Moquegua de Santa Fortunata es su imagen, Como seria por ejemplo la de la Santa Teresita del Niño de Jesús. No hay tal. Son sus mismos venerables restos. Es decir su propio esqueleto, completo, tal como quedó después de su glorioso martirio. El rostro está cubierto de una especie de mascarilla de cera de abeja, o que parece finísimo yeso, más o menos de un milímetro de espesor. Esta masilla cubre la piel de la cara y de los pies. Lo demás del cuerpo no es más que el esqueleto, cubierto con preciosas vestiduras. Es de admirar que toda la osamenta está fresca y dura a pesar de haber transcurrido, desde su martirio, más de 1.600 años. En la mano derecha tiene una redoma, un depósito de plata, que contiene su sangre solidificada. Los cabellos que cubren su cabeza, son sus verdaderos cabellos. Rubios y largos, que llegan hasta los hombros. Los mismos las pestañas son rubias en sus pies tiene sandalias de plata. Según testimonios reales que fueron recogidos por nuestros antepasados y según algunos historiadores y cronistas moqueguanos que han escrito sobre la vida de Santa Fortunata, refieren que en los primeros cien años de permanencia de la Santa en Moquegua, era tanta la devoción que cada cierto tiempo un grupo de señoras devotas y encargadas de cuidar la urna, atuendos, mantos y ofrendas de oro y plata , se daban tiempo para cortarle las uñas y el pelo que le crecían, además de arreglarle su rostro, bañado con cera especial evitando así el deterioro del tiempo. Como se sabe Santa Fortunata es la única virgen, único caso en el mundo cuyo cuerpo presente ubicado en una urna se le venere con gran fe y devoción y es sacada en procesión cada 14 en una rica urna de indiscretos vidrios que encierra el cadáver de una mujer hermosa de cabellos áureos y serena frente, perfecto el perfil y breve la boca que, dibujando la apacible sonrisa de las almas tranquilas, deja ver dos hileras de dientes diminutos y blancos. Las ondulaciones de la vestidura de seda recamada de oro y plata, donde fulgen las ofrendas innúmeras, le hará pensar en la belleza de unos de senos virginales y erectos y en lo vetusto de unas formas castas. Verá también tras de los vidrios indiscretos, las manos liliales, cuajadas de sortijas, que beatíficamente se Cruzan el busto, los pies calzados por bíblicas sandalias y una redoma de oro donde guarda el tesoro de su sangre. Hermosa Como mujer; respetable Como santa; admirable Como heroína de su causa y envidiable Como amada que es de gentes devotas y sencillas. Así Fortunata la romana, en cuyo rededor la fantasía del vulgo tejió bellísima leyenda, toda poesía, todo misticismo, volver a ser niño piadoso e inocente para poderla creer. Se sabe que Fortunata fue romana y de noble estirpe, que tuvo tres hermanos: Carponio Prisciano y Evaristo y que los cuatro fueron degollados por orden del emperador Diocleciano. Esta es toda la historia que allá se conoce. Lo demás es leyenda, encantadora leyenda, y está en Moquegua porque ese fue su deseo.
La urna de Santa Fortunata
En 1796 don Jaime Severine, custodio de las santas Reliquias y Canónigo de la iglesia de San Marcos en Roma, donó a Fr. Tadeo Ocampo un sólido sarcófago "de color pórfido y ribetes dorados, bien cerrada y atada con un cordel de seda colorada y sellada con nuestro sello" con los restos de Santa Fortunata, exhumados de las Catacumbas de Roma, en el cementerio de Calepodio en 1793. Después del viaje que duró dos años, llegaron los restos a Moquegua en donde permaneció, al parecer, más de un siglo.
En 1916 se bendijo y estrenó la urna que encierra las sagradas reliquias y los documentos o auténtica más la relación autorizada del itinerario seguido hasta Moquegua. Participaron en dicha bendición los religiosos de la Recoleta de Arequipa PP. Rafael Terraz y Francisco Cabré, que habían ido, según costumbre, a celebrar dicha fiesta. La antigua urna en que vino a Moquegua el cuerpo de Santa Fortunata permanece arrinconada en la postsacristìa de la iglesia parroquial. Hoy se sabe que dicha urna se encuentra en un museo particular en la ciudad de Lima.
Fue en 1954 cuando la Sociedad de Artesanos y Auxilios Mutuos "Luz Progreso", que fundada el 1 de Abril de 1977, la había reconocido como su patrona, el presidente de dicha institución de un comité masculino de veinte personas, la mayoría profesores de primaria, para recaudar los fondos necesarios que permitieran la adquisición de una nueva urna, mas decorosa, que respondiera a la veneración que el pueblo todo de Moquegua, rendía a la santa palestina. Dicho comité con Gaspar Zapata Vélez como presidente, César Vallejo Antillaqui en la secretaria, Luis Kuon Cabello en Tesorería y los 17 miembros restantes con la colaboración del pueblo, mediante erogaciones en Moquegua y de los devotos de Toquepala, realización de bailes, quinas, colocación de escarapelas, limosnas en los templos pequeños aportes de los escolares reunieron en tres años (1954-1957), la suma de 29.090 soles, incluyéndose en ellos, 7.200 soles, producto de dos rifas de una radio "Mende" que había en importado 1.710 soles. Como si fuera un designio milagroso de Santa Fortunata las dos veces que en la plaza de armas y con intervención de un notario se llevó a cabo la rifa de la radio, aunque se dio un plazo de algunos meses para retirar el premio, en ninguna oportunidad se presentó a reclamarlo el poseedor del número ganador, por lo que cumplió el cometido del comité, dicho artefacto y 1.219.20 soles que quedaron como saldo, una vez adquirida la urna, pasaron con fecha 30 de setiembre de 1958, a un Comité Femenino Pro Construcción Altar de Santa Fortunata, que con el aludido fin se había constituido.
La firma Ciurlizza Maurer de Lima fue la encargada de construir una urna de 1.80 x 0.65 x 0.80m. Con madera de cedro de Iquitos, tallado a mano, dorada con pan de oro de 24 quilates, vidrios dobles biselados y como artístico aditamento cuatro cabezas de angelitos en los ángulos superiores. Su costo incluyendo gastos de instalación importo en 34.914.90 soles, de los cuales el comité masculino aportó la mitad (17.457.45) soles, contribuyendo con igual suma el comité femenino presidido por Rosa Luna de Villegas y la Congregación de Santa Fortunata, dirigido por la profesora Ángela Barrios de Espinoza, que Fuera fundada el 10 de Octubre de 1915, por el Párroco Celestino Prado.
Como acto preliminar de la bendición de urna, a las seis de la tarde de 12 de octubre de 1957, en el templo de Santo Domingo de acuerdo a las leyes de canónicas, se realizo por el Dr. Carlos Llena Fernández médico jefe de la unidad sanitaria departamental de Moquegua, y por el Dr. Germán Jiménez Gómez, director y cirujano del hospital "San Juan de Dios", el reconocimiento somático de los restos de Santa Fortunata, suscribiéndose a continuación por dichos facultativos el acta respectiva, así como también por el obispo de la Diócesis de Tacna y Moquegua, Monseñor Alfonso Zaplana Belliza, los sacerdotes Anselmo Chávez y Efraín Romaña Osnayo, por las autoridades y asistentes al acto, donde fe de ello en instrumento público que corre en el archivo notarial. A continuación de dicho acto el templo se llenó por completo y se efectuó el traslado de los restos de la santa a la nueva urna, misma que fue bendecida el 13 de octubre a las diez de la mañana pasando casi 50 años donde la santa fue trasladada a la actual urna.
Las joyas de Santa Fortunata
La arraigada fe del pueblo Moqueguano hacia santa Fortunata, se manifiesta en el fervor para celebrar su fiesta, y en el obsequio de joyas de oro y plata, perlas y piedras preciosas y de milagros de plata, en agradecimiento de favores recibidos. Por el gran valor que tenían lamentablemente, en muchas épocas desaparecieron.
Siendo padre guardián del colegio de propaganda FIDE, fray Santiago Masip (1808-1811), se cuido mucho que las reliquias estuvieron con toda decencia y adornadas; las familias moqueguanas respondieron con sus donaciones generosas, según la concepción religiosa de esa época. Al retirarse los franciscanos de este colegio, la custodia del cuerpo y sus ornamentos pasó a manos del colegio nacional "La Libertad".
Al ordenar el obispado de Arequipa el traslado de Santa Fortunata a la iglesia Matriz, para su custodia por todos los fieles, el rector del colegio entregó el cuerpo a la parroquia y las alhajas las puso en manos del concejo departamental. Todavía el 27 de Febrero de 1880, el canciller del obispado imponía al párroco Vicente Salt la obligación de recuperar cuanto antes las alhajas de Santa Fortunata. No se ha encontrado documento que mencione cuál fue el arreglo final. En el informe sobre lo saqueado por los chilenos los días 8, 10, 13, 14 de Octubre de 1880, se menciona la entrega de plata sellada, labrada y joyas de particulares, y de la valiosa custodia de la iglesia de Santo Domingo; no hay referencia específica si las alhajas de Santa Fortunata fueron usadas también para el rescate de la población o fueron escondidas y consideradas intocables, o el concejo departamental dispuso de ellas para obras. Lo comprobado es que según es que según una foto de la urna tomada en las primeras décadas a principios de Este siglo, se muestra la imagen adornada profusamente de ornamentos que la cubrían casi totalmente. El valor total, por el número y calidad de las alhajas existentes, era elevado. El valor de tal magnitud guardado en una urna de cristal y madera, por excesiva confianza de unos y la desidia o indiferencia de otros (en 1918 el capitán de Navío Germán Stiglish indica "los templos están descuidados"), dio oportunidad para un primer robo a la urna en 1926, según nuestra fuente. La población la población fue despertada por el toque a rebato de las campanas de Santo Domingo anunciando la infausta nueva de que urna había sido violentada y extraídos todos los ornamentos y joyas existentes. Santa Fortunata quedo sin ninguno de sus adornos metálicos de valor.
