María Ana Allsopp y el Padre Méndez, fundadores de las Trinitarias, las locas del obelisco, dos vidas de película
Anoche pude gozar del estreno de la película, cien por cien recomendable, y esta mañana he podido orar ante las reliquias de los fundadores, hoy venerables, en la calle Marqués de Urquijo 18, del distrito de Argüelles, Madrid. Gracias al Señor por tanto don concedido al Madrid del novecientos, tan necesitado de nuevos samaritanos que encarnasen el Evangelio y aplicasen la Doctrina Social de la Iglesia, y nos encomendamos a los venerables Francisco de Asís Méndez y María Ana Allsopp para que siga vivo este atractivo carisma con nuevas vocaciones Trinitarias.
Les comparto información acerca de la película, así como de la vida y misión de los protagonistas reales.
(Imágenes de la Casa Madre)
I. LA PELÍCULA
Pablo Moreno, director de 'Las locas del Obelisco': «La labor de estas mujeres era una absoluta locura»
Elena Martín Tascón12 de marzo de 2026
El cineasta reivindica en su nueva película la «locura trascendental» de quienes abrieron camino en la protección de víctimas de trata, un conflicto que 141 años después sigue exigiendo respuestas y visibilidad en nuestra sociedad
Este viernes 13 de marzo llega a las salas de cine Las locas del obelisco, la nueva apuesta del cineasta Pablo Moreno. El director regresa a la gran pantalla para rescatar la historia de María Ana Allsopp y el Padre Méndez en el Madrid de finales del siglo XIX. Un relato sobre la fundación de las Hermanas Trinitarias que profundiza en la lucha contra la explotación de la mujer.
Hablamos con Moreno sobre este estreno, la vigencia social de su mensaje y el fenómeno de un cine católico que, lejos de ser un nicho, vive hoy un resurgir imparable en la taquilla global.
—El título de la película es algo descolocante, ¿por qué decidieron llamarla así?
—Queríamos un título provocador y que sacudiese un poco a la persona que ve la película y que fuese también transgresor. Realmente era el insulto con el que las llamaban a ellas a finales del siglo XIX: las locas del Obelisco. No es que fuese algo superoriginal, porque ellas estaban en la calle del Obelisco y decían que eran unas locas porque tenían la puerta de la casa abierta 24/7, como diríamos hoy, y acogían a prostitutas, a mujeres víctimas de trata, abusos y violencia, chicas difíciles, gente de la calle o que salía de la cárcel.
Entonces, a ojos de la sociedad, la labor de estas mujeres era una absoluta locura. Pero su locura, que es lo que a nosotros nos interesa por el título, es una locura distinta: es una locura trascendental, es la locura de Cristo. Nos pareció que el nombre podría ser interesante, sobre todo porque dejaba a la gente descolocada.
—La película aborda un problema que sigue teniendo mucho peso en nuestra sociedad actual, ¿qué tiene que decirnos a nosotros a día de hoy?
—Pues, por desgracia, mucho. Porque, como bien dices, es un problema que se sigue dando hoy, no solo en España o en Europa, sino a nivel mundial, en todos los continentes. Es lo que dicen, el oficio más antiguo del mundo, y muchas veces en situaciones de privación de libertad.
Nosotros contamos la historia de cómo comenzó esta historia hace 141 años, pero por desgracia hoy están extendidas en los cinco continentes, porque su labor sigue siendo necesaria.
—En la película, todos los personajes tienen sus luces y sus sombras, incluso los que podríamos considerar los «malos». ¿Cómo ha sido tratar de representar tanta variedad?
—No queríamos hacer una película maniquea, donde los malos son malísimos y los buenos son buenísimos. Queríamos hacer una película lo más honesta posible y que estuviese atravesada por la humanidad.
Es verdad que el personaje antagonista, la madame, en el fondo piensa que está ayudando a las chicas: «Yo les doy un trabajo, ellas tienen que pagar un precio, evidentemente, que es la prostitución, pero yo les doy un techo, les doy sustento, las cuido…».
Queríamos que fuese una película poliédrica, que tuviera muchos lados, muchas caras, y que los personajes fuesen lo más profundos posible.
—¿Cómo ha sido trabajar con las trinitarias?
—Ellas han formado parte de todo el proceso desde el minuto uno. Nosotros, como empresa, trabajamos con las congregaciones desde la idea hasta la postproducción. Es decir, que ellas formen parte de todos los eslabones de la cadena y que puedan ver y conocer cómo se hace una película.
