Lucía Martínez Alcalde, El arte de no llegar a todo (Una conversación sobre la fragilidad, los sueños grandes y el caos) EUNSA, Pamplona, 2025, 156 pp

José Antonio Benito

Por la profundidad y madurez del escrito curioseé la edad de esta joven madre y escritora y me sorprendí de que con menos de 40 años se pueda alcanzar tal equilibrio y sensatez. A medida que iba leyendo sentía el efecto de libros como el del "Principito" o "Momo", que lo asumes como de tu autoría porque te identificas con la exposición de los problemas y te anima con el sentido práctico y real para afrontarlos y ayudar también a otros.

Y creo que consigue el efecto por la surtida mochila de lecturas y películas asimiladas de la que oportunamente va compartiéndonos, siempre al calor de una vivencia personal, sencilla, prosaica, casi fugaz, pero que la convierte en poema de dimensión eterna. Podríamos decir que es un prontuario de joven madre que sabe combinar a las mil maravillas su tarea de ama de casa, con el ejercicio de profesión, su vida familiar, su vida espiritual, todo integrado.

La obra se convierte en una suerte  ensayo de antropología práctica que entiende muy bien el quedarse con las ganas, el tener que hacer, el debería, el me equivoqué, la renuncia, el dolor, como le sucede al poeta García-Máiquez que cita: «Sucede que mi alma está mordida / —como un bolígrafo— por el extremo / que no escribe». La autora entiende el sufrimiento y deliberadamente no se deja dominar por él. Este pequeño volumen es un ejercicio valiente de alegría, rebosante en cada página.

Hay tres puntos que marcan los centros gravitacionales de esta propuesta filosófica para surfear las olas del todo: el orden del amor, el fuego que arde y la pista de baile. Primero, el viejo ordo amoris. El amor como fuerza creativa y ordenatriz es la clave de interpretación: hacer en cada momento lo que permite amar más y mejor. Segundo: la diferencia entre brillar y arder, que se convierte casi en leitmotiv. Tercero la relación entre aprovechar el tiempo y vivirlo, la coherencia del dicho al hecho sin trecho: una danza que requiere la libre espontaneidad de la niña y la disciplina férrea del artista profesional.

El tono, sin embargo, es, a propósito, conversacional. Eso se evidencia tanto en la abundancia de citas (uno casi se hace amigo de Guardini, Ceriotti, Hitz y demás habitantes de las notas al pie) y en el propio registro de la escritura. Quizá eso aleje a los académicos. Mejor. Como cantaba Silvio Rodríguez: «Que se acerquen los niños, los amantes del ritmo. Que se queden sentados los intelectuales». Por cierto, Platón ya empleaba el diálogo como método. 

El libro articula, en siete capítulos, más su introducción y epílogo y agradecimientos, una amalgama de cuestiones contemporáneas y eternas: cómo lidiar con las redes sociales, cómo emplear mejor el calendario digital (tremendo aforismo: «Que Google Calendar ocupe el lugar que le corresponde»), qué hacer con las expectativas profesionales… y también si en este mundo estamos o no para algo, en qué consiste la virtud o cuáles pueden ser los tipos de amistad. 

Para hablar del caos y de cómo abrazarlo, la autora cita un neologismo de  Tolkieneucatástrofe. Se refiere a un suceso repentino y favorable que ocurre cuando todo parece perdido. De modo paradigmático: "la Resurrección es la eucatástrofe de la historia de la Encarnación". (p.134). De algún modo como reseña con acierto T. Peñarroja[1] "El arte de no llegar a todo es, definitivamente, es una eucatástrofe".

Para dejaros con ganas de leer la obra -yo tan sólo la he picoteado y lo haré de modo detenido- os comparto cuatro calas:

1.      Canción de los Beatles "Hey jude refrain. Don´t carry the world upon your shoulders": Hey Jude, estribillo. No cargues con el mundo sobre tus hombros, p.29.

2.      "Bajo la nieve, en los narcisos late la primavera" p. 50 de Marcela Luque

3.      Las estrellas no brillan, arden (Película "Encanto" 2021), y de la peli de Disney mi mente saltó a Catalina de Siena y su "Si somos los que debemos ser, prenderemos fuego al mundo entero" (p.68) "Nosotros decidimos: ¿brillar o arder? …Podemos contentarnos con iluminar, con que se nos vea…Lo que arde, además de iluminar, aporta calor" p.71.

4.      El momento presente o "carpe diem de Unamuno" tomado de su carta en la que alienta: "Vive al día, en las olas del tiempo, pero asentado sobre tu roca viva en el mar de la eternidad. Al día en la eternidad". Porque la realidad es que si sólo tienes "olas del tiempo" …te ahogas" p.123.

Considero un acierto el último capítulo "para seguir la conversación" que da el sugestivo tono a la obra de dialogar confidencialmente:9 ideas prácticas sobre el arte de no llegar a todo, la confesión de cómo se puede leer cuando no se dispone de tiempo, cómo lograr escribir cuando te faltan horas.

Culmino agradeciendo a la autora por lograrlo en medio de su vida profesional, familiar, espiritual…

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