Investigaciones demostraron que los ladrones ingresaron por el vecino local de "La Recoba" y permanecieron toda la noche en el templo, para actuar con tranquilidad en la selección de las alhajas de valor. escogieron las perlas una por una, mordiéndose o golpeándose, ya que las verdaderas no se rompen mientras que las falsas sí, restos de estas se encontró esparcidas en el suelo cerca de la urna que se encontraba ubicada en el altar de San Francisco, al lado derecho del templo. ¿Cuánto se llevaron y cuál fue su valor? No se sabe, porque no había un inventario valorizado. Hoy, aun no existe este documento. Fue acusado de esto el platero Mazuelos y Medardo Zúñiga, pero no se les puso demostrar nada, pese al convencimiento de ese tiempo que ellos eran los autores. Tiempo después, Mazuelos perdió la mano derecha pescando con dinamita, mientras que Zúñiga asesinó a sus hijos, suicidandose después en la cárcel. La opinión popular, tremendamente impactada por la magnitud del robo, explicó estos hechos posteriores como un castigo. Solo se salvó un anillo de brillantes, esto fue explicado diciendo que "la santa volteo la mano para que no se lo vieran".
Otra versión es que si fue Mazuelos porque dejo olvidado el soplete que no conocían que era de su propiedad. Otro robo se produjo en Abril de 1982 en que se sustrajo un disco de plata con el escudo peruano, donado por el presidente de la República Don Manuel Prado en 1941, durante su visita a Moquegua, además de un número indefinido de alhajas, no conocido por la falta un inventario.
En esta oportunidad, la presidenta de la congregación de Santa Fortunata, Srta. Sara Tumba Valdivia, acomodando el desorden dejado, encontró casualmente bajo el manto una diadema escondida, la que hoy adorna a la santa. Se menciona que en 1987 se encontró a la imagen con toda la cabellera revuelta, como si nuevamente se hubieran extraído objetos de la urna. También se ha encontrado el vidrio que queda a los pies de la Santa, rayado Como si hubieran querido robar.
Una Santa arraigada en Moquegua
En Moquegua, como en toda la ciudad provinciana, las fiestas místicas adquieren gran valor emocional. Sea porque el ambiente es propicio, triste siempre, pleno de una tristeza serena y dulce, silenciosa y diáfana; sea porque la fe y la esperanza están muy arraigadas en el alma de esas gentes candorosas y sinceras que poseen la virtud generosa de poner en sus fiestas el inolvidable tesoro que hace felices sus vidas: sea por lo que fuere, lo cierto es que allá, como en toda ciudad provinciana, las ceremonias religiosas son más sugerentes, más sugestivas, más… bellas que en cualquiera de las grandes ciudades.
A su vez las fiestas místicas, son las que alteran el cotidiano vivir de las provincias, dándoles animación y alegría, pero animación calificable de mesura en grado sumo y alegría indudablemente triste. Esto no es una paradoja, porque allá Como en toda ciudad provinciana, siempre hay una tristeza dulce y serena, silenciosa y diáfana y también, porque mi alegría ni animación distinta pueden dar tales fiestas.
Entre todas las fiestas místicas que tienen lugar en Moquegua, quizá ninguna más interesante que la de Santa Fortunata y esto no porque sea celebrada con mayor pompa que las otras, sino porque ella tiene un encanto que las otras, sino porque ella tiene un encanto que las otras no tienen, una particularidad que es ajena a las demás fiestas, que la eleva, que le da mayor valor emotivo, más realidad, más poesía. La Santa Fortunata, que hay en Moquegua no es una efigie de anónimo autor; tampoco es obra de artífice famoso. Santa Fortunata es obra de Dios.
Allá, en su iglesia Santo Domingo está de cuerpo presente; no como Rosa de Lima, convertida en cenizas, sino tal como fue en vida y visible a los ojos de todos.
Quien Penetra a la Iglesia, a la derecha del Altar mayor hallará una rica urna de indiscretos vidrios que encierra el cadáver de una mujer hermosa de cabellos áureos y serena frente, perfecto el perfil y breve la boca que dibujando la apacible sonrisa de las almas tranquilas, deja ver dos hileras de dientes diminutos y blancos. Las ondulaciones de la vestidura de seda recamada de oro y plata, donde fulgen las ofrendas innúmeras, le hará pensar en la belleza de unos senos virginales y erectos y en lo vetusto de unas formas castas. Vera también tras de los vidrios indiscretos, las mas liliales, cuajadas de sortijas, beatíficamente se Cruzan el busto, los pies calzados por bíblicas sandalias y una redoma de oro diz que guarda el tesoro de su sangre. Hermosa como mujer, respetable como santa; admirable como heroína de su causa y envidiable como amada que es de las gentes devotas y sencilla. Así Fortunata la romana, en cuyo redentor la fantasía del vulgo tejió bellísima leyenda, toda poesía, todo misticismo, toda infantil ignorancia que, en mi produce el quimérico deseo de volver a ser niño piadoso e inocente para poderla creer. Se sabe que Fortunata vino a América traída por doce frailes y está en Moquegua porque ese fue su deseo. Cuentan que yendo de viaje tuvieron estos frailes que pernoctar en no recuerdo qué punto. Al día siguiente, pretendieron levantar el cadáver y, se dieron con que pesaba tanto, ni los doce frailes podían levantarlo. Dios inspiro a uno de ellos que nombrara todas las ciudades de América para que Fortunata manifestara donde quería ser llevada. Y fue en nombrado Moquegua que pudieron echarse a cuestas tan preciosas carga, con la al fin llegaron. Pasó el tiempo y de los doce frailes quedó uno solo: Fray Miguel. La vida Fray Miguel es un trágico poema, un delicioso poema de amor y dolor. Fray Miguel pasaba los días de puerta en puerta, pidiendo limosna para el culto de Santa Fortunata; Fray Miguel pasaba las noches extasiado de amor ante la santa ... .y fray Miguel, allí fue hallado muerto una mañana. Cuando la coalición, cuentan, se apareció a los Pierolistas varias veces y hasta proporcionó municiones a quienes no podían continuar la batalla. Cuando los chilenos ocuparon Moquegua, Santa Fortunata, compasiva, sudaba.
Son innumerables los milagros que se le atribuyen y que día a día hacen más tupida la malla de leyenda en que está envuelta.
En nuestros días no existe por desgracia, un fray Miguel que tenga por vida un trágico poema; en nuestros días no hay por desgracia, combates en la que la santa proteja a sus devotos; ni suda después de una derrota, ni le crecen las uñas y el cabello. Pero, a pesar de todo en nuestros días se le rinde homenaje, se le hace una fiesta que es quizá la más interesante de todas las que allí se realizan y que, como todas, alegra al cotidiano vivir de esa ciudad en que siempre hay una tristeza serena y dulce, silenciosa y diáfana.
En la guerra del pacifico
Por el terremoto del 13 de 1868, se venera Santa Fortunata en la Iglesia Parroquial de Santo Domingo, hoy Co- catedral de Moquegua, ante uno de los hermosos retablos de cedro que se encuentran en los costados del crucero, en el altar de San Francisco en cuya parte inferior se halla la urna, cubierta con lienzo de terciopelo rojo que alguna mano piadosa descorre ante los fieles o el visitante que brindarle quiera con limosna la ofrenda de su veneración. El día 14 de Octubre se realizaba la misa de fiesta diaconada, no había procesión y la santa era nuevamente cubierta terminado el oficio, que se realizaba en su mismo altar del retablo, no se movía la urna. En 1879 la guerra del pacifico afectaba las actividades de Moquegua. El esfuerzo económico se dirigía a formar columnas de voluntarios para la defensa. En 1880, el 14 de Octubre encontró a la población refugiada en el templo de santo domingo, mientras que los chilenos saqueaban la población para cubrir el cupo impuesto a la Ciudad.
"Cumplió las 24 horas del plazo fijado, a las tres de la tarde del día 8 de Octubre, Salvo y las fuerzas chilenas ocuparon la ciudad "…"un grupo de matronas moqueguanas no olvidando que por sus venas corre sangre de próceres y valientes, encabezadas por Dominga de la llosa de Durand, María Noel de Tizón, Manuela Sozano de Barrios, Agueda Vizcarra de Angulo, Jesús Fajardo de Zapata y Clara Fajardo, entre otras, vestidas de riguroso luto, después de postrarse ante Santa Fortunata, con altivez se dirigían en cortejo a la plaza de Armas, ante el jefe invasor comandante Juan de la Cruz Salvo, para pedirle prórroga del plazo por no haber podido reunir, pese a sus esfuerzos, el monto de la cantidad impuesta, al mismo tiempo que exigen garantía para las mujeres y protección para los ancianos y niños. Ante la negativa del araucano…Sigue un silencio embarazoso y luego María Noel de Tizón, le dice al jefe chileno: las moqueguanas sabremos defender la santidad de nuestros hogares y el honor de nuestras hijas. La misma señora ante la insensibilidad del chileno, les dice a sus compañeras: "vamos señoras, parece que a este hombre no lo hubiera parido una mujer". Duras palabras que aniquilaron la arrogancia del frio agresor, la que arranca del jefe chileno, el consentimiento para prorrogar en 24 horas el pago del cupo que fuera anteriormente rebajado, de cien mil a sesenta mil pesos. Como no cubría el monto exigido, el 10 de Octubre se tuvo que entregar la valiosísima custodia de oro y piedras preciosas a través del Cura Coadjutor Vicente Salt.