Su implicación ha sido absoluta. Primero, porque nos han dado mucha libertad, y nosotros hemos contado con ellas para todo lo que ha tenido que ver con la documentación y con todo lo que habla de su carisma. Yo les hacía una pregunta constantemente: «¿Vosotras os veis representadas en la película?». «Sí, nos vemos reflejadas». «Pues entonces vamos bien».
Algunas de ellas incluso han salido representando a las primeras trinitarias. Se han puesto el hábito de actriz y han salido a escena a compartir también con todos los actores. Eso produce una relación muy bonita en el equipo técnico y artístico, porque mucha gente que llega a un rodaje no tiene ni idea de lo eclesiástico, de la Iglesia. En ese sentido, a nosotros nos gusta compartir y que la gente de los equipos vea que estas mujeres son personas normales, como cualquier otra, pero que hacen algo absolutamente extraordinario y que han optado por una vida de entrega absoluta.
—Su filmografía está llena de santos o grandes figuras de la Iglesia. ¿Por qué decide apostar por esas historias en vez de por otras que podrían ser más comerciales?
—Yo creo que es algo vocacional. Hace más de 20 años, viendo una película sobre Teresa de Calcuta, sentí algo curioso en el momento en el que ella siente su vocación en una estación rodeada de pobres, de gente de la calle. Me conmovió profundamente.
Yo estaba estudiando cine y entendí que quería hacer algo que ayudase a otras personas a encontrar también su vocación. Desde entonces hemos tenido siempre una sensibilidad especial a la hora de hacer este tipo de historias. Y luego también ha habido una parte de casualidad. Hacemos una película, funciona, y te llaman congregaciones o grupos religiosos que quieren ver a sus fundadores o su carisma en pantalla.
—¿Cuál es el principal reto a la hora de contar esas historias?
—Bueno, lo primero es no caer en las hagiografías. No podemos hacer cine hagiográfico, eso no funciona. Además de no funcionar, es falso en algunos aspectos y no ayuda. Hay que contar las historias con verdad y con honestidad, hablando de las bondades y las miserias de cada uno, porque todos tenemos un mal día, todos tenemos defectos y virtudes, y eso nos confiere el estatus de ser humanos.
Lo que queremos es contar la vida de santos y santas que, antes de serlo, eran personas con las que nos podemos identificar. Hace unos años, con el auge del cine de superhéroes, hablábamos de que la gente veía ese tipo de cine porque en el fondo buscaba una referencia de alguien que cambiase el mundo desde la perspectiva del bien.
Realmente, los santos son esas referencias. Contar historias de tantísimos hombres y mujeres que han hecho cosas extraordinarias por el mundo y por la Iglesia es, de alguna manera, ofrecer a la sociedad un referente más. Es sumar, construir un poquito más de civilización.
—¿Cree que el resurgir del cine católico es algo real o simplemente una moda pasajera?
—No me gusta hablar de esto en términos de moda, porque si hablamos de moda, lo estamos condenando a que desaparezca en breve. Sí que me gustaría creer que hay algo, que hay algún brote verde creciendo en algún lugar. Es verdad que hay una mayor sensibilidad y una mayor apertura.
Si consiguiésemos que personas creyentes y no creyentes pudieran dialogar y razonar, que el creyente pudiera sacarse la cruz por fuera y hablar de su fe sin miedo al ostracismo y al rechazo, con eso ya habríamos ganado mucho. Sería algo extraordinario.
—El otro día tuvieron un breve encuentro con el papa León XIV, ¿qué les dijo?
—Pues la verdad que el Papa dijo poco, porque nosotros no lo dejamos hablar. Enseguida nos pusimos a presentar y no le dejamos casi intervenir ni aportar, pobre hombre. Pero fue muy emocionante. Le entregamos la primera copia de la película y para nosotros fue también un momento simbólico, porque entregar la película al papa en Roma, que es el corazón de nuestra cristiandad, de alguna manera es el inicio de otro camino.
Ya nos desprendemos de la película como el padre o la madre que despide al hijo que se va de casa. Y ahora ya no es nuestra. Con ese pequeño gesto, la peli ya es de la gente que vaya a verla. Las películas tienen una vida muy larga, probablemente superará nuestras vidas y estará por ahí, en algún lugar, mucho tiempo después.
Entonces hay una responsabilidad grande, pero también hay una gran ilusión, y estamos muy contentos y agradecidos.
