OASIS EN ALTO DEL LEÓN

Un “oasis” natural es un vergel en medio del desierto. Si lo aplicamos a la vida espiritual es un tiempo de refresco y paz en medio de los ardores del desierto de la ciudad.

En Madrid disponemos de muchos rincones de la Sierra de Guadarrama para disfrutarlo. Éste ha sido mi caso en el domingo 28 de junio con el Movimiento Santa María.

Contamos con una elevación muy atractiva, el Alto del León. Nuestro papa León nos ha visitado hace apenas tres semanas y el impacto ha sido inmenso en nosotros y en la sociedad. Yo he tenido la suerte de vivirlo como voluntario en dos eventos: el de la Vigilia de los Jóvenes del sábado y el de la misa y procesión el domingo, con motivo de la fiesta del Corpus.

Su lema era “Alzad la mirada”, en Alto del León… parece puesto aposta. ¿Ǫué me ha dicho el Papa? ¿Ǫué resuena en mí todavía desde hace tres semanas? ¿Ǫué impacto ha tenido en mis compañeros, en la gente que me rodea…? ¿Cómo he acompañado ese impacto para que no sea un simple fuego de artificio como los de la Vigilia de la Plaza de Lima o los de la Sagrada Familia de Barcelona? Nosotros estamos llamados a ser fuego… perpetuo, brasas continuamente encendidas para arder en cuanto me soplen. No estamos llamados a ser fuegos artificiales, espectaculares, pero efímeros. Somos enviados a la ciudad. A ese Madrid que vemos al frente. Parece que lo tocamos.

Sólo he podido gozar de una acampada cuando vine desde Valladolid por los años 80. Todavía recuerdo el magnífico espectáculo nocturno, contemplado las luces de la ciudad, de los pueblos del valle, de la carretera, de las estrellas y de la luna quedado grabado en nuestras retinas… Nuestra posición este domingo ha sido bajo la sombra de pinares en una llanura denominada “Posición Loma de los requetés”, por ser defendida esa zona por un destacamento de soldados navarros en la pasada Guerra del 36. El desafío del Papa León de levantar la mirada, de comprometernos con nuestro mundo, el de la IA, el dividido y polarizado, no muy distinto del que nos recordaba el paisaje del Alto León sembrado de trincheras, búnkers, cruces rotas… Como contrapunto, la paz ambiental, el verdor de los árboles, las nubes juguetonas de la cúpula celestial, las aguas cantarinas de dos tímidos riachuelos, el calmado pastar de vacas sin ninguna prisa, el zumbido de algún mosquito, la belleza de mariposas multicolores, y al frente la gigantesca Cruz del Valle de los Caídos como símbolo de reconciliación y de esperanza…

Ha sido un día pleno de retiro, en silencio, inmerso en la naturaleza, en diálogo con Dios, con uno mismo. Tan sólo tres momentos en los que nos acompañan unas palabras motivadoras y la imponente Eucaristía, hoy realzada por la gracia inesperada de una tormenta pasajera con gotas de lluvia.

De fondo, las palabras del gran educador que era Abelardo de Armas, hoy ya en el Cielo: “Y te he suplicado que te apiadaras de tanta juventud allí albergada. Y de toda España. Y del mundo. Y te lo he suplicado con lágrimas en los ojos, porque sentía en tu amor por ellos…” Somos como neveros (o manantiales) en la montaña que luego se derraman gota a gota sobre el valle: “caricias de aguas transparentes que cantan bajando”.

Todo un verano para vivir -como nos enseñó el Venerable Padre Tomás Morales- la campaña de la Visitación, el veraneo de la Virgen, visitando en misión a su prima Isabel, olvidándose de sí, venciendo la pereza, buscando lo mejor para el otro, quedándose siempre con lo peor, sin quejarse nunca, siempre alegre, sirviendo en los múltiples detalles de cada día. ¡Ven con nosotros a caminar, Santa María ven, ayúdanos a levantar la mirada y el corazón!

José Antonio Benito

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