Lágrimas, dolor, destrucción y humaredas de los incendios en las haciendas del valle. La ciudad no fue incendiada pero su saqueo fue minucioso y su industria vitivinícola fue destruida, perdiendo el sostén económico de Moquegua. Cuentan que santa Fortunata, compasiva, sudaba. El 14 de Octubre de 1883 se encuentra en Moquegua nuevamente ocupada por dos batallones chilenos con 7,400 hombres y con su cuartel general en el Alto de la Villa.
Por las circunstancias actuales, sólo se mandó decir una misa diaconada, con músicos y las tres salvas respectivas. Esta se realizó a las 8 de la mañana. El templo se llenó de fieles unidos por la fe en Santa Fortunata y las salvas de la misa fueron un estruendo de protesta de la indefensa Ciudad al invasor Chileno.
Reconocimientos y distinciones a Santa Fortunata
• Por RESOLUCIÓN MUNICIPAL Nº 072-90-MUNIMOQ del 14 de Octubre de 1990, se declara a "SANTA FORTUNATA" como "PATRONA ESPIRITUAL DE LA CIUDAD DE MOQUEGUA."
• Por bicentenario de residencia le entregaron LAS LLAVES DE LA CIUDAD por parte de la MUNICIPALIDAD DE MOQUEGUA y resolución de reconocimiento en el año de 1998.
• Resolución Directoral Nacional N° 574/INC
https://web.archive.org/web/20160304120814/http://www.santafortunatamoquegua.com/category/historia
https://es.magnificat.net/digital
Missionari insegnamenti. Scritti in onore di P. Fidel González Fernández MCCJ in occasione dell' 80 genetliaco a cura di Filippo Lovison. B
Missionari comboniani del Cuore de Gesu, Provincia della Spagna, Roma 2025, Editorial Mundo Negro, pp.673
El protagonista es uno de los historiadores de la Iglesia más destacados en este momento, el P. Fidel González, misionero comboniano, miembro de Comunión y Liberación, catedrático en la Urbaniana y Gregoriana y que desde junio de 1985 a julio de 2024 había participado en 4597 causas de martirio y 771 de confesores en los siglos XVI, XVIII y XX. Ha sido el creador e impulsor de la plataforma digital https://dhial.org/ Diccionario de Historia Cultural de la Iglesia en América Latina con 1500 voces y 350 autores. La oportunidad ha sido el hecho de cumplir sus 80 años.
El cuidado de la edición corre a cargo de Filippo Lovison, barnabita, historiador y teólogo, docente de varias universidades en Roma y consultor del dicasterio de la Causa de los Santos. Escribe el prefacio el Cardenal Miguel Ángel Ayuso Guixot, comboniano, prefecto del dicasterio para el diálogo interreligioso, fallecido el pasado noviembre del 2024, compañero del P. Fidel, quien pondera el celo misionero y su buen hacer como historiador y teólogo.
Sigue el saludo del jesuita Marek Inglot, presidente del Comité Pontificio de Ciencias Históricas, reconociendo el magisterio del P. Fidel y su total entrega al servicio de la Iglesia en el campo de la enseñanza, la misión, la santidad.
La obra básicamente se compone de un primer apartado de 21 estudios científicos por parte de 22 autores de carácter misional, histórico, teológico escritos en su mayoría en italiano, aunque cinco están en español, uno en francés y otro en inglés. Enumero los notables colaboradores por orden alfabético: Agostino Bertolotti, Alberto Parise, Arturo A. Rocha, Bernard Ardura, Carlos Salinas, Cosimo de Iaco y Peter Paul rom, Delio Mendonça, Eduardo Chávez, Enrico Uberti, Gianfranco Ravasi, Giovanni Rizzi, Gustavo Watson, Javier Prades, Jesús Sanz Montes, Jorge Carlos Naranjo, María Carmela de Marino, Mario L. Grignani, Massimiliano Ghilardi, Roberto Regoli, Vincenzo Criscuolo, Yvonne Donna Schlobitten
Un segundo apartado "Ricordi e testimonianze" con 7 colaboraciones entre las que me honran con la propia que tuvo como fuente mi entrevista en PAX TV, en Lima, en el 2008 (pp.573-586). El título del programa fue "Los santos en la historia de la Iglesia", pero también relata su trayectoria como historiador, misionero y docente, durante una hora.
El tercer apartado se centra en "lo storico delle missioni" y se articula en cuatro capítulos: vida y obras, publicaciones de carácter histórico, consultor del Dicasterio de las Causas de los Santos, su labor en la Facultad de Historia y Bienes Culturales de la Iglesia de la Gregoriana.
Se incluye al final un significativo álbum fotográfico que nos brinda escenas entrañables del homenajeado como la de su primera misa en Madrid, el 30 de junio de 1967, su misión en Uganda, una a caballo por Huánuco, varias con los Papas Juan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco.
Justo y merecido homenaje a tan fervoroso misionero, historiador riguroso, maestro ejemplar, director de múltiples tesis doctorales, guadalupano insigne, intrépido divulgador de historia de la Iglesia en internet, sacerdote y religioso de pies a cabeza, al estilo de don Comboni.
La obra se presentó el pasado 26 de mayo, en el aula de las Tesis de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, en el marco de un acto académico para homenajear al P. Fidel González Fernández, con motivo de su 80 aniversario y como reconocimiento a su amplio trabajo como profesor en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma y en la Universidad Pontificia de Propaganda Fide así también su reconocimiento como miembro del Dicasterio para las Causas de los santos de la que es miembro desde hace 40 años.
En el acto estuvieron presentes: P. Mark A. Lewis, S.J., Rector de la Pontificia Universidad Gregoriana; el P. Paul Oberholzer, S.J., director del departamento de Historia de la Iglesia de dicha universidad, así como el P. Mark Inglot, S.J., profesor de la facultad y presidente del Comité de ciencias religiosas, y del P. Jaime Calvera, misionero comboniano y director de la Editorial Mundo Negro de España. Dicha Editorial ha publicado el libro que homenajea al P. Fidel González titulado Enseñanzas misioneras (Missionari Insegnamenti), que recoge los trabajos y aportaciones de los más de treinta y cuatro autores de diferentes instituciones universitarias, eclesiásticas, religiosas y culturales esparcidas por todo el mundo.
El P. Fidel González agradeció al final con unas palabras muy emotivas la presencia de los asistentes, así como los trabajos que ha comportado la publicación de esta preciosa obra, que ha pasado a enriquecer el amplio catálogo de la Editorial Mundo Negro, especializada en temas de África y del mundo misionero.
Celebrar es mirar al pasado recordando -hacer memoria y pasar por el corazón- para agradecer bienes recibidos, mirar confiados y esperanzados a un futuro con horizontes, para ver el hoy con realismo y pasión. Cada año, cada aniversario lo vive BASIDA con entusiasmo. Y BASIDA es una familia fecunda que siempre incorpora nuevos miembros a sus ansias de amar.
El aniversario comenzó el sábado, 29 de noviembre, a las 18:00 horas, con la inauguración de la XXV Muestra del Belén, elaborada por los propios residentes y voluntarios de la Casa de Acogida. Su apertura contó con la actuación del grupo de música folk "Aljibe". Los actos continuaron el viernes 12 de diciembre, a las 18:00 horas, con la actuación de la Escuela de Danza y Artes Escénicas "Palmira", el sábado 13 de diciembre con una jornada intensa de convivencia y celebración con el XXIV Torneo de Fútbol-Sala, seguido del XIII Concurso Gastronómico, a base de pizzas, tostas y pastelitos y el musical "Ángeles" creado y dirigido por Ricardo Langreo Valverde e interpretado con música y voces en directo por un amplio elenco de profesionales y, sobre todo, miembros de BASIDA. Las celebraciones culminaron el domingo 14 de diciembre con la Eucaristía presidida por el obispo auxiliar de Getafe, como acción de gracias por estos 35 años de misión.
Acabo de experimentarlo con los 35 años de su primera casa, la de Aranjuez. Y como los grandes momentos de la vida: con la misa, la mesa y la sobremesa. La misa la presidió Monseñor José María Avendaño, obispo auxiliar de Getafe, quien no ocultó su gozo por volver como hermano a la que siente su familia y recordó la primera visita del primer obispo Monseñor Francisco José Pérez y Fernández Golfín por 1990, hace 35 años, en la que se comprometió a estar siempre presente. En su entrañable homilía nos manifestó cómo BASIDA a lo largo de estos 35 años era una prueba de la existencia de Dios, de su paciencia y de su predilección por los más pobres y pequeños.
Al final de la Eucaristía, Visi Adán, como responsable, agradeció a todos los presentes a quienes nos recordó que en BASIDA nadie es más que nadie porque todos -desde el obispo, pasando por el alcalde, el residente, el voluntario, el invitado- somos hermanos. Y, en este tono familiar, nos compartió cómo la providencia divina funciona siempre y si asumes el riesgo de abandonarte en ella ¡nunca falla! Recordando a Santa Teresa de Calcuta, inspiradora de la obra, nos dijo que Dios confirma que no ha encontrado comunidad más pobre para manifestar su grandeza, y que Dios lo ha hecho todo y lo que Él hace ¡está bien! Han sido 35 años para evidenciar que la mayor plenitud de la vida es la entrega total a su voluntad, con la mano puesta en el arado y sin mirar atrás.