II. LA FUNDADORA. MARIANA ALLSOPP Joaquín Martín Abad 12 de Abril de 2018 https://alfayomega.es/mariana-allsopp/
María Ana Allsopp González-Manrique vino desde México a Madrid en mayo de 1864. Nació en Tepic en 1854 del matrimonio contraído en 1852 en Madrid por Juan Francisco, diplomático inglés que luego se afincó en México como director de una fábrica de tejidos y apoderado de ferrocarriles, y de María Ana, de noble familia española, pues su bisabuelo materno había sido virrey en Granada y su bisabuela estaba emparentada con la familia Loyola, de san Ignacio.
Cuando quedó huérfana de madre en 1862, su padre envió a sus cinco hijos a España, para que estuvieran bajo el cuidado de su abuela materna. Vinieron a bordo de una fragata inglesa desde México a Canadá y después a Francia. En París, a sus 10 años y solo con ver por la calle a las Hijas de la Caridad, le surgieron indicios de vocación religiosa. Y llegaron a Madrid.
En el real colegio de Santa Isabel, dirigido entonces por las escolapias, hizo su Primera Comunión en 1865. De joven se empleó, como escribe su primer biógrafo, Pereda, «en obras de celo, visitando enfermos, adoctrinando niños y adultos, recorriendo parajes miserables y rezando en los templos», en el Hospital General y en las Escuelas Dominicales.
Durante una fiesta palaciega en 1876 notó la vaciedad de su corazón y se le despertó la pasión de entregar toda su vida. En 1882 vivía en la calle Lepanto, próxima al monasterio de la Encarnación, donde oía Misa y se confesaba con el venerable Francisco Méndez Casariego, párroco de la parroquia real.
Cuando María Ana le manifestó su búsqueda de Dios y de consagración y don Francisco le reveló su proyecto de un instituto religioso femenino para atender y promover a las jóvenes desasistidas y maltratadas, le respondió: «Yo tomaré parte en esa fundación». Tanto, que Mariana de la Santísima Trinidad fue cofundadora del instituto de Hermanas Trinitarias, comenzando en una Misa —con ella y otras cinco jóvenes más— el 2 de febrero de 1885 en la Encarnación.
Se le debe el rápido desarrollo del instituto por España e Hispanoamérica. Murió en Madrid en 1933 y, por el testimonio de su vida, aquí se abrió la causa de canonización en 1999, cuya positio espera el paso por los respectivos congresos de la Congregación romana.
Sus restos reposan junto a la capilla de las Hermanas Trinitarias (calle Marqués de Urquijo, 18).
Mariana Allsopp, una venerable entre las prostitutas de Madrid
https://alfayomega.es/mariana-allsopp-una-venerable-entre-las-prostitutas-de-madrid/
Pertenecía a la alta sociedad, pero ese mundo no le convencía. En 1885 fundó a las hermanas trinitarias y dedicó toda su vida a atender a las mujeres en situación de vulnerabilidad. El Papa reconoció sus virtudes heroicas en mayo
José Calderero de Aldecoa 27 de Octubre de 2022
El pasado mes de mayo el Papa Francisco reconoció las virtudes heroicas de Mariana Alssopp, fundadora de las Hermanas Trinitarias, quien dedicó todas su vida a las mujeres en situación de vulnerabilidad. «Para nosotros es una muy buena noticia la declaración como venerable de madre Mariana porque así nos ayuda a darla a conocer para que otras personas se enriquezcan de su legado. Estoy convencida de que mucha gente se va a poder beneficiar de la luz que irradió», explica la trinitaria Belén Berjillo, directora de la Fundación Mariana Allsopp.
Para celebrar el decreto del Santo Padre, la catedral de la Almudena acogerá este viernes 28 de octubre, a las 19:00 horas, una Misa de acción de gracias que será presidida por el arzobispo de Madrid, cardenal Carlos Osoro. Aunque nació en México en 1854, la nueva venerable vivió toda su vida, prácticamente, en Madrid y es en esta ciudad, de hecho, donde está la casa central de las religiosas.
Allsopp se trasladó a la capital de España tras el fallecimiento de su madre y aquí fue criada por su abuela materna, que tenía una buena posición económica. «El mundo de la alta sociedad no le terminaba de convencer y, por ello, solía frecuentar el hospital de San Juan de Dios». Allí acudían también muchas jóvenes que habían ejercido la prostitución. «y esta realidad a Mariana le inquietaba. Aspiraba a darle una respuesta», asegura Berjillo.