Como acción de gracias de la Misa pude disfrutar del gigantesco Belén creado por Pepín, quien, con 93 años, sigue acudiendo puntualmente a la cita, como testigo de creatividad, detallismo, devoción y bondad, legándonos un Nacimiento encarnado pues presenta las figuras del misterio en los bellos parajes en los que se ubica BASIDA, Aranjuez, Manzanares y Navahondilla.
A continuación, una fraternal comida, abundante, apetitosa, en la que gracias al buen hacer de Pajito y todo el equipo de cocina, responsables y voluntarios se experimentó el vivir en familia, el trocito de cielo que es BASIDA.
Como broche final de aniversario tan especial se ofreció una nueva representación del musical "Ángeles". Fue presentado por Visi, responsable de BASIDA, quien enfatizó que el lema elegido para este año 'De tu mano siempre' expresa el espíritu de una comunidad formada por residentes, profesionales y voluntarios que, durante más de tres décadas, han construido día a día un espacio de dignidad, cuidados y esperanza, convirtiendo a BASIDA en un referente de atención humana y solidaria». Y, en particular, el musical rescata la silenciosa tarea de acompañar a 1.500 vidas, muchas de ellas muy rotas pero que -gracias a estos ángeles sin alas- han logrado un sentido y una vida plena. Todo un año de preparación de decorado y atrezzo, luces y sonido, investigación de 16 historias increíbles, letras y músicas, puesta en escena, han logrado contar y cantar un relato lleno de vida plena que nos convida a seguir creyendo en un mundo en el que amor siempre tiene la última lección.
MÁS DATOS:
https://www.youtube.com/watch?v=nPPQrwiDh6Q&t=50s
https://www.instagram.com/basida.org_/
https://revistaestar.es/voluntariado-en-basida-amor-sin-medida/
San P. Faustino Míguez. Presbítero Escolapio y Fundador (1831-1925)
Nace en Xamirás, una aldea de Acevedo del Río, Celanova, en la provincia de Orense, el 24 de marzo de 1831. Bautizado al día siguiente, 25 de marzo, festividad de la Encarnación, en la iglesia parroquial con el nombre de Manuel. Recibe el sacramento de la confirmación en 1832. Es el cuarto hijo de una familia cristiana y trabajadora. Cada mañana y cada tarde, Dios se hace presente en este hogar con la oración sosegada de la familia unida en torno al fuego. Crece en ambiente de fe en Dios donde aprende la oración, el amor a María, la solidaridad con los más necesitados y la responsabilidad en el trabajo. El hogar familiar del santo era de grandes virtudes reconocidas por sus convecinos.
A los 16 años sale de su casa para iniciar los estudios de Latín y Humanidades en el Santuario de Nuestra Señora de los Milagros, en Orense, con la idea clara de ser sacerdote. Allí, más tarde, siente la llamada de Dios a ser sacerdote y maestro según el espíritu de S. José de Calasanz. Permaneció en este Santuario desde 1847 a 1850.
Progresó en el amor a la Virgen, razón de ser de aquel lugar, y de Ella recibió la lección del servicio, de la sencillez, de la fidelidad.
Ingresa en el Noviciado de las Escuelas Pías de San Fernando, en Madrid, el año 1850 donde toma el hábito escolapio el 5 de diciembre del mismo año, con el nombre de Faustino de la Encarnación.
El final de su preparación sacerdotal coincide con un periodo trágico para la iglesia, 1854-1856. Espartero está en el poder, se llevan a cabo todo tipo de vejaciones de docentes, cierre de seminarios, etc. Pero nada de esto le detiene en sus ideales de entrega. Está dispuesto a ofrecer su vida a Dios "cueste lo que cueste".
En 1855 fue ordenado diácono y Presbítero el 8 de marzo de 1856 en la parroquia de San Marcos de Madrid por el Obispo de Burgos Osma.
Su primer destino fue Cuba. La presencia de los Escolapios en la Isla fue debida al gran interés del gobierno español, que quiere seguir teniendo en sus manos la formación de los futuros maestros de Cuba, aún colonia española.
En su larga trayectoria escolapia, son casi 50 años dedicados a la educación. Destinado a los colegios de San Fernando, Guanabacoa (Cuba), Getafe, Monforte de Lemos, El Escorial y Sanlúcar de Barrameda. Fue profesor de Latín, Historia, Álgebra, Geometría, Retórica, Geografía, Agricultura, Física y Química, Historia Natural, Higiene y Francés.
Destacó, sobre todo, como profesor de Ciencias naturales. Se prepara cada día para desempeñar su misión educadora, trabaja incansablemente, y estudia con tenacidad, porque está convencido de que "quien hace voto de enseñar lo hace también de aprender".
Vive su consagración a Dios en la entrega a los niños y jóvenes con preferencia los más pobres y necesitados, "los pequeños, los sencillos", le han robado el corazón. La escuela es para él el lugar de encuentro con el Señor servido y amado en los más pequeños. Quiere informar a los alumnos en el amor de lo que es verdadero, noble, grande y sublime. Son reveladoras las palabras de uno de sus alumnos: Era muy afable y cariñoso… nos trataba y se comportaba con cada uno de forma justa y equitativa.
Estaba convencido de que el mejor camino para renovar la sociedad y hacer la felicidad humana es la educación, a la que consideraba la obra más noble, la más grande y la más sublime del mundo porque abraza a todo el hombre tal como Dios lo ha concebido. Es la obra divina, la creación continuada, es la altísima misión de la Escuela Pía, misión del mayor interés y de la importancia más decisiva para la dignidad y dicha del individuo y de la familia como de la sociedad entera.
Hombre con grandes dotes científicas. No pasó de largo ante el dolor físico de los hombres de su tiempo, sobre ellos quiso derramar el aceite del amor y de la ciencia para aligerar el peso de su sufrimiento.
Fue en Guanabacoa donde observa el uso de los habitantes de las plantas con fines terapéuticos, y se siente atraído por ello. Puso sus estudios y dotes científicas al servicio del que sufre la enfermedad. Como el samaritano que recorre los caminos del mundo, desde su mirada atenta, no pasa de largo ante el dolor físico de sus hermanos, los hombres. Supo derramar sobre el enfermo el aceite del amor y de la ciencia para aligerar el peso de su sufrimiento. Faustino tiene la ocasión de conocer más de cerca y de forma más continuada la utilidad terapéutica de las plantas.
Inicia sus experimentos con la flora del país que continúa a su regreso a la Península. En 1872 el Ayuntamiento de Sanlúcar de Barrameda le encargan el análisis de las propiedades curativas de las aguas de los manantiales de la ciudad. Elabora unos preparados medicinales, que en el año 1922 son registrados en Sanidad con el nombre de "Específicos Miguez", dando origen a unos de los legados del P. Faustino, el "Laboratorio Miguez". Este surge de la conjunción de varios rasgos característicos en él: caminar cercano a las necesidades de los hombres, la preocupación por el que sufre en el cuerpo, el amor a la ciencia y la convicción que tiene que Dios ha puesto en la naturaleza los medios suficientes para curar la enfermedad, y precisamente en las plantas.
En 1861 Dios le pide de nuevo que se ponga en camino y esta vez es Getafe. Este destino es para Faustino lugar de crecimiento y maduración. Son 8 años de profundo ministerio como escolapio-maestro y director de internos, de intensidad espiritual con sabor a donación y confianza plena en Dios que le salva.
En 1888, vuelve por segunda vez a Getafe, donde pasará los últimos 37 años restantes de su vida, casi la mitad de toda su vida. Su dedicación y entrega a los niños continúa siendo total y desinteresada. Los años pasan y le llega el momento de la jubilación como docente. Pero sabe que en otros campos no es posible la jubilación porque el ser humano sufre bajo el peso del dolor y está necesitado de escucha y de reconciliación y a ello se dedica intensamente. Y Getafe es para él, la experiencia del gozo del silencio. A los 94 años, el Señor le llama a gozar eternamente de su amor.
El P. Faustino sabe que las niñas de su tiempo son "las esposas y madres del mañana", descubre en ellas "al apóstol de la familia, la parte más interesante de la sociedad, la portadora de paz, y el alma de la familia ".
Desde su experiencia, descubre la necesidad que tiene la niñez femenina de alguien que le guíe por el camino de la promoción humano-cristiana. Su respuesta para hacer presente el Reino entre los marginados con un nuevo proyecto de fundación: la Congregación de Hijas de la Divina Pastora cuyo fin es:" formar el corazón e ilustrar la inteligencia del bello sexo para hacerlo culto y civilizado según el espíritu de Jesucristo, a fin de que sea un día el alma de la familia y la salvación de la sociedad". La Congregación se extiende pronto por varios lugares de España, y en 1923 las Religiosas se hacen presentes en diversos países de América y África. Como ellas afirman: "Las Hijas de la Divina Pastora Calasancias nacimos de la respuesta generosa de P. Faustino, cuyo corazón vibró al son del corazón de Dios y escuchó el clamor de la mujer en Sanlúcar. Como calasancias descubrimos en la educación el camino para renovar y transformar la sociedad, desde un estilo pedagógico muy concreto, y como pastoras, buscamos y encaminamos a niños y jóvenes, al estilo del Buen Pastor, hacia Dios".
El P. Faustino fue un hombre al que sólo Dios llenó su corazón. Su camino en este amor se orientó hacia la entrega de los niños y jóvenes: sus discípulos, los pobres, los enfermos y cuantos acudían a él experimentaron la bondad de su alma. Sabe que la vida en un don recibido para darlo generosamente. Su frase preferida: dejemos obrar a Dios que sabe lo que nos conviene.
Su larga vida consagrada al Señor termina en Getafe el 8 de marzo de 1925. El 25 de octubre de 1998, el P. Faustino fue Beatificado en Roma, por el Papa Juan Pablo II.
El 15 de octubre de 2017 fue canonizado por el papa Francisco en la plaza de San Pedro de la Ciudad del Vaticano. A San Faustino Míguez le acompañaron en la plaza más de 1.500 peregrinos de la familia calasancia llegados de los diez países en los que las Hijas de la Divina Pastora están presentes. El cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, encabezó la delegación eclesial española, al que acompañaron otros quince prelados ligados a la familia calasancia, entre ellos, el obispo de Getafe, Joaquín López de Andújar, y el obispo de Ourense, Leonardo Lemos. Durante la ceremonia, la familia de la chilena Verónica Stoberg, por cuyo milagro el sacerdote español ha subido a los altares, entregó al Papa la reliquia de San Faustino. Madre Julia García Monge, que hasta hace unos meses ha sido secretaria general de CONFER, leyó la primera lectura, mientras que Otras dos religiosas calasancias –una española y otra india- participaron en las ofrendas.
Además, en representación de España y de la familia calasancia, la Real Banda de Gaitas de la Diputación de Ourense irrumpió al finalizar de la eucaristía en medio de una gran expectación de los congregados en San Pedro. Los gaiteros estrenaron para la ocasión dos piezas en exclusiva para: la marcha procesional de San Faustino Míguez y la Muñeira del Papa Francisco
La Iglesia reconoce la santidad de este gallego incansable cuando la Familia Calasancia –integrada por una decena de congregaciones- celebra un Año Jubilar con motivo del 400 aniversario de la fundación de la Orden de las Escuelas Pías y cuando se cumplen 250 años desde que San José de Calasanz subiera a los altares.
Junto a Faustino Míguez, el papa Francisco ha canonizado a los adolescentes mexicanos Cristóbal, Antonio y Juan, los conocidos como mártires de Tlaxcala, que fueron asesinados en México en 1529, siendo los "protomártires de México y de todo el continente americano"; un grupo de misioneros de Brasil que fueron martirizados en 1645 en la región del Río Grand, los sacerdotes Andrés de Soveral y Ambrosio Francisco Ferro, el laico Mateo Moreira y veintisiete compañeros más; el capuchino italiano Ángel de Acri (1669-1739), que fue un conocido predicador que ha dejado una profunda huella en toda Italia.
Pasión por la verdad. Faustino Míguez, Sch.P.
Ángel Ayala Guijarro, Sch.P, postulador de los Escolapios
Leyendo el Proemio de las Constituciones de san José de Calasanz a cuatro siglos de distancia me sigue impactando la rotundidad de sus expresiones y la claridad con la que el santo va exponiendo las claves esenciales de la identidad de las Escuelas Pías. La centralidad del ministerio educativo, el horizonte de felicidad personal que propone como objetivo último de la misión, la referencia a la Virgen María y al evangelio de Jesús como ejes vertebradores de una propuesta de vida cristiana accesible a todos, o la importancia de discernir y ofrecer un itinerario formativo capaz de sostener una entrega cada vez más consistente y libre sorprenden por su frescura y actualidad.
A su luz es posible contemplar la cadena ininterrumpida de compasión y solidaridad que caracteriza a la obra calasancia: más de cuatrocientos años de respuesta fiel a una llamada que encuentra en Calasanz y en su modo de educar el estilo con el que teñir el itinerario personal de seguimiento. Quizás es por esto que al contemplar hoy la trayectoria de Faustino Míguez, Sch. P (Xamirás, 1831- Getafe, 1925) se actualizan las palabras del texto:
"Los medios necesarios que nos transformen en idóneos cooperadores de la verdad, se esperarán, con actitud humilde, de Dios Omnipotente, que nos ha llamado como operarios a esta mies fertilísima" [Co 3]
Faustino acierta a convertir su existencia en una continua búsqueda de la verdad, que desde sus primeras mociones vocacionales le dirigirán a las Escuelas Pías, auténtica tierra prometida en la que anclar el proyecto de seguimiento de Jesús al estilo de Calasanz y compartirlo con otros. Su itinerancia por Guanabacoa, Celanova, El Escorial, Monforte de Lemos, Sanlúcar de Barrameda y Getafe se tiñe con los tonos fuertes de la honestidad personal que no entiende de medias tintas y se inclina siempre hacia el débil, el pequeño y el necesitado.
En él descubrimos al escolapio apasionado por la verdad; una pasión que le hace alzar la voz e introducirse a veces en los terrenos movedizos de lo políticamente incorrecto, enfrentando el criterio propio a las decisiones no siempre clarificadas de los superiores. Apasionarse por la verdad le acarrea sufrimientos e infamias de los de dentro y los de fuera: acusaciones que rebate con ímpetu y decisión para defender cuanto cree justo y recto. Actitud y carácter que le convirtieron en presencia incómoda por cuestionar lo que "siempre ha sido así" o lo que simplemente no era "conforme a la verdad". Con todo, esa pasión por la verdad le llevó a ser consecuente y fiel con la llamada recibida, permaneciendo hasta el final de sus días como miembro vivo y dinámico de la Orden.
Su cooperación con la verdad divina le acredita como escolapio, invitando a cuantos formamos parte de las Escuelas Pías a confrontarnos también con el Proemio de las Constituciones calasancias renovando nuestra opción de apostar decididamente por cuanto contribuye a la plenitud, la vida buena y a la felicidad de los prójimos. Quizás convenga también recordar hoy de la mano de Faustino que es imposible apasionarse sin pagar el peaje del sufrimiento.
MÁS DATOS: https://historia-hispanica.rah.es/biografias/29758-san-faustino-miguez, Sacramento Calderón, SChP
https://www.vidanuevadigital.com/2017/10/15/papa-canoniza-faustino-miguez-santo-del-al-amor-final/
https://www.vidanuevadigital.com/carisma/la-canonizacion-del-p-faustino-fidelidad-amor/
¡La gran noche de la Vigilia de la Inmaculada!
Anoche, 7 de diciembre, peregrinaba desde Moncloa a Atocha -basílica de María Auxiliadora- para la Vigilia de la Inmaculada. Al ver tanta muchedumbre de gente por las calles como los del Evangelio "como ovejas sin pastor", recordaba la célebre canción de Raphael "¡puede ser mi gran noche!". Y fue "la Gran Noche", la que hizo desaparecer las tinieblas por obra y gracia del Espíritu Santo, iluminando mediante una estrella radiante: La Inmaculada, la toda santa, la sin pecado. Gracias a Ella, el pecado no tiene la última palabra, el mal ha sido vencido, la desesperación se ha convertido en Esperanza. Y todo por que gracias a su "Sí", -como reza el lema de la presente vigilia y cantamos a lo largo de la ceremonia- nos ha puesto junto a su Hijo. Gracias, nos has adelantado la Navidad con esta gozosa presencia.
Y lo constatamos con el rezo fervoroso del rosario dirigido por jóvenes y familias, por el entrañable testimonio de un laico consagrado -Jorge- que tras un serio discernimiento y un año de misión en el Perú se hace cruzado de santa María, y por el emocionante compartir al alimón de una joven de Taiwán -Esther- que junto a Chema se promete en matrimonio a lo divino, y en el del joven José María, diácono, que espera con ilusión ser ordenado sacerdote en la Pascua del 2026.
Y en el constante fluir a los ocho confesores que a lo largo de la noche administraban el sacramento de la misericordia, confiriendo el don de la paz, la esperanza, la alegría.
Presidió la celebración el P. Aurelio Cayón, vicario de vida consagrada en la archidiócesis de Madrid, quien agradeció a los organizadores, a los anfitriones PP. Salesianos por su acogida, al coro y a todos los fieles, por acudir al homenaje a la Inmaculada, centrándose en su homilía en tres palabras: bendecidos, elegidos, destinados como María para salir al encuentro con los fieles de la calle y llevarles a Cristo y el sí de la Inmaculada.
Se respiraba un ambiente de frescura, de disponibilidad, de familia, en la muchedumbre que colmaba la basílica. Y costaba despedirse a pesar de lo avanzado de la noche. ¡Qué bien se está aquí! ¡Qué gusto sentir la presencia maternal de la Madre que nos ha puesto con su Hijo, camino, verdad, vida!
Y en la noche abigarrada del corazón de Madrid brillan las estrellas, preludiando la Navidad que ya se acerca. ¡Ven, Señor, ven, ven que esperamos!
Manuel DE LOS REYES: Juan Duro González (1870-1945): Evangelización y laicado en Valladolid (Desde la Compañía de Jesús) (Amazon, Madrid, 2025, pp.198)
Saludamos el cuarto libro del autor, siempre en aras de brindarnos la formidable contribución de la Iglesia de Valladolid a lo largo del recio y bullicioso periodo de fines del siglo XIX y fines del XX. Dos de tipo institucional y los otros de tipo biográfico. El primero "La Casa Social Católica de Valladolid (1881-1946)" (Encuentro 2013) el segundo "Economía social en Valladolid. Caja de Ahorros Popular-Casa Social Católica (1947-1990)" (Encuentro 2016). El tercero "Una luz encendida en la ciudad: Marcelino de la Paz, S.J. (1842-1932)" gira en torno a la fulgurante personalidad y casi desconocida del apóstol jesuita. El presente, el cuarto, "Juan Duro González (1870-1945): Evangelización y laicado en Valladolid (Desde la Compañía de Jesús)" nos brinda la fisonomía de un líder laico, padre de familia, forjado al calor de la obra educativa y social de los jesuitas, promotor de la presencia pública de los católicos según los postulados de la Doctrina Social de la Iglesia.