La oportunidad surgió tras hablar con su confesor, el padre Francisco Méndez. «Él también se encontraba con estas mujeres en la calle, y con algunos golfillos», de camino a la catedral de San Isidro, donde era canónigo. «Quería montar un hogar para acoger a estas personas» y, finalmente, ambos fundaron a las hermanas trinitarias el 2 de febrero de 1885.
Una época, según la directora de la fundación, en la que «hubo un boom de congregaciones». El problema era que todas estaban cerradas cuando las prostitutas necesitaban ayuda. «Estas mujeres solo podían huir de los prostíbulos por la noche, pero las demás casa religiosas estaban cerradas». Por eso, «nuestro carisma redentor, libertad, nos lleva a tener la puerta siempre abierta para acoger sin condiciones a cualquier chica, a cualquier hora del día, o de la noche, que llegara a nuestra casa», subraya la hermana.
Además de la acogida, las trinitarias hacían talleres de imprenta, bordado, lavandería, etc, con las chicas, que así «aprendía un oficio para valerse por ellas mismas una vez que salieran de nuestra casa». Por toda esta labor, Allsopp podría ser considerada una feminista del siglo XIX. «Lógicamente, en aquel tiempo esa término no se utilizaba, pero ella, efectivamente, fue pionera en la lucha por la igualdad y del empoderamiento de la mujer. Era algo con lo que soñaba», revela Berjillo.
En la actualidad, las hermanas siguen atendiendo y dando una oportunidad a todas esas jóvenes que se encuentran en una situación de exclusión o de riesgo social. Lo hacen a través de la Fundación Mariana Allsopp, en la que está unificada desde 2017 toda la acción social de las religiosas. «Tenemos sede en todas las provincias en las que están las trinitarias, y también en México, en Uruguay, en Argentina, en India, Kenia e Italia», detalla la directora de la entidad.
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III. EL FUNDADOR: FRANCISCO DE ASÍS MENDEZ CASARIEGO, FUNDADOR
Un hombre para los demás
El padre Francisco Méndez nació en Madrid en el año 1850. Fue un sacerdote conocido en su tiempo como "el padre de los pobres", un hombre sabio y sencillo, que dedicó su vida a los demás. Fundador del Instituto de las Hermanas Trinitarias y del Hogar de Portacoeli, quiso terminar sus últimos años dedicado totalmente a los niños más pobres y abandonados de Madrid. Vivía modestamente, por opción personal, pero tenía un corazón enorme y un amor tan grande a Dios y al prójimo, que transformó la vida de muchos.
Pionero en la acción social
Don Francisco Méndez vivió la entrega total a Dios al y prójimo, por amor, y acabó siendo pionero de la acción social tanto en favor de las jóvenes explotadas y excluidas, como de los niños pobres y abandonados.
A finales el siglo XIX, Madrid era una ciudad donde muchos niños vivían en condiciones extremas: dormían en las calles, portales o donde pudieran refugiarse, sin escuela ni familia. Don Francisco no se limitó a darles un techo o comida; su mirada era profunda y transformadora: quería que cada niño aprendiera un oficio, conociera sus derechos, y desarrollara su dignidad, responsabilidad y autonomía.
Precursor de la educación integral para los pobres
Fue un precursor de la educación integral precisamente allí donde nadie lo intentaba ni lo creía posible. Mujeres que estaban en la cárcel, o en hospitales de enfermedades que se consideraban incurables, y niños que vivían en la calle, tenían acceso a una formación de calidad, regenerativa e integral. Para las jóvenes y los niños de la calle levantó una casa donde, además de un hogar tenían la oportunidad de trabajar por sus sueños; creó centros educativos, promovió talleres, y puso en marcha una ingente obra, pionera en su tiempo; una obra en la que hoy aún podríamos inspirarnos.
Caridad y gestión
La obra iba más allá de la caridad: se trataba de formar personas capaces de salir adelante por sí mismas. Entendió que la obra social no podía depender de la buena voluntad de la gente: buscó aprobación legal, financiación y colaboración, siempre asegurando que la obra fuera sostenible y mantuviera su espíritu y su propósito original.
Un educador ejemplar
Don Francisco combinaba pasión y rigor. Cada decisión estaba guiada por el amor al prójimo y la fe, pero también por un sentido práctico y organizativo: seleccionaba cuidadosamente a los profesionales, los formaba él mismo, y supervisaba cada taller, cada aula, cada actividad. Creía que la verdadera transformación social comenzaba por el ejemplo, y él mismo preparaba a quienes iban a formar y acompañar a los más vulnerables.