El libro se articula en diez apartados. Comienza con la "Introducción" que es una suerte de bienvenida a la obra, compartiéndonos de modo sintético, un adelanto, así como los entretelones de su génesis, trayectoria y desarrollo, que tiene mucho que ver con el jesuita P. Jesús San José y José María Duro Roca, nieto del protagonista.
El primero "el tiempo de la memoria" (7-10) contextualiza el marco temporal de la Compañía de Jesús desde su llegada a Valladolid, pasando por el momento álgido de Bernardo de Hoyos y el amargo camino del destierro.
El segundo se centra en su "infancia y juventud" (11-62), aunque continúa con la historia corporativa de los jesuitas ("retorno de la Compañía de Jesús a Valladolid"), su infancia y juventud, con los estudios en el colegio de San José y la Universidad, su integración en la Asociación Católica de Escuelas y Círculos, su vida familiar y su pertenencia al apostolado de la oración, adoración nocturna y Hospitalidad de Nuestra Señora de Lourdes.
El tercero "la maduración de su vida en el liderazgo de las obras" (63-106) se refiere en concreto al colegio san José, la asociación de antiguos alumnos y la aplicación de la Doctrina Social de la Iglesia en torno a la Casa Social Católica.
El cuarto "tiempos de penuria y quiebra de la vida social" (107-146) se centra en el desarrollo de su obra y misión en los años difíciles de la dictadura de Primo de Rivera, la república anticatólica que llega a cosechar como mártir al Hermano José Sanz Tejedor (San Cirilo Bertrán) que fue director de las Escuelas de la Casa Social, la guerra civil.
El quinto "posguerra y reorganización de las obras (1939-1945) (147-160) rescata toda la gran tarea de restaurar y poner al día la poderosa acción social y educativa acometidas. Se menciona el Monumento recordatorio a los mártires y héroes por Dios y por España, el rumbo del Colegio Mayor "Menéndez Pelayo", la Residencia Universitaria, las bodas de plata de la AAA, las crónicas del Colegio San José, la venta del inmueble de la Casa Social y el retorno a Ruiz Hernández.
El sexto "todo está cumplido" (161-174) se refiere a los últimos momentos de su esposa Manuela Rodríguez, así como los del propio protagonista, su muerte, la continuidad institucional y familiar, los homenajes.
El séptimo "a modo de epílogo" (175-184) recoge alguno de los frutos sazonados de tan generosa siembra. La pervivencia del Colegio San José, Las "Escuelas de Cristo Rey" generadas a partir de la venta del inmueble de la Casa Social Católica, las renovadas Comunidades de Vida, la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús, la parroquia de Nuestra Señora del Pilar en Vadillos y del Carmen de las Delicias, la obra educativa del P. Marín Triana transformada en el centro concertado Safa-Grial surgida al calor de la Caja de Ahorros Popular, DESOD y CEDECYL al calor de la Casa Social Católica.
El octavo (185-187) contiene dos anexos, el de la genealogía resumida de Juan Duro y el de los créditos fotográficos (186) con el de índice (197) de123 decisivas fotografías que nos ayuda a dar rostro al personaje, a su familia, así como a la obra acometida, en las coordenadas de tiempo y lugar.
El noveno "bibliografía" (187-196) nos da cuenta de la calidad de las fuentes usadas para el trabajo y que divide en cuatro apartados: bibliografía general, guía de obras publicadas durante la restauración de la Compañía en Valladolid, selección de artículos de "Vallisoletana" y los 19 números publicados en Fondos Documentales de la Casa Social Católica de Valladolid.
Una mirada hacia el pasado reciente, el que se inicia a finales del siglo XIX y alcanza la posguerra española, nos desvela a un personaje fascinante en el horizonte de la educación y la acción social de su tiempo, vinculada con la restauración de la Compañía de Jesús en Valladolid y el desarrollo programático de la encíclica Rerum novarum, del papa León XIII, por tierras castellanas: Juan Duro González-Ibarra. Doctor en Derecho, antiguo alumno del Colegio San José, padre de familia, asumirá en 1916 la presidencia de su Asociación de Antiguos y también en parecido periodo la presidencia de la Casa Social Católica de Valladolid hasta la fecha de su muerte en 1945; instituciones que supusieron una sorprendente novedad ante los grandes interrogantes históricos del momento, sin obviar el relieve humano y religioso en este caso de Juan Duro González y de los hombres que le acompañaron, bajo la égida de la Compañía. Su compromiso con Valladolid se extendió al asociacionismo religioso de la ciudad.
Fue deudor de una tradición religiosa y humanística retomada en 1881 en la ciudad de Valladolid por la Compañía, y a su vez multiplicó aquella semilla en obras e iniciativas siempre conectadas con aquel bien común necesario para que una sociedad merezca su nombre, en íntima y estrecha colaboración con jesuitas insignes de feliz memoria como los PP. Marcelino de la Paz y Sisinio Nevares. Su dedicación y entrega a esa causa no fue en vano y mucho de aquella siembra sobrevivió al desastre de la Guerra Civil y se multiplicó, gracias a una continuidad identitaria y a un laicado que asumió su compromiso, denso en esperanza para los hombres y mujeres de su tiempo, en el marco de la sociedad y la iglesia vallisoletana.
Cuando Juan Duro González nació en 1870 en Santoña, Cantabria, España, su padre, Tomás Duro Valdemoros, tenía 34 años y su madre, María Guadalupe González Ybarra, 27. Se casó con Manuela Rodríguez Pardo en 1903 en Valladolid, Castilla y León, España. Tuvieron al menos un hijo. Murió el 1 de noviembre de 1945, en Valladolid, Castilla y León, España, a la edad de 75 años.
En Juan Duro coinciden y se integran las dos perspectivas propias de la Compañía: hombres de lo eterno, anclados en las realidades temporales, síntesis entre espiritualidad corazonista y la doctrina social de la Iglesia, implantación del reinado social de Cristo y, devoción al Sagrado Corazón.
Su protagonista cobra su mayor interés histórico a la luz de la restauración de la Compañía en España, que coincide con sus años de juventud, con el final decadente socio político del siglo XIX que se prolongará en el XX hasta la Guerra Civil española, y con el despertar de la conciencia católica en materia social, alumbrada por la encíclica Rerum Novarum de León XIII. Su motivación no será tanto el compromiso político como el de apostar a favor de una sociedad civil articulada en sus distintos estamentos, poniendo en juego su propia existencia al entregarse por entero, desde el catolicismo social vallisoletano, a la formación del laicado, poniendo los elementos necesarios para construir todo un tejido corporativo de obras en el Valladolid de su tiempo, al calor del empeño social de la Compañía de Jesús, alimentada por la fuerte espiritualidad de san Ignacio de Loyola.
Como certeramente señala el autor, "la virtud de estas páginas, al resaltar la figura de Juan Duro González, presente en la Asociación de Antiguos Alumnos, y también en la Asociación Católica no denota una coincidencia debida al azar de las circunstancias, sino la íntima unidad y sinergia entre las obras de la Compañía, porque tanto la una como la otra se ordenaban al fin sustancial: la formación y la maduración de la vida cristiana, en orden al bien social y espiritual de la sociedad. Intensa cultura, intenso compromiso, intenso testimonio. Era, me atrevo a decir, un anticipo de la llamada del Vaticano II a la participación de los laicos en la vida de la Iglesia" (pp.2-3). Podríamos añadir que encarnó proféticamente el magisterio de nuestros últimos papas, el de la encíclica "Dilexit nos» de Francisco sobre el amor del corazón de Jesús, y el de la primera exhortación apostólica del Papa León Dilexi te acerca de su amor por los pobres.
José Antonio Benito Rodríguez
+ P. Fermín Rodríguez Campoamor, SJ (1933, Asturias-2024, Lima)
Cuando el P. Armando Nieto, SJ, me entregó en mano una carta manuscrita firmada por el P. Fermín R. Campoamor en Lima hacia el 2017, no lo podía creer; en ella -sin saber a quién escribía me felicitaba por el libro "Teresita, la sobrina más engreída de América" que le había prestado el citado P. Nieto y solicitaba comprarlo para tenerlo. Vagamente recordé su apellido pues había sido mi profesor de Religión en 1977 en la Escuela de Magisterio de Salamanca. Increíblemente habían pasado 40 años. Le hice llegar el libro por nuestro amigo común P. Nieto ¡por fin! en el 2018 puede visitarle. Le recordé cómo nos enseñó el primer día de clase el modo de tratar las persianas para que no se rompieran y mi "protesta" cuando comenzó sus clases con Marx, Freud, Nietzsche. Le dije que estaba (estábamos) saturado de la crítica sin conocer realmente el cristianismo pues varios de nuestros profesores eran acérrimos marxistas-leninistas y que servidor -convertido recientemente en los Ejercicios de San Ignacio-, al igual que sus compañeros lo que esperaba de la clase de religión era precisamente que nos hablase de Cristo. La verdad que me escuchó "sinodalmente" y al día siguiente empezó de frente con el cristianismo, claro que en la versión de H. Kung, pero ¡bueno! Su intención fue la mejor. 40 años después se lo recordé con el mayor afecto y siempre agradecido por su magisterio a los universitarios salmantinos de los 70.