Lo más admirable es verle en sus últimos años, cuando ya estaba enfermo y débil, saliendo a buscar a los niños necesitados en los barrios más pobres de Madrid. Su vida fue un testimonio de compromiso total: no solo hablaba de justicia y educación, sino que encarnaba lo que decía con su dedicación, su esfuerzo y su amor.
Visionario en la emancipación de la mujer
En España fue un verdadero innovador en la promoción de la mujer. Profundamente sensible a su dignidad, en una época histórica en la que esa dignidad no siempre era reconocida ni social ni eclesialmente. Su defensa de la mujer no fue ideológica ni reivindicativa, sino evangélica, concreta, profundamente humana, y eficaz.
Ante todo, el Padre Méndez creyó en la mujer. Creyó en su capacidad espiritual, en su inteligencia, en su fortaleza interior y en su papel insustituible en la sociedad y en la Iglesia.
Innovador en el papel de la mujer en la Iglesia
Cuando fundó las Hermanas Trinitarias, no solo buscaba religiosas devotas: quiso mujeres formadas, libres y capaces de liderar proyectos edificantes. Mujeres capaces de enseñar, dirigir obras, administrar hogares y talleres, centros educativos y proyectos pioneros para la formación integral. Quería mujeres valientes, capaces de arriesgar, de salir a las calles, de enfrentarse a cualquier dificultad y superarla. Capaces de educar en la adversidad, como verdaderas, creyendo en la autonomía y libertad de las mujeres excluidas y sin recursos.
La mujer como portadora de esperanza
El padre Méndez vio en la mujer una portadora privilegiada de esperanza y redención. Confiaba en su capacidad para humanizar los ambientes más duros, sostener la fe en tiempos de prueba, y transmitir ternura, firmeza y fidelidad evangélica.
Con las jóvenes que acogían en casa su objetivo era formar mujeres preparadas para ser dueñas de sus vidas, capaces de luchar por una sociedad más justa, de liderar el nacimiento de un mundo mejor, donde nadie quedara excluido del progreso, donde toda persona sea respetada, y a nadie se le arrebate la libertad que le pertenece. Lo creía y lo promovió, mucho antes de que esto se considerara urgente en la sociedad española.
Una mujer esencial en su vida. Madre Mariana
El padre Méndez sabía que sin la mujer, su carisma no habría tomado cuerpo, ni podría desarrollarse. De hecho, sin ellas no habría comenzado ni llegado donde hoy lo contemplamos. Cuando conoció a madre Mariana, él había visto la necesidad, había recibido la Inspiración, tenía un sueño, y lo había intentado. Pero hasta que ella no puso en marcha el proyecto, no salió adelante.
Su legado y un mensaje para hoy
El legado del Padre Méndez no está en edificios ni en riqueza, sino en vidas transformadas, oportunidades dadas a los olvidados y un ejemplo de entrega, fe y coraje que sigue vivo hoy. Para quienes hoy se dedican a obras sociales, don Francisco es un modelo de cómo la acción social puede ser integral, digna y sostenible. Nos recuerda que el verdadero cambio requiere educación, organización, oportunidades reales, liderazgo femenino y compromiso con los más vulnerables, y que nada de esto se consigue sin entrega personal, pasión por la justicia y sensibilidad social.
En su legado vemos que la educación y la obra social no son sólo servicios, sino instrumentos de liberación y empoderamiento, especialmente de quienes más lo necesitan: niños, jóvenes y mujeres. Don Francisco nos enseña que todo compromiso social, para ser auténtico y duradero, debe ir de la mano de la dignidad, la formación y la confianza en las capacidades de las personas.
Francisco de Asís Méndez Casariego
Madrid, 21.VI.1850 – 1.IV.1924. Sacerdote secular, fundador del Instituto de Religiosas Hermanas Trinitarias.
Hijo del pintor de cámara Simón Méndez y Andrés, y de Antonia Fernández Casariego. Su madre utilizó su apellido materno, y con éste fue registrado Francisco de Asís, que recibió este nombre en homenaje al Rey consorte de la Reina Gobernadora, padrino en el bautizo —representado por la duquesa de la Conquista—.
Nació Méndez Casariego en la madrileña plaza del Conde de Barajas, junto al palacio de la Bula de la Cruzada.