Fue el comienzo de un reencuentro gozosísimo en el que pude escuchar de sus labios toda su pasión misionera, su lucha impertérrita por los derechos humanos entre los fieles de Santa María de Nieva, Condorcanqui, y luego de la Parroquia de Chiriaco, Bagua, con el estilo de Jesús de Nazaret y el santo de Loyola. Me mostró los cientos de cartas y artículos misioneros que deseaba publicar y que todavía no he logrado ver. Dios quiera que se impriman y se difundan.
Al regresar a España no pude despedirme y me enteré meses después de su partida a la Casa del Padre. Les comparto la noticia de su deceso con la homilía y artículos publicados como memoria y gratitud.
Oremos en acción de gracias por la vida de nuestro hermano, el P. Fermín Rodríguez Campoamor SJ, fallecido el 20 de setiembre de 2024 en la Enfermería Jesuita de Fátima, Lima, a los 91 años, 73 años de Compañía, 60 años de sacerdocio y 53 años de Últimos Votos.
SEMBLANZA
Fermín Rodríguez nació el 4 de marzo de 1933 en Navia (Asturias), España. Hijo de José María y Julita, fue el cuarto de cinco hijos. Ingresó al Noviciado en Salamanca, España, el 23 de setiembre de 1950, cuando tenía 17 años. Estudió Humanidades en el Juniorado de Salamanca de 1952 a 1955 y luego filosofía en la universidad de Comillas (Santander) de 1655 a 1958. La etapa de Magisterio, que los jesuitas hacemos antes de estudiar teología, la realizó de 1958 a 1961 en el Colegio Apóstol de Vigo, como profesor de literatura. Estudió teología en la universidad de Comillas (Santander) de 1961 a 1965. Fue ordenado sacerdote el 14 de julio de 1964 en Comillas (Santander) por Mons. Federico Melendro SJ. De 1965 a 1966 estudió un diplomado en Pastoral y Catequética en el Instituto Lumen Vitae de Bruselas. Culminó su formación con la Tercera Probación en Salamanca de 1966 a 1967 y el 2 de febrero de 1971 pronunció sus Últimos Votos en la misma ciudad.
La vida apostólica de Fermín se desarrolló entre España y Perú, donde se dedicó a la docencia, la catequesis, la labor pastoral y de acompañamiento, teniendo especial cuidado, cariño y cercanía con los pobres y vulnerables.
Luego de su ordenación sacerdotal, Fermín vivió en Salamanca de 1967 a 1977, realizando diversos trabajos: colaborador en la liturgia del templo de la residencia jesuita, profesor en la Escuela Universitaria de Formación Profesional, Capellán de Gitanos en Cáritas, profesor de cursos de catequesis en la Delegación Diocesana de Catequesis y director del cine club de la Congregación Universitaria FECUM. De 1977 a 1990 pasó a vivir en su natal Navia, Asturias, donde fue párroco en la Diócesis de Oviedo y profesor de filosofía en el Instituto Manuel Suárez. De 1990 a 1993 trabajó como coadjutor de la parroquia de Vigo y profesor de religión en el Colegio Apóstol.
Fermín llegó al Perú a fines de 1993, como respuesta al pedido del Provincial del Perú al Provincial de España de un jesuita para trabajar en la Amazonía. Desde entonces hasta 2017, trabajó en la zona de selva del Vicariato San Francisco Javier, primero como párroco de la Parroquia Virgen de Fátima de Santa María de Nieva, Condorcanqui, y luego de la Parroquia de Chiriaco, Bagua. Fermín será recordado por su trabajo pastoral cercano y ameno, por su disponibilidad para celebrar los sacramentos con la gente del pueblo y por llevar cine a las comunidades, creando momentos de alegría y conexión. También se caracterizó por su valentía para defender a los más frágiles y enfrentar las injusticias, priorizando siempre el bienestar de quienes más lo necesitaban. De esa manera sembró amor y justicia, y su legado nos invita a hacer lo mismo.
En 2018 fue destinado a la enfermería jesuita de Fátima, Lima, donde pasó sus últimos años cuidando de su salud y colaborando en la parroquia y en el Penal de mujeres Santa Mónica de Chorrillos.
Demos gracias a Dios por la vida y misión de Fermín, en especial por su vocación misionera que lo llevó a la Amazonia peruana para anunciar el mensaje de paz y justicia del Evangelio.
Homilía pronunciada por el P. José Luis Gordillo SJ sábado 21 de setiembre, Parroquia Nuestra Señora de Fátima de Miraflores..
Quiero empezar leyendo un pedazo de la carta que Fermín escribió a su familia al llegar a Santa María de Nieva el 26 de noviembre de 1993. (Carta N° 3)
"Queridos todos: Esta es mi tercera carta desde el Perú, pero la primera desde Santa María de Nieva, mi estación término del más largo, arriesgado y espectacular viaje que he hecho en mi vida desde Lima, en la costa sur a orillas del Pacifico, hasta Nieva, en la selva norte a orillas del Marañón. Llegué ayer, jueves 25 de noviembre, con muchas cosas que contaros… Salimos de Jaén a las cinco de la tarde del pasado miércoles día 24 después de despedirnos de Mons. José María Izuzquiza, Obispo y Vicario del Vicariato de San Francisco Javier, agradeciéndole su bendición y buenos consejos junto con sus últimas ocurrencias chistosas que son la manifestación de su permanente buen humor. Así, riéndonos, salimos de la sede del Vicariato hacia su parroquia en plena selva, capital de la provincia de Condorcanqui desde el año 1984. El chofer de la camioneta se llama Walter y los pasajeros somos dos: Manuel Ruiz del SAIPE acompañado de la importante semilla brasileña que nos apremia a viajar con la mayor rapidez posible, y el que os escribe, que es el único de los tres que entra por primera vez en la selva y solo desea llegar a Nieva cuanto antes pero no sin detenernos de paso en Yamakaientsa para saludar al P. José María Guallart. Nuestro plan era, pues, cenar en El Muyo (último centro poblado no nativo antes de la selva), dormir en Chiriaco (Walter en su casa y los dos españoles en el colegio de las Siervas de San José en el mismo Chiriaco) y, a primera hora de la mañana, viajar desde Chiriaco a Imacita, puerto fluvial del Marañón, donde embarcaríamos para Nieva.
Cuando dejamos El Muyo ya había anochecido. ¿Y la selva? Le pregunté a Walter cuánto faltaba para entrar en ella. Me respondió: «Hace tiempo que estamos dentro de la selva». Y yo sin enterarme. Efectivamente observé que ya habíamos abandonado el asfalto y caminábamos sobre tierra y piedras en medio de la noche entre dos como muros de espesura verde compacta y continua, iluminada sólo por los focos de la camioneta. Pensé si alguna fiera podía saltar a la carretera y crearnos algún problema. Entonces descubrí al final de una recta dos grandes bultos que parecían moverse sobre la carretera. «¡Cuidado!»-dije en voz alta- e inmediatamente me avergoncé de la palabra dicha cuando descubrí, ya más cerca, que los dos temibles bultos eran dos mansísimos burritos asustados por nosotros. Walter se reía. Mas allá casi aplastamos a una ranita y después un gato dio un gran salto para librarse de nuestras ruedas. Y todo parecía una selva al revés de lo previsto. Nuestra camioneta era la única fiera salvaje que sembraba el terror a todos los pacíficos animales de aquella tranquila selva".
Queridos hermanos y hermanas,
Hoy nos reunimos para recordar y celebrar la vida de nuestro querido Fermín Rodríguez Campoamor, un sacerdote que dedicó su vida al servicio y amor de las comunidades de la Amazonía. Con 91 años de vida, 73 de ellos como jesuita y 60 desde su ordenación sacerdotal, su legado perdura en cada uno de nosotros.
Fermín nació el 4 de marzo de 1933 en Navia, Asturias, España, y a los 17 años ingresó al Noviciado en Salamanca. Desde sus primeros años, mostró una vocación profunda que lo llevó a estudiar Filosofía y Teología, siendo ordenado sacerdote el 14 de julio de 1964. En 1993, llegó a Perú, donde trabajó en el Vicariato de Jaén y se estableció en Santa María de Nieva, Condorcanqui, Amazonas, donde permaneció hasta 2017. Durante esos años, se desempeñó como párroco y construyó vínculos sólidos con las comunidades Awajún y Wampis.
La vida de Fermín fue documentada en su libro Cartas desde la selva, donde relata sus experiencias y reflexiones desde 1993 hasta 2001. En estas cartas, podemos encontrar sus primeras sensaciones al llegar a esta tierra nueva y su deseo de insertarse en la vida de la comunidad. Cada página refleja su amor por la Amazonía y su compromiso inquebrantable con los más vulnerables.
Fermín no solo compartió la Eucaristía, sino que también llevó cine a las comunidades, creando momentos de alegría y conexión. Recuerdo las noches que compartimos viendo películas de Charles Chaplin, donde su risa y su cercanía iluminaban nuestros corazones.
Su valentía al defender a los más frágiles es un testimonio de su espíritu indomable. Nunca dudó en enfrentarse a las injusticias, priorizando siempre el bienestar de quienes más lo necesitaban. En su vida, Fermín sembró amor y justicia, y su legado nos invita a hacer lo mismo.