Desde muy joven integrado en asociaciones religiosas, y cuando parecía predestinado a estudiar una ingeniería, se matriculó en Derecho, una vía entonces normal —Madrid aún no tenía seminario— para el acceso a la carrera eclesiástica. Licenciado en Derecho y en Teología, se ordenó como presbítero el 19 de septiembre de 1874. Las buenas relaciones paternas con la Casa Real hicieron que en febrero de 1875 fuera nombrado coadjutor de la real parroquia, pasando a ser párroco en julio de 1978. En 1881 recibió título de capellán de honor de Su Majestad, título meramente honorífico pero que le permitió un interesante núcleo de relaciones. No obstante, cesó como párroco en agosto de 1885, en contra del parecer del Rey, que inmediatamente —noviembre del mismo año— le nombró canónigo de la recién creada catedral madrileña.
Estudioso de la doctrina social de la Iglesia preconizada por León XIII, ésta le llevó a fundar, junto a Mariana Allsopp, el Instituto Trinitario. En el Boletín Diocesano de fecha 20 de febrero de 1888 se hizo público haberse aprobado las Constituciones del Instituto, en el que pocos meses después tomaron el hábito las primeras novicias, que hicieron los votos perpetuos en mayo de 1907. La institución había sido aprobada por el Vaticano en abril de 1901. Años después (1904), quedó agregado a la Orden Trinitaria.
"[...] Dios os ha traído y ha fundado en su Iglesia el Instituto Trinitario para que, a semejanza del cielo, cuyas puertas están abiertas para el pecador que contrito llega a ellas, así en la tierra hubiera una siempre abierta, entendedlo bien, una puerta siempre abierta para la jovencita que del vicio quiere salir y que de él quiere preservarse [...]", dice en una epístola al Instituto.
El carisma de la nueva casa queda sintetizado en la máxima de Méndez Casariego: "El trabajo para mí, el producto para el pobre y la gloria para Dios".
Iniciado el siglo xx se hallan las hermanas trinitarias establecidas en cerca de cincuenta casas, repartidas, además de en España, en Italia, Argentina, Guatemala, México y Uruguay.
Con ayuda de las hermanas trinitarias, y de algunos particulares, fundó en el año 1914, en su inicio, con la autorización verbal del obispo Salvador y Barrera (26 de diciembre de 1914), en el entonces barrio de Chamberí, en el ensanche madrileño, la casa de acogida Porta Coeli, centro educativo, mediopensionista e internado, dedicado a jóvenes abandonados por la sociedad. El 19 de marzo de 1915 se dio acogida a los primeros muchachos, entre mendigos y delincuentes, clase social muy abundante en aquellos años en todas las grandes ciudades, cuyo porvenir estaba garantizado en la delincuencia en mayor escala. Allí, con independencia de que fueran tratados como personas, recibían una formación que los capacitaba para integrarse en la sociedad que les había cerrado las puertas.
El 2 de abril de 1993, ante Juan Pablo II, fue leído el decreto firmado por el cardenal prefecto de la Congregación: "Que consta de las virtudes teologales de Fe, Esperanza y Caridad para con Dios y el prójimo, así como las cardinales de prudencia, justicia, templanza y fortaleza y sus anejas, en grado heroico, del Siervo de Dios Francisco de Asís Méndez Casariego, sacerdote, canónigo de Madrid, fundador del Instituto de Hermanas Trinitarias".
Bibliografía
T. Rojo, El buscador de perlas. Vida del Siervo de Dios M. I. Sr. D. Francisco de Asís Méndez Casariego, Madrid, Imprenta Asilo de la Santísima Trinidad, 1935
A. Coll Pérez y T. Zamalloa, Posiciones y artículos para el Proceso Cognicional sobre la vida y virtudes del Siervo de Dios Francisco de Asís Méndez Casariego, Roma, 1981
A. Barrios Moneo, ¿Quién es mi prójimo? Francisco de Asís Méndez Casariego, Madrid, Hermanas Trinitarias, 1981
Congregatio pro Causis Sactorum, Positio super virtutibus, Canonizationis servi Di Francisci Assisii Méndez Casariego, Roma, 1988
Congregatio de Causis Sactorum, Congressus peculiaris super virtuitibus, Canonizationis servi Dei Francisci Assisii Méndez Casariego, Roma, 1992
F. Fernández López, Patrimonio espiritual de las Hermanas Trinitarias. Identidad: espiritualidad y misión en la Iglesia, Madrid, 1994
J. Martín Abad, Francisco Méndez Casariego, Madrid, Hermanas Trinitarias, 1995.
Autor: Luis Miguel Aparisi Laporta
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