En la tradición jíbara, a la que pertenece el pueblo Awajún, las mujeres del clan se encargan de la agricultura y siembran, junto a las semillas de Yuca o maní, unas piedrecitas conocidas como "Nantaj" que representan una suerte de amuletos que sólo funcionan cuando un "Anent" les da una finalidad específica, un deseo. Al igual que ellas, Fermín sembró en muchos corazones semillas de alegría, amor y justicia, recordándonos que todos, sin importar género o identidad, tenemos la capacidad de cultivar lo mejor de nosotros. Su vida nos mostró que sembrar amor es una tarea que nos une como humanidad.
La segunda imagen que quiero evocar es la de los wacanes, las mariposas azules que simbolizan el paso a otra dimensión. Aunque Fermín ha dejado esta vida, su espíritu sigue volando entre nosotros, trayendo alegría y esperanza. Nos invita a vivir con amor y a celebrar la vida, recordándonos que su legado continúa vibrante en nuestras acciones y en nuestros corazones.
"Por eso, la tentación en que me dejo caer fácilmente, si ellos me lo permiten: hacerles una foto para mantener el recuerdo del encuentro. Una foto-estampa, un icono para admirar y venerar la obra y la presencia de Dios en sus rostros, en su cuerpo, en sus vidas. Así, de pronto, te encuentras en medio de la selva como dentro de una catedral. Ya os lo dije hace cuatro años desde el Cenepa (Carta N° 46 del 6 abril 1997). Es decir, la selva es una catedral hecha por El mismo con piedras vivas, no muertas, sin muros ni puertas cerradas, con espacios libres por donde Dios se pasea con el hombre como en el Paraíso al caer de la tarde con Adán-Humanidad (Gen 3,8). Nada hay comparable a un rostro humano y no hay cumbre que me acerque más a Dios a quien no le gusta ya aparecer en las montañas ni en las nubes o estrellas asombrando o amedrentando a los hombres, sino mirándonos horizontalmente, -sonriendo o llorando- en esos rostros que descubrimos cerca de nosotros y nos acompañan y encontramos vivos y pobres en medio de la selva" (Carta N° 80, 2001).
Hoy, al despedir a Fermín, honramos su vida no solo con tristeza, sino con alegría por el impacto que tuvo en nuestras vidas. No siempre coincidimos en las visiones que teníamos sobre el mundo amazónico, pero Fermín conocía muy bien el Río Nieva, las partes más bajas y lo difíciles que eran las partes altas del río en las que el inolvidable y risueño Pangusho recomendaba dejar el bote grande y seguir el viaje en peque-peque para ir en medio de las Cashuelas y llegar hasta las últimas comunidades en donde los Etsejeins lo esperaban para oírlo hablar en las visitas, estar en la misa, ver películas y recibir la catequesis.
Su amor, terquedad, dedicación, libertad y valentía son un llamado a cada uno de nosotros a seguir sembrando en el mundo semillas de respeto y dialogo, como lo hacen las mujeres Awajún, a ser portadores de alegría y esperanza, tal como él lo fue.
Alguna vez el inmortal Jorge Guillén escribió sobre la resurrección unos versos en los que parece que nos encontramos todos un día como hoy, sábado:
Sábado.
¡Ya gloria aquí!
Maravilla hay para ti.
Sí, tu primavera es tuya.
¡Resurrección, aleluya!
Resucitó el Salvador.
Contempla su resplandor.
Aleluya en esa aurora
que el más feliz más explora
Se rasgan todos los velos.
Más Américas, más cielos.
Ha muerto, por fin, la muerte.
Vida en vida se convierte.
Que la memoria de Fermín nos inspire a vivir con generosidad y amor, creando un mundo donde cada uno se sienta valorado y acompañado. Que así sea.
Del artículo Javier Junceda para "La Nueva España" de Asturias 21 SEPT 2024
Polemista y ágil conversador, bienhumorado, escritor incisivo, te miraba a los ojos cuando te hablaba. Soñaba con volver por las fiestas de La Barca a Navia, pero barruntaba que era ya imposible. Cuando retornaba era muy feliz entre los suyos. Y deja una huella imborrable en su concejo natal, donde fue profesor y cura.
Fermín pasa a engrosar la larga nómina de santos asturianos en el Perú, ya estén en curso oficial de serlo o no. Se une a los Apaktone o madre Covadonga, entre un larguísimo etcétera. El cielo se está llenando de venerables asturianos que seguro que ayudarán a interceder por su tierra natal.
Venancio Martínez Suárez https://www.lne.es/asturias-exterior/2024/09/22/jardin-hora-brisa-108401787.html
Esta segunda etapa la separa a su vez en dos señaladas por la fecha del 5 de junio de 2009, en la que el gobierno de Alán García "arremetió con armas de guerra contra un pueblo que reclamaba pacíficamente sus derechos", provocando en pocas horas –según las fuentes de información más creíbles– la muerte de 33 indígenas y militares, además de cientos de heridos. En Perú se conoce este trágico enfrentamiento como "El baguazo", la masacre de Bagua, de la que Fermín fue protagonista en primera línea con su presencia, su apoyo a las víctimas y unas beligerantes "Hojas parroquiales", recopiladas en 2013 con el título "Una herida abierta" y desde las que también realizó la crónica de la situación de los tres nativos "awajunos" que llevaban recluidos improcedentemente (sin pruebas, sin asistencia legal, sin traductores, sin ser juzgados) más de cinco años. De Santa María de Nieva se trasladó en aquel fatídico 2009 a la próxima parroquia de Chiriaco, más cerca de La Curva del Diablo y La Estación 6, donde se produjeron la mayor parte de los fallecimientos. Tras 25 años en la selva ("los mejores de mi vida", decía) pasa a residir en Lima forzado por algunos problemas de salud.
En una de sus cartas nos recuerda que llego a Santa María de Nieva "cuando lucía un sol espléndido del mediodía", descubriendo desde la embarcación sobre una colina de la margen derecha "un pequeño y hermoso pueblo concentrado bajo una iglesia blanca que se reflejaba en el río", y que le trajo (…) "inevitablemente el recuerdo de mi pueblo natal". Navia y nieva, semejanza fonética; "el río en la base, el caserío en la colina al pie de la iglesia blanca en la cumbre". (…) "Voy a poner por primera vez mis pies en esta tierra firme, nos contaba, la más querida, donde Dios quiere que camine o navegue para llevar el evangelio a todos". Relata su primera entrada en la selva (19 de diciembre del 93): "Te sobrecoge entrar en ella, pero de pronto te familiarizas". […] "Lo más acogedor es la sombra que te acompaña y suaviza tus sudores y te libera de tus imaginaciones novelescas de aventuras…". Con los días va penetrando en un cambio de cultura y de medios que exige un desprendimiento radical, en el que todos los aspectos de su vida pasaron a estar determinados por cosas y personas diferentes. La primera reconversión debió de ser el renunciar a los privilegios del mundo que dejaba y, en alguna medida, desintoxicar el corazón, que es lo que en nosotros decide nuestra toma de posiciones y nuestro valor. Puede suponerse por sus comentarios que empezó a ser desde el primer día un hombre diferente, indudablemente mejor. Su vida y sus relatos son buena prueba de todo ello. Tuvo claro hasta el fin su encargo de sembrar la fe, sin claudicar, con valentía y generosidad; y hasta con alegría y buen ánimo, palabras que se repite con frecuencia. Recibió muchísimo cariño y muchas personas que no conocía oraron con él y por él, lo que puede imaginarse que reforzó su voluntad de contribuir a mejorar su mundo. En una de sus misivas hace un canto de apego e identificación con todo lo que le rodea: "Nada de lo creado con ser tan maravilloso es imagen de Dios: solo los hombres y mujeres lo son. Y allí, en medio de ese paraíso que sigue siendo la selva, logro ver a Dios de la única manera posible para nuestros ojos: en la mirada y la sonrisa, y en las lágrimas también, de quienes son sus imágenes". A lo que suma unas palabras históricas: […] "Dios paseaba por el jardín a la hora de la brisa (Gen. 3,8)".
Entendió muy bien el implacable mandato de venerar y perseguir la voz de Cristo en los que poseen bondad natural, la bondad llena de dones interiores. La sencillez, la alegría de cada día, la generosidad. De quienes incluso cuando sufren la violencia no cargan con amargura ni sienten afán de venganza: la religión les ofrece la posibilidad de echar fuera cualquier odio y sanar las heridas. Hablarles de religión es precisamente eso, intentar sanarlos.
El Padre Fermín escribió magníficamente, con gran naturalidad y acierto, que no le abandonan ni cuando está relatando las cosas más nimias. Observa profundamente, lo que explica la gracia de alguna de sus descripciones. El corazón siente, se suele decir, y deja a la escritura la facultad de contar. Es así.
Fermín Rodríguez Campoamor fue profesor de filosofía en el Instituto "Manuel Suárez" de Navia a finales de los años 70 del pasado siglo, en un momento de gran efervescencia social y política. Fue un gran docente, pudiendo quienes fuimos sus alumnos recordarlo caminando por la parte anterior del aula dirigiéndose a nosotros con el libro abierto sobre sus manos, entresacando de sus páginas textos, ideas de los movimientos de pensamiento, referencias biográficas de los grandes filósofos de cualquier tiempo. Cabeza ordenada, palabra precisa y clases bien preparadas. Recuerdo sus exámenes como exigentes, sus calificaciones como generosas. Es decir, que además de enseñar y formar, entiendo que buscaba reconocer a los que se salían de los que pertenecíamos al montón. Se reía con facilidad y podía mostrar un gesto severo si se le distraía durante la lección.
https://inmemoriam.jesuitas.pe/2024/09/20/p-fermin-rodriguez-campoamor-sj/